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lunes, 31 de diciembre de 2018

No matar una discusión, sino transformarla.

Estos consejos vendrán bien para la tertulia de la cena de hoy y para sobrellevar 2019, que os deseo muy feliz. Los tuití hace un par de días y los recojo aquí para que no se me pierdan y con el propósito de recobrar el blog que lo he abandonado estos últimos meses.


1/8
Pensando en esas conversaciones cuya deriva deja de interesar y en las que uno quiere reconducir el tema o llevarlo a otro más atractivo, @palala63 y un servidor hemos desarrollado estas últimas sobremesas una estrategia que ahora comparto para vuestro beneficio.

2/8
La clave es la disyunción lógica, una de cuyas proposiciones más importantes es: p -> (p V q). En paladín: que se cumpla la proposición p implica que se cumple también la proposición que consiste en decir "p o q".

3/8
A los niños les cuesta entenderlo. De pequeñas, a mis hijas les decía que yo tenía en la mano un caramelo o un elefante y nunca me creían. Eso tal vez explique el caso que me hacen ahora, pero me estoy desviando.
4/8
Pongamos que el interlocutor se pone a hablar de fútbol y tú quieres hablar de repostería. No tienes más que decir: "ya que has sacado el tema del fútbol o la repostería, tienes que probar la auténtica Sachertorte”.

5/8
Sirve también si estás en una rueda de prensa y te presionan. Aunque muchos políticos lo hacen, queda feo decir: "es que la pregunta no esa sino esta otra que me conviene más".

6/8
Es mucho mejor decir: "Me alegro que me pregunte por mis problemas con Hacienda o por mis gustos musicales. Le confieso que soy un fan de Vainica Doble".

7/8
Si el interlocutor no entiende (o eso finge) y replica: "¡pero si yo estaba hablando de las elecciones andaluzas!", con displicencia contéstale: "no seas niño, si eres tú quien ha sacado el tema de las elecciones o la ortografía".

8/8
Y ahora, a practicar. Ya me diréis.

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Hace cinco años en el blog: Sobre ciencia y Economía.
Y también: ¿Es inconsistente la idea de progreso moral?
Y también: Un tirón de orejas a Mario Bunge (con todo el cariño).
Y también: Cómo escribir bueno.
Hace tres años en el blog: Lo que cuesta dejar las ideas preconcebidas por los datos.
Y también: El terrorismo islamista. Not in my name.
Y también: Matar una discusión (4). Mi postura es como los derechos humanos.
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lunes, 3 de julio de 2017

Matar una discusión (7): «¿Estás comparando el tocino con la velocidad?»


Estás intentando explicar un fallo en una argumentación y, para hacerlo más patente, pruebas con un ejemplo que te parece más claro. ¿Qué puede salir mal? Al parecer, mucho.

Sabemos que si llueve las calles se mojan. Alguien ve la calle mojada y dice que ha llovido. «No tiene por qué», respondes, pero no convences. Tras mucho explicar dices que de «A implica B» no se puede deducir que «B implica A», de «Si llueve, se mojan las calles» no se puede deducir que «Si las calles están mojadas es porque ha llovido», lo mismo que de «Si alguien es hombre, entonces es mortal» no se deduce que «Si alguien es mortal entonces es hombre», puesto que puede ser una mujer. Llegados a este punto, tu contertulio dirá «¿Estás comparando a la lluvia con los seres humanos?». Bueno, seguramente no, nadie sería tan bruto. Todo el mundo entiende que la analogía que trae el ejemplo está en la forma del argumento, no en el contenido. Sin embargo algo muy parecido pasa a menudo.

Por ejemplo, en numerosas ocasiones he dicho que los supuestos en Economía son simplificaciones para desarrollar modelos tratables y que permitan estudiar una cuestión. El Homo economicus sería una simplificación para estudiar algunos mercados lo mismo que el tratar los planetas como puntos en el espacio lo es para estudiar sus posiciones relativas. Una y otra vez, me contestan «¿Cómo puedes comparar la Economía con la Física?» Cuando aseguro que en ningún momento he hecho eso me señalan que he puesto las dos cosas en un mismo párrafo. Como si hubiera sido yo, y no mis contertulios, quienes han confundido la lluvia con los seres humanos.

