martes, 20 de noviembre de 2012

¿Cuánto ha producido España en los últimos años?


Hace unas semanas hablamos del cómputo del PIB y cómo puede inducir a engaño. Aquí voy a destacar justamente uno de esos engaños que estamos viviendo en estas épocas de crisis.

Si repasamos los datos del PIB de los últimos años observamos:

PIB Mill.€Var. AnualFecha
1.063.355€0,4%2011
1.048.883€-0,3%2010
1.048.060€-3,7%2009
1.087.749€0,9%2008
1.053.161€3,5%2007

Es decir, que durante el año de mayor pérdida de PIB, en 2009, este cayó un 3,7%. Los dos años siguientes apenas se movió. ¿Quiere decir esto que la producción en España tuvo este comportamiento? No exactamente. En el PIB se contabiliza todo el gasto público, productivo o improductivo, pero no es de esta productividad de la que voy a hablar, sino del hecho de que el gasto público se contabilice como PIB. La mayor parte de ese gasto se financia mediante impuestos, pero una parte importante se financia con deuda, y aquí está la madre del cordero.

Veamos el déficit de cada uno de esos años (el déficit se financia con deuda):

 FechaMillones €% PIB
2011-100.402,00 €-9,40%
2010-101.438,00 €-9,70%
2009-117.143,00 €-11,20%
2008-45.189,00 €-4,20%
200720.066,00 €1,90%

Como el déficit no es parte de la producción, sino que es dinero prestado, podemos aproximarnos a la evolución de producción real de la economía española restándolo del PIB:

Producción Mill.€Var. AnualFecha
962.953€1,64%2011
947.445€1,78%2010
930.917€-10,71%2009
1.042.560€-2,86%2008
1.073.227€6,75%2007

Estas cifras ponen mejor en perspectiva la pérdida de productividad de España. Comparados con 2007 estamos produciendo un 10% menos. Si se reparte todo por igual, deberíamos tener todos un 10% menos de renta (10% menos de salarios, de beneficios, de pensiones, de servicios de sanidad, de educación, de aeropuertos y AVEs a ninguna parte,...). 

Por supuesto, no es lo que hacemos. Tiramos de pedir prestado e intentamos priorizar algunos servicios y algunas rentas (o eso deberíamos). Pero es un 10% de pérdida, demasiado como para que no se reduzcan casi todas las partidas (aunque algunas lo hagan más que otras).

Sería prematuro llamar brotes verdes a esos incrementos de la producción obtenidos para los años 2010 y 2011 porque buena parte de ellos se irán solo en pagar el aumento de los intereses de la deuda. En 2012 se prevé una caída del PIB del 1,5% y un déficit del 7%, lo que daría un incremento de la producción estimada del 1,15% (la caída del PIB se deberá a la reducción del déficit, pero no habrá caída en PIB-déficit). Todo parece indicar que los grandes ajustes en la producción ya estaban hechos. No sé si serán los últimos, pero lo que impera es ponerse a producir y crecer en los sectores en los que sí somos productivos y competitivos. Más fácil decirlo que hacerlo.

En la imagen del comienzo de la entrada se observa la evolución de la producción industrial, que va acorde con lo visto aquí en este sencillo ejercicio para toda la producción. La producción de servicios y de la construcción se pueden ver aquí, donde se plantean estos misterios del PIB español.

ACTUALIZACIÓN:

El dato de la producción estimada del PIB-déficit para 2012 estaba mal calculado. El dato que aparece ahora ya está corregido.

ACTUALIZACIÓN (17 DE FEBRERO DE 2013)

Hace ya semanas que quería actualizar esta entrada. Algunos de mis colegas me señalan que estoy cometiendo algún error de bulto al hacer el cálculo de la producción como PIB medido menos Déficit. La razón es que el déficit no es financiado sino en parte por el sector exterior (aproximadamente es la mitad). La otra mitad es financiación nacional, y ahí importa poco para el cálculo de la producción si el gobierno se financia con impuestos que obliga a pagar a los ciudadanos o con ahorro que voluntariamente estos ciudadanos invierten en deuda pública.

El error es de concepto, más que nada, porque en la práctica los números salen bastante parecido. Desde el momento en que las tasas de ahorro no cambian mucho de un año para otro, los nacionales que invierten en deuda pública lo hacen con su riqueza, no con su renta, sacando el dinero de otros depósitos o inversiones. Como quiera que el gasto público se computa como renta esta operación lo que hace es pasar riqueza a renta. Es decir, que, como país, nos estamos comiendo la herencia.

