domingo, 26 de abril de 2009

El Amor Fati y la Libertad

Acabo de aprender a subir vídeos al blog, así que aprovecho para poner un paréntesis en la serie de las últimas entradas y hacer un homenaje a Mikel Laboa, uno de mis cantantes preferidos.

Murió hace pocos meses. Todo el espectro social, cultural y político vasco lamentó su pérdida. Con todo, creo que en el País Vasco, aun siendo apreciado, no se valoró suficientemente su aportación a la cultura. Representó, desde los años de la represión fanquista, una de las voces más audaces e innovadoras de la canción vasca. Puso música e interpretó letras populares, de poetas de la literatura internacional y de los más vanguardistas del País Vasco. Ahí estaban Bertolt Brecht, Bernardo Atxaga y J.A. Arze, entre muchos otros. Con este último, Mikel Laboa introdujo unos temas que eran verdaderos haikus cantados. En una serie de canciones, conocida como "Lekeitioak" (Lekeitios), su calidad interpretativa llegaba a su más alto grado de originalidad. Mezclando palabras, simulaciones de palabras y todo tipo de sonidos, lograba una expresividad que te ponía los pelos de punta. No son fáciles de escuchar, pero cuando te metes en ellos, es como asistir a una representación teatral donde todo es puro sentimiento. Uno de sus más famosos es "Gernika". Con su voz y su guitarra fue capaz de transmitir todo el horror de la guerra simbolizado en el bombardeo de la villa en quince minutos imposibles de olvidar. Este tema ha sido base de documentales y películas y ha sido cantado por el Orfeón Donostiarra. Su último concierto fue en Donostia, donde fue telonero de Bob Dylan.

No os voy a hacer sufrir, os pongo aquí dos temas sencillos y hermosos. El primero es un canto al Amor Fati y se extendió como un himno a la libertad por todo el País Vasco.



Si le hubiera cortado la alas habría sido mío
no habría huido,
pero así
habría dejado de ser pájaro
y yo
amaba el pájaro.



Toma una flor
y, pétalo a pétalo,
la desnudas,
y ella también
te sueña
y te desnuda,
y, pétalo a pétalo,
toma una flor.

Mikel, nire gogoan eta nire ahoan betiko.

viernes, 24 de abril de 2009

La metamorfosis


Hay dos tipos de metamorfosis bien conocidas en el reino animal. Una es la oruga que se convierte en mariposa. La otra, el renacuajo que se convierte en rana. Esta segunda se parece a las metamorfosis que encontramos en la obra homónima de Ovidio, donde Dafne se convierte en laurel, Mirra en el árbol que lleva su nombre y Cintia en heliotropo o girasol. Con preciosísimos hexámetros, Ovidio nos describe cómo los brazos se convierten en ramas, los pies en raíces y, en el caso de Cintia, su rostro en la cara del girasol que sigue con la vista a Apolo, quien la abandonó.

El caso del renacuajo es idéntico, en el sentido de que los ojos del renacuajo se convierten en los ojos de la rana adulta y, de igual manera, cada parte del cuerpo del primero se convierte en una parte del cuerpo de la segunda.

Esto no ocurre así en la metamorfosis de oruga a mariposa. Cuando nace la oruga, lo hace a partir de unos segmentos de que consta el embrión, pero no de todos. Cuando la oruga se encierra en su crisálida, su cuerpo sirve de alimento para que se nutran los segmentos embrionarios que permanecían latentes. De esos segmentos nace la mariposa. La oruga no se transforma, sino que muere. Los insectos son bastante parecidos a autómatas y no tienen miedo a la muerte. Si, en cambio, pudieran hablar, la mariposa tendría que aprenderlo todo, puesto que no recordaría nada de la vida de la oruga, que era otro ser.

