sábado, 31 de octubre de 2009

Réquiem por la metafísica


La metafísica quiere estudiar el ser. Su hermana la teología quiere estudiar un ser principal llamado dios. Ninguna sabe definir su objeto de estudio. Tampoco su método de estudio, que, hasta donde alcanzo, es algo así como:
“Vamos a ver hasta dónde llegamos usando nuestras intuiciones y nuestros prejuicios acerca de conceptos como espacio, tiempo, causalidad, extensión, esencia, fin, y algunos más.”
Se me dice que en los últimos tiempos la metafísica hace las cosas mejor. Que ha dejado su objeto de estudio, ahora se interesa por la ciencia, las matemáticas, la lógica,… Se me dice también que usa nuevos métodos, que define las cosas con precisión y que sabe de lógica, de matemática y de ciencia. O que metafísica es pensar que existe la realidad que intentamos comprender.

Lo que pasa es que si uno cambia de objeto de estudio y de método, no sé por qué se empeña en no cambiar de nombre a lo que hace, puesto que está haciendo algo completamente distinto. No seré yo quien prohiba a nadie poner el nombre que quiera a lo que hace, pero puede inducir a confusión. Los aerogeneradores para producir energía a partir del viento suelen ser llamados "molinos de viento". Ciertamente no son molinos. No me opongo a que se llamen así siempre y cuando sepamos que los molinos a los que se enfrentaba Don Quijote y los aerogeneradores hacen cosas completamente distintas.

Si se quiere formular hipótesis en física, eso se llama física. Si se quiere estudiar el método científico, se llama metodología o epistemología. Si se quiere estudiar el fundamento de la teoría de la probabilidad, eso se llama fundamentos de la teoría de la probabilidad. Si se quieren buscar maneras en las que puede ser lo que no conocemos, eso se llama especular o proponer hipótesis. Si se quiere ensoñar cómo puede ser aquello que no podemos conocer, se llama también especular o imaginar. Si se quiere pensar en lo que significa toda la ciencia, literatura y, en general, toda actividad humana en la manera de colocarnos en el mundo, eso se llama filosofía. Pensar que existe la realidad que intentamos comprender se llama vivir.

La metafísica estuvo bien cuando no sabíamos nada y empezamos a indagar. Dejó de tener sentido cuando supimos hacer ciencia. Desvarió cuando quiso retorcer el lenguaje para hacerle decir que los prejuicios de una religión eran proposiciones de la razón. Resulta patético su intento de recobrar un sitio en el mundo queriéndonos convencer de que hacer ciencia o vivir es hacer metafísica.
La metafísica murió hace tiempo, sin producir más conocimiento que el de su propia limitación. No hace falta resucitarla.

jueves, 29 de octubre de 2009

La Teoría de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 11.

La información privilegiada


La Teoría de los Juegos tuvo su primer Nobel en 1994 cuando se premió a John Nash, Reinhard Selten y John Harsanyi. Los fundadores de la Teoría, John von Neumann y Oskar Morgenstern no estaban para verlo. Se premió a los que propusieron la resolución de los juegos estáticos (Nash), dinámicos (Selten) y los juegos con información privada o bayesianos (Harsanyi). Hemos visto ejemplos de los primeros, veamos ahora qué es esto de la información privada y qué problemas plantea.

En el juego del ajedrez, todo lo que hay que saber para decidir en cada momento está en el tablero de juego, a la vista de todo el mundo. En el juego del póquer no. Cada jugador tiene información privada sobre sus cartas. El análisis de estos juegos puede hacerse muy complejo. Tanto que el propio modelo de juego no se formalizó hasta que Harsanyi propuso su teoría. Vamos a explicarlo con algún detalle, porque constituye uno de los logros más importantes de la Teoría de los Juegos.