¿Hace falta que ponga otro ejemplo o se me dirá que estoy confundiendo el modus ponens con el realismo de los supuestos? ¿O tal vez que no me entero y que planteo una falsa disyuntiva?

El lector avispado se habrá dado cuenta que este tipo de confusión mental tiene su vuelta de hoja. Ocurre cuando alguien te quiere convencer de A y lo pone en analogía con B, que es algo de lo que ya estás convencido. Por ejemplo, «El mercado no busca la justicia, por lo tanto el mercado es malo». Te han metido en la misma frase «mercado» y «no justicia» y ahora te toca a ti ser el malo de la película y decir que «el chocolate tampoco busca la justicia». Para entonces tu contertulio ya no atenderá razones, hinchado de superioridad moral.

(Se admiten comentarios con más ejemplos de este tipo de diálogo de besugos.)

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Hace cinco años en el blog: Sobre el nacionalismo (3).
Y también: Cuando cierro los ojos veo neoliberales.
Hace tres años en el blog: Vivir con la imperfección en ciencia y en política.
Y también: Elección de alcalde a dos vueltas.
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sábado, 30 de abril de 2016

Matar una discusión (6): pido detalles y no doy ninguno


Es sabido que twitter no es país para debates profundos, particularmente si una parte desdeña los datos y el método científico. A pesar de ello, de vez en cuando uno provoca o se mete en uno de ellos. Todo empeora si aparecen varios contertulios más y se hace imposible seguir ningún orden. Con todo, algo se aprende; por ejemplo, a detectar unas pautas en la manera extraña de razonar de algunos. Una constante suele ser la de pedir minuciosas respuestas a muchas preguntas y luego no contestar ninguna. Otra también recurrente es la preocupación por pillar en falso al oponente (¿ha dicho esto en vez de esto otro?) en lugar de aclarar si una afirmación sobre el tema de discusión es cierta o no. Aquí va un resumen de una larga lista de tuits.

