sábado, 16 de octubre de 2010

Apuntes sobre el empleo (3)


El ataque ad hominem es siempre un argumento falaz. En economía se usa con demasiada frecuencia. Que si quien propone esta política es un neoliberal, que si quien propone tal otra es un comunista y así vamos, colocando etiquetas aquí y allá y luego atacando las etiquetas, sin pararse a mirar las propuestas.

A cuenta del Nobel de este año ha habido un pequeño debate en el blog del Pez (blog que recomiendo sin ninguna reserva). Ahí dejé el siguiente comentario a cuenta de si sus análisis sobre el desempleo tienen alguna justificación científica:
"Estos tres economistas (y no solo ellos) vieron en las fricciones una de las causas del desempleo. ¿Tienen razón? 
En nuestro país estas fricciones son mayores que en otros de nuestro entorno:
Hay menos disposición a moverse a otra ciudad, hay un mercado de trabajo más polarizado y hay un mayor cambio tecnológico (fruto del atraso de hace dos días). 
En nuestro país también hay una tasa de paro mayor (en crisis y en bonanza) que en los países de nuestro entorno. 
¿Renunciamos a examinar esa hipótesis?"

miércoles, 13 de octubre de 2010

Apuntes sobre el empleo (2)


Otro de los argumentos falaces en torno al empleo se puede ilustrar de la siguiente manera (muy simplificada).

En España, de cada 100 personas que quieren trabajar, 20 no encuentran trabajo, 40 tienen contratos basura y 40 tienen contratos fijos con buenas indemnizaciones en caso de despido. Una presión sindical o una ley pueden estipular que todos los contratos sean fijos, de esta manera los 40 contratos basura pasarían a ser fijos.

Nadie dice esto de esa manera, pero muchas cosas que se oyen y leen parecen tener ese razonamiento en la cabeza. Ni que decir tiene que, de requerir por ley que todos los contratos sean fijos tendrá por consecuencia que, por ejemplo, 20 empleos con contrato basura pasen a fijos y otros 20 se dejen de demandar. Al final habría un 40% de desempleo.

Un grupo de 100 economistas sugeríamos una reforma laboral basada en un modelo único de contrato con indemnizaciones según antigüedad. De esta manera se pondría un elemento importante para paliar la gran brecha entre los distintos contratos que hay ahora en nuestro país. El blindaje del contrato aumentaría con el tiempo trabajado e, incluso, podría llevarse de un trabajo a otro.

Con esta y otras medidas podríamos hacer más ágil el mercado de trabajo y pasar a tener 30 trabajadores blindados como ahora, 30 a medio blindar y 30 eventuales. En esta situación hay menos trabajadores con contrato blindado, pero hay más trabajadores con contrato no basura y menos desempleo.

lunes, 11 de octubre de 2010

Apuntes sobre el empleo (1)


Hoy que tres economistas han recibido el premio Nobel por sus estudios sobre algunas de las causas del desempleo es buen momento para algunas reflexiones en torno al tema.

Poco de lo que voy a escribir en esta entrada serán argumentos sobre cómo mejorar el nivel de empleo. Intentaré únicamente ilustrar alguna reflexión para llevar mejor el debate.

Empezaré por el argumento más envenenado que se empieza a oír en España, y que se refiere a los inmigrantes. Si hay tanto paro es que sobran inmigrantes viene a decirse.

Podríamos hablar de la aportación de los inmigrantes al dinamismo y crecimiento de la economía española, de que el número de emprendedores entre ellos es mayor que la media nacional, que usan menos los servicios públicos,… pero nada de eso hará mella en quienes mantienen una posición más extrema (y quiero entender que extrema porque de verdad piensen que sí, que gracias, pero que ahora hace falta que se vayan para resolver el problema del desempleo y no que haya motivos xenófobos o racistas).

La reflexión es la siguiente: imagínese que España logra hacer desaparecer físicamente a los cuatro millones de parados, ¿se habrá resuelto el tema de nuestro paro crónico? No creo que nadie piense eso. En el momento de su desaparición, dejaríamos de tener paro, pero en pocos años la estructura del mercado de trabajo, que no habrá cambiado, nos habrá abocado a tasas de desempleo semejantes a las que hemos vivido en las dos últimas décadas, Un 8-10% en épocas de bonanza y un 20% en épocas de crisis.

EEUU recibe millones de inmigrantes al año y su nivel de desempleo no aumenta. Lo mismo le pasó a España antes de la crisis. Un país no tiene un número de puestos de trabajo fijos, sino que este número depende de la población, de su laboriosidad, de la organización del mercado laboral y de las preferencias en cuanto a cómo, cuanto y dónde trabajar, entre otras cosas. Echa al 10% de la población del país y echarás el 10% de los puestos de trabajo.

