domingo, 29 de marzo de 2009

La Odisea Espacial, el ADN y John von Neumann

En el libro “2001: Una Odisea Espacial”, de Arthur C. Clark, se encuentra un monolito en la Luna. Mientras es inspeccionado envía una señal a Júpiter, donde hay en órbita otro monolito enorme. Se envía una misión hacia ese planeta que termina con la nave vacía de vida y con el ordenador Hal 9000 apagado. Para saber lo que ha ocurrido, en “2010: Odisea Dos”, se envía una nueva misión. Cuando los astronautas están en Júpiter observan que el monolito se divide en 2, 4, 8, … pronto son millones, algo va a pasar. De pronto alguien exclama: “¡Son máquinas von Neumann!”.

John von Neumann (fon noiman) fue uno de los más grandes matemáticos del siglo 20. De origen húngaro participó de manera fundamental en el diseño de los primeros ordenadores, en el diseño de las primeras bombas atómicas y de hidrógeno y en el nacimiento de la Teoría de Juegos como disciplina. Compartió con Einstein y Gödel el famoso Instituto de Estudios Avanzados de Princeton.

Naturalmente, hizo muchas más cosas, entre ellas, idear máquinas que se pudieran autorreplicar (además de hacer algún trabajo). Lo hizo en teoría, describiendo qué partes debería tener, cómo se comunicarían entre sí y algún detalle más. Estas máquinas son muy interesantes. ¿Que tenemos que convertir a Júpiter en una estrella? No hay problema, mandamos una máquina que altere las condiciones de presión y densidad del planeta para que se inicie la fusión nuclear. Pero una máquina es poco y mandar muchas es costoso. Mejor enviamos una máquina von Neumann, que primero hace millones de réplicas de sí misma (con material que encuentre en Júpiter o sus lunas) y luego se ponen todas a la tarea.

Hay ya intentos rudimentarios en robótica de robots que ensamblan partes para hacer otros iguales a sí mismos, pero todavía estamos muy lejos de hacer estas máquinas. Esto no quiere decir que no existan, resulta que los seres vivos somos este tipo de máquinas y que respondemos al diseño de von Neumann. Todo gracias a las maravillas del ADN. Un mecanismo como el del ADN fue prefigurado por Darwin y, ahora vemos, también por von Neumann.

¿Cómo es una estructura autorreplicante?

En el corto espacio de esta entrada podemos usar un ejemplo semántico, que es muy ilustrativo, a la par que sencillo. Considérese la siguiente frase que traduzco y adapto del libro "Metamagical Themas" de Douglas Hofstadter:

alfabetiza, copia, después entrecomilladas escribe estas palabras “entrecomilladas palabras alfabetiza, después estas copia, escribe”

Sigamos las instrucciones de la frase (consideramos los signos de puntuación como parte de la palabra precedente). Toda la frase se refiere a las palabras entrecomilladas al final. Primero dice “alfabetiza”, es decir, ponerlas en orden alfabético. Una vez alfabetizadas, hay que copiarlas. Hagámoslo:

alfabetiza, copia, después entrecomilladas escribe estas palabras

A continuación las órdenes dicen que hay que escribir otra vez las palabras, esta vez entrecomilladas. Procedamos sin olvidarnos de lo ya hecho. Nos queda:

alfabetiza, copia, después entrecomilladas escribe estas palabras “entrecomilladas palabras alfabetiza, después estas copia, escribe”

Es decir, una copia exacta del original. Tenemos una estructura que se autorreplica. Bueno, no exactamente. Ha necesitado de nosotros para leerla y seguir las instrucciones, pero son instrucciones sencillas, cualquier ordenador las podría seguir. De hecho, los ordenadores hacen estas cosas con los virus que les llegan.

Para ser una estructura autorreplicante de verdad, debería contener su propia manera de leerse a sí misma y de llevar a cabo las instrucciones. Los virus (informáticos y biológicos) necesitan de un huésped a quien obligarles a hacer el trabajo. Por eso los virus se consideran más objetos inertes que seres vivos. Las células, con su ADN, sí son máquinas von Neumann auténticas.

viernes, 27 de marzo de 2009

La Teoría de la Evolución: La Historia Más Asombrosa Jamás Contada. Parte 8.

