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lunes, 26 de febrero de 2018

Las enseñanzas de un experimento natural sobre el uso de los mercados


Hace unos días resumí un artículo que explica cómo usar el mecanismo de mercado para ayudar a los bancos de alimentos para cumplir su misión de repartir comida entre los más necesitados (aquí en Mapping Ignorance en inglés y aquí y aquí en español). Como complemento, hace un par de días tuití sobre lo que nos dice este artículo de interés para quien quiera saber Economía. Estos son los tuits.

1/10
Recientemente, el Journal of Economic Perspectives publicó una joya de artículo: How food banks use markets to feed the poor, de C Prendergast.

2/10
En suma, el reparto de alimentos se hacía por planificación central y pasó a hacerse mediante un mecanismo de mercado basado en subastas. Todo mejoró con el cambio. La experiencia muestra muchas cosas, que paso a señalar: 

3/10
-Cómo funciona un mercado bien diseñado, permitiendo asignar los bienes de manera mucho más eficiente y de acorde con las necesidades y preferencias de cada uno. Los directores de las ONG que participaban y que eran reacios al mercado acabaron siendo sus mayores defensores. 

4/10
-Cómo funcionan las subastas, de manera equivalente al mercado, permitiendo que los precios revelen la escasez relativa de cada bien. 

5/10
-Cómo funciona un mecanismo de negociación, permitiendo que cuando se fija uno en las consecuencias (y no en el prejuicio ideológico) se lleguen a acuerdos óptimos. Es lo que pasó cuando las distintas partes negociaron cómo cambiar el sistema de planificación. 

6/10
-Cómo funciona un sistema monetario. Se creó una moneda ficticia, cuya cantidad siempre iba en consonancia con los recursos reales del sistema. 

7/10
-Cómo la transferencia de rentas es mejor que la alteración política de los precios para procurar la igualdad. Esto se hizo al dar a cada banco de alimentos la misma renta por pobre en la moneda ficticia. 

8/10
-Cómo el acceso al crédito y una política que impedía el sobre-endeudamiento mejoraba las posibilidades de los bancos de alimentos con menos recursos. 

9/10
-Cómo la necesidad de competir en las subastas creó incentivos a cooperar eficientemente. Sucedió cuando los bancos pequeños se unieron ocasionalmente para acceder a lotes de alimentos que podían ser excesivos para cada uno de ellos. 

10/10:
Todo lo anterior sucedió tal y como prevé la Teoría Económica.

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Hace cinco años en el blog: Extrañas afirmaciones de A. Garzón sobre el comercio internacional.
Y también: Experimentos con mercados (1).
Y también: Experimentos con mercados (2)-
Hace tres años en el blog: Grecia: algo más que el juego del gallina.
Y también: Los mitos de la razón. El Demonio de Maxwell.
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lunes, 8 de enero de 2018

Usar los mercados para ayudar a los pobres (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de diciembre en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.



Para resolver las ineficiencias descritas anteriormente, Feeding America juntó un comité para rediseñar el sistema. En el grupo había ocho directores de directores de bancos, tres miembros de Feeding America y cuatro profesores de la Universidad de Chicago. Después de discusiones y posiciones iniciales reacias, el comité sugirió, y Feeding America adoptó, lo que se llamó el Sistema de Elección, un mecanismo basado en el mercado donde los bancos pujan por cargamentos de comida dos veces al día después de que su contenido se haya publicado. A continuación se describen los detalles.

Feeding America y, en general, toda la gente involucrada estaba preocupada de las desigualdades entre bancos que un mecanismo de mercado pudiera generar, puesto que unos están localizados en áreas más ricas que otros y pueden recolectar dinero más fácilmente. Después de todo, estas personas estaban corrigiendo desigualdades en una sociedad capitalista. Para evitar esto, el sistema usa su propia moneda, llamada “participaciones” (shares), que solo puede usarse para comprar comida de Feeding America, quien emite la moneda ficticia en forma de un número en una cuenta para cada banco. Esta medida asegura que todos los bancos tienen las mismas participaciones por pobre.

El comité mostró también una gran preocupación por que los bancos más grandes pudieran beneficiarse del sistema de manera desproporcionada. Las pujas se diseñaron del tipo “sobre cerrado”, de manera que no requiriera gastar tiempo en realizar sucesivas pujas, como ocurre en diseños alternativos, como la subasta ascendente, lo que hubiera perjudicado a los bancos pequeños con poco personal. Además, se permitió a los bancos pedir prestadas participaciones (con ciertas condiciones y límites, para evitar que se acumulen deudas) para asegurar que pudieran pujar en cualquier subasta si lo deseaban. Finalmente, se permitió también a los bancos el juntarse para pujar por los cargamentos, lo que ayudó a los bancos pequeños que solo podían acceder a una fracción de una donación.

La subasta a sobre cerrado también sirve al propósito de no hacer esperar demasiado a los donantes, puesto que así todos los bancos participan simultáneamente, en lugar de hacerlo de manera sucesiva. Otra medida encaminada en esta dirección es que a los bancos se les permite hacer pujas negativas, lo que significa que las donaciones menos deseables fueran también recogidas rápidamente. A los bancos incluso se les permite vender parte de los bienes que les llegan de los donantes locales.

La manera en que los bancos respondieron al nuevo mecanismo permite a Prendergast (2017) señalar el éxito del Sistema de Elección. Una de las primeras observaciones es la gran disparidad de precios que se obtienen en las subastas para las diferentes clases de alimentos (y de algunos otros bienes que también son objeto de donación, como algunos productos de limpieza o platos y cubiertos desechables). Una libra de los bienes más demandados (cereales, pañales, pasta o carne preparada) puede llegar a alcanzar un precio 40 veces más alto que una libra de los productos menos deseados (hortalizas, bebidas y lácteos). Esto refleja el valor marginal de los productos según reflejan los bancos después de haber recibido sus donaciones locales. De esta manera los bancos en las áreas pobres pueden concentrar sus pujas en los cargamentos más baratos y obtener muchas más libras de alimentos. La gran diferencia observada entre lo que los bancos obtenían con el viejo sistema y lo que obtienen con el nuevo es una medida del éxito del Sistema de Elección. El hecho de que los bancos más pequeños y pobres usen créditos de Feeding America y que realicen pujas conjuntas son otras muestras del buen diseño del programa. Finalmente, los bancos en áreas ricas no suelen hacer uso de todas sus participaciones, e incluso ponen parte de sus stocks a la venta dentro del sistema, lo que permite que los bancos pobres tengan más de todo aun cuando tengan relativamente más de los bienes baratos.