Pongamos que un hincha del Madrid se topa con uno del Barça. Cada uno cree que su equipo ganará la liga. Tanto lo creen, que están dispuestos a apostar cantidades importantes de dinero. Sin embargo, a nada que uno examine esta apuesta, encuentra algo de irracional en ella. No puede ser que ambos cuenten con información que les permita tener una seguridad tan alta de ganar. Imaginemos que el hincha del Madrid tiene información privilegiada acerca de un fichaje estrella que se va a hacer en el mercado de invierno y que aumentará considerablemente la capacidad goleadora de su equipo. Es información que casi nadie conoce, así que el hincha del Barça difícilmente sabrá de ella. Por eso el hincha del Madrid apuesta.

Pero si el hincha del Barça está dispuesto a aceptar la apuesta. ¿Pensará que el del Madrid es tonto? ¿pensará que el del Madrid sabe algo que le hace estar seguro de ganar? En este último caso debería desconfiar de sus perspectivas de ganar. ¿Pueden ambos tener razón a la vez?

Por supuesto, que en el caso de hinchas fanáticos, el amor a sus colores les puede hacer comportarse de manera irracional. Pero pensemos que en lugar de sendos aficionados son flemáticos gentlemen en una casa de apuestas británica. ¿Pueden tener ambos información privilegiada?

Por fijar ideas, pongamos que se trata de saber si el apostante A puede pensar que el Madrid ganará con probabilidad 2/3 y el apostante B que ganará el Barça con probabilidad 2/3. Obviamente uno de los dos (o los dos) está equivocado.

Pongamos que al comenzar la liga todo el mundo está de acuerdo en que las probabilidades son de 2/3 para el Madrid y de 1/3 para el Barça, y que, desde el comienzo de la liga hasta el momento en que se cruzan las apuestas ha podido ocurrir una de dos cosas, o bien un jugador del Barça se enferma o bien no se enferma. Si se enferma, las probabilidades del Barça son nulas, pero si no se enferma pasan de 1/3 a 2/3. La probabilidad de que el jugador enferme es del 50%. De hecho, todo el mundo tenía en cuenta estas posibilidades y por eso, antes de saber si está enfermo las probabilidades del Barça se ponían en 50% x 0 + 50% x 2/3 = 1/3, que es lo que teníamos antes de comenzar la liga.
Ahora, si el apostante B tiene información sobre el estado de salud del futbolista del Barça y el apostante A no la tiene, esta información puede ser de dos tipos “el jugador del Barça está enfermo” o “el jugador del Barça está sano”. El apostante B sabrá lo primero con probabilidad 50% y lo segundo con probabilidad 50%.

Ahora es posible que el apostante A se enfrente en la apuesta al apostante B que tiene la información “el jugador del Barça está sano” y que, por tanto, el primero piense que el Madrid ganará con probabilidad 2/3 y el segundo que el Barça lo hará con probabilidad 2/3. Lo que hace compatible esta situación es que sólo es posible porque se produce con probabilidad 50% ya que con otra probabilidad 50% el apostante A tendría enfrente al apostante B que tiene la información “el jugador del Barça está enfermo”. En ese caso el apostante B pensaría que la probabilidad de ganar para el Barça es de 0.

Por supuesto que la historia podría ser mucho más complicada, y que hubiera posibilidad de información privilegiada sobre los jugadores del Madrid, o sobre la información que tiene el oponente. Esto último lo puede liar todo. Por ejemplo, podemos tener que

“el apostante A sabe que el apostante B sabe que el jugador del Barça está sano, el apostante B no sabe si A sabe esto, pero le asigna alguna probabilidad”.

La complicación puede llegar hasta el infinito. Pues bien, gracias a Harsanyi sabemos que la estructura de información no puede ser tan complicada que el juego no pueda responder al modelo tradicional en el cual toda la información viene de la distinta observación acerca de movimientos aleatorios de la naturaleza, a semejanza de la observación particular que tiene cada jugador de póquer después de barajar y repartir.

lunes, 26 de octubre de 2009

La Teoría de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 10.

La quema de las naves

Después de estudiar los juegos estáticos, de los que hemos visto ejemplos, el siguiente paso es estudiar los dinámicos. La diferencia es el paso del tiempo y, con él, la posibilidad de ir observando el desarrollo del juego. En particular, se podrán observar las jugadas pasadas, como en el ajedrez.