En entradas pasadas hemos visto el caso de un plan genético (un cigoto) que da lugar a dos gemelos, de dos cigotos que se juntan y dan lugar a un solo ser, pero el que de un solo plan surjan dos seres completamente distintos, uno de los cuales se desarrolla alimentándose del cadáver del que se desarrolló primero, supera todas las fantasías metafísicas.

miércoles, 22 de abril de 2009

La habitación china

Santiago, el anfitrión del excelente blog La máquina de von Neumann, me recuerda el problema de la habitación china de Searle. Tras haber hablado del test de Turing en una entrada reciente, supongo que es de justicia comentar sobre ella. Además, servirá para entender un poco mejor la base de la teoría computacional de la consciencia, tema que está saliendo en los otros no menos excelentes blogs de El libro de la almohada, Los monos también curan,  Una nueva conciencia y A bordo del Otto Neurath.

El experimento mental de la habitación china dice lo siguiente (tomo la redacción de Juanjo Navarro).

Supongamos que una persona que no sabe chino se encerrase en una habitación. En la sala tiene una serie de símbolos chinos sobre hojas de papel en distintas cajas. A la persona se le escriben una serie de preguntas escritas en chino que se le hacen llegar a través de una ventana. Nuestra intención es, naturalmente, que esta persona responda a nuestras preguntas escribiéndonos una respuesta en perfecto chino. ¿Pero cómo? Si esa persona no sabe chino lo único que podremos obtener de ella será una serie de símbolos sin el menor sentido. Bueno, habíamos olvidado un elemento más que esta persona tiene a mano: Un libro de instrucciones. En éste se le especifica (en castellano, naturalmente) una serie de reglas que le permiten combinar símbolos en respuesta a otra cadena de símbolos que se especifique como entrada (la pregunta). Las reglas son del tipo “ante un símbolo de la primera caja con un símbolo de la segunda respóndase con la unión de tres símbolos de la cuarta, sexta y segunda caja”. Es muy importante resaltar que en las instrucciones no se hace ninguna mención al significado de los símbolos sino solo a la forma de combinarlos. Tampoco se hace ninguna restricción en cuanto a la longitud de las reglas ni del libro de reglas. El libro podría muy bien ser una enciclopedia de 2000 tomos y cada regla ocupar medio tomo, y no por ello cambiaría el planteamiento del problema. Finalmente supongamos que el libro de reglas está tan bien hecho que las respuestas resultan ser perfectas en chino.

La pregunta es: ¿La persona ‘sabe’ chino?

Searle, quien propuso el experimento mental, decía que la respuesta a la pregunta debe ser “no”. El código le permite dar respuestas pero, evidentemente, cualquiera de nosotros en esa situación negaríamos haber aprendido chino.

Vayamos por partes:

(1) Pongamos que las preguntas son 1000 (¿cuál es la capital de Islandia?, ¿quién propuso el test de Turing?...) y 1000 son las respuestas. El código será muy sencillo: si los símbolos son tales y tales (descríbanse los símbolos de cada pregunta), escoja esta combinación de símbolos (descríbanse los de la respuesta). En vez de una descripción de los símbolos, el libro de instrucciones puede simplemente escribirlos. Dar estas respuestas no es saber chino.

(2) Pongamos que las preguntas pueden ser cualesquiera (¿qué es la filosofía? ¿te gusta el té verde?). El código no puede prever todas las preguntas posibles (¿o sí?) así que tendrá que hacer como hacen ahora las máquinas de búsqueda en Internet: detectar las palabras claves de la pregunta, ofrecer una respuesta a temas prefijados sobre esas palabras y esperar que la respuesta sea pertinente y de interés. Esto es muy difícil. Un libro de instrucciones (programa, código,…) que haga esto será un gran programa, pero es discutible si eso es saber chino.

(3) Pongamos que el input no son solo preguntas, sino que la “conversación” puede seguir cualquier formato, igual que siguen las conversaciones entre personas chinas o no chinas. Esto es saber chino, y el programa (o código o instrucciones o lo que sea) es el conocimiento del chino.

-¿Cómo que el programa? ¿Qué pasa con la persona?

-Bueno, o bien el programa más la persona saben chino (así, entre los dos) o bien la manera en la que el programa consigue que la persona entienda todas las instrucciones es enseñándole chino. En cualquier caso, no hay otra cosa que conocimiento de chino.