Los directores de los bancos pobres, inicialmente más reacios al nuevo sistema, acabaron siendo los más entusiastas defensores del Sistema de Elección.

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Hace cinco años en el blog: ¿Hay problema de producción o solo de reparto?
Hace tres años en el blog: Las ideas y el fanatismo.
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sábado, 6 de enero de 2018

Usar los mercados para ayudar a los pobres (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de diciembre en Mapping Ignorance.


Los mercados competitivos son sin duda el mecanismo económico más estudiado. La Teoría Económica explica razonablemente bien, al menos para una ciencia social, sus propiedades y su éxito a lo largo de la historia. Tenemos experimentos de laboratorio (véase aquí y aquí), y amplia evidencia histórica de que una sociedad orientada al mercado mejora a una que se aparta de él. Ha ocurrido en democracias como India, en dictaduras de izquierda como China y en dictaduras de derecha como la del Chile de Pinochet. Sin embargo, fuera del laboratorio no hay muchos ejemplos donde podamos seguir la pista a los cambios desde un sistema altamente regulado a uno pro-mercado aislándolo de otros cambios y controlando las distintas variables. Un ejemplo temprano se encuentra en Radford (1945) [1], quien documentó la economía de los campos de prisioneros de guerra alemanes hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. Primero, cada prisionero recibía una asignación de bienes por parte de la Cruz Roja (economía planificada), después los prisioneros intercambiaban bienes entre sí (economía de intercambio) y usaban cigarrillos como moneda (economía monetaria).
Prendergast (2017) [2] documenta y analiza una transición reciente y organizada desde un mecanismo de planificación central a un mercado en un sector muy específico: la distribución de comida a los pobres vía bancos de alimentos. Esta es la historia.

Feeding America es una ONG de los EEUU., que recibe 150 millones de kilogramos de comida al año de diferentes donantes, y que las distribuye entre los pobres en todo EEUU. a través de bancos de alimentos locales. Anteriormente a 2005, la distribución se hacía según el sistema “espera tu turno”. Los bancos de alimentos local se ordenaban en lista de espera según una medida de cuánta comida habían recibido ya en relación al número de pobres en el área del banco. Cuando Feeding America recibía una donación, llamaba al primer banco de la lista para ofrecerle el cargamento. El banco tenía entre 4 y 6 horas para contestar aceptando o rechazándolo. Si lo rechazaba, se llamaba al siguiente banco en la lista. Había razones por las que un banco podía no querer un cargamento de ayuda, entre ellas, el hecho de que debían hacerse cargo del coste de transporte. Si el donante estaba muy lejos o si el cargamento consistía en bienes para los que el banco no necesita o que no puede almacenar adecuadamente, podía rechazar el cargamento. Hay tres características adicionales que conviene mencionar para entender el resto de la historia. Primero, en este sistema todos los bancos terminaban recibiendo en media un conjunto de alimentos similar. Segundo, para los bancos locales, Feeding America no era la única fuente de donaciones, ya que cada uno tiene sus propios donantes locales. Tercero, incluso si un banco rechazaba una donación, el sistema recalculaba su posición en la lista como si la hubiera aceptado. Esto último se hacía para desincentivar los rechazos y no causar un contratiempo a los donantes, haciéndoles esperar para recoger un lote que han decidido donar y que ocupa espacio de almacenamiento. El objetivo de este mecanismo era asignar un número igual de kilogramos de comida por pobre, y los números muestran que este objetivo se conseguía con mucha precisión.

El sistema centralizado presentaba dos problemas principales. El primero es la variedad de las características de los bancos locales, algunos reciben muchas más donaciones de otros donantes que otros, y distintos bancos tienen distintas capacidades de almacenamiento. Sin embargo, Feeding America no tenía información sobre estas características. Esto significa que los bancos son muy heterogéneos en sus necesidades de diferentes tipos de alimentos. Por ejemplo, un banco de alimentos en Idaho probablemente no necesite más patatas, o uno en Wisconsin puede no tener uso para más productos lácteos. El segundo problema es que el sistema no permitía ofrecer el mismo cargamento a más de un número reducido de bancos, puesto que cada oferta implicaba un tiempo de espera de varias horas.

Referencias:

1. Radford, R. A. 1945. The Economic Organisation of a P.O.W. Camp. Economica 12(48), 189–201.

2. Prendergast, C. 2017. How Food Banks Use Markets to Feed the Poor. Journal of Economic Perspectives 31(4), 145–162.

(Continúa aquí.)

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Hace cinco años en el blog: Cómo ser izquierdista keynesiano en 11 lecciones.
Hace tres años en el blog: ¿Qué Podemos? ¿El votante mediano o el escorpión y la rana?
Y también: Noticias en la resaca del Año Nuevo.
Y también: La Socialdemocracia real.
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jueves, 18 de mayo de 2017

Cooperación, complejidad y evolución abren el camino a mayores capacidades cognitivas

Este es el dilema del prisionero, del que ya hemos hablado aquí, aquíaquíaquí y aquí: Si A y B cooperan, ambos ganan 5. Si solo uno coopera, el otro gana 6 y el que coopera gana 0. Si ninguno coopera, ambos ganan 1.

Egoísmo

Un comportamiento egoísta implicará que, en una interacción aislada entre A y B ninguno coopere. La tabla siguiente representa el juego, en donde se ve claramente haga lo que haga el otro, cada uno prefiere no cooperar.

Altruismo

Si el comportamiento no es egoísta, podrán cooperar. Por ejemplo, si la ganancia de una unidad del otro le importa a cada tanto como la ganancia de media unidad para sí mismo, ambos querrán cooperar. Así, por ejemplo si los dos cooperan, ambos disfrutan de su ganancia de 5 más un disfrute por el bienestar del otro que equivalente a ½ de los 5 que gana el otro. La tabla sería la siguiente, donde se observa que cooperar es siempre mejor:
Coacción

No hace falta ser altruista para lograr la cooperación. Si A y B son parte de un clan que castiga con -10 a quien no coopere, en el nuevo juego también se cooperará:

Reciprocidad

Si la interacción entre A y B va más allá de un encuentro ocasional y tienen que decidir si cooperar o no cada día (o cada mes o año) de manera indefinida no hace falta altruismo ni castigos externos, basta con una estrategia de reciprocidad (visualizada en la imagen):
“comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si en el pasado lo hemos hecho y no cooperaremos si en el pasado alguien no ha cooperado”.
C es cooperar, D es no cooperar

Esta estrategia sostiene la cooperación como un equilibrio:
  • Si A y B siguen la estrategia, cada uno recibirá 5 cada periodo de tiempo.
  • Si uno la sigue y otro intenta aprovecharse no cooperando, el que no coopera ganará 6 hoy, pero a partir de mañana ganará 1 en cada periodo.
Si los individuos no son muy impacientes, preferirán 5 todos los periodos antes que 6 hoy y luego 1 en cada periodo posterior.

