Mostrando entradas con la etiqueta Altruismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Altruismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de febrero de 2018

Las enseñanzas de un experimento natural sobre el uso de los mercados


Hace unos días resumí un artículo que explica cómo usar el mecanismo de mercado para ayudar a los bancos de alimentos para cumplir su misión de repartir comida entre los más necesitados (aquí en Mapping Ignorance en inglés y aquí y aquí en español). Como complemento, hace un par de días tuití sobre lo que nos dice este artículo de interés para quien quiera saber Economía. Estos son los tuits.

1/10
Recientemente, el Journal of Economic Perspectives publicó una joya de artículo: How food banks use markets to feed the poor, de C Prendergast.

2/10
En suma, el reparto de alimentos se hacía por planificación central y pasó a hacerse mediante un mecanismo de mercado basado en subastas. Todo mejoró con el cambio. La experiencia muestra muchas cosas, que paso a señalar: 

3/10
-Cómo funciona un mercado bien diseñado, permitiendo asignar los bienes de manera mucho más eficiente y de acorde con las necesidades y preferencias de cada uno. Los directores de las ONG que participaban y que eran reacios al mercado acabaron siendo sus mayores defensores. 

4/10
-Cómo funcionan las subastas, de manera equivalente al mercado, permitiendo que los precios revelen la escasez relativa de cada bien. 

5/10
-Cómo funciona un mecanismo de negociación, permitiendo que cuando se fija uno en las consecuencias (y no en el prejuicio ideológico) se lleguen a acuerdos óptimos. Es lo que pasó cuando las distintas partes negociaron cómo cambiar el sistema de planificación. 

6/10
-Cómo funciona un sistema monetario. Se creó una moneda ficticia, cuya cantidad siempre iba en consonancia con los recursos reales del sistema. 

7/10
-Cómo la transferencia de rentas es mejor que la alteración política de los precios para procurar la igualdad. Esto se hizo al dar a cada banco de alimentos la misma renta por pobre en la moneda ficticia. 

8/10
-Cómo el acceso al crédito y una política que impedía el sobre-endeudamiento mejoraba las posibilidades de los bancos de alimentos con menos recursos. 

9/10
-Cómo la necesidad de competir en las subastas creó incentivos a cooperar eficientemente. Sucedió cuando los bancos pequeños se unieron ocasionalmente para acceder a lotes de alimentos que podían ser excesivos para cada uno de ellos. 

10/10:
Todo lo anterior sucedió tal y como prevé la Teoría Económica.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Hace cinco años en el blog: Extrañas afirmaciones de A. Garzón sobre el comercio internacional.
Y también: Experimentos con mercados (1).
Y también: Experimentos con mercados (2)-
Hace tres años en el blog: Grecia: algo más que el juego del gallina.
Y también: Los mitos de la razón. El Demonio de Maxwell.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

lunes, 8 de enero de 2018

Usar los mercados para ayudar a los pobres (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de diciembre en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.



Para resolver las ineficiencias descritas anteriormente, Feeding America juntó un comité para rediseñar el sistema. En el grupo había ocho directores de directores de bancos, tres miembros de Feeding America y cuatro profesores de la Universidad de Chicago. Después de discusiones y posiciones iniciales reacias, el comité sugirió, y Feeding America adoptó, lo que se llamó el Sistema de Elección, un mecanismo basado en el mercado donde los bancos pujan por cargamentos de comida dos veces al día después de que su contenido se haya publicado. A continuación se describen los detalles.

Feeding America y, en general, toda la gente involucrada estaba preocupada de las desigualdades entre bancos que un mecanismo de mercado pudiera generar, puesto que unos están localizados en áreas más ricas que otros y pueden recolectar dinero más fácilmente. Después de todo, estas personas estaban corrigiendo desigualdades en una sociedad capitalista. Para evitar esto, el sistema usa su propia moneda, llamada “participaciones” (shares), que solo puede usarse para comprar comida de Feeding America, quien emite la moneda ficticia en forma de un número en una cuenta para cada banco. Esta medida asegura que todos los bancos tienen las mismas participaciones por pobre.

El comité mostró también una gran preocupación por que los bancos más grandes pudieran beneficiarse del sistema de manera desproporcionada. Las pujas se diseñaron del tipo “sobre cerrado”, de manera que no requiriera gastar tiempo en realizar sucesivas pujas, como ocurre en diseños alternativos, como la subasta ascendente, lo que hubiera perjudicado a los bancos pequeños con poco personal. Además, se permitió a los bancos pedir prestadas participaciones (con ciertas condiciones y límites, para evitar que se acumulen deudas) para asegurar que pudieran pujar en cualquier subasta si lo deseaban. Finalmente, se permitió también a los bancos el juntarse para pujar por los cargamentos, lo que ayudó a los bancos pequeños que solo podían acceder a una fracción de una donación.

La subasta a sobre cerrado también sirve al propósito de no hacer esperar demasiado a los donantes, puesto que así todos los bancos participan simultáneamente, en lugar de hacerlo de manera sucesiva. Otra medida encaminada en esta dirección es que a los bancos se les permite hacer pujas negativas, lo que significa que las donaciones menos deseables fueran también recogidas rápidamente. A los bancos incluso se les permite vender parte de los bienes que les llegan de los donantes locales.

La manera en que los bancos respondieron al nuevo mecanismo permite a Prendergast (2017) señalar el éxito del Sistema de Elección. Una de las primeras observaciones es la gran disparidad de precios que se obtienen en las subastas para las diferentes clases de alimentos (y de algunos otros bienes que también son objeto de donación, como algunos productos de limpieza o platos y cubiertos desechables). Una libra de los bienes más demandados (cereales, pañales, pasta o carne preparada) puede llegar a alcanzar un precio 40 veces más alto que una libra de los productos menos deseados (hortalizas, bebidas y lácteos). Esto refleja el valor marginal de los productos según reflejan los bancos después de haber recibido sus donaciones locales. De esta manera los bancos en las áreas pobres pueden concentrar sus pujas en los cargamentos más baratos y obtener muchas más libras de alimentos. La gran diferencia observada entre lo que los bancos obtenían con el viejo sistema y lo que obtienen con el nuevo es una medida del éxito del Sistema de Elección. El hecho de que los bancos más pequeños y pobres usen créditos de Feeding America y que realicen pujas conjuntas son otras muestras del buen diseño del programa. Finalmente, los bancos en áreas ricas no suelen hacer uso de todas sus participaciones, e incluso ponen parte de sus stocks a la venta dentro del sistema, lo que permite que los bancos pobres tengan más de todo aun cuando tengan relativamente más de los bienes baratos.

