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martes, 10 de marzo de 2015

La Economía y la ética de las emisiones de carbono (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de febrero en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


2. Internalización de las externalidades. Una de las acciones de una sociedad bien gestionada consiste en internalizar las externalidades. Pongamos que se estima que las emisiones no deben exceder la cantidad X en un año. Si la sociedad emite X bonos de emisiones y requiere que quien libere al ambiente una unidad de emisiones haya comprado un bono, entonces el precio de mercado de los bonos reflejará el coste social de las emisiones. Sin un mercado de emisiones, ni las empresas ni los individuos pagarían el coste social de sus emisiones y deberían una compensación. Con el mercado de emisiones este efecto negativo se internaliza y los individuos en esta sociedad bien gestionada pueden vivir sus vidas sin necesidad de compensar más daños. El mercado de emisiones estará haciéndose cargo del problema. Otros mecanismos alternativos, como el impuesto por contaminar pueden tener el mismo efecto.

3. Sociedades no bien gestionadas. Como en el caso de la tragedia de los comunes o el de la contaminación, el problema de las emisiones de carbono tiene la estructura de un dilema del prisionero. Mis emisiones añaden muy poco al total, mi decisión de reducirlas o eliminarlas afectan muy poco a los demás, pero yo pago todo el coste si las compenso. Mi acción no resuelve el problema, y cooperar cuando los otros no lo hacen me hace sentir ridículo. Muchos filósofos han analizado este tipo de problemas sin encontrar una norma ética clara que aplicar (véanse Hardin, 1968 [3] y Kuhn, 2009 [4]).

4. Las emisiones de CO2 no pueden ser desdeñadas éticamente. Es imposible declarar que las emisiones individuales caen dentro de la excepción de minimis, dado que pueden llegar a ser de hasta 10.000$ para el americano medio a lo largo de su vida. Hay un daño y se requiere una compensación. ¿Cómo compensar las emisiones? Para empezar, los individuos no saben cuánto compensar y, cuando quieren, no saben hacerlo de una manera eficiente. De hecho, cuando lo intentan, lo hacen de una manera extremadamente ineficiente (Victor, 2010 [5], Wara y Victor, 2008 [6], Aldy y Stavins 2012 [7], IPCC Fifth Assessment, Mitigation 2014, capítulos 13 y 15 [8]). Además, si un individuo compra una compensación en un país donde no hay un límite de emisiones (p.e., en el Chicago Climate Exchange, antes de que se declarara en bancarrota), en lugar de beneficiar a quien sufre el daño por el cambio climático, benefician a los responsables de las emisiones, para quienes ahora emitir es más barato. Finalmente está el tema sobre cómo resolver el valor relativo de nuestra dedicación a compensar emisiones comparado con otras externalidades importantes, como el hambre en el mundo, la pobreza o la guerra.

5. Métodos eficientes de compensar nuestras externalidades. Si las acciones individuales son un método muy malo para compensar emisiones, estas no deberían proponerse como la solución ética al problema que causan. Entonces, ¿cuál es la solución ética apropiada? Nodhaus sugiere un enfoque multilateral. Es computacionalmente imposible asegurar un balance neutro en la contabilidad de cada externalidad dada la cantidad y complejidad de acciones que tomamos cada día. Por el contrario, sería relativamente simple tomar una compensación global una vez que se ha determinado un monto razonable a los daños de nuestras acciones.

Para desarrollar este enfoque, Norhaus propone un experimento mental en el espíritu del velo de la ignorancia de Rawls: en la sociedad B la gente compensa sus daños cada vez que incurre en una externalidad. Como esto es muy ineficiente se dilapidarán muchos recursos en costes de transacción y de cálculo y, aún así, no habrá garantía de que se hagan los cálculos correctos. En la sociedad M la gente estima todos los daños y compensa a los grupos afectados (p.e., cuando se emiten bonos para poder realizar emisiones contaminantes o de efecto invernadero y los individuos pagan un precio para adquirir el bono). En estas condiciones, si uno no sabe si causará un daño o deberá ser compensado, ¿qué sociedad elegiría? Entonces, la gran pregunta ética es: si tenemos que dedicar nuestras acciones a la construcción de la sociedad B o la sociedad M, ¿dónde estarían mejor empleados los limitados recursos de que disponemos como individuos?