Perdón

En la estrategia anterior, el castigo es muy fuerte. Es posible diseñar otra que permita volver a la cooperación tras un castigo no tan fuerte: “comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si el día anterior hemos cooperado y no cooperaremos durante tres periodos a partir del día en que alguien no coopere”. De nuevo, si ambos siguen la estrategia, ganarán 5 en cada periodo. Si alguien se desvía pasará a ganar 6, luego 1 durante tres periodos y luego otra vez 5 cada periodo. Si los individuos no son muy impacientes preferirán 5 durante cuatro periodos antes que 6 y luego 1 durante tres periodos.

Daño

Las estrategias anteriores tienen el problema que castiga tanto al que coopera como al que no. También esto se puede corregir, pero requiere una estrategia más complicada: “comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si en el pasado lo hemos hecho y entraremos en una fase de “castigo al no cooperador” durante tres periodos a partir del día en que alguien no coopere”. El “castigo al no cooperador” significa que el cooperador juega “No cooperar” y el no cooperador juega “Cooperar”. La fase de castigo debe repetirse si el que no cooperó también se desvía del castigo.

Estigma

En una comunidad, no siempre se encuentran los mismos individuos en una interacción tipo dilema del prisionero. Es posible que hoy se encuentren A y B, mañana B y C, pasado mañana A y C, luego C y D y así sucesivamente. En estos casos las estrategias anteriores no funcionan, pero otras adaptadas a la situación sí funcionarán si en la comunidad se observa el comportamiento de los demás: cada vez que dos juega, se observa qué hacen, a quien coopera siempre que no sea una situación de castigo se le etiqueta como “cooperador” y al que no lo hace, como “no cooperador”. Ahora la estrategia de cada individuo en la comunidad puede ser: “cooperar frente a un cooperador y no cooperar (situación de castigo) frente a un no cooperador”. Esta estrategia será de nuevo, equilibrio y fomenta la cooperación.

El camino abierto a la mayor capacidad cognitiva

Podemos seguir complicando la situación y así todo encontrar estrategias que permitan la cooperación, que serán también más complicadas. Reducir el periodo de castigo, no castigar sino al que no coopera, volver a la cooperación una vez el castigo ha sido suficiente, tomar nota de quién es cooperador y quién no, tomar nota de quién ha sido perdonado, tomar nota de quién ha participado en los castigos y quién no,… Todo esto requiere de habilidades cognitivas cada vez más complicadas, y esto nos puede decir algo acerca de la evolución.

En la medida que haya ganancias posibles de la cooperación y de diseñar bien la estrategia para recuperar la cooperación o para castigar lo menos posible, ocurrirá que los seres vivos que desarrollen un aparato cognitivo complejo que les permita desarrollar esas estrategias tendrán un beneficio extra respecto a otros seres vivos sin esas capacidades.

Frente a la visión de la evolución como un proceso impredecible, este simple hecho permite anticipar por lo menos una progresión: cada vez aparecerán más especies con estrategias que permitan captar mejor las ganancias por cooperar y por tanto con sistemas cognitivos y sociales más complejos. No quiere decir que todas las especies evolucionen de esa manera ni que se llegue necesariamente al desarrollo de la inteligencia humana o algo parecido, sino que algunas especies acabarán llenando el nicho de la adaptación mediante la cooperación y que eso requerirá de cada vez mayor complejidad.

Esto no tiene nada que ver con dotar a la evolución de una teleología ni, a fortiori, con interpretar como éxito, cumbre o destino lo que se acerca a ese objetivo definido por esa teleología. Simplemente en un proceso evolutivo hay tendencia a que algunos seres vivos (no necesariamente  todos) ocupen nichos para los que se requiere cierta complejidad estratégica. Esta puede ser una guerra armamentista, el desarrollo de nuevos órganos o, como he señalado en esta entrada, la capacidad cognitiva.

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Hace cinco años en el blog: Así está la cosa (1).
Hace tres años en el blog: Impuestos: las deducciones y el votar con los pies.
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jueves, 14 de julio de 2016

¿Qué información hace falta para cooperar? (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de junio en Mapping IgnoranceDebe leerse la primera parte para entender esta.


Todo lo anterior ha sido estudiado de manera teórica y experimental. Sin embargo, la mayoría de experimentos en reputación se han diseñado en un escenario sin ruido donde, para cada individuo, la reputación consiste en sus acciones pasadas, una información que está inmediatamente disponible para el resto de individuos. En momentos más recientes, algunos experimentalistas han explorado qué ocurre cuando la reputación se conoce de manera imperfecta (con ruido). Esto ocurre, por ejemplo, cuando tras cada interacción, los individuos son evaluados y esta evaluación no es un registro automático de las acciones llevadas a cabo, sino de otra información, como cuando asignamos más o menos estrellas a una película).

Este es el enfoque que usan Masclet y Pénard (2012) [1], donde los autores usan un juego de confianza repetido con un momento adicional en el que los participantes evalúan a sus parejas, y en el que las evaluaciones (no las acciones) son conocidas por todos. Con este diseño experimental analizan cómo afectan a la cooperación distintos sistemas de evaluación. Encuentran que las evaluaciones están fuertemente correladas con los niveles de inversión. La confianza es mayor en los tratamientos en los que los participantes se evalúan simultáneamente, y cuando se evalúan secuencialmente los participantes usan evaluaciones negativas como medio de perjudicar a los participantes que les dieron evaluaciones también negativas.