Searle estaba cometiendo una falacia de composición en su respuesta. Como la respuesta en el supuesto (1) era “no” y como sólo había una complicación en las instrucciones, entonces la respuesta era un “no” también para el supuesto (2). Una segunda falacia ocurre cuando se entiende el supuesto (2) como el conocimiento de la lengua china. Si se consiguen conversaciones coherentes en el supuesto (3) con instrucciones cada vez más completas (y complejas), es porque justamente esta complicación, estas instrucciones, estos algoritmos, constituyen el conocimiento de la lengua china (la escrita, por ser fieles al ejemplo).

Mutatis mutandi, esta es la idea detrás del test de Turing. Si complicando una máquina conseguimos los mismos resultados que observamos con un cerebro, tendremos en la máquina las mismas cualidades que el cerebro, y serán estas complicaciones y complejidades las que constituyen esas cualidades.

Ni el test de Turing ni la habitación china dicen nada acerca de la posibilidad de que una máquina vaya nunca a pasar el test de Turing ni a saber chino, sólo nos hacen reflexionar sobre qué pasaría si llegara el caso que presentan ambas pruebas. La teoría computacional de la mente tampoco dice que tales máquinas lleguen a ser posibles, pero sí que cerebro y ordenadores comparten similaridades en la manera de procesar la información. Lo anterior no implica que la teoría prediga que algún día las máquinas alcancen el nivel de complejidad del cerebro humano, pero ofrece una clara línea de investigación para estudiar el cerebro y para avanzar en el diseño de máquinas cada vez más complejas.

lunes, 20 de abril de 2009

Un titular tendencioso

En El País del pasado sábado leemos el siguiente titular:


Hace referencia a un artículo de dos páginas en el interior del periódico. He aquí la reacción, que comparto, de Ramón Ordiales Plaza, de la ARP:

La noticia es tendenciosa y el titular engañoso. La noticia debería ser realmente:

ALEMANIA PROHIBE LOS TRASGÉNICOS
SIN FUNDAMENTO CIENTÍFICO

El hecho es que realmente no hay nada contra el trasgénico del maíz que está en el ojo del huracán del movimiento pacifista... y los dos últimos informes a donde agarrarse, que cita el diario, son simplemente de risa.

Vienen a decir que maiz trasgénico (que recordemos fabrica una sustancia que repele a un parásito del mismo) parece gustar menos (pero en un margen cortísimo) a dos insectos cuya alimentación típica no es precisamente el maíz (que, recordemos, es una especie americana y no autóctona de Europa). Es decir: NADA.

Es como decir: Los humanos alimentados exclusivamente con sandias "amargas" comen menos que los que comen sandías normales... ¡Claro! ¡Pero si precisamente el maíz es modificado para que no guste a ciertos insectos!

En el titular también pone: "Nuevos estudios científicos arrojan dudas sobre la seguridad y la eficiencia de los cultivos genéticamente modificados".

Lo cual es FALSO... y leyendo la noticia se ve cómo el redactor ha tenido mucho cuidado de no caer en la mentira.

El caso es que las supuestas dudas es que, en pulgas de agua alimentadas exclusivamente con maíz trasgénico, se ve un ligerísimo aumento de la mortalidad... tan ligero que no puede tenerse en cuenta.

Con las mariquitas ... se trata de LARVAS de mariquita que parece no gustarles mucho dicho maíz, comen menos y mueren más (pero tampoco significativamente). Pero recordemos que el maíz del que hablamos fabrica un repelente.

¿Podemos establecer una causa efecto entre esto y el titular? No, no podemos, ni el periodista debería.

De hecho si seguimos leyendo... vemos que el uso de pesticidas es peor que el uso de organismos genéticamente modificados (OGMs). Precisamente de las 62 alertas alimentarias relacionadas con variedades de maíz, la mayoría fue por contaminación de pesticidas, de las cuales ninguna ha sido de OGMs, ya que, con ellos, el uso de pesticidas no es tan necesario.

El mismo artículo dice que la noticia es que Alemania prohibe el OGM sin datos científicos que avalen la media.

Por lo tanto, ¿cambió alguien el titular?, porque no se corresponde lo que dice la noticia con lo que dicen los titulares.