Todo empieza con unos tuits en que informo de un curso de economía marxista en la Complutense, no como curiosidad histórica, sino como herramienta para analizar los problemas de la economía moderna. Lo comparo con estudiar Reiki e ironizo sobre cómo algunos entienden la actualización de la economía al retroceder 150 años. Aquí.
-Yo: 1/3 En la Complutense se ofrece un curso (con diploma y todo) sobre economía marxista, pero no como curiosidad histórica, no,... 
-Yo: 2/3 ... sino como actualización del análisis económico moderno para explicar la economía actual. http://www.economiacritica.net/?p=2497 
-Yo: 3/3 Si os queréis actualizar en economía retrocediendo siglo y medio, podéis tirar 600 euros en ese curso.
Me contestan algunos reivindicando el marxismo porque tiene cosas que ofrecer. Digo que el marxismo como teoría económica es incoherente y no explica la realidad. Se siguen lugares comunes que nada aportan a la cuestión (que si nadie lo hace, que si todo es ideología) hasta que me preguntan por eso de que es inconsistente. (Aquí):
-Interlocutor: Y @JL_Ferr ¿con qué "intentos fallidos" estás familiarizado? Gracias. 
-Yo: Desde Sraffa a los que me enseñaron algunos profes marxistas en la carrera en la asignatura de planificación (muy chapucera).
Este tuit recoge la inconsistencia de la teoría del valor trabajo, sin la cual la teoría de Marx se queda sin sustento y los intentos de hacer un sistema económico en el que no haya plusvalías, algo que Marx ni siquiera intentó, pero que tras él muchos sí lo intentaron. Con esto intentaba recoger las dos críticas a mi entender más directas a la teoría económica marxista. Para mi sorpresa, el debate continúa así. (Aquí):
-Interlocutor: No. Sraffa no intentó hacer una "teoría económica basada en Marx". 
-Yo: Empezó con la teoría del valor trabajo en que se basaba. No lo consiguió. No pasó de ahí.
Mi interlocutor prefiere que la discusión sea sobre qué quiso hacer Sraffa en lugar de sobre si su trabajo efectivamente muestra la incoherencia teórica del marxismo, que es de lo que se trata. Tras reconfortarse con argumentos de que Sraffa no quiso hacer eso, a pesar de que su trabajo lo implicara sigue:
-Interlocutor: Has mencionado "todas los intentos [de elaborar teorías económicas basadas en Marx] fueron fallidos" ¿cuáles son los otros? 
-Yo: También te he contestado. Añade los de la "Temporal single-system interpretation"
Añado algún intento moderno de mostrar algo de coherencia en la teoría marxista, intento que pasó sin pena ni gloria, pero tampoco agrada a mi interlocutor, que desdeña estos ejemplos como válidos:
-Interlocutor: Recapitulando: al parecer los "intentos fallidos" son Sraffa y "los de la TSSI" (incompatibles, el 1º era fisicalista, pero bueno) 
-Yo: Para recapitular sería + fácil si muestras dónde hay una teoría económica marxista coherente y q explique los datos de la realidad 
-Interlocutor: Sí, y en 140 caracteres. "Que explique los datos de la realidad", así, en plan concreto. 
-Interlocutor: Lo que me estás pidiendo es que te presente una teoría QUE TU COMPARTAS, cuando lo que yo digo es que no es necesario que la... 
-Interlocutor: ...compartas para que sea objeto de debate, que es lo que tú negabas en el primer twit.
Después de pedirme detalles, mi interlocutor no da ninguno. Vaya manera de matar una discusión. Por supuesto, hubo quien lo entendió al revés y creyó que era yo el que no contestaba cuando le pregunté a mi interlocutor sobre la coherencia de la teoría marxista, pero esas cosas ya ni sorprenden.

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Hace cinco años en el blog: El alemán inefable.
Hace tres años en el blog: Sobre el criterio de falsabilidad.
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lunes, 25 de enero de 2016

Matar una discusión (5): Lo que no entiendo lo llamo como quiero.


De un debate sobre el consenso en Economía:
-Interlocutor: Vamos que ese grupo de economistas que publican en revistas de impacto y se citan unos a otros, me recuerda cada vez más a ese grupo de dirigentes de la ICAR que en el siglo ¿III? decidieron cuales eran los evangelios verdaderos y cuales los apócrifos. 
-Yo: No sé si te das cuenta, pero esta crítica que haces la podrías hacer para las revistas de física o de medicina. Lo que es mejor no se decide porque sí. Hay primero una adscripción al método científico y luego las revistas van decantándose según aporten conocimientos en el uso del método. También me explayo sobre esto aquí. Así es en todas las disciplinas. No sé por qué te parece mal que sea así en Economía. 
-Interlocutor: La diferencia, está en que la validez de los enunciados de física o de medicina, no se determina por el consenso entre físicos o médicos (cada consenso en su materia específica) 
-Yo: En toda ciencia el consenso está en la aceptación del método científico y de las proposiciones que se logren establecer con el método. En cualquiera de esos dos colectivos (los que publican en Nada es Gratis y los autores de Els Opuscles del Crei) hay simpatizantes de IU, PSOE, PP, CiU, PNV y otros partidos. El que puedan ponerse de acuerdo gente de tan diversa ideología en realizar divulgación de ideas y propuestas comunes muestra las bondades de adscribirse al método científico.
-Interlocutor: Lo que demuestra es que son apolíticos de derechas, sin más.
En honor a la verdad, no eran siempre los mismos interlocutores a quienes respondía en este debate. El último era un troll resabidillo que, sin saber ni de Economía ni de sus métodos, se dedicaba a soltar frases no más ingeniosas que la de esa muletilla. ¿Qué decir a eso? Mejor dejar que los testigos vieran la flagrante contradicción entre el argumento que se ofrece y la conclusión que saca.