Más recientemente, Greiff y Paetzel (2016) [2] esta idea, pero en lugar de analizar cómo cambia el comportamiento según las evaluaciones, estudian qué clase de información sobre las evaluaciones es relevante para fomentar la cooperación. En su experimento, los participantes se emparejan de manera aleatoria y anónima. En el experimento cada participante empieza con una asignación de tres unidades monetarias y debe decidir cuántas de estas unidades usar para contribuir a una inversión pública y cuántas guardad para una inversión privada. La inversión privada multiplica el dinero por un factor de 4, mientras que la pública lo hace por un factor de 6 (que luego se divide entre los dos socios). Por ejemplo, si el Jugador 1 se queda con una unidad para si inversión privada (y contribuye con 2 para la pública), y el Jugador 2 se queda con 2 unidades para su inversión privada (y contribuye con una para la pública), la inversión pública producirá 6x(2+1) = 18. De esta manera el Jugador 1 ganará 13 (4 de su inversión privada y 9 de la pública); y el Jugador 2 ganará 17 (8 y 9). En este juego, los individuos pueden ganar hasta 18 cada uno si ambos contribuyen sus tres unidades a la inversión pública. Esta es, sin embargo, una decisión de riesgo, puesto que cualquier jugador puede estar tentado a no invertir nada en la parte pública y ganar 21 (12 de la privada y 9 de la pública), aprovechándose de la contribución pública del otro jugador. En el experimento los individuos se emparejan de esta manera 15 veces. Al final de cada encuentro, los individuos deben evaluar al oponente. Antes de cada nuevo encuentro los individuos conocen cómo ha sido evaluado el oponente, pero no qué decisiones tomó en el pasado. El experimentos se desarrolla en tres tratamientos separados. En uno, los individuos también saben las evaluaciones que se les ha otorgado a ellos, mientras que en otro tratamiento, no. En el tercer tratamiento, el grupo de control, no se les da ninguna información.

Los autores proponen y confirman tres hipótesis:
  1. Contribuciones más altas reciben mejores evaluaciones.
  2. Los participantes contribuyen más cuando se emparejan con un individuo con mejores evaluaciones.
  3. En el tratamiento en el que los individuos conocen también su propia evaluación, el efecto en 2. Es mayor para los participantes cuya evaluación es buena.
La hipótesis tercera muestra un resultado novedoso. A pesar de que los resultados experimentales detectan más contribuciones cundo se da información sobre el oponente (hipótesis 2), el aumento real en contribuciones con respecto al grupo de control ocurre cuando la información sobre la propia evaluación también es conocida. Esto significa que, en contraste con lo que ocurre en un escenario sin ruido, un participante no puede inferir su propia reputación a partir de sus acciones pasadas. La explicación que proponen los autores es que la información acerca de la propia evaluación facilita la cooperación condicional al influir en las creencias de segundo orden: para cooperar, necesito saber no solo que yo soy un cooperador, sino que los demás saben que los soy.

Referencias:

1. Masclet, D., y Pénard, T. 2012. Do reputation feedback systems really prove trust among anonymous traders? An experimental study. Applied Economics 35, 4553–4573.

2. Greiff, M., y Paetzel, F. 2016. Second-order beliefs in reputation systems with endogenous evaluations – an experimental study. Games and Economic Behavior 97, 32–43.

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Hace cinco años en el blog: Demasiado grandes para caer.
Hace tres años en el blog: Sobre Economía e ideología.
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martes, 12 de julio de 2016

¿Qué información hace falta para cooperar? (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de junio en Mapping Ignorance.


Al contrario de lo que ocurre con los mercados competitivos, hay muchos casos de situaciones económicas en las que un comportamiento racional y egoísta no implica una asignación eficiente de los recursos. Un ejemplo es la financiación de los bienes públicos. Pongamos que a unos vecinos se les pide contribuir para la construcción de un parque de una hectárea (10.000 m2) en el barrio. Si el coste de construirlo es 100.000€ y debe ser sufragado a partes iguales entre los 100 vecinos, cada uno debería pagar 1.000€. Si, además, cada vecino valora el parque en más de 1.000€, entonces la construcción es una inversión eficiente. Ahora bien, si los vecinos no están obligados a pagar esos 1.000€ y solamente se les pide una contribución voluntaria, el parque no se construirá o, por lo menos, no en ese tamaño. Cada vecino pensará: “Si todos contribuyen, mi aportación solo cambiará la extensión del parque de 9,990 m2 a 10.000 m2. El parque será solo marginalmente menor si me ahorro mi aportación. Si nadie contribuye, mis 1.000€ solo darán para 10 m2. En cualquier caso, prefiero no contribuir. Diez metros cuadrados adicionales no me compensan los 1.000€ que me cuestan”. Este es el problema del “polizón”. El argumento “si todo el mundo piensa como tú, perderemos una oportunidad de estar todos mejor” no funciona para resolver el problema, puesto que no cambia la manera en la que los demás piensan. Esta es la razón por la que la obligatoriedad del pago de impuestos se respalda con la fuerza de la ley. El ejemplo es, también, una versión de la famosa paradoja del dilema del prisionero.

¿No hay maneras de escapar a esta lógica? De hecho, hay muchas. Algunas requieren una interacción repetida, de manera que el análisis lógico cambie. En una situación repetida, los individuos pueden pensar de la siguiente manera: “De acuerdo, empezaré contribuyendo, y seguiré haciéndolo en el futuro mientras todo el mundo haya estado cooperando en el pasado. En caso contrario dejaré de contribuir”. Ahora hay un incentivo para contribuir: mantener la producción de los bienes públicos deseados; y hay también un castigo para los polizones: si no contribuyes, los demás tampoco lo harán y tú también te verás perjudicado por la ausencia de bienes públicos.

Podemos complicar el problema de muchas maneras. En la solución anterior, el castigo es demasiado severo. Una vez que alguien dejó de cooperar, el castigo es para siempre y, además, afecta tanto al polizón como a quien se comportaba de manera cooperativa. Es posible suavizar el problema haciendo que la fase de castigo dure solamente unos pocos periodos. Otra complicación surge si el conjunto de vecinos cambia con el tiempo, o si el conjunto de interacciones no involucra a todos los vecinos cada vez. Hoy, A, B y C se enfrentan a un problema de bienes públicos que solo les afecta a ellos tres. Mañana, una situación semejante se produce entre D y E. Al día siguiente hay otra entre B, D y F, y así sucesivamente. Si el comportamiento de cada vecino es perfectamente conocido por el resto, y si todos los vecinos esperan verse involucrados en este tipo de interacciones en el futuro, entonces está en el interés de cada uno mantener la reputación de ser cooperativo, de manera que cuando se encuentren dos o más vecinos con un registro de haber sido cooperativos, la cooperación se podrá mantener.

Continúa aquí.