Los directores de los bancos pobres, inicialmente más reacios al nuevo sistema, acabaron siendo los más entusiastas defensores del Sistema de Elección.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Hace cinco años en el blog: ¿Hay problema de producción o solo de reparto?
Hace tres años en el blog: Las ideas y el fanatismo.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

sábado, 6 de enero de 2018

Usar los mercados para ayudar a los pobres (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de diciembre en Mapping Ignorance.


Los mercados competitivos son sin duda el mecanismo económico más estudiado. La Teoría Económica explica razonablemente bien, al menos para una ciencia social, sus propiedades y su éxito a lo largo de la historia. Tenemos experimentos de laboratorio (véase aquí y aquí), y amplia evidencia histórica de que una sociedad orientada al mercado mejora a una que se aparta de él. Ha ocurrido en democracias como India, en dictaduras de izquierda como China y en dictaduras de derecha como la del Chile de Pinochet. Sin embargo, fuera del laboratorio no hay muchos ejemplos donde podamos seguir la pista a los cambios desde un sistema altamente regulado a uno pro-mercado aislándolo de otros cambios y controlando las distintas variables. Un ejemplo temprano se encuentra en Radford (1945) [1], quien documentó la economía de los campos de prisioneros de guerra alemanes hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. Primero, cada prisionero recibía una asignación de bienes por parte de la Cruz Roja (economía planificada), después los prisioneros intercambiaban bienes entre sí (economía de intercambio) y usaban cigarrillos como moneda (economía monetaria).
Prendergast (2017) [2] documenta y analiza una transición reciente y organizada desde un mecanismo de planificación central a un mercado en un sector muy específico: la distribución de comida a los pobres vía bancos de alimentos. Esta es la historia.

Feeding America es una ONG de los EEUU., que recibe 150 millones de kilogramos de comida al año de diferentes donantes, y que las distribuye entre los pobres en todo EEUU. a través de bancos de alimentos locales. Anteriormente a 2005, la distribución se hacía según el sistema “espera tu turno”. Los bancos de alimentos local se ordenaban en lista de espera según una medida de cuánta comida habían recibido ya en relación al número de pobres en el área del banco. Cuando Feeding America recibía una donación, llamaba al primer banco de la lista para ofrecerle el cargamento. El banco tenía entre 4 y 6 horas para contestar aceptando o rechazándolo. Si lo rechazaba, se llamaba al siguiente banco en la lista. Había razones por las que un banco podía no querer un cargamento de ayuda, entre ellas, el hecho de que debían hacerse cargo del coste de transporte. Si el donante estaba muy lejos o si el cargamento consistía en bienes para los que el banco no necesita o que no puede almacenar adecuadamente, podía rechazar el cargamento. Hay tres características adicionales que conviene mencionar para entender el resto de la historia. Primero, en este sistema todos los bancos terminaban recibiendo en media un conjunto de alimentos similar. Segundo, para los bancos locales, Feeding America no era la única fuente de donaciones, ya que cada uno tiene sus propios donantes locales. Tercero, incluso si un banco rechazaba una donación, el sistema recalculaba su posición en la lista como si la hubiera aceptado. Esto último se hacía para desincentivar los rechazos y no causar un contratiempo a los donantes, haciéndoles esperar para recoger un lote que han decidido donar y que ocupa espacio de almacenamiento. El objetivo de este mecanismo era asignar un número igual de kilogramos de comida por pobre, y los números muestran que este objetivo se conseguía con mucha precisión.

El sistema centralizado presentaba dos problemas principales. El primero es la variedad de las características de los bancos locales, algunos reciben muchas más donaciones de otros donantes que otros, y distintos bancos tienen distintas capacidades de almacenamiento. Sin embargo, Feeding America no tenía información sobre estas características. Esto significa que los bancos son muy heterogéneos en sus necesidades de diferentes tipos de alimentos. Por ejemplo, un banco de alimentos en Idaho probablemente no necesite más patatas, o uno en Wisconsin puede no tener uso para más productos lácteos. El segundo problema es que el sistema no permitía ofrecer el mismo cargamento a más de un número reducido de bancos, puesto que cada oferta implicaba un tiempo de espera de varias horas.

Referencias:

1. Radford, R. A. 1945. The Economic Organisation of a P.O.W. Camp. Economica 12(48), 189–201.

2. Prendergast, C. 2017. How Food Banks Use Markets to Feed the Poor. Journal of Economic Perspectives 31(4), 145–162.

(Continúa aquí.)

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Hace cinco años en el blog: Cómo ser izquierdista keynesiano en 11 lecciones.
Hace tres años en el blog: ¿Qué Podemos? ¿El votante mediano o el escorpión y la rana?
Y también: Noticias en la resaca del Año Nuevo.
Y también: La Socialdemocracia real.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

jueves, 7 de diciembre de 2017

El egoísmo en Economía

Esta entrada es la publicada hace más de un año en Nada es Gratis y, más recientemente y en inglés, en Mapping Ignorance. Es hora de recogerla en mi blog personal.
Se le reprocha a menudo que la Economía se basa en supuestos irreales, entre ellos el que las personas seamos egoístas. Según algunas críticas (por ejemplo, las del filósofo Bunge), este hecho es suficiente para mostrar la invalidez de los modelos económicos. Al fin y al cabo, si partimos de una falsedad, ¿qué esperanza podemos tener de encontrar teorías útiles?

Es una objeción importante, así que debe ser contestada de manera adecuada. Para empezar, sí es posible desarrollar teorías útiles partiendo de falsedades, siempre y cuando estas constituyan una buena aproximación o un buen punto de partida. Por ejemplo, en Astronomía los planetas pueden postularse como masas puntuales cuando lo que interesa es conocer sus posiciones relativas. A nadie se le escapa la falsedad de considerar que un planeta es un punto y, sin embargo, el modelo es muy útil. ¿Ocurre algo así en la Economía?