Referencias

1. Nordhaus, W. 2014. The Ethics of Efficient Markets and Commons Tragedies: A Review of John Broome’s Climate Matters: Ethics in a Warming World. Journal of Economic Literature 52(4), 1135–1141.

2. Broome, J. 2012. Climate Matters: Ethics in a Warming World. New York: W. W. Norton and Company.

3. Hardin, G. 1968. The Tragedy of the Commons. Science 162, 1243–48.

4. Kuhn, S. 2009. Prisoner’s Dilemma. In Stanford Encyclopedia of Philosophy. Spring 2009 edition.

5. Victor, D.G. 2010. The Politics and Economics of International Carbon Offsets. In Modeling the Economics of Greenhouse Gas Mitigation: Summary of a Workshop, 132–42. Washington, D.C.: National Academies Press.

6. Wara, M. W., and Victor, D.G. 2008. “A Realistic Policy on International Carbon Offsets.” Stanford University Program on Energy and Sustainable Development Working Paper 74.

7. Aldy, J.E., and Stavins, R.N. 2012. The Promise and Problems of Pricing Carbon: Theory and Experience. Journal of Environment and Development 21(2), 152–80.

8. Intergovernmental Panel on Climate Change. 2014. Climate Change 2014: Mitigation of Climate Change.

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Hace cinco años en el blog: En el sentido más laudatorio del término.
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sábado, 7 de marzo de 2015

La Economía y la ética de las emisiones de carbono (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de febrero en Mapping Ignorance


En su libro Climate Matters, John Broome (2012) [1] examina el cambio climático desde el punto de vista de la filosofía moral. Al contrario que muchos otros ensayos que considera la ética de la elección social en este tema, el libro de Broome contiene algunos capítulos que se centran en las implicaciones para la ética individual:
“¿Deberías dejar de volar a destinos lejanos en vacaciones? ¿Deberías instalar un aerogenerador en el jardín? Si no, ¿deberías, al menos, comprar la electricidad a un proveedor ecologista? Si esperas encontrar respuestas a estas preguntas en este libro tienes suerte.” (pág. 73)
Para ofrecer una respuesta al lector, Broome enfatiza dos principios éticos centrales: bondad y justicia. La bondad requiere que uno intente y logre mejorar el mundo, como cuando se da dinero a una persona más pobre. La justicia es más exigente: si uno realiza una acción injusta hacia una persona o grupo de personas, entonces les debe una compensación. Broome considera siete condiciones suficientes para que se desencadene el requerimiento moral de la compensación: causas un daño a la persona, eres responsable del hecho, el daño es serio, no es accidental, la acción te beneficia, no hay beneficio recíproco y las acciones para la compensación no son costosas.

De acuerdo con Broome, las emisiones de carbono cumplen las siete condiciones y, por tanto, demandan algún tipo de compensación. Afortunadamente se puede alcanzar fácilmente a nivel individual: “Tu deber privado es reducir tu huella de carbono a cero” (pág. 100).

Nordhaus (2014) [2] analiza las recomendaciones de Broome y ofrece su propio modelo para estudiar estos aspectos éticos. Lo hace con la perspectiva obtenida desde el análisis económico, que comienza con la posición ética de los individuos en un mercado bien regulado. Consideremos un mercado que cumple todas las condiciones del primer teorema del bienestar: no hay poder de mercado (no monopolios u oligopolios) ni externalidades (como la contaminación) ni bienes públicos (como el alumbrado de las calles), entre otras. En estas condiciones el teorema establece que los mercados son eficientes. En este caso las acciones individuales son éticamente neutrales o positivas, puesto que no afectan o afectan positivamente al bienestar de los demás. Por ponerlo en los mismos términos que Broome, nuestras acciones en estos mercados no requieren compensación: si uno compra pan en un mercado donde no hay abuso infantil, una mafia que controle el mercado u otra característica negativa que impida el cumplimiento del primer teorema del bienestar, entonces no hay daño alguno, solo un beneficio para mí y para el panadero. Tras esta idea general, Nordhaus hace varias afirmaciones.