Veamos un ejemplo. En 1519 Hernán Cortés parte de Cuba con 11 naves, 518 infantes, 16 jinetes, 13 arcabuceros, 32 ballesteros, 110 marineros y unos 200 auxiliares de tropa, 32 caballos, 10 cañones de bronce y 4 falconetes. Se planta en la costa mexicana y funda Veracruz. Allí sabe de un imperio en el interior con capital en Tenochtitlán y se lanza a su conquista, después de conseguir que se le unieran 13.000 guerreros totonacas. El resultado de la empresa es incierto. La viruela, las armas de fuego y las espadas de acero, junto con la complicidad de algunos pueblos indígenas ayudan, pero nadie sabe qué pasará cuando se llegue ante el ejército de Moctezuma.

Si las cosas se presentan duras, siempre es posible una retirada. Pero si la retirada es una opción agradable para la tropa (más aún cuando el plan de Hernán Cortés era una rebelión contra el gobernador de Cuba), tal vez no peleen con todas su fuerzas. La acción de Hernán Cortés fue quemar las naves para forzar a sus hombres a combatir. Sin las naves el lema no es “¡Victoria o retirada!” sino “¡Victoria o muerte!”.

Veamos el juego. La victoria puede ofrecer beneficios por valor de 10 a la tropa si se consigue sin esfuerzo y de 7 si se consigue con esfuerzo. La retirada produce un beneficio de 4. La derrota se produce con probabilidad 1/2 si el esfuerzo es poco y con probabilidad 4/5 si el esfuerzo es alto. La derrota significa la muerte (beneficio 0) si no hay huída posible.

Así, si las naves están listas para la retirada en caso de necesidad, y si la tropa hace esfuerzo bajo tendrá una recompensa de

1/2 x 10 + 1/2 x 4 = 7.

Si, en cambio, se esfuerza, tendrá

4/5 x 7 + 1/5 x 4 = 6,4.

La opción es clara: ¡A escaquearse tocan!

Sin las naves, las consecuencias son distintas. Con esfuerzo se obtiene

4/5 x 10 + 1/5 x 0 = 8,

mientras que sin esfuerzo las consecuencias son

1/2 x 10 + 1/2 x 0 = 5.

La opción mejor ahora es esforzarse.

Anticipando esto, Hernán Cortés decide quemar las naves, puesto que el beneficio será de 8, en lugar de 7. A nada que el beneficio de la tropa sea proporcional al beneficio de la campaña, también será lo mejor para la tropa. Todo el mundo prefiere quemar las naves. Menos los nativos, claro.

sábado, 24 de octubre de 2009

El fin y los medios


La maquiavélica expresión de que el fin justifica los medios es una manera de hablar de alguien que supedita todo a un fin concreto, sin reparar en los costes que para sí o para los demás tiene el llegar a ese fin. Ganar una guerra o una revolución justificaría millones de muertes, por ejemplo.

Cuando alguien me pregunta si yo creo que el fin justifica los medios, el economista que hay en mí siempre contesta que depende de qué fin y qué medios. Los fines que tiene uno en mente siempre son variados y suelen ser del tipo de respuestas de Miss. Universo: la paz en el mundo, la igualdad de los seres humanos, la felicidad para todos, el trabajo, la prosperidad, la educación, la libertad y la salud universales,… El problema está, como siempre, en que estos objetivos suelen ser incompatibles entre sí y que cada uno tenemos una idea distinta de cuánto de un objetivo estamos dispuestos a renunciar a cambio de llegar más allá de algún otro. Para esto no hay una solución única dictada por ninguna razón moral, hay preferencias de cada ser humano.

Si el perseguir el objetivo A en un momento determinado implica renunciar en parte al objetivo B tenemos un doble efecto en la función objetivo, la que marca los fines. El renunciar al objetivo B puede entenderse como un medio para conseguir el fin A, pero ambos objetivos son parte de los fines.