Empecemos con los mercados competitivos. El teorema que enuncia su eficiencia parte de agentes que se comportan como el Homo economicus. Si embargo, este postulado es una condición suficiente, y no necesaria. De hecho, es posible encontrar algo muy parecido a este resultado sin necesidad de postular un comportamiento egoísta por parte de los agentes, como mostraron Gode y Sunder. ¿Por qué entonces el modelo usa el postulado más restrictivo? Porque es una buena aproximación y porque, después de todo, en los mercados competitivos, los agentes sí parecen ser bastante egoístas. Pocas veces observamos a los compradores en un supermercado regalar dinero a los demás clientes, a los empleados o a los dueños. Es cierto que, en campañas de recogida de alimentos, somos capaces de comprar un kilo de comida para los necesitados, pero eso es una parte muy pequeña del presupuesto. Por otro lado, el modelo de mercados competitivos con el supuesto egoísta predice muy bien lo que ocurre en muchos mercados reales cuando se impone un precio político, una cuota, un arancel o un impuesto, entre otras posibilidades de intervención. Cualquier mejora que parta de un postulado más realista debería llegar en estos casos a conclusiones muy parecidas a las que ya se llega con el postulado egoísta.

Consideremos ahora los mercados no competitivos. Por ejemplo, los mercados oligopolistas. Si las empresas son egoístas, estos mercados no son eficientes, se producirá demasiado poco a un precio demasiado alto y las empresas se beneficiarán en una medida desproporcionada en comparación con los consumidores. Las empresas bien pudieran ser menos egoístas y vender más cantidad y a menor precio, como lo harían en competencia perfecta. Si queremos desarrollar una teoría del oligopolio con la que explicar lo que ocurre en estos mercados y simular los resultados de diferentes tipos de regulación, ¿querríamos partir del hecho de que las empresas en un mercado oligopolista son altruistas o que son egoístas?


Entonces, ¿dónde es importante considerar que los individuos no somos egoístas y que tenemos comportamientos cooperativos o altruistas? Los es, por ejemplo, en el estudio de las decisiones económicas dentro de la familia, donde se postulan preferencias altruistas sobre el cónyuge y los hijos (Becker fue pionero en estos estudios usando modelos económicos). Sin embargo, son las noticias sobre cómo la economía experimental ha encontrado comportamientos alejados del egoísmo en el juego del ultimátum, entre otros, las que han agudizado las críticas. En este juego, del que Antonio Cabrales ha hablado aquí, el experimentador da una cantidad de dinero para que se repartan entre dos jugadores, pero deben hacerlo según unas reglas: (i) uno de los jugadores es designado como repartidor por el experimentador, (ii) este jugador realizará una propuesta de reparto, y (iii) el otro jugador solo podrá aceptar o rechazar la oferta. Si la acepta se lleva a cabo el reparto ofrecido y si la rechaza ambos se quedan sin nada. Si los jugadores fueran egoístas y racionales, el repartidor ofrecería quedarse con casi todo y dejar apenas un céntimo para el otro jugador. Como un céntimo es mejor que nada, este aceptaría. Sin embargo no es lo que se observa en los experimentos, donde el repartidor ofrece quedarse alrededor de un 60% del dinero y el otro jugador suele rechazar divisiones que le dan menos del 40% (véase el artículo de Antonio Cabrales para más detalles). Así, pues, en este tipo de situaciones, el postulado egoísta no es satisfactorio.


Ante estos experimentos caben varias actitudes, entre ellas:
  1. Sustituir el postulado egoísta por otro que dé cuenta de lo que pasa en todas las interacciones económicas y no solo en los mercados competitivos y en oligopolios.
  2. Mantener el postulado egoísta en los modelos de mercados competitivos y en los oligopolios y cambiarlo allí donde no es un buen postulado.
La primera sería la mejor opción si tuviéramos a mano ese otro postulado más general que el egoísta y que mejora los modelos. Lamentablemente, no tenemos todavía tal cosa, y debemos conformarnos con algo más parecido a la segunda opción.

Con todo, este no es el fin del postulado egoísta en el juego mencionado. El estudio del equilibrio al que se llega siendo egoístas es importante, incluso si en la realidad nadie lo es, por cuanto establece un punto de partida respecto al cual medir o comparar el comportamiento observado o los equilibrios que surgen con otros postulados. Por ejemplo, permite establecer una medida del altruismo según el comportamiento se aparte del equilibrio egoísta. También es importante porque algunas variaciones de estos juegos se acercan a ese equilibrio. Por ejemplo, cuando el juego del ultimátum se juega contra un ordenador o cuando los jugadores son grupos, los individuos tienden a aceptar ofertas pequeñas (véanse estos artículos de van’t Wout y otros, y de Christopher y Carnevale). Más aún, el comportamiento observado se va acercando al del equilibrio egoísta a medida que se enuncia la situación como una interacción anónima en un mercado y se realiza el experimento con doble ciego, donde el sujeto experimental tiene garantías de que ni siquiera el experimentador va a saber cuál ha sido su comportamiento (Hoffman y otros). Finamente, la manera en que los comportamientos observados difieren del postulado egoísta en distintos juegos puede ayudar a diferenciar entre hipótesis alternativas. Por ejemplo, comparando el comportamiento en el juego del ultimátum con otros juegos como el del dictador, podemos intentar distinguir si las observaciones se explican mejor postulando altruismo, reciprocidad o resentimiento.

Así pues, el problema del postulado egoísta no es que sea o no cierto en general, sino si lo usamos de la manera adecuada en los modelos adecuados. Decir que en Economía usamos agentes egoístas es una mala crítica. Señalar que se abusa del postulado y que se usa en situaciones en que no debería hacerse (Pedro Rey habló aquí de algunos casos), sí sería una buena crítica. Juzgue el lector quién hace una u otra y quién avanza en proponer cada vez mejores modelos.

Otras entradas relacionadas:

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Hace cinco años en el blog: El Homo economicus.
Y también: Qué entendemos por sanidad pública.
Y también: Cómo ser economista de la escuela austriaca en 11 lecciones.
Hace tres años en el blog: Las claves del programa económico del PSOE.
Y también: Economía experimental y la desregulación eléctrica (1).
Y también: Economía experimental y la desregulación eléctrica (2).
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

jueves, 18 de mayo de 2017

Cooperación, complejidad y evolución abren el camino a mayores capacidades cognitivas

Este es el dilema del prisionero, del que ya hemos hablado aquí, aquíaquíaquí y aquí: Si A y B cooperan, ambos ganan 5. Si solo uno coopera, el otro gana 6 y el que coopera gana 0. Si ninguno coopera, ambos ganan 1.

Egoísmo

Un comportamiento egoísta implicará que, en una interacción aislada entre A y B ninguno coopere. La tabla siguiente representa el juego, en donde se ve claramente haga lo que haga el otro, cada uno prefiere no cooperar.