Seguiré en otra entrada con otros argumentos con su propio veneno.

jueves, 7 de octubre de 2010

Cómo no enseñar filosofía (2)


Sigo leyendo en el libro de Filosofía de 1º de Bachillerato. Esta vez son los dos presupuestos metafísicos de la ciencia.
1. "Los presupuestos metafísicos (de la ciencia) tienden a identificar la realidad con el cosmos...de tal modo que ... si la hay (una realidad "sobre-natural") es irrelevante para el conocimiento científico."
2. "Este cosmos está ordenado de tal manera que ... las mismas causas producen idénticos efectos."
Llevo toda la vida leyendo y oyendo una y otra vez eso mismo y, debo decir, sin demasiada argumentación detrás de esas afirmaciones. Yo, en cuanto rasco un poco, veo que hablar de ellas como de "presupuestos metafísicos" se me antoja bastante fuerte.

Cada uno es libre de llamar a las cosas como le de la gana, pero sugeriría expresiones que sirvan para avanzar, no para estancarse, y, sobre todo, sugeriría no dar por sentado que por usar una expresión estamos argumentando algo.

El modelo de la física newtoniana parte de los presupuestos de "masa", "fuerza", "espacio" y "tiempo", entre otros, como elementos primitivos, que no se explican. De esos presupuestos, más o menos intuitivos, y de las leyes formuladas como fundamentales, que también pueden considerarse presupuestos, por la mecánica clásica (las tres leyes de Newton) se deduce todo lo demás. Sin esos presupuestos tendríamos otra física. Por ejemplo, con el presupuesto de la constancia de la velocidad de la luz y el de considerar el tiempo junto con el espacio, tenemos la mecánica relativista. Distintos presupuestos dan lugar a distintos modelos. Este es el significado que yo sé dar al concepto "presupuesto".

El llamar a los puntos 1. y 2. anteriores "presupuestos" pareciera indicar que podríamos partir de otros presupuestos y hacer otras cosas. ¿Podemos formular otra manera de conocer la realidad, de hacer ciencia, de filosofar, sin el "presupuesto" de que lo sobre-natural, de existir, es irrelevante? La respuesta contundente al 100% de seguridad (metafísica, si se empeña uno en adjetivarla así) es que no. Tal vez me he dejado llevar. No hace falta demostrar que es al 100%, basta con que ningún objetor a ese "presupuesto" es capaz de formular otro. Tal vez si un día dejamos de ser mortales para ser dioses omniscientes tengamos acceso a cosas sobrenaturales, pero entonces habrá cambiado el sujeto de la pregunta.

El llamado "presupuesto metafísico" número 1. no es un presupuesto en la acepción arriba expresada. Es solamente la constatación casi de perogrullo y completamente empírica de que lo que no tiene efecto en lo que se nos aparece como observable directa o indirectamente, es irrelevante para nuestro quehacer. Punto pelota.

El llamado "presupuesto metafísico" número 2. tampoco lo es. Es también la constatación empírica de que observamos regularidades. "Presuponiendo" el caos a lo que llegamos es a una contradicción, puesto que formulando leyes nos manejamos mejor en la realidad que observamos. No es un presupuesto, es un hecho. Punto pelota final.

domingo, 3 de octubre de 2010

¿Puede la economía evitar ser normativa?

Los economistas distinguen entre economía positiva y economía normativa. La economía positiva busca establecer hechos: ¿Promueven los monopolios el progreso técnico? ¿Una devaluación mejorará la balanza de pagos? La economía normativa, por otra parte, se interesa por cuestiones de política, sobre cosas “buenas” y “malas”. ¿Debe ser progresivo el impuesto sobre la renta? ¿Debe haber una legislación que favorezca la competencia?

La economía con perspectiva descriptiva tendría un trabajo parecido al de las ciencias naturales en el sentido de que buscaría leyes que describieran las regularidades observadas y teorías de comportamiento económico que las explicaran. Pero los economistas, al trabajar con un elemento que es susceptible de cambiar su comportamiento según ideologías, aprendizaje, etc., pueden tener otra función, la de proponer comportamientos alternativos. Hay diferentes planos en los que se puede hacer esto. El economista puede proponer unas normas básicas de comportamiento económico que se desprenden de unos pocos principios básicos presumiblemente aceptados o aceptables y cuya consecuencia lógica no ha sido prevista por los agentes económicos. En este sentido el economista sería un consultor.