¿Cuáles son, entonces, los medios? Los medios son los mecanismos por los cuales los seres humanos nos interrelacionamos. En los ámbitos económicos, el mecanismo puede ser un sistema de mercado, un monopolio, una subasta, un sistema de decisión centralizada, una regulación de un mercado, un sistema de impuestos, … Cada uno de estos mecanismos, en un ámbito determinado (el de la provisión de bienes privados o públicos, con o sin generación de externalidades, con abuso o no de posición dominante, con problemas o no de información…), producirá unas consecuencias determinadas en la lista de objetivos de Miss. Universo. Esas consecuencias son las que debemos evaluar, no el mecanismo particular que lleva a ellas.

Sin embargo, suele suceder que un grupo ideológico está encariñado por algún tipo de mecanismo que propone en cualquier situación. Para algunos, el mercado lo resuelve todo. Para otros es el Estado quien es omnipotente. Para unos el mecanismo que homogeniza derechos y deberes aquí y en Constantinopla es el no va más, para otros el respeto a las tradiciones is the way to go. Seguro que las cosas hoy en día no son tan extremas, pero aún así, tenemos este tipo de actitudes. Se dice, por ejemplo, que cobrar por entrar con el coche al centro de las ciudades es injusto porque sólo los ricos podrán pagárselo, o que el Estado no debe interferir en la decisión de asegurarse de los ciudadanos porque atenta contra la economía de mercado. Estas son preferencias sobre los mecanismos, y no sobre los objetivos.

Puede ser que no esté bien cobrar por entrar a la ciudad ni imponer un seguro obligatorio (o sí), pero no lo será por las razones expuestas. Habrá que ver cómo afectan a las cosas que realmente nos interesan. Si no, será difícil ponerse de acuerdo.

En definitiva, que cuando uno se encariña demasiado con un mecanismo (o con uno solo de los fines, sin poner en perspectiva lo que pasa con los demás), sea por tradición nacionalista, por revelación religiosa o por adscripción ideológica, lo tendrá más difícil para ponerse de acuerdo con los demás y vivir en sociedad. A no ser que los demás compartan sus cariños, claro.

miércoles, 21 de octubre de 2009

El aborto a los 16 años revisitado

Hace algunas semanas que señalé la poca relevancia de planteamientos apriorísticos para legislar si debe ser la menor de 16 0 17 años o sus padres quienes puedan decidir sobre abortar o continuar el embarazo de la menor. Argumentos como “si puede tener relaciones sexuales y casarse, puede decidir si abortar” o “si los padres tienen la patria potestad deben decidir” son bastante inútiles. ¿Cuál aplicamos? Dada la contradicción de los distintos principios, sugería que miráramos la situación según las preferencias de la chica a los 18 años. ¿Cómo? Hice una explicación verbal que ahora voy a apoyar con algo más de rigor.

Pongamos que se decide que la menor de edad sea autónoma en su decisión. Pueden ocurrir cuatro cosas:

  1. La menor prefiere abortar y, al cumplir la mayoría de edad, se ratifica.
  2. La menor prefiere abortar, pero al cumplir la mayoría de edad se arrepiente.
  3. La menor decide continuar el embarazo y, a los 18 se ratifica.
  4. La menor decide continuar el embarazo y, a los 18 se arrepiente.

Mediante encuestas, podría ser posible estimar cuántas chicas que se quedaron embarazadas entre los 16 y 17 años están en cada situación. Pongamos que las probabilidades de cada caso son P1, P2, P3 y P4, respectivamente (estos cuatro números han de sumar la unidad).

Ahora viene lo más difícil. Habrá que hacer una estimación del grado de satisfacción o insatisfacción de la chica ya mayor de edad. Para no cargar las palabras de demasiado significado, llamemos utilidad a este concepto. Sea U(A,A) la utilidad que la mayor de edad deriva del hecho de haber abortado cuando esa es su preferencia ahora. Sea U(A,NA) la utilidad de haber abortado cuando ahora se arrepiente. Sean, finalmente U(NA,A) y U(NA,NA) las utilidades de no haber abortado cuando se arrepiente y cuando se ratifica, respectivamente.