Altruismo

Si el comportamiento no es egoísta, podrán cooperar. Por ejemplo, si la ganancia de una unidad del otro le importa a cada tanto como la ganancia de media unidad para sí mismo, ambos querrán cooperar. Así, por ejemplo si los dos cooperan, ambos disfrutan de su ganancia de 5 más un disfrute por el bienestar del otro que equivalente a ½ de los 5 que gana el otro. La tabla sería la siguiente, donde se observa que cooperar es siempre mejor:
Coacción

No hace falta ser altruista para lograr la cooperación. Si A y B son parte de un clan que castiga con -10 a quien no coopere, en el nuevo juego también se cooperará:

Reciprocidad

Si la interacción entre A y B va más allá de un encuentro ocasional y tienen que decidir si cooperar o no cada día (o cada mes o año) de manera indefinida no hace falta altruismo ni castigos externos, basta con una estrategia de reciprocidad (visualizada en la imagen):
“comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si en el pasado lo hemos hecho y no cooperaremos si en el pasado alguien no ha cooperado”.
C es cooperar, D es no cooperar

Esta estrategia sostiene la cooperación como un equilibrio:
  • Si A y B siguen la estrategia, cada uno recibirá 5 cada periodo de tiempo.
  • Si uno la sigue y otro intenta aprovecharse no cooperando, el que no coopera ganará 6 hoy, pero a partir de mañana ganará 1 en cada periodo.
Si los individuos no son muy impacientes, preferirán 5 todos los periodos antes que 6 hoy y luego 1 en cada periodo posterior.

Perdón

En la estrategia anterior, el castigo es muy fuerte. Es posible diseñar otra que permita volver a la cooperación tras un castigo no tan fuerte: “comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si el día anterior hemos cooperado y no cooperaremos durante tres periodos a partir del día en que alguien no coopere”. De nuevo, si ambos siguen la estrategia, ganarán 5 en cada periodo. Si alguien se desvía pasará a ganar 6, luego 1 durante tres periodos y luego otra vez 5 cada periodo. Si los individuos no son muy impacientes preferirán 5 durante cuatro periodos antes que 6 y luego 1 durante tres periodos.

Daño

Las estrategias anteriores tienen el problema que castiga tanto al que coopera como al que no. También esto se puede corregir, pero requiere una estrategia más complicada: “comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si en el pasado lo hemos hecho y entraremos en una fase de “castigo al no cooperador” durante tres periodos a partir del día en que alguien no coopere”. El “castigo al no cooperador” significa que el cooperador juega “No cooperar” y el no cooperador juega “Cooperar”. La fase de castigo debe repetirse si el que no cooperó también se desvía del castigo.

Estigma

En una comunidad, no siempre se encuentran los mismos individuos en una interacción tipo dilema del prisionero. Es posible que hoy se encuentren A y B, mañana B y C, pasado mañana A y C, luego C y D y así sucesivamente. En estos casos las estrategias anteriores no funcionan, pero otras adaptadas a la situación sí funcionarán si en la comunidad se observa el comportamiento de los demás: cada vez que dos juega, se observa qué hacen, a quien coopera siempre que no sea una situación de castigo se le etiqueta como “cooperador” y al que no lo hace, como “no cooperador”. Ahora la estrategia de cada individuo en la comunidad puede ser: “cooperar frente a un cooperador y no cooperar (situación de castigo) frente a un no cooperador”. Esta estrategia será de nuevo, equilibrio y fomenta la cooperación.

El camino abierto a la mayor capacidad cognitiva

Podemos seguir complicando la situación y así todo encontrar estrategias que permitan la cooperación, que serán también más complicadas. Reducir el periodo de castigo, no castigar sino al que no coopera, volver a la cooperación una vez el castigo ha sido suficiente, tomar nota de quién es cooperador y quién no, tomar nota de quién ha sido perdonado, tomar nota de quién ha participado en los castigos y quién no,… Todo esto requiere de habilidades cognitivas cada vez más complicadas, y esto nos puede decir algo acerca de la evolución.

En la medida que haya ganancias posibles de la cooperación y de diseñar bien la estrategia para recuperar la cooperación o para castigar lo menos posible, ocurrirá que los seres vivos que desarrollen un aparato cognitivo complejo que les permita desarrollar esas estrategias tendrán un beneficio extra respecto a otros seres vivos sin esas capacidades.

Frente a la visión de la evolución como un proceso impredecible, este simple hecho permite anticipar por lo menos una progresión: cada vez aparecerán más especies con estrategias que permitan captar mejor las ganancias por cooperar y por tanto con sistemas cognitivos y sociales más complejos. No quiere decir que todas las especies evolucionen de esa manera ni que se llegue necesariamente al desarrollo de la inteligencia humana o algo parecido, sino que algunas especies acabarán llenando el nicho de la adaptación mediante la cooperación y que eso requerirá de cada vez mayor complejidad.

Esto no tiene nada que ver con dotar a la evolución de una teleología ni, a fortiori, con interpretar como éxito, cumbre o destino lo que se acerca a ese objetivo definido por esa teleología. Simplemente en un proceso evolutivo hay tendencia a que algunos seres vivos (no necesariamente  todos) ocupen nichos para los que se requiere cierta complejidad estratégica. Esta puede ser una guerra armamentista, el desarrollo de nuevos órganos o, como he señalado en esta entrada, la capacidad cognitiva.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Hace cinco años en el blog: Así está la cosa (1).
Hace tres años en el blog: Impuestos: las deducciones y el votar con los pies.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

martes, 7 de abril de 2015

¿Cumple su parte el Comercio Justo? (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de marzo en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


El segundo método examina un panel de productores a lo largo del tiempo, en lugar de fijarse en una sección para un periodo de tiempo, y estudia los precios obtenidos por el productor antes y después de recibir la certificación de Comercio Justo. Usando esta estrategia, Dragusanu y Nunn (2014) [10] encuentran un sobreprecio, aunque más pequeño que el 30% mencionado antes, pero no encuentran un incremento de las cantidades vendidas.

El tercer método estudia qué clase de productores es más atraído por el certificado. La evidencia sugiere que los productores con menos experiencia, educación y menores ingresos son más propensos a adquirir el certificado, según dos estudios realizados en Costa Rica (Sáenz-Segura y Zúñiga-Arias, 2009 [11]) y Perú (Ruben y Fort, 2012 [9]). De confirmarse, esta relación negativa podría indicar que la relación causal encontrada en los estudios anteriores podría estar infra estimada.