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Hace cinco años en el blog: La trama de la SGAE.
Y también: Las propiedades emergentes.
Hace tres años en el blog: Odiosa comparación (5).
Y también: Sobre las becas universitarias.
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martes, 5 de abril de 2016

Negociaciones formales frente a las informales (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de marzo en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


En el modelo de negociación descrito en la primera parte, los autores primero consideran el caso de polarización débil, que ocurre cuando el statu quo es preferido al punto de desacuerdo por todos los jugadores. En este caso el resultado del acuerdo coincidirá con las preferencias del jugador mediano, el Jugador 2. Para ver esto nótese que el Jugador 1, el que quiere disminuir el presupuesto, aceptará mantenerlo puesto que, de no aceptar una disminución menor que Y, el Jugador 2 siempre podrá acordar con el Jugador 3 un aumento menor que esa cantidad Y. Un argumento similar sirve para mostrar que el Jugador 3 también aceptará mantener el presupuesto.

El segundo caso es el de fuerte polarización. Esto ocurre cuando no hay ningún acuerdo entre el mejor punto para el Jugador 1 y el statu quo que sea preferido al punto de desacuerdo por los jugadores 1 y 2, porque uno de los dos debe ceder demasiado para atraer al otro. Lo mismo ocurre entre los jugadores 2 y 3. En este caso, el resultado será el punto de desacuerdo.

Finalmente, la polarización puede ser moderada. En este caso el punto de desacuerdo es preferido al statu quo para los jugadores 1 y 3, pero hay espacio para el acuerdo entre los jugadores 1 y 2 o entre los jugadores 2 y 3. En este caso no hay un equilibrio claro, puesto que para cualquier posible acuerdo siempre podemos encontrar que hay dos jugadores que preferirían cambiar a otro punto: considérese que los jugadores 2 y 3 llegan a un acuerdo que está a mitad de camino entre el statu quo (mantener el presupuesto) e incrementarlo en B euros, que es el punto preferido del Jugador 3 (es decir, el acuerdo es subirlo en X=B/2). Esta situación puede ser mejorada por los jugadores 1 y 2 eligiendo un punto más cercano al statu quo, pero con una disminución del presupuesto. Con polarización débil este proceso continuaría con acuerdos cada vez más cercanos al statu quo, pero con una polarización moderada los jugadores 1 y 3 preferirán el punto de desacuerdo antes que el statu quo, de manera que este no tiene por qué ser el resultado. Tampoco lo tiene por qué ser el punto de desacuerdo, puesto que, a partir de él, los jugadores 2 y 3 preferirán el punto X (o algún otro intermedio entre las posturas de ambos jugadores) al desacuerdo, algo que no ocurre en el caso de fuerte polarización, y de esta manera volvemos a empezar el círculo, siempre con dos jugadores dispuestos a votar en contra de cualquier acuerdo. 

En suma, una polarización débil mantiene el statu quo y una polarización fuerte lleva al desacuerdo, mientras que una polarización moderad puede resultar en cualquier cosa. En otras palabras, con un procedimiento formal de negociaciones, la polarización daña al jugador mediano. 

En cuanto al procedimiento informal, los autores eligen una situación en la que los jugadores pueden hacer cualquier oferta en cualquier momento a cualquiera de los otros jugadores. En estas circunstancias, y para cualquier polarización de las preferencias, cualquier resultado entre una reducción del presupuesto por la cantidad A y un aumento por la cantidad B pueden ser un equilibrio, como también lo puede ser el desacuerdo. 

Tras detallar la teoría, los autores la ponen a prueba en el laboratorio. De acuerdo con la predicción, en los experimentos el jugador mediano está significativamente peor con bajos niveles de polarización. Sin embargo, en contraste con el resultado teórico, más polarización perjudica al jugador mediano, incluso cuando la polarización es débil. Los resultados sugieren que esto se debe a consideraciones de equidad dentro de las coaliciones. Con el tiempo, la competición entre coaliciones parece atenuar tales consideraciones y el jugador mediano aprende a explotar su poder de negociación en su beneficio y así verse menos perjudicado por la polarización. 

El segundo y más importante resultado es que la formalidad importa. Teóricamente es difícil analizar los efectos de la formalidad, puesto que la negociación informal tiene como principal característica el imponer muy pocas restricciones estratégicas a los negociadores. El jugador mediano del experimento está significativamente mejor con un procedimiento informal sin reglas que delimiten los momentos para presentar o aceptar y rechazar ofertas. Los resultados del tratamiento informal son más a menudo el ideal del jugador mediano y significativamente menos un compromiso entre el jugador mediano y uno de los otros dos. Parece que el procedimiento informal da al jugador mediano más flexibilidad para explotar su mejor posición negociadora. El resultado confirma la observación casual de que los jugadores con mejor posición negociadora prefieren una menor regulación de las negociaciones a la vez que requiere el desarrollo de modelos de negociación que expliquen este hecho. 

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Hace cinco años en el blog: Prejuicios económicos (2).
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sábado, 2 de abril de 2016

Negociaciones formales frente a las informales (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de marzo en Mapping Ignorance.


Cuando compro en un mercado solo tengo que lidiar conmigo mismo, sin importarme si el mercado es competitivo o está en manos de un monopolio. El precio está dado y yo elijo cuánto comprar. En una subasta para conseguir un proyecto que el gobierno saca a licitación pública, cada empresa participante debe anticipar lo que las empresas rivales van a pujar, pero a no ser que se pongan de acuerdo ilegalmente en coludir no hablan entre ellas sobre el tema. Hay, sin embargo, muchas decisiones que deben tomarse tras una negociación entre unas pocas partes, como las decisiones para ponerse de acuerdo en el precio que pagar por un proyecto o para pasar una ley en el parlamento. En estos casos hay a menudo un espacio para el acuerdo en la forma de un precio a medio camino entre las aspiraciones máximas de comprador y vendedor, o de un compromiso sobre el alcance de la ley, y por eso es que firmamos contratos y aprobamos leyes votadas por coaliciones de diferentes partidos. Hay también espacio para una diversidad de preferencias sobre los posibles acuerdos, y por eso seguimos usando la expresión latina quid pro quo en estas situaciones.

Típicamente, la manera de estudiar los problemas de negociaciones es a través de un proceso de negociación bien definido. El problema es que hay muchos procedimientos entre los que elegir. Los jugadores pueden alternar ofertas y contraofertas de una manera pre-especificada o pueden hacerlo de manera aleatoria, los acuerdos pueden requerir unanimidad o algún tipo de mayoría, el procedimiento puede tener una ronda final, no tener un final definido o terminar con cierta probabilidad, o también el tamaño del pastel que repartir puede disminuir con el tiempo o permanecer fijo, solo por mostrar algunas posibles variaciones. Las buenas noticias son que aún así los modelos presentan ciertas regularidades. Por ejemplo, ser impaciente o mostrar aversión al riesgo hace perder poder de regateo, y el jugador que tenga la capacidad de hacer una última oferta del tipo “lo tomas o lo dejas” tendrá normalmente una posición ventajosa. Además, el no saber los beneficios y costes de los demás jugadores retrasará el momento del acuerdo.