1. Sociedades bien gestionadas. Norhaus extiende la idea anterior a una sociedad bien gestionada. En sus propias palabras, se trata de una sociedad “que está diseñada para procurar el bienestar de sus miembros, contiene leyes y costumbres efectivas para promover la eficiencia económica y la justicia, y se ocupa de manera efectiva de los fallos de mercado y de las desigualdades sociales”. Por ejemplo, una sociedad bien gestionada resuelve los problemas de las externalidades de conducir (mi decisión privada de conducir puede causar un daño a una tercera persona en caso de que tener un accidente) al requerir un carnet de conducir y también al decidir las muchas regulaciones que nos son familiares (límites de velocidad, obligatoriedad del seguro, y disposiciones de ese estilo). Los ingenieros deciden dónde poner señales de “stop” o dónde prohibir adelantar. Una vez que la sociedad bien gestionada pone estas normas, los individuos que cumplen la ley no deben compensación cuando se produce un daño.

(Sigue aquí.)

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Hace tres años en el blog: Pregunta #5. Los criterios mínimos.
Hace cinco años en el blog: El agente y el principal.
Y también: La reforma de las pensiones.
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viernes, 27 de agosto de 2010

Rawls, su velo de la ignorancia



(Lowlight 7, publicado el 17/5/09)

John Rawls (1921-2002) fue un filósofo interesado en la filosofía moral y política. A pesar de seguir un enfoque contractualista y ser, por tanto, consistente con el relativismo moral, o precisamente por eso, logró ser uno de los filósofos que más ha avanzado en cimentar de una manera razonable sus posturas en moral y política.

Voy a referirme a dos de los conceptos por los que es más famoso. En primer lugar, Rawls se planteó el problema de elegir entre dos órdenes sociales y propuso el criterio de elección tras el velo de la ignorancia. Según este criterio, se tomaría por más justo o mejor, el sistema social que los individuos eligieran antes de saber qué papel les tocaría representar en ese gran teatro del mundo. Dicho de otra manera, si uno no sabe quién de los millones de habitantes del país A o quién de los del país B le tocaría ser, ¿en qué país querría nacer?

Rawls pensaba que la consecuencia de la aplicación de este criterio sería que, enfrentados a esta incertidumbre, los individuos preferirían aquella sociedad en la que el peor tratado de los individuos estuviera mejor tratado. Este es el segundo concepto, que llamaremos criterio rawlsiano. Comparemos, por ejemplo, el 1% más pobre del país A y el 1% más pobre del país B. El país en que mejor estén estos individuos será la sociedad más justa.

El principio del velo de la ignorancia es interesante porque es posible formalizarlo con mucha precisión. En Economía corresponde al criterio de eficiencia ex-ante, es decir, al criterio de eficiencia antes de ser revelada la información que puedan obtener los individuos. Este criterio se puede aplicar para varios momentos en los que se revela información (sobre la salud, la habilidad para un oficio, …). Coincidirá con el criterio del velo de la ignorancia cuando la información se refiera a la propia identidad.

El criterio rawlsiano de escoger la sociedad que mejor trate al más desfavorecido también se puede formalizar fácilmente. Pero ocurre que no se deduce del criterio del velo de la ignorancia. Pongamos un ejemplo. Intentemos comparar las tres sociedades de la entrada anterior según Rawls. Recordemos que había cinco individuos y tenían de rentas (4,4,5,6,6), (3,4,5,6,7) y (4,4,4,4,9) respectivamente en cada una de las sociedades.

Según el criterio del más desfavorecido, las sociedades primera y tercera serían preferibles a la segunda.

Según el criterio del velo de la ignorancia necesitamos una estimación de lo que preferirían los individuos antes de saber quiénes serán en cada sociedad. Si sólo les interesa la renta media, estarán indiferentes entre las tres, pues en todas la renta media es de 5. Si, en cambio, tienen preferencias del tipo “más dinero es mejor, pero cantidades adicionales incrementan la felicidad cada vez menos” podrían elegir sociedades más igualitarias. Por ejemplo, si la felicidad es proporcional, no a la riqueza, sino a su logaritmo (algo no tan descabellado como pueda sonar, dado lo que nos dice la psicología), tendríamos que, en una sociedad con rentas (a,b,c,d,e) los individuos tendrían una felicidad media calculada así (la x es el signo de multiplicación):