Con este planteamiento la utilidad esperada de la mayor de edad al dejar que la menor tome la decisión será:

U(decide la menor) = P1xU(A,A) + P2xU(A,NA) + P3xU(NA,A) + P4xU(NA,NA)

Si ahora hacemos lo mismo para el caso en que decidan los padres, tendremos nuevamente cuatro posibilidades:

  1. Los padres deciden el aborto y, al cumplir la mayoría de edad, la joven se muestra de acuerdo con lo decidido. 
  2. Los padres deciden el aborto, pero a los 18 años la chica muestra su disconformidad.
  3. Los padres deciden que no aborte y, a los 18, la chica está conforme.
  4. Los padres deciden que no aborte y, a los 18, la chica se muestra disconforme.

Ahora tendremos nuevas probabilidades de ocurrencia de cada uno de estos casos, sean Q1, Q2, Q3 y Q4, respectivamente. Como antes, la utilidad esperada de la chica mayor de edad en este caso será:

U(deciden los padres) = Q1xU(A,A) + Q2xU(A,NA) + Q3xU(NA,A) + Q4xU(NA,NA)

De qué manera la ley provocará el menor daño (o la mayor utilidad de la joven mayor de edad) depende de los valores relativos de las probabilidades P’s y Q’s y de la valoración de la joven mayor de edad de cada uno de los casos posibles. No hay apriorismos en este tratamiento. Hay un deseo de que se respeten las preferencias de la mayor de edad, que es la persona que, según la ley, tiene la capacidad de decisión. Como la ley no sabe las preferencias futuras de cada menor deberá buscar la manera de causar el menor daño.

Así, si:

P1=0,4, P2=0,1, P3=0,1 y P4=0,4

Q1=0,3, Q2=0,2, Q3=0,1 y Q4=0,4

U(A,A) = U(NA,NA) = 1

U(A, NA) = U(NA, A) = 0,

Tendremos que

U(decide la menor) = 0,4x1 + 0,1x0 + 0,1x0 + 0,4x1 = 0,8

U(deciden los padres) = 0,3x1 + 0,2x0 + 0,1x0 + 0,4x1 = 0,7.

Por el contrario, si las probabilidades Q cambian a

Q1=0,4, Q2=0,2, Q3=0 y Q4=0,4

y las utilidades son como antes, excepto que ahora U(A, NA) =0,5, tendremos:

U(decide la menor) = 0,4x1 + 0,1x0,5 + 0,1x0 + 0,4x1 = 0,8

U(deciden los padres) = 0,4x1 + 0,2x0,5 + 0,1x0 + 0,4x1 = 0,9.

Si, es un ejemplo, los estudios estadísticos, psicológicos, etc. muestran que la realidad se asemeja al primer caso, convendría que la ley dejara la opción a la menor. Si los estudios muestran que se asemeja al segundo caso, es otro suponer, debería dejar la opción en manos de los padres.

domingo, 18 de octubre de 2009

Concierto para vascos. Segundo movimiento.

El Concierto Económico Vasco tiene su origen en 1876, con la abolición de los fueros tras la tercera guerra carlista. Recordemos que España, como muchos países europeos, se formó con la unión de distintos territorios más o menos independientes legados tras la larga historia medieval. España se unió antes que la mayoría de los países europeos, lo que no quiere decir que superara las tensiones territoriales antes.

Aquí y allá algunos pueblos se sentían, con o sin razón, más o menos favorecidos en el proceso. Algunos territorios se unieron por conquista, otros lo hicieron de buena gana, otros se unieron en el entendimiento de que se respetaba cierta autonomía. La historia es larga. Lo que hoy es la Comunidad Autónoma Vasca perteneció la mayor parte del tiempo a la Corona de Castilla, como territorios cuyas leyes debía jurar el rey castellano. Esta situación era cómoda para ambas partes. Los vascos estaban a gusto en ella. Su entendimiento era que pertenecerían a la Corona de Castilla mientras se respetaran sus fueros. Navarra, por el contrario, fue conquistada (y no toda) en 1512. Con todo, a pesar de perder esa guerra, se le permitió conservar también algunas de sus leyes.