A medida que nos alejamos de las proposiciones bien establecidas en la economía, el carácter normativo empieza a estar menos justificado. Por ejemplo, la proposición “debe tomarse la medida A” es normativa. Para que sea aceptable debe ser coherente con unos fines propuestos, así que mejor sería decir “si se quiere alcanzar el objetivo X, debe tomarse la medida A”, o mejor “de acuerdo con la teoría T, la medida A tiene como consecuencia que suceda X”. En este último momento la proposición ha pasado a ser descriptiva, en la medida en que la ley enunciada esté en consonancia con la realidad. Como las consecuencias de las medidas económicas son, generalmente, mutidimensionales, la cautela debe ser todavía mayor que la expuesta. Así, tal vez la proposición debería ser la siguiente: “de acuerdo con la teoría T, la medida A tiene como consecuencias X e Y, mientras que la B tiene como consecuencias X y Z”, o incluso se podría añadir, “y de acuerdo con la teoría H, las consecuencias de A y B son....” o, bien “de manera que si se prefiere Y sobre Z se preferirá T sobre B”. Así podríamos complicar indefinidamente la complejidad de la proposición.

A pesar del carácter condicional de estas proposiciones para hacerlas descriptivas, la impresión general es que, o bien por usar distintas teorías, o bien por interpretar una misma teoría desde distintas evaluaciones personales, los economistas pueden estar induciendo solapadamente un carácter normativo no justificado. Hay, cuando menos, dos posturas frente a este problema. La primera consiste en dar la información lo más completa posible en las proposiciones derivadas de las teorías para dejar al decisor que decida cuál de los condicionales es el que se aplica en su caso. Según la segunda, el economista da la información que considera relevante haciendo notar cuáles son los juicios de valor que le llevan a esta determinación.

La economía positiva no incorpora juicios de valor; sus descubrimientos son tan impersonales como los de la astronomía y la meteorología. En este sentido es posible una economía libre de juicios de valor; si la economía trata acerca de la aplicación de medios para conseguir objetivos, no hay razón para no analizar la asignación de recursos para conseguir cualquier fin. Esto no niega que la mayor parte de las proposiciones económicas de interés añaden juicios de valor sobre un conjunto de hechos y que el sesgo ideológico influye en la elección de las cuestiones que la economía trata de investigar. El mejor seguro frente al sesgo de un economista en particular es la crítica de los demás economistas. La mejor protección frente a declaraciones especiales en nombre de la ciencia son los estándares profesionales de los científicos.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

¿Quién sabe de religión?

Los ateos y agnósticos son los que más saben de religión. Puede verse en el New York Times. No es que sea un estudio muy serio, pero es un indicio.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Al monte se va con botas. Cómo no enseñar Filosofía.


Leo en un libro de Filosofía de 1º de Bachillerato (Bien Pensado, ed. Alhambra):
"Las ciencias naturales incurren a veces en errores lógicos: argumentos incorrectos desde el punto de vista de la lógica.
"El esquema de argumentación que utiliza la verificación de una hipótesis es lógicamente incorrecto pues incurre en una falacia de afirmación del consecuente. Veámoslo con un ejemplo:
"1. Si llueve, las calles están mojadas.
"2. Las calles están mojadas.
"3. Por lo tanto, ha llovido."
Y el autor, Javier Pérez Carrasco, se queda tan campante.

Uno puede decir que las afirmaciones de la ciencia, siendo que dependen de la verificación empírica, no pueden ser nunca deducidas lógicamente. Nos referimos a las afirmaciones acerca de los hechos o de las leyes y teorías científicas. Nadie nunca ha negado tal cosa. Pero esto dista mucho de ser una falacia lógica, pues nunca se hace la afirmación que critica JPC.

Tal vez lo que se quiere decir es que las hipótesis que concuerdan con los observables se aceptan con mayor probabilidad que las que no concuerdan (si las calles están mojadas la hipótesis de que haya llovido gana puntos frente a la alternativa de que no haya llovido, siempre a la espera de dar o quitar puntos según tengamos más información). Pero esto no se dice. Ni una palabra acerca de la inferencia estadística, que es un modelo formal en el que se muestra la lógica escrupulosa y nada falaz de este tipo de afirmaciones, que son las científicas.

Un profesor quiere hablar de validación de hipótesis sin hablar (¿sin saber?) de inferencia estadística. Eso es echarse al monte sin botas.

¿Cuándo ocurrió que la filosofía quedó en manos de la gente de letras? La filosofía, desde sus inicios ha sido siempre una disciplina de ciencias (que no entre aquí el que no sepa geometría). En algún momento, sobre todo en la Europa continental y, sobre todo, en España, quedó en manos de gente anumérica, salvo honrosas excepciones.

La filosofía debe plantear preguntas, cuestionar actitudes, proponer maneras de vivir, buscar hilos conductores en el pensamiento,... Muy poco de este quehacer se puede tratar sin la ciencia. Las preguntas corren el riesgo de ser ridículas y las críticas de caer, digamos, fuera de tiesto.