Felicidad media = 1/5 x log(a) + 1/5 x log(b) + 1/5 x log(c) +1/5 x log(d) + 1/5 x log(e)

Como todas las sociedades tienen 5 individuos, en lugar de la felicidad media, podemos trabajar con la felicidad total, que es más fácil:

Felicidad total = log(a) + log(b) + log(c) + log(d) + log(e)

Si repasamos nuestras matemáticas y recordamos que el logaritmo del producto es la suma de logaritmos, podremos reescribir la fórmula así:

Felicidad total = log(a x b x c x d x e)

Si seguimos repasando nuestras matemáticas, recordaremos que el logaritmo de un número es mayor cuanto mayor sea ese número, así que para encontrar la sociedad que tiene una mayor felicidad basta encontrar cuál tiene un producto de las rentas mayor. En nuestros ejemplos, los productos son:

Sociedad 1: 4 x 4 x 5 x 6 x 6 = 2880
Sociedad 2: 3 x 4 x 5 x 6 x 7 = 2520
Sociedad 3: 4 x 4 x 4 x 4 x 9 = 2304

Según el criterio del velo de la ignorancia, la sociedad primera es mejor que la segunda y ésta mejor que la tercera. Este ordenamiento es distinto al que hace el criterio rawlsiano y que hemos visto antes.

jueves, 21 de mayo de 2009

El velo de la ignorancia a largo plazo



En las entradas sobre Rawls y sobre la igualdad he intentado mostrar la importancia de usar definiciones que sabemos lo que significan. Eso no las hace buenas definiciones, pero las hace tratables y ser susceptibles de ser sustituidas por otras definiciones mejores.

Así, el criterio del velo de la ignorancia de Rawls puede hacerse tratable y dar una contestación precisa a qué sociedad es mejor a nada que tengamos información, aunque sea cualitativa acerca de las preferencias de los individuos. Los economistas manejan continuamente modelos en donde es perfectamente aplicable el criterio de eficiencia ex-ante, que corresponde al criterio del velo de la ignorancia.

Obsérvese que el criterio no dice cómo se llega a esa situación mejor, solo dice cómo comparar entre varias situaciones para definir la mejor (según ese criterio). El criterio del velo de la ignorancia dice, por ejemplo, que la sociedad igualitaria es preferible a la desigual, siempre y cuando las medias sean las mismas. Lo que no dice es cómo conseguir la sociedad igualitaria. Tal vez las opciones realistas sean optar entre una sociedad igualitaria con una renta baja, frente a una desigual con una renta media más alta. Por seguir con nuestro ejemplo de una sociedad de cinco habitantes, ¿qué sería preferible, una con rentas (4,4,4,4,4) o una con rentas (3,3,5,5,5)? El criterio del velo de la ignorancia con felicidad proporcional al logarítmo de la riqueza hace que la segunda sea preferible (como vimos en la entrada de Rawls, basta ver que el producto de las rentas es mayor en la segunda).

Una crítica al criterio del velo de la ignorancia es que muchas de las decisiones que tomamos para decidir qué tipo de sociedad queremos se realizan cuando ya los individuos saben su papel en el gran teatro del mundo, así que no tienen por qué sentirse vinculados por este principio.

Con todo, es posible que poco a poco vayamos yendo en esa dirección. Por ejemplo, pongamos que tenemos que decidir sobre medidas contrarias a la discriminación de las mujeres. Estas medidas se tomarán por quienes ya saben su sexo y si, sucede que los hombres tienen más poder en la toma de decisiones, tal vez se muestren reacios a esas medidas. Pero sucederá que unos cuantos hombres no se sientan amenazados (ya tienen una posición en la sociedad, por ejemplo) y, en cambio, quieran asegurarse de que, si tienen hijas o nietas, éstas vivan en ausencia de discriminación. Estos hombres encontrarán atractivo el criterio del velo de la ignorancia.

No estoy seguro, pero es posible que este criterio sea el que prevalezca a largo plazo y que sea gracias a él que las sociedades avanzan en justicia e igualdad.

domingo, 17 de mayo de 2009

Rawls, su velo de la ignorancia


John Rawls (1921-2002) fue un filósofo interesado en la filosofía moral y política. A pesar de seguir un enfoque contractualista y ser, por tanto, consistente con el relativismo moral, o precisamente por eso, logró ser uno de los filósofos que más ha avanzado en cimentar de una manera razonable sus posturas en moral y política.