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Hace cinco años en el blog: Más errores de Vicenç Navarro.
Y también: La ortografía que viene.
Y también: Suicidio homeopático.
Hace tres años en el blog: Odiosa comparación (4).
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jueves, 3 de diciembre de 2015

Matar una discusión (4). Mi postura es como los derechos humanos.


Hace unas pocas semanas tuve una discusión sobre cómo abordar el tema de los copagos. No es un tema que me parezca urgente (el sistema de salud es de lo que mejor funciona en España), pero sí es un tema que me parece que ayuda a exponer de una manera didáctica algunos prejuicios. En su día hablé de esto con detalle, hoy querría hacer hincapié en un argumento muy peculiar que salió en la discusión. Fue así:
-Yo: El copago puede liberar recursos para atender a los más enfermos. Ya sabes a priori que no compensa? Yo, no.
-Interlocutor: eliminar las elecciones puede liberar recursos para atender a los más enfermos. Ya sabes a priori que no compensa? 
-Yo: Ya te he dicho que no lo sé. Por eso insisto en que discutir así carece de sentido. 
-Interlocutor: yo habría respondido "jamás me plantearía eliminar las elecciones para ahorrar" :( 
-Yo: Porque sabes que hay más consecuencias que el dinero que se ahorra con la organización de elecciones.
-Interlocutor: no lo sé, lo "intuyo" (según usted). 
-Yo: Creo que sabes lo suficiente sobre cómo son gobernados los países con y sin elecciones democráticas.
Este es un tipo de razonamientos que encuentro de vez en cuando. Para justificar una postura apriorística sobre un tema, se pone al nivel de los derechos humanos o de cualquier otra posición moral completamente aceptada y que, por tanto, ya no se debate. La discusión fácilmente muere con estas apelaciones a lo sagrado. Por una parte, quien la hace, a su entender se arropa de una alta moralidad, y será muy difícil que acepte que ese no es el caso. Por la otra parte se requerirá una laboriosa argumentación para (i) mostrar que el caso que nos ocupa no tiene el nivel de derecho humano ya discutido y decidido en un sentido y (ii) que incluso los derechos humanos son susceptibles de un análisis coste-beneficio en los que el derecho sale muy airoso.

Voy a detenerme en el punto (ii) anterior. Sospecho que la renuencia a hacer un análisis coste-beneficio de los derechos humanos se debe a que se piensa que no debería importar cómo sale ese análisis. Por costoso que sea, queremos el derecho. Quien así piensa no se da cuenta que si a pesar de todos los costes, lo preferimos es porque le vemos muchísimas más ventajas. Y si no tuviera esas ventajas, seguramente sería porque en ese caso no seríamos seres humanos. Por ejemplo, ocurre que estamos dispuestos a renunciar a muchas ventajas materiales a condición de ser libres. Una sociedad en la que los individuos renuncian a la libertad en pos de esa eficiencia material sería una sociedad de hormigas o una sociedad como los Borg de Star Trek, no una de seres humanos. No le tengo miedo al análisis coste-beneficio, me ayuda a aclarar por qué quiero las cosas y me ayuda a apreciarlas mejor.

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Hace tres años en el blog: El Homo oeconomicus.
Hace cinco años en el blog: El acoso a la deuda española.
Y también: ¿Cambiamos sobres?
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viernes, 19 de diciembre de 2014

Matar una discusión (3). No cuestiono aquello con lo que estoy de acuerdo.