Franklin, Watson y Crick

(Puedes leer la parte séptima aquí).

A lo largo del siglo 20 se fue vislumbrando la existencia y la composición del ADN. Los experimentos culminaron con los trabajos de Franklin, Watson y Crick, que dieron con su configuración de estructura de doble hélice. Pero ¿qué es el ADN?

El ADN (ácido desoxirribonucleico) es una molécula larguísima, en la que se van alternando miles de millones de veces cuatro estructuras básicas, que serían como las letras de un alfabeto, y que se denominan A, T, G y C. Así el ADN será una secuencia de estas letras. Con un detalle, la secuencia es doble y las letras de cada secuencia siempre van emparejadas con las de la otra secuencia y siempre con la misma pareja (la A con la T y la C con la G):
ATTGTTACCTTAAAGGTGC… (así miles de millones de letras)
TAACAATGGAATTTCCACG…(idem.) 
Lo asombroso es que esto no es una metáfora. Literalmente las estructuras A, T, G y C funcionan como letras de un texto (o notas de una partitura o símbolos de cualquier otro código que uno prefiera). Las letras forman palabras. Cada tres letras significa un aminoácido (o un punto). Es decir, cuando se lee esa parte del texto, se sintetiza ese aminoácido. Las palabras se agrupan en frases separadas por puntos. Así, entre dos puntos, está la instrucción para sintetizar unos cuantos aminoácidos, que conforman una proteína, que son los ladrillos con los que se construye el cuerpo del ser con ese ADN. El ADN está en el núcleo de cada célula, que tiene su sistema para leer las partes que le toca. Cómo se lee el ADN es todo un proceso digno de asombro. Si pudiéramos sentarnos dentro de una célula a verlo, sería uno de los espectáculos más increíbles que pudiéramos ver. Pero esto se nos escapa de nuestro tema. Yo quería hablar de cómo el ADN codifica las instrucciones y cuál es su papel en la Teoría de la Evolución. Sobre lo primero, valga lo dicho. Sobre lo segundo esta es la explicación.

Pongamos que la siguiente combinación permite abrir una caja fuerte:
673 299 362
La caja fuerte de nuestro ejemplo será un poco especial y se abrirá un poco (3 cm.) con cada número que acertemos y se cerrará un poco con cada número que no acertemos (2 mm.). Si se abre un poco solo podremos sacar objetos pequeños y, mientras más se abra, más objetos podremos sacar, así que abrir un poco más siempre es mejor. ¿Podremos llegar a dar con la combinación buena? Hay mil millones de combinaciones (los números de nueve cifras más el cero). Comencemos por un número al azar, por ejemplo, el siguiente:
238 483 382
Si lo comparamos con la combinación buena veremos que hemos acertado la séptima cifra, que es un 3. Como sólo hemos acertado un número la caja se abrirá sólo un poco. Naturalmente, nosotros no sabemos qué número hemos acertado, así que repetimos variaciones del número en las que sólo alteramos un dígito cada vez. Enseguida sabremos cuál es (lo sabremos porque la caja se cerrará al quitar ese 3 y poner otra cosa). Sólo habremos necesitado de, como mucho, 8 intentos para tener esa información. Una vez fijado ese 3 podemos seguir haciendo variaciones del número, pero sin cambiar el 3. Tarde o temprano acertaremos otro número (hacen falta unos nueve intentos para ello –por ejemplo, variando de todas las maneras posibles el primer número, aunque también podemos ir variando a azar cualquier cifra-). Así podemos seguir hasta acertar los nueve. Habremos necesitado de sólo unas decenas de pasos, aunque hayamos ido totalmente a ciegas.