Voy a referirme a dos de los conceptos por los que es más famoso. En primer lugar, Rawls se planteó el problema de elegir entre dos órdenes sociales y propuso el criterio de elección tras el velo de la ignorancia. Según este criterio, se tomaría por más justo o mejor, el sistema social que los individuos eligieran antes de saber qué papel les tocaría representar en ese gran teatro del mundo. Dicho de otra manera, si uno no sabe quién de los millones de habitantes del país A o quién de los del país B le tocaría ser, ¿en qué país querría nacer?

Rawls pensaba que la consecuencia de la aplicación de este criterio sería que, enfrentados a esta incertidumbre, los individuos preferirían aquella sociedad en la que el peor tratado de los individuos estuviera mejor tratado. Este es el segundo concepto, que llamaremos criterio rawlsiano. Comparemos, por ejemplo, el 1% más pobre del país A y el 1% más pobre del país B. El país en que mejor estén estos individuos será la sociedad más justa.

El principio del velo de la ignorancia es interesante porque es posible formalizarlo con mucha precisión. En Economía corresponde al criterio de eficiencia ex-ante, es decir, al criterio de eficiencia antes de ser revelada la información que puedan obtener los individuos. Este criterio se puede aplicar para varios momentos en los que se revela información (sobre la salud, la habilidad para un oficio, …). Coincidirá con el criterio del velo de la ignorancia cuando la información se refiera a la propia identidad.

El criterio rawlsiano de escoger la sociedad que mejor trate al más desfavorecido también se puede formalizar fácilmente. Pero ocurre que no se deduce del criterio del velo de la ignorancia. Pongamos un ejemplo. Intentemos comparar las tres sociedades de la entrada anterior según Rawls. Recordemos que había cinco individuos y tenían de rentas (4,4,5,6,6), (3,4,5,6,7) y (4,4,4,4,9) respectivamente en cada una de las sociedades.

Según el criterio del más desfavorecido, las sociedades primera y tercera serían preferibles a la segunda.

Según el criterio del velo de la ignorancia necesitamos una estimación de lo que preferirían los individuos antes de saber quiénes serán en cada sociedad. Si sólo les interesa la renta media, estarán indiferentes entre las tres, pues en todas la renta media es de 5. Si, en cambio, tienen preferencias del tipo “más dinero es mejor, pero cantidades adicionales incrementan la felicidad cada vez menos” podrían elegir sociedades más igualitarias. Por ejemplo, si la felicidad es proporcional, no a la riqueza, sino a su logaritmo (algo no tan descabellado como pueda sonar, dado lo que nos dice la psicología), tendríamos que, en una sociedad con rentas (a,b,c,d,e) los individuos tendrían una felicidad media calculada así (la x es el signo de multiplicación):

Felicidad media = 1/5 x log(a) + 1/5 x log(b) + 1/5 x log(c) +1/5 x log(d) + 1/5 x log(e)

Como todas las sociedades tienen 5 individuos, en lugar de la felicidad media, podemos trabajar con la felicidad total, que es más fácil:

Felicidad total = log(a) + log(b) + log(c) + log(d) + log(e)

Si repasamos nuestras matemáticas y recordamos que el logaritmo del producto es la suma de logaritmos, podremos reescribir la fórmula así:

Felicidad total = log(a x b x c x d x e)

Si seguimos repasando nuestras matemáticas, recordaremos que el logaritmo de un número es mayor cuanto mayor sea ese número, así que para encontrar la sociedad que tiene una mayor felicidad basta encontrar cuál tiene un producto de las rentas mayor. En nuestros ejemplos, los productos son:

Sociedad 1: 4 x 4 x 5 x 6 x 6 = 2880
Sociedad 2: 3 x 4 x 5 x 6 x 7 = 2520
Sociedad 3: 4 x 4 x 4 x 4 x 9 = 2304

Según el criterio del velo de la ignorancia, la sociedad primera es mejor que la segunda y ésta mejor que la tercera. Este ordenamiento es distinto al que hace el criterio rawlsiano y que hemos visto antes.