En una ocasión de tantas en que converso sobre si la Economía es una ciencia e incluye proposiciones objetivables o si (casi) todo en ella es ideología, mi interlocutor, que tiraba más bien por esto último, me saca como prueba un artículo periodístico. La discusión siguió así:
-Interlocutor: Joer, acabo de leer un artículo de Jordi Muixí Rosset, que no sé si será tachado de magufo igual que Vincent Navarro, pero que le viene al pelo a esta discusión: http://elpais.com/elpais/2012/03/02/opinion/1330696540_144641.html 
-Yo: Me encanta el espíritu crítico con el que se aceptan o rechazan las cosas. Lo que no sé es qué tiene que ver todo esto con la conversación sobre si la Economía es una ciencia. 
-Interlocutor: ¿No sabes qué tiene que ver? ¿No iniciaste tú un debate acerca de si se podía considerar ciencia a la Economía? Pues mira por donde, en el artículo dice literalmente:
“De lo mucho que se ha hablado hasta ahora de la crisis económica hay dos aspectos que resultan sorprendentes: el tratamiento de la economía como una ciencia pura que no admite discrepancias y su carácter aséptico, desvinculado de cualquier ideología.”
Que viene a coincidir bastante con lo que tú defiendes en ese debate. Supongo que el que ha escrito el artículo también es un magufo, aunque dice en él verdades como catedrales de grandes. Pero nada, tú sigue intentando convencernos del tratamiento de la economía como una ciencia pura que no admite discrepancias, de su carácter aséptico y desvinculado de cualquier ideología. 
-Yo: Lo que veo es que estás aceptando acríticamente cada frase del texto. Y no, yo no he dicho en ningún lugar que no haya discrepancias. He dicho que hay consensos en unas cuantas cosas, y que están basados en el mejor hacer científico, desde gente de izquierdas (Roemer, Krugman,..) hasta gente de derechas (Mankiw, Friedman,...). Fuera del consenso hay discrepancias, algunas académicas, otras, ideológicas. Posiciones contrarias a ese consenso no están basadas en nada. Esas son las que he denunciado de Navarro. Ahora tú entiende lo que quieras. 
-Interlocutor: Eso de que lo acepto acríticamente, ¿lo intuyes o tienes constatación experimental y científica de ello? 
-Yo: Constato que lo has difundido como relevante sin criticarlo. 
-Interlocutor: En cuanto a lo de criticar el artículo... ¿por qué tengo que criticar algo con lo que estoy plenamente de acuerdo?
Este es el punto en que la discusión está muerta. Me dieron ganas de contestar "porque el que tú estés de acuerdo con algo no es el criterio por el que se validan las afirmaciones" o algo por el estilo. Normalmente dejaría aquí la conversación, con esa pregunta antiescéptica resonando en los oídos de todos los que nos estuvieran oyendo y que sabrían entender esto tan sencillo sin que lo tuviera que hacer explícito. En lugar de eso añadí esto, que más suave:
-Yo: No tienes que hacerlo si no quieres, pero se esperarían razones para sostener cada una de las afirmaciones. Tú verás con lo que quieres estar de acuerdo. Pensaba que éramos escépticos.
Tampoco que importara. La conversación no siguió. Ya estaba muerta.

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Hace cinco años en el blog: El teorema de Dostoyevski y el libre albedrío.
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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Matar una discusión (2). Comparo lo que me da la gana.