Por supuesto que todo esto requiere un análisis mucho más detallado, usando todos los criterios contables como debe ser y no como hago yo en esta aproximación que sirve para un vistazo general  y de pincel grueso a cómo estamos produciendo.

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Hace tres años en el blog: ¿Tonto feliz o sabio desdichado?
Y también: La pena de muerte.
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martes, 13 de noviembre de 2012

Dos historias de éxito y una de quién sabe

Primera:

David Ricardo, hace ya dos siglos, propone el modelo de la ventaja comparativa para el comercio internacional. En su versión más sencilla el modelo tiene dos países en los que se producen dos bienes, pero cada país tiene una productividad distinta. Dos países, dos bienes, dos tipos de productividad.

Con este modelo se supera la idea de la ventaja absoluta para explicar el comercio. Durante mucho tiempo no teníamos datos empíricos para comprobar que el modelo fuera cierto. A lo largo del siglo 20, en cuanto los gobiernos empezaron a tener institutos de estadística y a recoger datos (siguiendo las indicaciones de los economistas académicos), se pudo poner el modelo a prueba. Aunque al principio se parecía validar el modelo, resulta que los siguientes datos parecían dar la razón al modelo de ventaja absoluta. ¿Qué hacer? ¿Desechar el modelo o mejorarlo?

Llegó Krugman y se le ocurrió mejorarlo, introduciendo la competencia monopolística y mostrando que los datos se explican con el modelo de ventaja comparativa más este tipo de competencia. (Básicamente indica preferencia por la variedad y que las marcas tienen cierto poder sobre el precio que ponen aunque compitan con otras marcas.)

Segunda:

En los años 50, Becker propone un modelo para analizar los efectos económicos de la discriminación (por raza, sexo,...). La versión más simplificada de su modelo tiene dos tipos de trabajadores (A y B) y en cada tipo los hay más o menos productivos, pero sin que ser A o B interfiera en nada para su productividad. Esto abrió una línea de investigación en economía de la discriminación fructífera que pudo estudiar los efectos de la discriminación basada en preferencias por discriminar, en discriminación estadística y varias otras posibilidades, cada una con consecuencias distintas y sugiriendo políticas distintas para luchar contra ella.


En los 90 se pudieron empezar a contrastar los modelos con los datos obtenidos con los experimentos naturales ocurridos (en algunos estados de los EEUU se llevaron a cabo algunas políticas, en otros no, en algunos empezaron o acabaron antes, ...) y se pudo avanzar mucho en la comprensión de qué tipo de discriminación es la que prevalece y qué políticas son más efectivas. Entre los que trabajaron sobre esto están Leonard, Oaxaca y Roemer. En este blog se detalla parte de esta historia en las entradas etiquetadas como "Economía de la Discriminación" (poned estas palabras en el buscador del blog y aparecerán todas). Tenemos economistas desde la escuela de Chicago (Becker) a la escuela marxista analítica (Roemer) usando los mismos principios económicos de la teoría económica moderna para avanzar nuestro conocimiento sobre el tema.

Son dos historias de éxito, a pesar de la lentitud (así es la ciencia) y a pesar de haber nacido de un modelo con un nivel de simplificación del que alguien no familiarizado con la modelización económica fácilmente se podría burlar. En ambos casos tenemos dos conjuntos, con dos tipos de elementos en cada conjunto. En el primer caso, dos países con dos bienes producidos en ambos, pero con diferente productividad. En el segundo caso, dos conjuntos de trabajadores, cada uno con un subconjunto de trabajadores de distinta productividad.

Quién sabe:

Todo esto viene a cuento de un modelo que ha aparecido recientemente en Nada es Gratis para hablar de las consecuencias económicas (y solo económicas) de una hipotética independencia catalana realizada de manera amigable. En ese modelo hay dos conjuntos (Catalunya y España) con dos tipos de habitantes en cada uno de ellos (unas más ricos y otros más pobres). Es un avance sobre los discursos que uno lee en al prensa donde cada parte es un conjunto homogéneo. Es muy pronto para saber si ese modelo consigue desarrollar una buena línea de investigación, pero la idea no es, en principio, ridícula. Por eso animaría a sus autores a avanzar un poco más.
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Hace tres años en el blog: El Rey Carmesí.
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jueves, 8 de noviembre de 2012

Cuánto dura un día




Definiremos día como el tiempo que tarda la Tierra en girar una vez sobre sí misma.

No, no son 24 horas. Eso es la media de lo que tarda en completarse un giro aparente respecto del Sol. Algunos días duran más que otros porque la trayectoria de la Tierra no sigue un círculo, sino una elipse, y según en qué lugar de la elipse esté tardará más o menos en tener al Sol otra vez en su máxima ascensión.