El siglo 19 fue el siglo en que se intentaron llevar a la práctica política las ideas de la Ilustración, de la razón y el siglo que vio el nacimiento del liberalismo político y económico. La convivencia en un territorio de distintas leyes y de aduanas internas suponía una rémora al desarrollo. Las teorías modernas del Estado requerían una unificación territorial y de derechos. Estos procesos pueden hacerse por las buenas o por las bravas. En Francia se hizo por las bravas, con una Revolución. Salió bien, porque tras ella se impuso un ideal republicano que consiguió el apoyo mayoritario de la población. Los respetos a los derechos individuales y la educación universal prevalecieron sobre los derechos asociados a los territorios o a los estamentos sociales.

En comparación, el caso del Reino Unido se hizo algo más por las buenas, con las distintas Acts of Union, aunque en el caso de Irlanda se empezó con mal pie, al no dejar que los católicos pudieran estar en el parlamento. Aunque la cosa fue mejorando, el daño ya estaba hecho.

En España hubo líos desde el comienzo. Primero con la invasión francesa y luego con las guerras carlistas. Perdieron los carlistas tres veces, se derogaron los fueros y se volvieron a recuperar para derogarse definitivamente tras la última de las guerras, pero el temor a nuevas confrontaciones hizo que se mantuviera algo de autogobierno, en forma de Concierto Económico.

No es que los carlistas fueran nacionalistas, sino que eran tradicionalistas y encontraron apoyo entre quienes pensaban que la pérdida de sus fueros suponía una merma de sus libertades. Algo de razón no les faltaba, en el campo del País Vasco y Navarra, y en general en el norte y el levante, la pérdida de la libertad de testar, por poner un ejemplo, ponía en peligro el sistema de explotación tradicional, al tener que dividir la poca tierra entre todos los hijos. En las ciudades no se percibían este tipo de problemas y nunca fueron carlistas.

En contra de lo que pasaba en Francia, no hubo un ideal republicano al que agarrarse. En contra de lo que pasaba en el Reino Unido, no hubo un acuerdo de unión, sino uniones por matrimonio real, invasiones napoleónicas, guerras y conquistas (por no hablar de la independencia de las colonias americanas). En suma, tuvimos un siglo 19 demasiado inestable y una ausencia de ideal común como en Francia o en el Reino Unido. Aprovechando algo del espíritu unificador tras la experiencia de la guerra de independencia y con algo de tiempo las cosas podían haber empezado a funcionar, y en la mayor parte del país así fue, aunque con bastante frustración tras la derogación de la constitución liberal. En el País Vasco y Cataluña la centralización se percibía de otra manera por parte de la población. Tampoco es el único país donde las cosas no se hicieron bien por esas épocas. La independencia de Bélgica con los flamencos un tanto ninguneados es otro ejemplo. Tenemos ejemplos más recientes en los países formados tras la disolución de los imperios Austro-Húngaro y Otomano.

El cambio de siglo, sumando ciertas tendencias románticas a incomodidades históricas, llevó el nacionalismo al País Vasco, Cataluña y a Galicia. Los excesos verbales de Sabino Arana cuajaron bastante en el País Vasco (afortunadamente se fue apartando el tinte racista de aquella nulidad intelectual de hombre). La frágil figura y sentida prosa de Castelao impregnaron mucho el pensamiento galleguista, pero sin canalizarlo en una formación política mayoritaria.

Y así llegamos a la Guerra Civil. A un grupo de militares se les ocurrió que la manera de evitar los excesos, a veces criminales, de algunos grupos políticos en la Segunda República no era ganando las elecciones a un gobierno acaso débil y tolerante con esos grupos, sino encabezar una rebelión, hacer una guerra que causó cientos de miles de muertos y exiliados y tener al país atenazado durante cuarenta años de dictadura (¡y hay políticos en activo que dicen que mereció la pena!). Tras la guerra, Franco declaró a Bizkaia y Gipuzkoa provincias traidoras y derogó sus conciertos, que se mantuvieron en Araba y en Navarra. Tras cuarenta años de dictadura, con la democracia se devolvió el Concierto a esas provincias.

viernes, 16 de octubre de 2009

¿Por qué el aborto?