En marzo del pasado año publiqué una entrada en torno a unas propuestas sobre ciencia en Izquierda Unida. Señalaba que eran una iniciativas positivas, pero que una de ellas contenía varias frases que chirriaban, y que hacían hincapié en el uso de la ciencia y la tecnología al servicio de su proyecto político. Discutí sobre eso no solo en el blog, sino en otros foros, de donde saco la manera de matar una discusión de uno de mis contertulios, que mantendré en el anonimato.
-Yo: "En la propuesta de IU cambiemos IU por Partido Conservador (o cualquier otro), así como el intercambio de los papeles privado/público y quedaría así (reproduzco solo los puntos objeto de debate):
  • Explorar las ventajas que aportan la ciencia y la tecnología al proyecto conservador de Partido Conservador en sanidad, educación, agricultura, cooperación internacional, desarrollo sostenible, energía, industria, relaciones pacíficas entre los Estados, comercio justo, participación ciudadana…
  • Denunciar el dirigismo estatal de la ciencia y luchar por su descentralización en la iniciativa privada para el avance científico de toda la sociedad.
  • Elaborar textos y propuestas sobre ciencia y tecnología y sus aplicaciones en el proyecto conservador de Partido Conservador para su inclusión en los programas electorales.
Hubiera sido mucho mejor si la propuesta simplemente dijera que Izquierda Unida promoverá la difusión de la ciencia y que solo tendrá en cuenta propuestas políticas que no entren en contradicción con el conocimiento científico y sus aplicaciones (medicina, agricultura, telecomunicaciones,...). En lugar de eso se hace excesivo hincapié en el uso de la ciencia y la tecnología al servicio de un proyecto político. En principio podría ser lo mismo, pero no me lo parece. Si a alguien no se lo parece, ¿por qué chirrían los puntos anteriores si sustituimos Izquierda Unida y su proyecto por otro? 
-Interlocutor: Muy sencillo: porque aunque te empeñaras en ello, socialismo y conservadurismo (o liberalismo) no son opciones iguales ni simétricas, ni siquiera igualmente aceptables desde un punto de vista racional. Y esto es así porque el proyecto socialista de unos pocos pretende favorecer a todos (aunque pueda no estar bien diseñado o pensado), mientras que el proyecto conservador de unos pocos pretende favorecer a un grupo pequeño y ya favorecido de antemano, si bien pretendiendo que favorece a todos (¡es decir, partiendo de un engaño de base!). Así que una frase que incluya el sintagma "proyecto socialista" y que parezca aceptable a una mayoría informada muy probablemente dejará de parecerle aceptable si esta es sustituida por el sintagma "proyecto conservador". 
-Yo: La utopía socialista, como la conservadora, puede estar llena de buenas intenciones. El proyecto, las políticas que se proponen para llevarla a cabo son otra cosa. A menudo hacen lo contrario de lo que quieren. ¿Dónde está establecido que las políticas de determinado proyecto socialista (porque haber, hay muchos más que uno) es lo más racional? ¿Qué evidencias empíricas o teóricas tienes de que su proyecto funcionará mejor que cualquier otro gobierno? Por supuesto, diré lo mismo de cualquier otro intento de decir que tal otro partido (PP, PSOE, UPyD, CiU, PNV, ER, BNB,...) tienen también el proyecto más racional así, en general. Y por eso es, sin más detalle, pura apreciación ideológica, que se escapa de lo que buenamente podemos hacer como escépticos. Podemos criticar una determinada propuesta si se basa en mala ciencia o es contraria a la buena ciencia. También podremos criticar la corrupción y los latrocinios varios, claro. 
-Interlocutor: Esa mayor está negada en el texto al que respondes (¡!). Pero claro, si te saltas lo importante, evitas tener que modificar tu argumento. Repito, por si alguien le interesa: [...] el proyecto socialista de unos pocos pretende favorecer a todos (aunque pueda no estar bien diseñado o pensado), mientras que el proyecto conservador de unos pocos pretende favorecer a un grupo pequeño y ya favorecido de antemano, si bien pretendiendo que favorece a todos (¡es decir, partiendo de un engaño de base!). Por supuesto, siempre que te saltes a tu conveniencia la explicación racional y sigas aplicando una oportuna simetría, lo que te quedará es la tranquilidad de poder elegir lo que quieras, puesto que para ti todo será ideología indistinguible. Yo prefiero no autoengañarme para mantener mis creencias.
A partir de aquí decidí no continuar. ¿Qué más se puede añadir? Yo propongo comparar cosas comparables: lo que dice un partido frente a lo que dice otro, la utopía de un partido frente a la utopía de otro, o lo que hace un partido frente a lo que hace otro. Mi contertulio propone comparar la utopía de un partido frente a lo que él cree que hará otro y tacha mis comparaciones de oportuna simetría. Yo estimo que todos los que asisten al debate con mente abierta se habrán dado cuenta de la falta de rigor de mi contertulio y eso es lo que importa. Para los obcecados ideológicamente no hay mucho más que decir, que no está en mi ánimo convertir a nadie.