¿Es sostenible a largo plazo el mayor ingreso?

De acuerdo con el Análisis Económico, si la demanda de productos con la etiqueta de Comercio Justo es constante, a medida que más productores obtienen el certificado cada uno obtendrá una menor proporción de los beneficios. La entrada ocurrirá hasta que los beneficios sean los justos para compensar por los costes de la certificación. Esta disipación de rentas no ocurrirá, al menos, no completamente, si hay algunas barreras a la entrada. Por otra parte, la completa disipación de rentas no tiene por qué significar un fracaso del Comercio Justo, puesto que otros resultados, como las mejoras de las condiciones de trabajo, sostenibilidad y las relaciones de largo plazo, también se extienden con la entrada a la certificación. No hay estudios empíricos para comprobar cuál es el caso en este aspecto dinámico del Comercio Justo, pero los análisis teóricos muestran un dilema para las agencias certificadoras: por una parte, desean extender la etiqueta lo más ampliamente posible, pero a la vez desean también imponer algún tipo de límite a la entrada para evitar la disipación de rentas

¿Ofrece el Comercio Justo estabilidad financiera?

La evidencia parece indicar que el beneficio de lazos a largo plazo entre productores y compradores sí se observa, con la excepción de los compradores ligados a un mercado (importadores que venden a Starbucks, Nestlé o Cosco, por ejemplo), que a menudo rehusan comprar a cooperativas que solicitan créditos. Bacon et al. (2008) [12] muestran que el 77% de los agricultores con el certificado de Comercio Justo declaran que sus cooperativas les proveen de crédito antes de la cosecha, en comparación esto solo ocurre en el 33% de los agricultores en cooperativas convencionales. Méndez et al. (2010) [13] ofrecen un buen caso a favor de la hipótesis de que la certificación de Comercio Justo efectivamente causa acceso al crédito al poder usar como control agricultores con certificación orgánica que no tiene provisiones sobre acceso al crédito.

¿Mejoran la gobernanza y las instituciones?

La evidencia empírica en este tema es limitada y ofrece resultados dispares. Algunos estudios muestran que los productores certificados se identifican con su cooperativa en mayor medida que los no certificados (Ruben y Fort, 2012 [9]), mientras que otros encuentran justo lo contrario (Elder et al., 2009 [14]) o ninguna diferencia. Más aún, algunos autores encuentran que un número importante de productores para cooperativas de Comercio Justo no sabían nada acerca del sobreprecio, incluso muchos de los que sí sabían, pensaban que no estaban recibiendo ningún beneficio por ello. Evidencias posteriores muestran que los trabajadores contratados por cooperativas certificadas no reciben un salario mayor en comparación con los trabajadores para cooperativas convencionales o que el salario es solo marginalmente superior (Jaffe, 2009 [15]).

Un último objeto de estudio tiene que ver con las externalidades positivas de la certificación. Los agricultores no certificados se pueden beneficiar del Comercio Justo si el sobreprecio recibido por los certificados beneficia a la comunidad en forma de educación, servicios médicos, infraestructuras o incluso en la reducción del poder de mercado de los intermediarios. De momento la existencia de estos efectos es especulativa, con solo alguna evidencia preliminar que muestra un ingreso más alto en los productores no certificados debida a la presencia de productores certificados en un área de Costa Rica (Dragusanu y Nunn, 2014 [10]).

Referencias:

9. Ruben, R., and Fort R. 2012. The Impact of Fair Trade Certification for Coffee Farmers in Peru. World Development 40(3), 570–82.

10. Dragusanu, R., and Nunn N. 2014. The Impacts of Fair Trade Certification: Evidence from Coffee Producers in Costa Rica. Unpublished paper. Harvard University.

11. Sáenz-Segura, F., and Zúñiga-Arias, G. 2009. Assessment of the Effect of Fair Trade on Smallholder Producers in Costa Rica: A Comparative Study in the Coffee Sector. In The Impact of Fair Trade, edited by Ruerd Ruben, 117–35. Wageningen: Wageningen Academic Publishers.

12. Bacon, C.M.; Méndez,V.E., Flores Gómez, M.E.; Stuart, D., and Díaz Flores, S.R. 2008. Are Sustainable Coffee Certifications Enough to Secure Farmer Livelihoods? The Millennium Development Goals and Nicaragua’s Fair Trade Cooperatives. Globalizations 5(2), 259–74.

13. Méndez, V.E.; Bacon, C.M.; Olson, M.; Petchers, S.; Herrador, D.; Carranza, C.; Trujillo, L.; Guadarrama-Zugasti, C.; Cordón, A., and Mendoza, A. 2010. Effects of Fair Trade and Organic Certifications on Small-Scale Coffee Farmer House- holds in Central America and Mexico. Renewable Agriculture and Food Systems 25(3), 236–51.

14. Elder, S.D.; Zerriffi, H., and Le Billon, P. 2012. Effects of Fair Trade Certification on Social Capital: The Case of Rwandan Coffee Producers. World Development 40(11), 2355–67.

15. Jaffee, D. 2009. “Better, But Not Great”: The Social and Environmental Benefits and Limitations of Fair Trade for Indigenous Coffee Producers in Oaxaca, Mexico. In The Impact of Fair Trade, edited by Ruerd Ruben, 195–222. Wageningen: Wageningen Academic Publishers. 

----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Hace tres años en el blog: El don del Nilo.
Hace cinco años en el blog: La razón moral y el paternalismo.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

viernes, 3 de abril de 2015

¿Cumple su parte el Comercio Justo? (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de marzo en Mapping Ignorance.



Raluca et al. (2014) [1] proporcionan un repaso de los estudios económicos que tienen que ver con el funcionamiento de las certificaciones de Comercio Justo. El resumen se centra en la industria del café, con diferencia el producto más importante en la etiqueta Comercio Justo. En este artículo resumo sus principales conclusiones.

El fin de la certificación Comercio Justo es mejorar las vidas de los pobres en los países en desarrollo ofreciendo mejores condiciones a los productores. Los principales instrumentos son el recargo en el precio pagado a los productores que obtienen la certificación y la relación de largo término entre compradores y vendedores, lo que implica una estabilidad financiera. A cambio, el productor debe adherirse ciertas prácticas: usar el mayor precio para invertir en la comunidad, mejorar las condiciones de los trabajadores, favorecer asociaciones como las cooperativas y usar algunos estándares medioambientales. A pesar de que el número de productos certificados sigue creciendo, en 2011, las exportaciones de café con la etiqueta Comercio Justo apenas representaba el 1,8% de las exportaciones mundiales de café.