La Iglesia Católica española ha hecho del aborto su punta de lanza para mostrar su superioridad moral. Otros grupos religiosos en otros países han optado por otras estrategias, algunas realmente espeluznantes (la guerra contra occidente, el creacionismo, …), algunas más sensatas (fomentar la educación, el pacifismo,…).

En España es el aborto. La Iglesia Católica se ocupa de obtener más atención mediática por su postura en contra del derecho al aborto que por su postura en contra de ninguna guerra, más que por instar a curar enfermedades que causan millones de muertos en el mundo, más que por publicitar su postura contraria a la investigación genética.

Contra la guerra de Irak estaba esta iglesia, pero también muchas otras organizaciones, y no religiosas precisamente. Para más inri, ni siquiera ha estado en contra de todas las guerras recientes (estuvo muy a favor de la Guerra Civil española). Así que la guerra no da buena publicidad.

Contra la investigación genética no tiene mucho que hacer. Es un tema que no arrastra pasiones. Poca gente se va a convencer que hay un alma en un cigoto. Gran parte de los cigotos se van, de manera natural, por el retrete, haciendo de la naturaleza y de su dios el más grande abortista. No es un tema para defender sin tener que dar demasiadas explicaciones metafísicas, y la publicidad no se hace con explicaciones metafísicas.

Creyó que oponerse al matrimonio homosexualidad le daría réditos, pero vaticino que no insistirá con tanto ahínco en este tema, en el que las cosas se han aceptado con la mayor naturalidad por la mayoría, y en donde no tendrá nada que rascar.

El aborto le importó nada o muy poco a la religión cristiana hasta tiempos muy recientes. Ni en el Antiguo Testamento, ni en el pensamiento atribuido a Jesucristo, ni en los textos de Pablo de Tarso, ni en los Padres Apologetas se encuentra ninguna alusión a que el aborto sea pecado (y hay alusión detallada a lo pecaminoso de muchas cosas más nimias). No hubo postura oficial hasta 1869, con Pío IX. Sin embargo, hoy se castiga con la excomunión. En honor a la verdad, hay textos de cristianos tempranos que reprueban el aborto, pero lo hacen porque suele ser la manera de ocultar un adulterio, o porque rompía el vínculo entre sexo y procreación (Agustín de Hipona, más conocido por su nominanción cristiana de San Agustín), y no porque fuera homicidio.

Por una parte, la Iglesia Católica actual lo asimila al asesinato (aunque no ha declarado infaliblemente que eso sea así), incurriendo en la contradicción de equiparar un feto sin un sistema nervioso que le permita tener un “yo” a una persona que sí lo tiene. Por otra parte, a pesar de que apenas haya habido ningún caso de condena por aborto fuera de los casos que recoge la ley, nunca ha pedido que haya que equipararlo con las penas que sí se aplican al asesinato (el aborto debería tener la agravante de premeditación). Incurre, de esta manera, en la contradicción de tolerar penas muy distintas por delitos que considera iguales.

Pero el tema toca fibras sensibles. Se pueden mostrar fetos de ocho meses como prueba del horror del aborto antes de los tres meses. También se pueden mostrar imágenes de fetos más tempranos, pero, por impactantes que puedan parecer, son casi indistinguibles de un feto de chimpancé o de delfín, con lo que la argumentación vía impacto emocional puede perder su sentido.

Así, el aborto es prácticamente el único tema en que la Iglesia Católica puede (i) mostrar una postura distinta de la mayoría de los grupos sociales no religiosos, (ii) decir que tiene, en ese tema, una postura de defensa de los derechos humanos mayor que esos grupos y (iii) esperar convencer a alguien de que eso es así y que, por tanto, tiene superioridad moral.

No les deseo suerte.