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Hace tres años en el blog: Los sesgos cognitivos (3).
Hace cinco años en el blog: La pena de muerte.
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lunes, 27 de octubre de 2014

Matar una discusión (1). A mí me gusta así.

No descubriré nada nuevo al lector si digo que he tenido muchas discusiones en muchos foros: listas de correo, blogs, mesas redondas, barras de bar,... A menudo ocurre que alguna de las partes mete un argumento (por decir algo) que supone, en efecto, el fin de la discusión. Y lo es no porque no se pueda seguir hablando, sino porque evidencia una manera de poner las cosas en las que se renuncia a unas reglas que se deben mantener en cualquier buen debate. Cuando en la conversación hay más gente oyendo o leyendo, suelo dejarla en ese punto. Creo que es suficiente para que quienes han seguido la discusión se den cuenta de qué argumentos son válidos y cuáles no. Seguir la conversación no añadirá nada positivo: no convencerá al interlocutor y lo que pudiera servir de aclaración por mi parte se mezclará con la sensación de estar llevando la conversación por descalificaciones que no vienen al caso. Pondré algún ejemplo aquí, al que espero añadir alguno más en entradas posteriores. Diré el pecado, pero no el pecador.


En este primer ejemplo hablábamos de bancos públicos y privados y en particular de la nacionalización y posterior privatización en casos como Bankia. Copio literalmente extractos de la discusión:
-Interlocutor: Cualquier cosa que haga una empresa privada la puede hacer una pública. Si además tiene trato preferente lo será más.
-Yo: Lo de que cualquier cosa que haga una empresa privada lo puede hacer una pública (y viceversa) es cuestionable. 
-Interlocutor: Es ideológico. 
-Yo: Si hablas de posibilidades físicas, desde luego, pero en Economía importan mucho los incentivos para tomar las decisiones rentables. La gracia de un buen diseño del sistema económico es alinear los incentivos individuales con los sociales. La clave es cómo se hace mejor esto. No es automático que lo haga mejor ni una ni otra ni ambas igual. Habrá que estudiar cada caso y de qué manera, con datos y con buenos modelos explicativos. 
-Interlocutor: No te puedo dar modelos explicativos, pero te puedo asegurar que la banca privada no chuta y es perjudicial para el bien común. 
-Yo: Las cosas funcionan o no porque funcionan o no, y de esto podemos buscar evidencias y dar razón a unos o a otros. Las cosas no funcionan por ideología. La banca privada ha funcionado bien en algunas circunstancias (ha permitido realizar muchísimas inversiones y compras a miles de millones de seres humanos) y mal en otras (ponme aquí todas las que se te ocurran). Decir que es perjudicial así, en absoluto, es una afirmación sin sentido hasta que no se la compara con alguna alternativa. ¿Qué experiencias de bancas nacionalizadas que funcionen mejor tenemos? ¿Qué evidencias de que ahora podamos hacerlo mejor? Yo no me opongo ideológicamente a ella, pero quiero evidencias. 
-Interlocutor: Prefiero la pública.
¿Hay algo que pueda mejorar el parar la discusión aquí y el dejar patente la falta de argumentos del interlocutor sin ser ofensivo? Sé que es muy tentador querer hacerlo, tener la última palabra y todo eso. En mi experiencia (que puede ser mala y sesgada), consigo mejores resultados de esta manera.

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Hace cinco años en el blog: El aborto a los 16 años revisitado.
Y también: El fin y los medios.
Y también: La historia más lúdica jamás contada (10). La quema de las naves.
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