En cualquier caso, eso es el giro aparente, porque como la Tierra da una vuelta al año alrededor del Sol, ese es un giro extra que hace la Tierra sobre sí misma, sin que haya un giro más aparente alrededor del Sol. Búsquese en la wiki explicaciones sobre la diferencia entre el día solar y el sidéreo (un giro respecto a las estrellas).

En principio, podría medirse. Hay varias formas:

1. Póngase en marcha un giroscopio y mídase el ángulo de su plano de giro con respecto a cualquier línea trazada en la Tierra. La línea en la Tierra se mueve con la Tierra en su giro, pero el plano del giroscopio no. Cuando el ángulo vuelva a coincidir se habrá completado un giro.

2. Úsese un péndulo de Foucalt. Ocurre lo mismo que con el giroscopio. Su plano de oscilación no varía. El truco para determinar la latitud vale para medir el tiempo de giro (el tiempo que tarda en volver al mismo punto de referencia).

3. Los métodos anteriores no son muy precisos, así que buscamos otros. Tomamos como referencia una estrella lejana y miramos cuánto tarda en volver a estar en la misma ascención.

4. Lo anterior se complica porque las estrellas tienen su movimiento propio y por los otros movimientos de la Tierra, la precesión, la nutación y el bamboleo de Chandler. Eso sin contar con que el de rotación también va variando y que la Tierra se va frenando por las fuerzas de marea. Pero estoy suponiendo que queremos calcular cuándo dura un determinado giro (el que midamos) y no una media de los últimos 1000 años, por ejemplo.

5. Con todo, el mirar a una estrella funciona bastante bien. Recordemos que hay 365,24... días solares en un año (es decir, que vemos 365,24... veces de media el sol en el sur en cada año), pero en un año, el movimiento de traslación hace que la Tierra haya dado otra vuelta más con respecto a las estrellas, por lo que el día sideral es 1/365,24 veces más corto. El día sideral es más cercano al tiempo de rotación que el solar.

6. Pero resulta que el Sistema Solar da una vuelta al centro de la galaxia cada 240 millones de años. Así que hay que restar el efecto de esta otra vuelta (nadería comparado con el efecto de los movimientos de precesión -cada 27.000 años- y de nutación, que es hasta donde se llega en los cálculos que he visto).

7. Pero la Vía Láctea tampoco se está quieta. Podríamos entonces usar como referencia la radiación de fondo (secuela del Big Bang): se localiza un punto del firmamento con una radiación distinguible y se mide el tiempo que se tarda en volver a tenerlo en la misma ascensión. Si la radiación de fondo fuera uniforme, no habría manera de encontrar tal punto. Como no lo es, es concebible hacerlo. Pero me temo que las diferencias son tan pequeñas que no permiten distinguir un punto concreto.

¿Cuándo dura entonces? No me preguntes a mí. No soy muy fiable, algunos días se me hacen largos y otros no me llega el tiempo para nada.
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Hace tres años en el blog: La Teoría de los Juegos. La historia más lúdica jamás contada. Parte 12: ¿Podemos estar de acuerdo en discrepar?
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domingo, 4 de noviembre de 2012

La verosimilitud de las teorías



Debatiendo sobre cómo definir, si es posible, la verosimilitud de las teorías, el contertulio Héctor dice lo siguiente:
"Si conceptos como 'alto' o 'delgado' son siempre relaciones y remiten a una comparación para poder dotarse de significado, ¿por qué la 'verosomilitud' debiera ser diferente?"
Mi contestación:

Esta es una pregunta muy buena y, a la vez, muy mala. Muy buena, porque nos permite poner esto en perspectiva. Muy mala porque parece que ha sesgado el debate. Me explico. Cualquier concepto de "verosimilitud" no formalizado (vide infra) seguramente sea diferente a las relaciones "ser más alto" o "más delgado". A nada que haya más de una dimensión que considerar en el concepto de "verosimilitud" tendremos este problema. El número 3 es mayor que el 2, pero no podemos decir si el par de números (3,2) es mayor o menor que el (2,4), por lo menos no hasta que no hayamos definido el concepto "mayor que" para pares de números, y eso se puede hacer de maneras distintas, que ofrecerán comparaciones distintas. Una teoría puede aplicarse en más situaciones, otra ser más precisa en algunas, y así sucesivamente con otras características. Es muy posible que dos teorías no sean comparables con este criterio en la mano. De hecho, en Economía, donde hay muchas más teorías distintas y no del todo compatibles que, p.e., en Física (con la Relatividad y la Mecánica Cuántica), esta es la norma.