En este contexto, de Groot et al. (2016) [1] introducen un elemento nuevo. Los autores estudian los efectos de tener un procedimiento de negociación informal frente a uno formal, y lo hacen de manera teórica y experimental. Primero consideran una situación en la que tres jugadores deben negociar el nivel de una variable. Por ejemplo, pueden ser partidos que deben ponerse de acuerdo en aumentar, disminuir o mantener el gasto dedicado a un programa gubernamental. Un único partido no puede tomar la decisión, pero cualquier coalición de dos puede hacerlo. Además, si no llegan a un acuerdo acabarán en un mal punto de desacuerdo (por ejemplo, el programa deberá desmantelarse, algo que ninguno quiere). Pare el Jugador 1 el mejor resultado es reducir el presupuesto por, digamos A euros, y a partir de ahí evalúa cada otro posible resultado según lo lejos que esté de esa reducción, tanto por exceso como por defecto. De manera similar, el Jugador 2 prefiere que no haya cambios en el presupuesto, mientras que el Jugador 3 prefiere un incremento en el presupuesto de B euros, y también estos jugadores evalúan los posibles resultados según la distancia a su política preferida.

Como procedimiento formal, los autores eligen un modelo de ofertas alternas, en concreto el usado en Baron y Ferejohn (1998) [2], y muestran cómo el resultado cambia dependiendo de la polarización de las preferencias de los jugadores. En cuanto al procedimiento informal, los autores eligen una situación en la que los jugadores pueden hacer cualquier oferta en cualquier momento a cualquiera de los otros jugadores. Veremos los resultados en la siguiente entrada.

Referencias:

[1] de Groot Ruiz, A.;  Ramer, R. y Schram, A. 2016. Formal versus informal legislative bargaining. Games and Economic Behavior 96, 1–17.

[2] Baron, D.P., y Ferejohn, J. 1989. Bargaining in legislatures. American Political Science Review 83, 1181–1206.

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martes, 7 de abril de 2015

¿Cumple su parte el Comercio Justo? (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de marzo en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


El segundo método examina un panel de productores a lo largo del tiempo, en lugar de fijarse en una sección para un periodo de tiempo, y estudia los precios obtenidos por el productor antes y después de recibir la certificación de Comercio Justo. Usando esta estrategia, Dragusanu y Nunn (2014) [10] encuentran un sobreprecio, aunque más pequeño que el 30% mencionado antes, pero no encuentran un incremento de las cantidades vendidas.

El tercer método estudia qué clase de productores es más atraído por el certificado. La evidencia sugiere que los productores con menos experiencia, educación y menores ingresos son más propensos a adquirir el certificado, según dos estudios realizados en Costa Rica (Sáenz-Segura y Zúñiga-Arias, 2009 [11]) y Perú (Ruben y Fort, 2012 [9]). De confirmarse, esta relación negativa podría indicar que la relación causal encontrada en los estudios anteriores podría estar infra estimada.

¿Es sostenible a largo plazo el mayor ingreso?

De acuerdo con el Análisis Económico, si la demanda de productos con la etiqueta de Comercio Justo es constante, a medida que más productores obtienen el certificado cada uno obtendrá una menor proporción de los beneficios. La entrada ocurrirá hasta que los beneficios sean los justos para compensar por los costes de la certificación. Esta disipación de rentas no ocurrirá, al menos, no completamente, si hay algunas barreras a la entrada. Por otra parte, la completa disipación de rentas no tiene por qué significar un fracaso del Comercio Justo, puesto que otros resultados, como las mejoras de las condiciones de trabajo, sostenibilidad y las relaciones de largo plazo, también se extienden con la entrada a la certificación. No hay estudios empíricos para comprobar cuál es el caso en este aspecto dinámico del Comercio Justo, pero los análisis teóricos muestran un dilema para las agencias certificadoras: por una parte, desean extender la etiqueta lo más ampliamente posible, pero a la vez desean también imponer algún tipo de límite a la entrada para evitar la disipación de rentas

¿Ofrece el Comercio Justo estabilidad financiera?

La evidencia parece indicar que el beneficio de lazos a largo plazo entre productores y compradores sí se observa, con la excepción de los compradores ligados a un mercado (importadores que venden a Starbucks, Nestlé o Cosco, por ejemplo), que a menudo rehusan comprar a cooperativas que solicitan créditos. Bacon et al. (2008) [12] muestran que el 77% de los agricultores con el certificado de Comercio Justo declaran que sus cooperativas les proveen de crédito antes de la cosecha, en comparación esto solo ocurre en el 33% de los agricultores en cooperativas convencionales. Méndez et al. (2010) [13] ofrecen un buen caso a favor de la hipótesis de que la certificación de Comercio Justo efectivamente causa acceso al crédito al poder usar como control agricultores con certificación orgánica que no tiene provisiones sobre acceso al crédito.

¿Mejoran la gobernanza y las instituciones?

La evidencia empírica en este tema es limitada y ofrece resultados dispares. Algunos estudios muestran que los productores certificados se identifican con su cooperativa en mayor medida que los no certificados (Ruben y Fort, 2012 [9]), mientras que otros encuentran justo lo contrario (Elder et al., 2009 [14]) o ninguna diferencia. Más aún, algunos autores encuentran que un número importante de productores para cooperativas de Comercio Justo no sabían nada acerca del sobreprecio, incluso muchos de los que sí sabían, pensaban que no estaban recibiendo ningún beneficio por ello. Evidencias posteriores muestran que los trabajadores contratados por cooperativas certificadas no reciben un salario mayor en comparación con los trabajadores para cooperativas convencionales o que el salario es solo marginalmente superior (Jaffe, 2009 [15]).

Un último objeto de estudio tiene que ver con las externalidades positivas de la certificación. Los agricultores no certificados se pueden beneficiar del Comercio Justo si el sobreprecio recibido por los certificados beneficia a la comunidad en forma de educación, servicios médicos, infraestructuras o incluso en la reducción del poder de mercado de los intermediarios. De momento la existencia de estos efectos es especulativa, con solo alguna evidencia preliminar que muestra un ingreso más alto en los productores no certificados debida a la presencia de productores certificados en un área de Costa Rica (Dragusanu y Nunn, 2014 [10]).