Lo anterior resume el papel de las mutaciones en la adaptación. El ADN se replica cada vez que una célula se divide. Lo hace dividiendo las dos secuencias (como una cremallera) y dejando que cada letra busque su pareja entre el material celular, hasta tener dos moléculas nuevas de ADN. En una de estas, la réplica puede no ser exacta. Si esta célula es un espermatozoide o un óvulo, el nuevo ADN contendrá una mutación. Lo normal es que la mutación sea mala (no toques lo que funciona) y el nuevo ser tendrá una desventaja sobre sus congéneres, de manera que tendrá menos descendencia. La mutación mala no se propagará. Son los intentos fallidos de nuestro intento de abrir la caja fuerte. De vez en cuando una mutación será favorable (acertamos otro número en la combinación) y los individuos que la tengan se reproducirán con más frecuencia (los números que abren más la caja y que seguimos usando para hacer variaciones son los que sobreviven y evolucionan, los que cierran la caja los descartamos, se extinguen). Sobre estos se podrán ir añadiendo todavía mejores mutaciones (hasta, en nuestro ejemplo, dar con toda la combinación).

Como hemos dicho antes, el proceso real es mucho más complicado. No nos interesa aquí la parte química sobre cómo se producen las reacciones que llevan a leer una parte y no otra del ADN para producir una proteína en un momento determinado. Estos son otros asombros. Aquí quería mostrar cómo la naturaleza ha podido codificar una serie de instrucciones por el método prueba (mutación aleatoria) y error (lo que no funciona se extingue). El conjunto de instrucciones abarca muchas letras, pero ya hemos visto que no se llega a la combinación solo por azar, la selección del mejor adaptado hace que no haya que probar todas las combinaciones. En el caso de la caja fuerte habremos llegado a la combinación en unas pocas decenas de intentos, y no por acertar un número al azar entre mil millones de posibilidades.

Mis retahílas:

1. Si se leyera el ADN desde un extremo al otro observaríamos el gran caos que reina en el texto. Para empezar, la mayor parte del texto no codifica nada (o eso es lo que parece hasta ahora, porque no pasa nada si se quitan esos trozos). Luego ocurre que vamos encontrando genes sin ningún orden. Aquí uno que hace algo en la nariz, más allá otro encargado de segregar alguna sustancia química en el feto, después los restos de un gen que en algún momento, a nuestros antepasados lejanísimos servía de algo, pero ya no sirve, millones de letras más allá otro gen para otra parte de la nariz y así sucesivamente. Exactamente lo que esperaríamos de un mecanismo evolutivo y justo lo contrario de lo que se esperaría de un diseñador con un poco de claridad de ideas.

2. Unos de los aspectos de la Teoría de la Evolución menos entendidos es, precisamente, la idea de que la mutación es aleatoria, pero que la adaptación no lo es. La supervivencia de la mejor mutación hace el proceso total no aleatorio, en el sentido de que los organismos no se generan completos y complejos por casualidad, aunque sí en el sentido de que lo que constituye una buena adaptación, que dependerá del entorno.

3. Toda la vida en el planeta Tierra usa el mismo código genético (las mismas letras y las mismas palabras, pero no el mismo texto, que varía entre una especie y otra.) Plantas, animales, hongos y organismos unicelulares hablamos el mismo idioma genético. Por eso sabemos que todos hemos tenido el mismo origen. La vida en otros planetas tendrá su propio lenguaje, a no ser que algunos tengan un origen común.

Puedes leer la parte novena aquí.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Esos malditos números

Leo en El País:


¡Qué buena noticia!  Además, es un tratamiento hecho en España.

Lo malo es que la noticia no dice eso. Lo que ocurre es que, de cada 100 personas que se expusieron a una situación de riesgo (pincharse con una aguja infectada, tener sexo anal sin protección y con una persona con el virus, ...) y a las que se les hizo el tratamiento después de esa exposición, sólo una se contagió.

Esto no quiere decir que el tratamiento reduzca un 99% la probabilidad de infección. Lo sería si la probabilidad de infección sin el tratamiento fuera del 100%, pero no es así. De hecho, la probabilidad será mucho más baja. Aquí y allá podemos ver estimaciones probabilidades de contagio o de incidencia de la enfermedad (o de la presencia del virus) en distintas poblaciones de riesgo. Para personas que estén un año compartiendo jeringuillas, por ejemplo, la incidencia es del 50%-65%. Si solo se comparte una vez, la incidencia será mucho menor.