Así que no queda otra que ponderar las distintas componentes de lo que intervenga en el concepto de "verosimilitud". Para ello el contertulio David nos da la solución (en la línea de lo defendido por mí). Podemos desarrollar un modelo bayesiano formal en el que la verosimilitud sea la probabilidad tras aplicar Bayes usando como información la probabilidad de que cada observación sea cierta según cada una de las teorías (las probabilidades condicionales). Esto es el modelo teórico en donde realizar la operación de "verosimilitud" y con el que entender con rigor las definiciones y con el que entender la posibilidad del avance científico.

Como en cualquier otra teoría, la realidad del quehacer científico será menos nítida. No será siempre posible (de hecho, no lo será casi nunca) asignar probabilidades con tanta precisión, así que todo queda al ojo de buen cubero de los científicos. Por supuesto que habrá reglas y consensos. P.e., si con una teoría podemos predecir o manipular una parte de la realidad más y mejor que con otra, pues será más verosímil para esa parte de la realidad, aunque pueda serlo menos para otra. ¿Instrumentalista? Seguramente, pero en el buen sentido.

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Hace tres años en el blog: Requiem por la metafísica.
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lunes, 29 de octubre de 2012

Los mercados financieros y los juegos de suma cero


En tiempos recientes se ha tratado la hipótesis de que los mercados financieros sean juegos de suma cero tanto en el Otto Neurath como en las Penas del Agente Smith, dos blogs que leo con frecuencia y que recomiendo sin dudar. Un juego de suma cero es aquel como el póker donde lo que uno gana lo pierden los demás sin crear riqueza. Según esta hipótesis, los mercados financieros serían igual. He aquí mi respuesta:

Los mercados financieros se basan, como todo mercado, en una parte que compra y otra que vende. Si uno compra X es porque ve esa alternativa como mejor, si uno vende X es porque tiene otras alternativas mejores. Lo mismo si X son patatas o activos financieros. Las circunstancias que hacen que un activo financiero sea preferido a otro son:

-Su rentabilidad esperada
-El riesgo asociado
-La dispersión de los dividendos que pague a lo largo del tiempo
-La capacidad de controlar las decisiones de una empresa
-Su liquidez
-Etc.

Para algunas de estas circunstancias puede interpretarse que el intercambio se basa en el error de una de las partes, pero no hace justicia a lo que hay detrás. El que una parte crea que un activo va a tener más rentabilidad solo implica diferencias de opinión o de información (posiblemente incompleta en las dos partes). La información incompleta está sujeta a error, claro está. Pero eso mismo hace que los mercados financieros premien la adquisición de información, de manera que en el mercado habrá más información, lo cual siempre es bueno.

En las otras circunstancias no se puede hablar de error, y son una parte importante de la razón de ser de los activos financieros (mi hipoteca es un buen ejemplo).

Dicho esto (muletilla de tertuliano), vamos al tema central de la hipótesis y explorarla, no en la parte de los mercados financieros que sirven para financiar (¡sorpresa!) o para las otras finalidades apuntadas arriba, sino para apostar a un valor que creo que ganará. Una cosa que tener en cuenta al invertir en bolsa es que no se puede ganar en media más que lo que gana en media el conjunto de la bolsa, lo cual es de perogrullo, pero por lo menos indica que uno podrá esperar ganar razonablemente la tasa de beneficio histórica. Para ganar más hay que saber dónde se mete uno. En mi opinión, hacer análisis de tendencias y cosas así apenas sirve. Lo que sirve es saber qué valores van a ir mejor, y para eso es más útil saber por dónde van los tiros en la economía, en un sector en particular o en una empresa todavía más en particular. La información privilegiada ayuda, claro, pero también conocer el negocio (no invertir en empresas que hacen reglas de cálculo cuando la competencia ya está fabricando calculadoras, p.e.).

Si uno, así todo se mete y lo hace en valores que son más especulativos (pongamos, esos que son contratos de futuros sobre el precio de algún bien y que solo son apuestas sobre el precio) que de inversión, no está de más recordar la vieja máxima:

“Si te han invitado a una partida de póker y no sabes quién es el primo es que el primo eres tú.”

Por una feliz casualidad, el repaso de "hace tres años en el blog" nos trae cómo se trata el tema (una parte de él) en Teoría de los Juegos:
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Hace tres años en el blog: La Teoría de los Juegos. La historia más lúdica jamás contada. Parte 11: La información privilegiada.
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viernes, 26 de octubre de 2012

Pedir perdón a la española

Cuando uno se excusa o pide perdón, lo más elegante, si es que lo de más humilde o más sincero no motiva tanto, es simplemente señalar lo que se ha dicho o hecho mal, decir las palabras mágicas y no añadir nada más. Esta es la clave de la elegancia, la sinceridad y la humildad, no añadir nada más.