Además, ¿da para dos páginas? Yo creo que no... todo es "humo".

sábado, 18 de abril de 2009

Los libros y los cánones


Las figuras siguientes muestran el número de títulos producidos en el mercado editorial español y los ingresos derivados por los cánones asociados a la copia privada. Se observa que el número de títulos se mantiene constante mientras que los ingresos por cánones no dejan de subir. Toda la argumentación para sostener estos sistemas de cánones y restricciones a la industria informática (que grava a productores y consumidores y distorsiona el mercado) se basa en la hipótesis de que, sin ellos, acabaremos sin producción intelectual. Si fuera así, el canon habría provocado un aumento de tal producción y eso no ha sido así.
Los datos de producción de títulos están tomados de la Agencia Española del ISBN y los de recaudación están obtenidos de la gestora de derechos de autor CEDRO y se pueden consultar en www.cedro.org.

De hecho, nunca los derechos de copia han influido en la producción. La figura siguiente muestra el número de títulos por habitantes en los EE.UU. durante todo el siglo 20. A lo largo de este siglo, los derechos de copia no han hecho sino aumentar. La producción, erre que erre, se mantiene impasible.

El gráfico está tomado de: Boldrin and Levine (2008) en http://www.dklevine.com/general/intellectual/againstfinal.htm

Se mire como se mire, no hay ninguna evidencia empírica de que la extensión de los derechos de autor (que acaban siendo del productor) y los cánones absurdos favorezcan la creación intelectual y sí de que limitan la difusión de las obras. Socialmente no hay ganancias y sí hay costes, por eso este tipo de medidas son malas, muy malas.

jueves, 16 de abril de 2009

Póntelo, pónselo


Leo en El País la buena noticia de la reducción de muertos en las carreteras durante la semana de vacaciones primaverales. La parte mala es que muchas de las víctimas no llevaban el cinturón de seguridad. Concretamente, se lee:

"el 23% de las personas fallecidas y el 4% de los heridos graves no llevaba abrochado el cinturón. "La conclusión es: por favor, póngase el cinturón de seguridad", pidió el ministro."

No es que sea quisquilloso (vale, tal vez un poco sí), más bien quiero aprovechar la ocasión para señalar un error común en la presentación de este tipo de datos. La noticia no concluye bien lo que pretende decir. Si el 23% de los fallecidos no llevaba cinturón, esto implica que el 77% de los muertos sí lo llevaba. Así, con estos datos no podemos saber si llevar el cinturón es bueno o malo. Si, por ejemplo, la mitad de los viajeros no llevara cinturón y la otra mitad sí, sería más peligroso llevarlo que no llevarlo, puesto que los fallecidos sin cinturón son menos. En suma, necesitamos saber si la gente que no suele llevar cinturón es más o menos del 23%. Sólo si es menos podremos concluir que es mejor ponérselo.

El 4% de heridos graves es un dato más confuso todavía. Sólo si los individuos sin cinturón son menos del 4% podremos concluir que es más fácil salir gravemente herido si no se lleva este dispositivo de seguridad. Claro que puede pasar que esto es así, pero que la causa no es que salgan heridos leves o sin accidente, sino que no salen heridos graves porque engrosan la lista de muertos. Para evaluar bien esto necesitamos saber, del total de víctimas mortales y heridos graves, cuál es la proporción que no llevaban cinturón. Será un número intermedio entre el 23% y el 4%.  Pongamos que sea el 10% (tampoco nos dan este dato, así que me lo invento para hacer el argumento).

Ahora podemos ilustrar las posibles situaciones que se pueden dar.
  • Si la proporción de viajeros sin cinturón es, por ejemplo, el 30%, sería más peligroso llevarlo que no llevarlo.
  • Si la proporción de viajeros sin cinturón es del 15% es más probable resultar herido grave o muerto si se lleva el cinturón, pero es menos probable morir en la carretera.
  • Si la proporción de viajeros sin cinturón es del 7% es menos probable resultar herido grave o muerto si se lleva cinturón, pero es más probable morir en la carretera.
  • Si la proporción de viajeros sin cinturón es menor del 4%, es más probable resultar gravemente herido y también resultar muerto si se va sin cinturón.
Necesitamos saber el dato de cuánta gente va sin cinturón y también la proporción agregada de víctimas mortales o graves que no llevaban cinturón para saber en qué caso estamos y cuán grande es la diferencia entre llevarlo y no llevarlo.

domingo, 12 de abril de 2009

Data ¿te has hecho ya el test (de Turing, por supuesto)?