Nos falta un dato para evaluar el impacto de la noticia. Pongamos que la tasa de incidencia tras una situación de riesgo como la tratada en el estudio es del 10% y que el tratamiento la reduce al 1%. En este caso podremos decir que se ha reducido el 90% (la diferencia de 1 a 10 es 9, que es el 90% de 10). Si la tasa de incidencia sin tratamiento es del 5%, la reducción es del 80% (la diferencia de 1 a 5 es 4, el 80% de 5).

Podemos medirlo de otra manera. Según la noticia, sólo el 1% de las personas contrajo el virus. Pero si la tasa de incidencia sin tratamiento fuera del 10%, diríamos que el 10% (1 es el 10% de 10) de las personas que se hubieran contagiado, realmente lo hacen. Si la tasa fuera del 5%, serían el 20% (1 es el 20% de 5).

Es decir. Si nos dan la información de la gente que se deja de contagiar los números son 99%, 90% y 80% para tasas de incidencia del 100%, 10% y 5% respectivamente. Si nos dan la información de la gente que se contagia, los números son 1%, 10% y 20% para esas mismas tasas de incidencia. Los primeros números se ven muy parecidos unos a otros (99 es parecido a 90), los segundos no (10 es diez veces más que 1).

Conclusión: ¿Con las estadísticas se puede demostrar cualquier cosa? No, sólo lo creerás si estabas dormido en clase.

martes, 24 de marzo de 2009

La Teoría de la Evolución: La Historia Más Asombrosa Jamás Contada. Parte 7


Mendel y Fisher

(Puedes leer la parte sexta aquí)


Hemos hablado de la selección del mejor adaptado, el segundo punto de la teoría de Darwin, y hemos visto cómo lidia con las preguntas destinadas a refutar la hipótesis. No he olvidado el primer punto sobre la variabilidad de los individuos y la pregunta pertinente: ¿de dónde sale esta variabilidad

Darwin, como todo el mundo, ve que la variabilidad entre los individuos de una especie (incluso entre hermanos) es un dato objetivo de la realidad. Pero según la teoría de Darwin, debe haber una causa que la explique. Debe haber algo que explique por qué cada individuo es como es y que permita que las características de los progenitores pasen a la descendencia, y que, más aún, la herencia no sea enteramente fiel. En la época de Darwin no se conocía tal mecanismo, y el propio Darwin reconocía que, de no encontrarse, su teoría estaría en la cuerda floja.

Un par de años antes de la publicación de El Origen de las Especies, en lo que entonces era Austria y ahora República Checa, un fraile se dedicaba a hacer experimentos con guisantes en el jardín de un monasterio. (Bueno, en honor a la verdad ya había sido ordenado sacerdote y obtenido un doctorado en Matemáticas y Ciencias.) Se trataba de Mendel, que descubre las tres leyes de la genética que llevan su nombre:
  1. Principio de uniformidad: Si se cruzan dos individuos de raza pura, los descendientes tendrán las mismas características.
  2. Principio de la segregación: Ciertos individuos son capaces de transmitir un carácter aunque en ellos no se manifieste.
  3. Principio de la transmisión independiente: los caracteres se transmiten independientemente unos de otros (excepto si están vinculados).
Mendel publicó sus resultados en una revista académica austriaca sólo ocho años después del libro de Darwin, pero pasaron completamente desapercibidos para la comunidad científica.

Hubo de esperarse hasta 1900 para “redescubrir” las leyes de Mendel. Al comienzo se encendió un vivo debate entre darwinistas y mendelianos. Los primeros sostenían la variación gradual de las especies, tal como se medía por la biométrica. Los segundos se fijaban en las variaciones discretas (a saltos, digamos) y se centraban en las leyes de la herencia.

En esto estábamos hasta que, en los años veinte, el biólogo y estadístico Fisher consiguió demostrar que la variabilidad gradual y continua observada por la biométrica podía ser explicada por la acción combinada de pequeños saltos dominados por la genética. En otras palabras: la genética era el mecanismo que explicaba la variabilidad necesaria en la teoría de Darwin. Nacía la Síntesis Evolutiva Moderna (o Síntesis Moderna, para abreviar).