Referencias:

9. Ruben, R., and Fort R. 2012. The Impact of Fair Trade Certification for Coffee Farmers in Peru. World Development 40(3), 570–82.

10. Dragusanu, R., and Nunn N. 2014. The Impacts of Fair Trade Certification: Evidence from Coffee Producers in Costa Rica. Unpublished paper. Harvard University.

11. Sáenz-Segura, F., and Zúñiga-Arias, G. 2009. Assessment of the Effect of Fair Trade on Smallholder Producers in Costa Rica: A Comparative Study in the Coffee Sector. In The Impact of Fair Trade, edited by Ruerd Ruben, 117–35. Wageningen: Wageningen Academic Publishers.

12. Bacon, C.M.; Méndez,V.E., Flores Gómez, M.E.; Stuart, D., and Díaz Flores, S.R. 2008. Are Sustainable Coffee Certifications Enough to Secure Farmer Livelihoods? The Millennium Development Goals and Nicaragua’s Fair Trade Cooperatives. Globalizations 5(2), 259–74.

13. Méndez, V.E.; Bacon, C.M.; Olson, M.; Petchers, S.; Herrador, D.; Carranza, C.; Trujillo, L.; Guadarrama-Zugasti, C.; Cordón, A., and Mendoza, A. 2010. Effects of Fair Trade and Organic Certifications on Small-Scale Coffee Farmer House- holds in Central America and Mexico. Renewable Agriculture and Food Systems 25(3), 236–51.

14. Elder, S.D.; Zerriffi, H., and Le Billon, P. 2012. Effects of Fair Trade Certification on Social Capital: The Case of Rwandan Coffee Producers. World Development 40(11), 2355–67.

15. Jaffee, D. 2009. “Better, But Not Great”: The Social and Environmental Benefits and Limitations of Fair Trade for Indigenous Coffee Producers in Oaxaca, Mexico. In The Impact of Fair Trade, edited by Ruerd Ruben, 195–222. Wageningen: Wageningen Academic Publishers. 

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viernes, 3 de abril de 2015

¿Cumple su parte el Comercio Justo? (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de marzo en Mapping Ignorance.



Raluca et al. (2014) [1] proporcionan un repaso de los estudios económicos que tienen que ver con el funcionamiento de las certificaciones de Comercio Justo. El resumen se centra en la industria del café, con diferencia el producto más importante en la etiqueta Comercio Justo. En este artículo resumo sus principales conclusiones.

El fin de la certificación Comercio Justo es mejorar las vidas de los pobres en los países en desarrollo ofreciendo mejores condiciones a los productores. Los principales instrumentos son el recargo en el precio pagado a los productores que obtienen la certificación y la relación de largo término entre compradores y vendedores, lo que implica una estabilidad financiera. A cambio, el productor debe adherirse ciertas prácticas: usar el mayor precio para invertir en la comunidad, mejorar las condiciones de los trabajadores, favorecer asociaciones como las cooperativas y usar algunos estándares medioambientales. A pesar de que el número de productos certificados sigue creciendo, en 2011, las exportaciones de café con la etiqueta Comercio Justo apenas representaba el 1,8% de las exportaciones mundiales de café.

El certificado se concede por alguna organización privada (la mayoría pertenecientes a Fairtrade International), y el productor debe pagar por la solicitud, la certificación inicial y las tarifas de renovación de la certificación. La justificación de la iniciativa Comercio Justo es que provee información creíble al consumidor. Si un número de consumidores tienen preferencias por las prácticas de producción promovidas por Comercio Justo y están dispuestos a pagar un precio más alto por ello, y los productores están dispuestos a producir de esa manera, entonces una certificación creíble puede facilitar transacciones beneficiosas para ambas partes que de otra manera no ocurrirían.

Hay, sin embargo, una preocupación acerca de si el Comercio Justo tiene sentido económico y de si es sostenible en el largo plazo. Por ejemplo, el economista especializado en desarrollo Paul Collier (2007, p. 163) [2] escribe “[Los agricultores con certificación de Comercio Justo] reciben caridad mientras sigan produciendo las cosechas que les han atrapado en la pobreza”. El semanario The Economist (2006) [3], a su vez, escribe: “tal vez la mayor objeción al Comercio Justo es que es una manera ineficiente de hacer llegar el dinero a los productores pobres”.

Los estudios incluidos en Raluca et al. proporcionan alguna evidencia sobre si los objetivos del Comercio Justo se cumplen realmente, pero no tienen mucho que aportar acerca de los efectos a largo plazo o sobre si en verdad son una manera ineficiente de ayudar a los productores pobres.

¿Tienen los consumidores preferencias por Comercio Justo?

Mediante el uso de encuestas y experimentos de campo, la evidencia empírica muestra que muchos consumidores efectivamente muestran preferencias por productos con la etiqueta de Comercio Justo. Si una variedad de café tiene la etiqueta tiene también más ventas, y los consumidores están dispuestos a pagar por ella un sobreprecio de hasta el 23% ((e.g., Herter et al., 2009 [4], Hainmueller et al., 2011 [5] y Hiscox et al., 2011 [6]). En la parte teórica, dadas estas preferencias, la certificación voluntaria mejora el bienestar agregado.

¿Reciben los productores precios más altos?

Todos los estudios están de acuerdo en que los productores con el certificado de Comercio Justo reciben precios más altos que los agricultores convencionales, con una diferencia a favor del orden del 30%, pero la evidencia necesita de un análisis más cuidadoso para inferir causalidad. Si el certificado de Comercio Justo selecciona mejores productores, la dirección causal puede ser la contraria. Los estudios más recientes usan tres metodologías distintas para resolver el problema. La primera usa métodos de emparejamientos, y comparan cada agricultor certificado con agricultores que tienen características similares que son observables (educación, edad, tamaño familiar y especialización, entre otras). Con este método, Beuchelt y Zeller (2011) [7] muestran que los productores de café en Nicaragua sí reciben mayores precios cuando están asociados a cooperativas certificadas con la etiqueta de Comercio Justo. Por el contrario, Fort y Ruben (2009) [8] no encontraron diferencias significativas para las cooperativas en Perú.

(Continúa aquí)

Referencias:

1. Dragusanu, R.; Giovannucci, D., y Nunn, N. 2014. The Economics of Fair Trade. Journal of Economic Perspectives 28(3), 217–236.