Alan Turing fue matemático y, con von Neumann, uno de los padres de la informática. Como éste, Turing tiene también sus máquinas (las máquinas de Turing), que son aquellas que pueden replicar cualquier otra que realice algún tipo de cálculo o algoritmo bien definido. Estudió en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. Demostró una especie de teorema de Gödel para sus máquinas Turing (una máquina no puede predecir, en general, si su algoritmo parará o no). Durante la Segunda Guerra Mundial ayudó de manera decisiva a romper los códigos de comunicación alemanes (la máquina Enigma, que codificaba, entre otras cosas, los mensajes con instrucciones a los temidos submarinos alemanes). Por haber contribuido a la victoria aliada fue distinguido con la Orden del Imperio Británico, justo reconocimiento a una de las personas que más vidas ayudó a salvar durante la contienda. Poco duró la gratitud del Imperio porque, repitiéndose la historia de Oscar Wilde, fue acusado de homosexual. Pudo evitar la cárcel al someterse voluntariamente a tratamientos hormonales y a una castración química que, finalmente, le llevaron al suicidio.

Una de las aportaciones más interesantes de Alan Turing se refiere a la pregunta sobre si las máquinas pueden pensar. En su artículo de 1950 titulado “Computing machines and intelligence” propone lo que se conoce como el “Test de Turing”. Básicamente viene a decir que si una persona no sabe distinguir si se está comunicando con una máquina o con una persona, no tiene sentido atribuir capacidad de pensamiento a la persona y no a la máquina. Turing describe someramente el test, sin llegar a decir cuánto debe durar o qué tipo de comunicación o de preguntas se deben hacer. La idea principal es darle la misma oportunidad a la máquina que a la persona. Turing concluye que este test reemplaza a la pregunta anterior sobre si las máquinas pueden pensar.

Añado varios comentarios:

1. Turing dijo explícitamente que la pregunta ¿pueden pensar las máquinas? carece de sentido, puesto que se refiere a algo no observable. Su test lleva, precisamente, la cuestión desde el campo de lo “no observable” al de lo “observable” (yo diría, por seguir metiendo el dedo en el ojo: de la metafísica a la empiria). Una vez hecho esto, podemos responderla sabiendo de qué estamos hablando.

2. Muchas de las resistencias para aceptar el test vienen a decir que “nunca una máquina pasará el test”. Esto puede ser cierto, pero no es la cuestión. La cuestión es que, si lo pasa, como Data en Star Trek, o como los androides del libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (en el que se basó la película Blade Runner), entonces no hay razón para no admitir su inteligencia, pensamiento, consciencia o cualquier otra característica de este estilo, a la máquina. Repito: si una máquina pasa el test es porque no se la puede distinguir de un ser humano.

3. Una máquina puede pasar el test durante un tiempo, para después ser desenmascarada. Esto sólo quiere decir que, cuanto más tiempo pueda durar pasando el test, más habrá dentro de la máquina de aquello que atribuimos al ser humano.

4. El test de Turing es el argumento más sencillo, práctico y elegante contra el solipsismo. De hecho, creo que no sólo es el único posible sino que, además, es el que aplicamos todos los días. El solipsismo viene a decir que un ser pensante sólo tiene garantizada su propia existencia. Los demás pueden ser sombras irreales que se le aparecen. Sin embargo en esas sombras vemos las mismas características que en nosotros mismos. Difícilmente nuestra mente podría estar creándolas, a no ser que creamos haber compuesto y ejecutado la Novena de Beethoven y escrito El Quijote para luego sorprendernos a nosotros mismos. Todas las personas que conocemos pasan el test de Turing (los enfermos avanzados de Alzheimer tal vez no).