En realidad tenemos la idea del gen, pero no sabemos dónde está físicamente. Sabemos cómo se hereda la variabilidad, pero seguimos sin saber cómo surge. Nos falta el ADN. Permanezcan atentos a sus pantallas.

Mis perlas:

1. Había dicho que esta Historia Más Asombrosa Jamás Contada iba a ser más corta que la Historia Más Grande Jamás Contada y ya vamos por la séptima entrega sin vislumbrar el final. Supongo que habrá que desdecirse, aunque siempre puedo decir que me refería al lapso temporal que abarca la historia, no a la historia en sí.

2. En cuanto identificamos al gen como la unidad de selección (y no el individuo o la especie), podemos entender muchas cosas aparentemente contradictorias en el comportamiento animal (y vegetal). El altruismo entre padres e hijos o entre hermanos es un instinto que claramente favorece la propagación de los genes de quien los posee.

3. Se me olvidó decir en la entrada anterior que la explicación de la paridad de los sexos en la descendencia es uno de los primeros ejemplos precursores de la Teoría de Juegos. Algo muy relevante para quien suscribe. John Maynard Smith, biólogo genetista, desarrolló esta manera de abordar el problema a su máxima expresión. Su libro, “Evolution and the Theory of Games” es ya un clásico. De él mamó, como buen mamífero, Dawkins.

Puedes leer la parte octava aquí.

domingo, 22 de marzo de 2009

El equinoccio de primavera

Estos días hemos sido recordados en todos los medios del comienzo oficial de la primavera. Se produjo, exactamente, a las 12:44 hora española el pasado día 20 de los corrientes.

En realidad ese es el momento del equinoccio de primavera. Que yo sepa, tenemos calendario oficial y hora oficial (con su absurdo cambio que nos tocará dentro de poco), pero no tenemos estaciones oficiales. Los conceptos de primavera, verano, otoño e invierno nunca tuvieron fechas perfectamente limitadas e iguales para todo el mundo. Dentro de Europa, en un mismo día de marzo, algunos pueblos ya saludaban a la primavera, mientras otros se quejaban todavía del largo invierno.

Los equinoccios son momentos muy interesantes del año astronómico. En todas las latitudes hay exactamente doce horas de día y doce horas de noche (que no de oscuridad, por aquello de la luz crepuscular). En el Polo Norte se pasa de los seis meses de noche los seis de día y en el Sur sucede justo a lo contrario.

¿Cómo sabemos la hora exacta? Porque la situación descrita anteriormente tiene su referencia en el momento en que el Sol está situado en el corte del plano de la eclíptica (el plano de la órbita de la Tierra alrededor del Sol) y del plano del ecuador (el plano en el que estaría el corte que le hiciéramos a la Tierra siguiendo la línea ecuatorial).

En el dibujo se ve más claramente. Lo curioso es que el punto de Aries está en la constelación de Piscis y el de Libra en Virgo. En tiempos pasados estaban en su sitio, pero es que la Tierra, además de los movimientos de rotación y traslación, tiene un movimiento como el de una peonza cuyo eje de rotación baila, describiendo una vuelta cada 25.800 años. Esto hace que el punto de Aries (también el de Libra) recorra todo el Zodiaco en ese lapso de tiempo. Este movimiento aparente de los puntos Aries y Libra se conoce como la precesión de los equinoccios. Se había observado desde antiguo, pero no fue explicado hasta que lo hizo Newton. Es el causante de los cambios de calendario y de que el día de San Juan y el de Navidad no coincidan con los Solsticios respectivos.

Si alguno creía que su signo era Aries, malas (o buenas) noticias, resulta que es Piscis, o no, puede que siga siendo Aries. Todo depende de qué cuento prefiera creer.

viernes, 20 de marzo de 2009

La Teoría de la Evolución: La Historia Más Asombrosa Jamás Contada. Parte 6

La batalla de los sexos

(Puedes leer la parte quinta aquí).