El certificado se concede por alguna organización privada (la mayoría pertenecientes a Fairtrade International), y el productor debe pagar por la solicitud, la certificación inicial y las tarifas de renovación de la certificación. La justificación de la iniciativa Comercio Justo es que provee información creíble al consumidor. Si un número de consumidores tienen preferencias por las prácticas de producción promovidas por Comercio Justo y están dispuestos a pagar un precio más alto por ello, y los productores están dispuestos a producir de esa manera, entonces una certificación creíble puede facilitar transacciones beneficiosas para ambas partes que de otra manera no ocurrirían.

Hay, sin embargo, una preocupación acerca de si el Comercio Justo tiene sentido económico y de si es sostenible en el largo plazo. Por ejemplo, el economista especializado en desarrollo Paul Collier (2007, p. 163) [2] escribe “[Los agricultores con certificación de Comercio Justo] reciben caridad mientras sigan produciendo las cosechas que les han atrapado en la pobreza”. El semanario The Economist (2006) [3], a su vez, escribe: “tal vez la mayor objeción al Comercio Justo es que es una manera ineficiente de hacer llegar el dinero a los productores pobres”.

Los estudios incluidos en Raluca et al. proporcionan alguna evidencia sobre si los objetivos del Comercio Justo se cumplen realmente, pero no tienen mucho que aportar acerca de los efectos a largo plazo o sobre si en verdad son una manera ineficiente de ayudar a los productores pobres.

¿Tienen los consumidores preferencias por Comercio Justo?

Mediante el uso de encuestas y experimentos de campo, la evidencia empírica muestra que muchos consumidores efectivamente muestran preferencias por productos con la etiqueta de Comercio Justo. Si una variedad de café tiene la etiqueta tiene también más ventas, y los consumidores están dispuestos a pagar por ella un sobreprecio de hasta el 23% ((e.g., Herter et al., 2009 [4], Hainmueller et al., 2011 [5] y Hiscox et al., 2011 [6]). En la parte teórica, dadas estas preferencias, la certificación voluntaria mejora el bienestar agregado.

¿Reciben los productores precios más altos?

Todos los estudios están de acuerdo en que los productores con el certificado de Comercio Justo reciben precios más altos que los agricultores convencionales, con una diferencia a favor del orden del 30%, pero la evidencia necesita de un análisis más cuidadoso para inferir causalidad. Si el certificado de Comercio Justo selecciona mejores productores, la dirección causal puede ser la contraria. Los estudios más recientes usan tres metodologías distintas para resolver el problema. La primera usa métodos de emparejamientos, y comparan cada agricultor certificado con agricultores que tienen características similares que son observables (educación, edad, tamaño familiar y especialización, entre otras). Con este método, Beuchelt y Zeller (2011) [7] muestran que los productores de café en Nicaragua sí reciben mayores precios cuando están asociados a cooperativas certificadas con la etiqueta de Comercio Justo. Por el contrario, Fort y Ruben (2009) [8] no encontraron diferencias significativas para las cooperativas en Perú.

(Continúa aquí)

Referencias:

1. Dragusanu, R.; Giovannucci, D., y Nunn, N. 2014. The Economics of Fair Trade. Journal of Economic Perspectives 28(3), 217–236.

2. Collier, P. 2007. The Bottom Billion. New York: Oxford University Press.

3. Economist, The. 2006. Voting with Your Trolley. Diciembre.

4. Hertel, S.; Scruggs, L., y Heidkamp, C.P. 2009. Human Rights and Public Opinion: From Attitudes to Action. Political Science Quarterly 124(3), 443–59.

5. Hainmueller, J.; Hiscox M.J., y Sequeira S. 2011. Consumer Demand for the Fair Trade Label: Evidence from a Field Experiment. Artículo no publicado.


7. Beuchelt, T.D., y Zeller M. 2011. Profits and Poverty: Certification’s Troubled Link for Nicaragua’s Organic and Fairtrade Coffee Producers. Ecological Economics 70(7), 1316–24.

8. Fort, R., y Ruben R. 2009. The Impact of Fair Trade Certification on Coffee Producers in Peru. En The Impact of Fair Trade, editado por Ruerd Ruben, 75–98. Wageningen: Wageningen Academic Publishers.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Hace cinco años en el blog: Una curiosa coincidencia
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

sábado, 5 de abril de 2014

Un experimento natural sobre preferencias sociales con Google Answers (2)

Esta es la segunda parte de la traducción de mi artículo de marzo en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera para entender su contenido.


En la interacción repetida, el modelo considera que cada usuario tiene un número finito de preguntas y que el comportamiento pasado, en lo que toca a propinas y esfuerzo, es observado perfectamente. Los usuarios pueden ser de tres tipos: recíprocos (R), estratégicamente egoístas (S) o egoístas miopes (M). El tipo R siempre da propina tras una buena respuesta, el tipo S solo deja propina si sirve como inversión necesaria para inducir un buen esfuerzo en la respuesta vía reputación, mientras que el tipo M nunca deja propina. El tipo del usuario no se observa, pero los GAR pueden usar la actualización bayesiana para estimar las probabilidades de que el usuario sea de uno u otro tipo según vayan recogiendo información sobre su comportamiento. Este modelo repetido haca algunas predicciones que permiten a Regner formular las siguientes hipótesis nulas:
  1. Las propinas que dejan los usuarios que formulan solo una pregunta no es significativamente mayor que cero.
  2. La cantidad total de preguntas que hace un usuario no tiene efecto en la tendencia a dejar propina.
  3. La propina en una situación de “último periodo” es, ceteris paribus, más alta que la propina de usuarios de una sola pregunta.
  4. No hay heterogeneidad entre los usuarios en su tendencia a dejar propina.
  5. La historia de propinas de un usuario no tiene efecto en el nivel de esfuerzo de los GAR.
  6. Los niveles de esfuerzo no aumentan cuando se pasa del sistema sin propinas al sistema con ellas.
El rechazo de estas hipótesis significa la aceptación de la existencia de distintos tipos de usuarios y del comportamiento de equilibrio en la situación repetida. De hecho, todas las hipótesis nulas, excepto la número 3 se rechazan.