2. Collier, P. 2007. The Bottom Billion. New York: Oxford University Press.

3. Economist, The. 2006. Voting with Your Trolley. Diciembre.

4. Hertel, S.; Scruggs, L., y Heidkamp, C.P. 2009. Human Rights and Public Opinion: From Attitudes to Action. Political Science Quarterly 124(3), 443–59.

5. Hainmueller, J.; Hiscox M.J., y Sequeira S. 2011. Consumer Demand for the Fair Trade Label: Evidence from a Field Experiment. Artículo no publicado.


7. Beuchelt, T.D., y Zeller M. 2011. Profits and Poverty: Certification’s Troubled Link for Nicaragua’s Organic and Fairtrade Coffee Producers. Ecological Economics 70(7), 1316–24.

8. Fort, R., y Ruben R. 2009. The Impact of Fair Trade Certification on Coffee Producers in Peru. En The Impact of Fair Trade, editado por Ruerd Ruben, 75–98. Wageningen: Wageningen Academic Publishers.

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martes, 10 de marzo de 2015

La Economía y la ética de las emisiones de carbono (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de febrero en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


2. Internalización de las externalidades. Una de las acciones de una sociedad bien gestionada consiste en internalizar las externalidades. Pongamos que se estima que las emisiones no deben exceder la cantidad X en un año. Si la sociedad emite X bonos de emisiones y requiere que quien libere al ambiente una unidad de emisiones haya comprado un bono, entonces el precio de mercado de los bonos reflejará el coste social de las emisiones. Sin un mercado de emisiones, ni las empresas ni los individuos pagarían el coste social de sus emisiones y deberían una compensación. Con el mercado de emisiones este efecto negativo se internaliza y los individuos en esta sociedad bien gestionada pueden vivir sus vidas sin necesidad de compensar más daños. El mercado de emisiones estará haciéndose cargo del problema. Otros mecanismos alternativos, como el impuesto por contaminar pueden tener el mismo efecto.

3. Sociedades no bien gestionadas. Como en el caso de la tragedia de los comunes o el de la contaminación, el problema de las emisiones de carbono tiene la estructura de un dilema del prisionero. Mis emisiones añaden muy poco al total, mi decisión de reducirlas o eliminarlas afectan muy poco a los demás, pero yo pago todo el coste si las compenso. Mi acción no resuelve el problema, y cooperar cuando los otros no lo hacen me hace sentir ridículo. Muchos filósofos han analizado este tipo de problemas sin encontrar una norma ética clara que aplicar (véanse Hardin, 1968 [3] y Kuhn, 2009 [4]).

4. Las emisiones de CO2 no pueden ser desdeñadas éticamente. Es imposible declarar que las emisiones individuales caen dentro de la excepción de minimis, dado que pueden llegar a ser de hasta 10.000$ para el americano medio a lo largo de su vida. Hay un daño y se requiere una compensación. ¿Cómo compensar las emisiones? Para empezar, los individuos no saben cuánto compensar y, cuando quieren, no saben hacerlo de una manera eficiente. De hecho, cuando lo intentan, lo hacen de una manera extremadamente ineficiente (Victor, 2010 [5], Wara y Victor, 2008 [6], Aldy y Stavins 2012 [7], IPCC Fifth Assessment, Mitigation 2014, capítulos 13 y 15 [8]). Además, si un individuo compra una compensación en un país donde no hay un límite de emisiones (p.e., en el Chicago Climate Exchange, antes de que se declarara en bancarrota), en lugar de beneficiar a quien sufre el daño por el cambio climático, benefician a los responsables de las emisiones, para quienes ahora emitir es más barato. Finalmente está el tema sobre cómo resolver el valor relativo de nuestra dedicación a compensar emisiones comparado con otras externalidades importantes, como el hambre en el mundo, la pobreza o la guerra.

5. Métodos eficientes de compensar nuestras externalidades. Si las acciones individuales son un método muy malo para compensar emisiones, estas no deberían proponerse como la solución ética al problema que causan. Entonces, ¿cuál es la solución ética apropiada? Nodhaus sugiere un enfoque multilateral. Es computacionalmente imposible asegurar un balance neutro en la contabilidad de cada externalidad dada la cantidad y complejidad de acciones que tomamos cada día. Por el contrario, sería relativamente simple tomar una compensación global una vez que se ha determinado un monto razonable a los daños de nuestras acciones.

Para desarrollar este enfoque, Norhaus propone un experimento mental en el espíritu del velo de la ignorancia de Rawls: en la sociedad B la gente compensa sus daños cada vez que incurre en una externalidad. Como esto es muy ineficiente se dilapidarán muchos recursos en costes de transacción y de cálculo y, aún así, no habrá garantía de que se hagan los cálculos correctos. En la sociedad M la gente estima todos los daños y compensa a los grupos afectados (p.e., cuando se emiten bonos para poder realizar emisiones contaminantes o de efecto invernadero y los individuos pagan un precio para adquirir el bono). En estas condiciones, si uno no sabe si causará un daño o deberá ser compensado, ¿qué sociedad elegiría? Entonces, la gran pregunta ética es: si tenemos que dedicar nuestras acciones a la construcción de la sociedad B o la sociedad M, ¿dónde estarían mejor empleados los limitados recursos de que disponemos como individuos?

Referencias

1. Nordhaus, W. 2014. The Ethics of Efficient Markets and Commons Tragedies: A Review of John Broome’s Climate Matters: Ethics in a Warming World. Journal of Economic Literature 52(4), 1135–1141.

2. Broome, J. 2012. Climate Matters: Ethics in a Warming World. New York: W. W. Norton and Company.

3. Hardin, G. 1968. The Tragedy of the Commons. Science 162, 1243–48.

4. Kuhn, S. 2009. Prisoner’s Dilemma. In Stanford Encyclopedia of Philosophy. Spring 2009 edition.

5. Victor, D.G. 2010. The Politics and Economics of International Carbon Offsets. In Modeling the Economics of Greenhouse Gas Mitigation: Summary of a Workshop, 132–42. Washington, D.C.: National Academies Press.

6. Wara, M. W., and Victor, D.G. 2008. “A Realistic Policy on International Carbon Offsets.” Stanford University Program on Energy and Sustainable Development Working Paper 74.

7. Aldy, J.E., and Stavins, R.N. 2012. The Promise and Problems of Pricing Carbon: Theory and Experience. Journal of Environment and Development 21(2), 152–80.

8. Intergovernmental Panel on Climate Change. 2014. Climate Change 2014: Mitigation of Climate Change.

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