Ha estado bien lo del ojo en la entrada anterior, ¿verdad? Hay todavía más explicaciones bellas ofrecidas por la Teoría de la Evolución. He aquí un caso que resolvió el propio Darwin.

Los hechos:

Los ciervos son polígamos. Un ciervo se aparea con un harén de hembras. Sólo uno, porque los demás ciervos se quedan a verlas venir. La pregunta es ¿por qué, entonces, nacen tantos machos como hembras? Para entender mejor la pregunta, observemos que, desde el punto de vista de la especie, tanto macho es un desperdicio, mejor si sólo hay los machos justos para fecundar a todas la hembras. Desde el punto de vista del individuo, mejor si las hembras están más distribuidas entre los machos.

Varias respuestas vienen a la cabeza:
  • Hacen falta más machos de los estrictamente necesarios para que compitan entre sí y las hembras se queden con el mejor.
  • Hacen falta para dar más variabilidad genética a la especie.
  • Hacen falta para que haya sustitutos por si acaso alguno se enferma o muere.
Todo lo anterior está bien, y puede explicar que haya más machos de los estrictamente necesarios, pero no explica que la proporción de cada sexos sea, precisamente, el 50%. La respuesta tiene que ser otra. Ésta es la que dio Darwin.

Pongamos que hay un macho por cada veinte hembras y que cada hembra tiene un cervatillo. En esta nueva generación, cada recién nacido tendrá la mitad de los genes de una de las hembras y la otra mitad del único macho. Por tanto, los genes del macho están presentes en la siguiente generación con una abundancia veinte veces mayor que los genes de las hembras. En estas circunstancias, para un gen, lo mejor es estar encarnado en un macho, por lo que hay una presión evolutiva para hacer machos con más frecuencia. El argumento sirve mientras haya más hembras que machos, y se invierte si hay más machos que hembras. El equilibrio evolutivo se produce cuando la proporción es 50-50. Esta es la belleza, elegancia y sencillez de la Teoría de la Evolución.

Bueno, Darwin no lo expresó exactamente así. De hecho, Darwin no sabía de la existencia de los genes y hablaba de características de los animales, pero la explicación era esencialmente la misma. Los genes vendrán enseguida, con Mendel, del que hablaremos en la próxima entrada.

Mis ripios:

1. La observación de las distintas maneras de asignar roles a machos y hembras en el mundo animal ha servido para formarse toda suerte de ideas preconcebidas acerca de la naturaleza de hombres y mujeres en nuestra especie. Es un completo error. En cada especie la evolución ha resuelto de una manera distinta el problema de cuánta descendencia generar y de cómo cuidar de ella. Pretender sacar conclusiones en ese aspecto sería como diseñar una dieta para el homo sapiens observando cómo se alimentan las ovejas.

2. Darwin y Wallace propusieron a la vez la Teoría de la Evolución (en su versión Selección Natural). Quien llevó la mayor parte de la fama fue Darwin. Ello es debido a dos factores. El primero es que sus libros no son sólo científicamente impecables, sino que también son un ejemplo de alta literatura y, además, están llenos de historias tan sugerentes como las que nos ocupan en estas entradas y no eluden el caso de la evolución humana. La otra razón es que tenía buenos amigos, entre ellos Huxley, que se llamaba a sí mismo “el bulldog de Darwin”, por la defensa apasionada que hacía de sus ideas.

Puedes leer la parte séptima aquí.

miércoles, 18 de marzo de 2009

La Teoría de la Evolución: La Historia Más Asombrosa Jamás Contada. Parte 5

El relojero ciego

(Puedes leer la parte cuarta aquí).

En la parte 4 de La Historia Más Asombrosa Jamás Contada vimos el concepto clave de Selección Natural. Quedaron pendientes de responder las preguntas acerca del gradualismo. ¿Cómo es posible que surja un órgano complejo sin la presencia de un diseñador?