Por ejemplo, casi el 15% de los usuarios que preguntan solo una vez dejan propina, los usuarios ocasionales (alrededor del 25%) o frecuentes (el 35%) dejan todavía más. El análisis de regresión muestra que la tendencia a dejar propina está correlacionada con indicadores aproximados de reciprocidad (“esfuerzo de los GAR según se percibe por el usuario”, “el hilo temporal de la respuesta”, “si se ha pedido aclaración”…) e indicadores de reputación (“frecuencia de uso”). Estos resultados confirman las predicciones del modelo y complementan los resultados observados en el laboratorio.

Los experimentos de laboratorio también muestran una relación positiva entre el esfuerzo y la propina en juegos de intercambio de regalos que incluyen una propina voluntaria en la tercera etapa. Hay también abundante evidencia experimental de una relación salario-esfuerzo en juegos de intercambio de regalos en dos etapas (sin posibilidad de propina en una tercera), pero sin clara evidencia de que esto ocurra en experimentos de campo. Al ser un análisis real, GA provee evidencia a favor de la necesidad del diseño en tres etapas para lograr los beneficios de la reciprocidad.

El dato de los análisis también sugiere que son esenciales dos condiciones adicionales. Primero, la existencia del tipo “recíproco genuino” (R) es crucial. Sin ellos, lo tipos estratégicos no tienen a quien imitar y los círculos de retroalimentación positiva que ofrecen oportunidades para la reciprocidad no podrían comenzar. Segundo, los agentes necesitan poder actualizar sus creencias sobre los tipos. Solo entonces la estrategia de imitar a los recíprocos merece la pena y se consigue incentivar el alto esfuerzo.

Un 36% de usuarios frecuentes y solo un 15% de usuarios de una pregunta dejan propina. De ahí se obtiene que un mínimo del 15% de usuarios son recíprocos y un mínimo del 20% son egoístas estratégicos (un 15% de usuarios frecuentes, incluidos en el 36%, son recíprocos y deben descontarse). Cuando nos restringimos a los súper-usuarios, una muestra pequeña, pero con mejores observaciones, encontramos que el 27% son egoístas miopes (dan propinas insignificantes), y el 38% son recíprocos (siempre dejan propinas tras una buena respuesta).

Durante los primeros seis meses del servicio no se podía dejar propia, de manera que el comportamiento por defecto era no dejarla. Al permitirse, tras un comienzo lento en octubre (solo seis de las primeras 1000 preguntas recibieron propina), la reciprocidad y las variables sobre reputación logran explicar el comportamiento de las propinas ya en noviembre de 2002. Parece que la propina se adopta primero y lentamente por algunos individuos motivados solo por la reciprocidad y que entonces se reconoce rápidamente como una estrategia motivada por los efectos de reputación.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Hace tres años en el blog: Prejuicios económicos (2).
Hace cinco años en el blog: La historia más asombrosa jamás contada (10). El sexo aburrido de las bacterias y otros ingenios.
Y también: La enfermedad de los homosexuales.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------- 

jueves, 3 de abril de 2014

Un experimento natural sobre preferencias sociales con Google Answers (1)

Esta es la primera parte de la traducción de mi artículo de marzo en Mapping Ignorance.


La literatura en economía experimental ha documentado extensamente que los individuos realizan pagos voluntarios. De este hecho surgen dos cuestiones metodológicas. Primera, cuáles son las causas precisas de este comportamiento pro-social y, segunda, si estos resultados pueden extenderse a situaciones de la vida real.

Tobias Regner (2014) [1] se ocupa de estas cuestiones y compara los resultados teóricos y de laboratorio con datos de observaciones reales recogidos del “Google Answers” (GA). En este servicio on-line el usuario plantea una pregunta y pone un precio a la respuesta. Un investigador de Google Answers (GAR) responde. Finalmente el usuario tiene la opción de añadir una propina para el GAR. El precio se paga si y solo si se da una respuesta, pero hay un pago no reembolsable de 0,5 dólares por plantear la pregunta. Una vez que un GAR acepta una pregunta, esta es bloqueada y ningún otro GAR puede responderla durante unas horas. Si la respuesta ofrecida no es satisfactoria, el usuario puede pedir una investigación adicional. Si todavía no está satisfecho, el usuario puede replantear la cuestión o pedir un reembolso. Cuando la respuesta se completa, puede también calificar su calidad.

El servicio duró desde abril de 2002 hasta diciembre de 2006 y se respondieron más de 50.000 preguntas, a un precio medio de 20 dólares. Los GAR eran independientes y algunos se tomaron el trabajo muy en serio, respondiendo más de 1.000 preguntas. Hay dos características en el diseño de GA que permiten una investigación empírica. Primero, durante los primeros meses del servicio no había posibilidad de dejar una propina. Su introducción ofrece una oportunidad para comparar el comportamiento antes y después de que se permitiera. Segundo, la fecha de cierre del servicio se anunció poco antes de que no se permitieran más preguntas, lo que implica que no se podía ganar ninguna reputación en las últimas preguntas.

Con los datos en la mano, Regner analiza las decisiones sobre el precio, el esfuerzo y la propina en un mercado real. El autor considera dos explicaciones posibles para el hecho de dejar propina y realiza varios tests empíricos para comprobar su validez a la hora de explicar el comportamiento en GA. Una de ellas es la reciprocidad, que implica la existencia de unas preferencias sociales por recompensar el buen comportamiento, incluso si ello implica un coste (p.e., cuando uno deja una propina en un restaurante al que seguramente no volverá). Dufwenberg y Kirchsteiger (2004) [2] ofrecen una teoría sobre esta hipótesis. La otra explicación es la reputación, según la cual los usuarios que miran solo por su propio interés pueden imitar a los que presentan preferencias por la reciprocidad para inducir a los GAR a hacer un gran esfuerzo por dar una buena respuesta. En este caso la teoría está en Kreps et al. (1982) [3]. Algunos experimentos de laboratorio que siguen una estructura similar se analizan en Fehr et al. (1997) [4] y en Fehr et al. (2007) [5].

La interacción entre los GAR y los usuarios se modeliza como un juego repetido en el que los GAR pueden realizar distintos niveles de esfuerzo, los usuarios reciben un pago positivo en caso de que el esfuerzo por responder sea alto y tras descontar el precio y pagar la propina, y los GAR encuentran que poner un esfuerzo alto en responder es provechoso si reciben tanto el precio como la propina. Si la interacción ocurre solo una vez, unas preferencias egoístas implicarían que no se daría propina. Anticipando esto, los GAR no pondrían esfuerzo en sus respuestas (esta es una ilustración del llamado problema de riesgo moral). Si los usuarios presentan preferencias sociales y se cumplen ciertas condiciones (las ganancias por reciprocidad compensan el coste de la propina y la proporción de individuos con preferencias por la reciprocidad es suficientemente alta) entonces la situación óptima (se produce el esfuerzo y se da propina) puede alcanzarse en el equilibrio.