Es muy difícil, poca gente lo hace y, en España, casi nadie (esto último es posible que sea una exageración mía). Lo que solemos tener es algo así:

-Oye, deberías disculparte ante X por haberle llamado imbécil.
-Vale, está bien. Oye, X, te pido disculpas por llamarte imbécil, pero es que lo eres.

En otras ocasiones no es tan notoria esta falta de elegancia:

-Yo creo que difícilmente vamos a recibir suficientes inmigrantes para resolver el problema de las pensiones.
-Eres un racista.
-¿Cómo?
-Perdón, no eres racista, pero lo que dices no tiene ninguna base. Es más, así razonan los racistas.

En otras ocasiones, como el caso de Mariló Montero, la cosa raya lo ridículo:


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Hace tres años en el blog: La Teoría de los Juegos. La historia más lúdica jamás contada. Parte 10: La quema de las naves.
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martes, 23 de octubre de 2012

Buenos argumentos sobre la circuncisión


Después de repasar los malos argumentos sobre la circuncisión encontrados en este artículo y discutidos aquí, toca ahora hacer una buena aproximación al problema.

La tentación de acogerse a un principio para deducir si está bien permitirla no lleva a ninguna parte. Uno dice "debe ser prohibida atendiendo al principio de la integridad corporal", sin embargo, como nos recordaba también Sacha en la anterior entrada sobre el tema, no tenemos problema en permitir los agujeros para los pendientes. Otro dice "debe ser permitida atendiendo al principio del respeto a la práctica religiosa", lo que también es falaz porque no permitimos cualquier cosa atendiendo a este respeto, como la discriminación o la ablación.

¿Cómo dirimir si la situación se parece más al caso de los pendientes o al de la ablación? He aquí unas cuantas consideraciones que hacerse antes de poder dar una respuesta:

-¿Hay un daño sustancial e irreparable? Como los daños no existen en abstracto sino en personas concretas, la medida del daño debe ser establecida por cada individuo. Los niños no están en posición de ponderarlo, pero los adultos sí. Los adultos que han sufrido el daño nos pueden ayudar. ¿Cuántos lo consideran importante? ¿Cuántos judíos o musulmanes quisieran no haber sido circuncidados?

-Lo anterior es solo el principio. Por seguir comparando: ¿Cuántas mujeres quisieran no haber sufrido la ablación? Si la respuesta fuera "ninguna". ¿Con qué criterio se podría prohibir en las sociedades donde se practica? (Sí habría un criterio para prohibirla en sociedades donde no se practica y donde ya hay leyes en contra de ese tipo de prácticas a las que deben atenerse sus habitantes.)

-En el caso de la ablación sí que encontramos muchas mujeres que quisieran no haberla sufrido o que quisieran que no hubiera la presión social para hacerla (es un requisito para el matrimonio, por ejemplo) para no tener que hacérsela a sus hijas. Cuando desaparece esa presión el daño ya no compensa ninguna otra consideración. También encontramos, creo, que las niñas que no han sufrido la ablación, cuando llegan a la mayoría de edad, no eligen operarse.

-¿Ocurre algo parecido en el caso de la circuncisión? ¿Hay muchos casos de hombres que quisieran no haber sido circuncidados o que quisieran que no hubiera esa presión social en forma de norma religiosa o de costumbre para así no tener que circuncidar a sus hijos? ¿Es posible, con educación o con el ejemplo, eliminar esa presión? (Hablo de la educación tal como la entendemos normalmente, no del adoctrinamiento específico en contra de esa práctica. Si la educación sirve de algo será para conocer la ciencia, la literatura,... y para desterrar la superstición.)

-Puede ayudar a entender mejor la ponderación del daño y la presión el saber qué hacen los niños que no han sido circuncidados y que se les permite la opción cuando son mayores de edad. ¿Quieren hacerlo? ¿Cuántos casos tenemos?

-A mi entender, de la contestación a estas preguntas depende en gran medida la actitud correcta que tomar en una sociedad democrática. Yo no me sé los datos. Con el "a mí me funciona" en la mano diré que he conocido a muchos judíos perfectamente arreligiosos que consideran nimio el daño, al nivel de los agujeros para los pendientes. No tengo ni idea de cuántos casos hay de padres que esperan a que decida el niño a los 18 años. Estoy dispuesto, claro está, a hacer más caso a datos que haya sobre el tema.

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Hace tres años en el blog: El fin y los medios.
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