Desde los tiempos de Darwin el ojo se consideró el órgano complejo por antonomasia, el reloj que hacía suponer la presencia de un relojero. Veamos qué dice la evidencia acerca de la evolución del ojo de los moluscos.
-¿Y por qué el de los moluscos?
-Paciencia.
En la figura tenemos cinco etapas en su evolución.


En el primer paso hay unas pocas células sensibles a la luz (tal vez se produce una reacción química que solo es posible en su presencia). Si este conjunto de células se dobla, podrán dar información acerca de la dirección de la fuente de luz (si viene de la derecha se activarán las células de la izquierda). Cuanto más cerrada esté la cavidad, más precisión darán sobre esta información. Cuando una cavidad se cierra tanto como en la tercera figura se convierte en una cámara oscura que permite, además, tener información acerca de la forma del objeto que emite o refleja la luz. Una burbuja de líquido permite una imagen todavía más nítida (cuarto dibujo). El final es el ojo del pulpo o del calamar, con una lente más refinada y con elementos protectores.

El ojo ha evolucionado gradualmente y cada paso constituye una mejor adaptación en un ecosistema en el que la luz ofrece información vital. Más aún, hay ejemplos de animales en cada uno de estos estadios de la evolución. En palabras de Richard Dawkins, la naturaleza es un relojero ciego.

Explicada la evolución del ojo, los antievolucionistas buscaron otros órganos complejos. El siguiente fue el ala. Mala elección. La naturaleza ofrece ejemplos de alas incompletas y, así todo, útiles para el animal. Hay ardillas voladoras (en realidad, planeadoras) y peces voladores que han convertido sus aletas en rudimentarias alas que les sirven para volar unos metros. Planear o volar de manera rudimentaria puede ser una ventaja. La habilidad de volar ha surgido entre los vertebrados varias veces de manera independiente. El pterosaurio era un reptil, las aves evolucionaron de un tipo de dinosaurio y los murciélagos son mamíferos. Esto sin contar a los peces voladores. Cada uno provenía de un antepasado no volador.

Mis añadidos:

1. Como tampoco el ala pudo con Darwin, los antievolucionistas siguen buscando ejemplos. Que si el mecanismo del flagelo de una bacteria, que si el mecanismo de defensa de un escarabajo que mezcla dos gases para producir una pequeña explosión, y así sucesivamente. Cuando escriben "la teoría de la evolución no puede explicar ..." realmente están diciendo: "como a mí no se me ocurre una explicación, es que no la hay" o, mejor aún: "no sólo soy ignorante en este asunto, lo que es perdonable, sino que no quiero estudiarlo, lo que es imperdonable".

2. En los gráficos de la evolución del ojo de los moluscos se observa cómo los nervios que llevan la información de las células al cerebro salen por la parte convexa y se unen por detrás del ojo camino del cerebro. En el ser humano estos nervios quedaron en la parte cóncava y se juntaron dentro del ojo, de manera que tienen que atravesarlo para llegar al cerebro. El lugar por el que atraviesan el ojo es el punto ciego de nuestra visión. Chapuzas así son las que uno esperaría de la evolución y no de un diseñador.

3. Hablando de chapuzas. He aquí unas más, solo en el ser humano:
  • Las piernas se doblan hacia atrás. Los bípedos que doblan sus extremidades hacia adelante caminan o corren con mayor eficiencia.
  • El conducto que va de la próstata a los testículos se enreda con el sistema urinario de una manera que no para de crear problemas a muchos varones adultos.
  • La cabeza de los recién nacidos apenas cabe por el canal del parto, produciendo grandes dolores a las parturientas.
  • Músculos y huesos no son lo suficientemente fuertes para mantener la posición erguida durante demasiado tiempo, de ahí la frecuencia de los dolores de espalda.
  • La epiglotis no cierra completamente la tráquea, así que no podemos beber y respirar al mismo tiempo (los demás mamíferos sí pueden) y por eso nos atragantamos a menudo. Por otra parte, esto nos permite articular más sonidos, pero no costaba mucho haber diseñado un mecanismo mejor.
  • El aparato reproductor está al lado del aparto excretor. (Esto más que una chapuza parece una broma de mal gusto.)
Puedes leer la parte sexta aquí.