La repetición de la interacción permitirá analizar qué sucede cuando hay individuos egoístas y otros con preferencias sociales. Este será el contenido de la segunda parte.

Referencias

1. Regner T. 2014. Social preferences? Google Answers! Games and Economic Behavior, 85 188-209. DOI: 10.1016/j.geb.2014.01.013.

2. Dufwenberg, M., Kirchsteiger, G. 2004. A theory of sequential reciprocity. Games and Economic Behavior 47, 268–298.

3. Kreps, D., Milgrom, P., Roberts, J., Wilson, R. 1982. Rational cooperation in the finitely repeated prisoners dilemma. Journal of Economic Theory 27, 245–252.

4. Fehr, E., Gächter, S., Kirchsteiger, G. 1997. Reciprocity as a contract enforcement device: experimental evidence. Econometrica 65, 833–860.

5. Fehr, E., Klein, A., Schmidt, K. 2007. Fairness and contract design. Econometrica 75, 121–154.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Hace tres años en el blog: Prejuicios económicos.
Hace cinco años en el blog: La Odisea Espacial, el ADN y John von Neumann.
Y también: La historia más asombrosa jamás contada (9). El cerebro y la mente.
Y también: Al monte se va con botas o ¡si tuviera un martillo!
----------------------------------------------------------------------------------------------------------- 

miércoles, 27 de marzo de 2013

Experimentos sobre equidad (2)


Esta es la segunda parte del artículo en mapping ignorance "Experiments in fairness". Debe leerse la primera para entender esta entrada.

La investigación continuó en esas líneas. Hoffman et al. (1996) [4] realizaron una serie de experimentos en los que aislaron al proponente cada vez más de cualquier contacto social (del que recibe, de otros sujetos del experimento y del experimentador). En el caso de mayor anonimato, con un tratamiento de doble ciego, el 64% de los proponentes se quedan con los 10$ y el 90% con al menos 8$.

Tras estos y otros experimentos, se empieza a reconocer un patrón: cuanto más cerca esté el experimento del juego teórico (sin interacciones sociales, con anonimato, con un contexto de mercado) más se refleja el equilibrio teórico en el experimento. Una teoría general del comportamiento económico debe explicar todos los hechos, el comportamiento egoísta en el mercado y las preferencias aparentemente altruístas observadas. El primer paso es identificar los contextos en los que ocurre el comportamiento generoso y explicar por qué. Para algunos autores (y en este punto es importante destacar que muchos de los experimentos se han diseñado y llevado a cabo con la colaboración de psicólogos) el hecho de que la interacción social haga que los individuos sean más cooperativos refuerza la interacción evolutiva de reciprocidad más que la hipótesis de equidad. Sin embargo, nuevas investigaciones sugieren que la equidad tal vez no haya dicho su última palabra.

Algunos autores han explorado la posibilidad de que la hipótesis de la equidad pueda ser defendida en un contexto evolutivo. En uno de los últimos trabajos que siguen esta línea de investigación, David et al. (2013) [4] reconsideran el juego del ultimátum y lo estudian usando la teoría de juegos evolutiva. La diferencia con la modelización estándar es doble. Primero, en un contexto evolutivo los jugadores no eligen sus estrategias racionalmente, sino que las estrategias les llegan como caracteres seleccionados en un proceso evolutivo. Segundo, la parte estocástica del análisis viene de considerar que los individuos pueden equivocarse al juzgar los pagos y estrategias de los demás. En este contexto los autores encuentran que la selección natural favorece la equidad. Más específicamente, la estrategia media se corresponde con el comportamiento observado: los proponentes ofrecen entre el 30% y el 50% y los que reciben demandan entre el 25% y el 40%. El rechazar pagos bajos incrementa el pago relativo en la competición a pares entre dos estrategias y se ve favorecida cuando la selección es suficientemente débil. Ofrecer más de lo que se demanda incrementa el pago cuando hay muchas estrategias presentes simultáneamente y se ve favorecido cuando la mutación es suficientemente alta.

Tras el análisis teórico los autores realizan un experimento con el juego del ultimátum con la característica añadida de que los jugadores no conocen a ciencia cierta el éxito de los demás. Los resultados empíricos siguen la línea de las predicciones teóricas: la incertidumbre acerca del éxito de los demás se asocia a demandas y ofertas más altas. La equidad puede ser, después de todo, parte de la explicación. Los autores no usan el juego del dictador, pero puede conjeturarse que, habiendo menos incertidumbre en este juego (recuérdese que quien recibe no hace nada, y que las ofertas hechas por el proponente son llevadas a cabo automáticamente), la hipótesis de equidad podría ser compatible con la discrepancia observada entre estos dos juegos.

Incluso si la explicación evolutiva es correcta, todavía quedan numerosas interrogantes que resolver: por qué la gente obedece sus instintos en lugar de usar la razón para jugar el juego (¿es costoso jugar en contra de los instintos en términos del esfuerzo y del tiempo necesarios para calcular la mejor estrategia o en términos de sufrir una emoción dolorosa?), y en qué medida los caracteres evolutivos pueden ser moldeados por la interacción cultural o por el aprendizaje son solo un par de ellas. Estamos siendo testigos del comienzo de desarrollos interesantes en la comprensión del comportamiento económico.

Referencias

1. Kahneman, Daniel; Knetsch, Jack L.; Thaler, Richard H. 1986. Fairness and the assumption of economics. Journal of Business 59, 285–300.

2. Forsythe, Robert; Horowitz, Joel; Savin, N.E.; Sefton, Martin 1994. Fairness in simple bargaining experiments. Games and Economic Behavior 6(3), 347–369.

3. Hoffman, Elizabeth; McCabe, Kevin; Smith, Vernon 1996. Social distance and other-regarding behavior indictator games. American Economic Review 86(3), 653–660.

4. Rand, David G.; Tarnita, Corina E.; Ohtsuki, Hisashi; Nowak, Martin A. 2013. Evolution of fairness in the one-shot anonymous Ultimatum Game. Proceedings of the National Academy of Sciences of the USA 110(7), 2581–2586.


------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Hace tres años en el blog: Odiosa comparación.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------