sábado, 24 de octubre de 2009

El fin y los medios


La maquiavélica expresión de que el fin justifica los medios es una manera de hablar de alguien que supedita todo a un fin concreto, sin reparar en los costes que para sí o para los demás tiene el llegar a ese fin. Ganar una guerra o una revolución justificaría millones de muertes, por ejemplo.

Cuando alguien me pregunta si yo creo que el fin justifica los medios, el economista que hay en mí siempre contesta que depende de qué fin y qué medios. Los fines que tiene uno en mente siempre son variados y suelen ser del tipo de respuestas de Miss. Universo: la paz en el mundo, la igualdad de los seres humanos, la felicidad para todos, el trabajo, la prosperidad, la educación, la libertad y la salud universales,… El problema está, como siempre, en que estos objetivos suelen ser incompatibles entre sí y que cada uno tenemos una idea distinta de cuánto de un objetivo estamos dispuestos a renunciar a cambio de llegar más allá de algún otro. Para esto no hay una solución única dictada por ninguna razón moral, hay preferencias de cada ser humano.

Si el perseguir el objetivo A en un momento determinado implica renunciar en parte al objetivo B tenemos un doble efecto en la función objetivo, la que marca los fines. El renunciar al objetivo B puede entenderse como un medio para conseguir el fin A, pero ambos objetivos son parte de los fines.

¿Cuáles son, entonces, los medios? Los medios son los mecanismos por los cuales los seres humanos nos interrelacionamos. En los ámbitos económicos, el mecanismo puede ser un sistema de mercado, un monopolio, una subasta, un sistema de decisión centralizada, una regulación de un mercado, un sistema de impuestos, … Cada uno de estos mecanismos, en un ámbito determinado (el de la provisión de bienes privados o públicos, con o sin generación de externalidades, con abuso o no de posición dominante, con problemas o no de información…), producirá unas consecuencias determinadas en la lista de objetivos de Miss. Universo. Esas consecuencias son las que debemos evaluar, no el mecanismo particular que lleva a ellas.

Sin embargo, suele suceder que un grupo ideológico está encariñado por algún tipo de mecanismo que propone en cualquier situación. Para algunos, el mercado lo resuelve todo. Para otros es el Estado quien es omnipotente. Para unos el mecanismo que homogeniza derechos y deberes aquí y en Constantinopla es el no va más, para otros el respeto a las tradiciones is the way to go. Seguro que las cosas hoy en día no son tan extremas, pero aún así, tenemos este tipo de actitudes. Se dice, por ejemplo, que cobrar por entrar con el coche al centro de las ciudades es injusto porque sólo los ricos podrán pagárselo, o que el Estado no debe interferir en la decisión de asegurarse de los ciudadanos porque atenta contra la economía de mercado. Estas son preferencias sobre los mecanismos, y no sobre los objetivos.

Puede ser que no esté bien cobrar por entrar a la ciudad ni imponer un seguro obligatorio (o sí), pero no lo será por las razones expuestas. Habrá que ver cómo afectan a las cosas que realmente nos interesan. Si no, será difícil ponerse de acuerdo.

En definitiva, que cuando uno se encariña demasiado con un mecanismo (o con uno solo de los fines, sin poner en perspectiva lo que pasa con los demás), sea por tradición nacionalista, por revelación religiosa o por adscripción ideológica, lo tendrá más difícil para ponerse de acuerdo con los demás y vivir en sociedad. A no ser que los demás compartan sus cariños, claro.

miércoles, 21 de octubre de 2009

El aborto a los 16 años revisitado

Hace algunas semanas que señalé la poca relevancia de planteamientos apriorísticos para legislar si debe ser la menor de 16 0 17 años o sus padres quienes puedan decidir sobre abortar o continuar el embarazo de la menor. Argumentos como “si puede tener relaciones sexuales y casarse, puede decidir si abortar” o “si los padres tienen la patria potestad deben decidir” son bastante inútiles. ¿Cuál aplicamos? Dada la contradicción de los distintos principios, sugería que miráramos la situación según las preferencias de la chica a los 18 años. ¿Cómo? Hice una explicación verbal que ahora voy a apoyar con algo más de rigor.

Pongamos que se decide que la menor de edad sea autónoma en su decisión. Pueden ocurrir cuatro cosas:

  1. La menor prefiere abortar y, al cumplir la mayoría de edad, se ratifica.
  2. La menor prefiere abortar, pero al cumplir la mayoría de edad se arrepiente.
  3. La menor decide continuar el embarazo y, a los 18 se ratifica.
  4. La menor decide continuar el embarazo y, a los 18 se arrepiente.

Mediante encuestas, podría ser posible estimar cuántas chicas que se quedaron embarazadas entre los 16 y 17 años están en cada situación. Pongamos que las probabilidades de cada caso son P1, P2, P3 y P4, respectivamente (estos cuatro números han de sumar la unidad).

Ahora viene lo más difícil. Habrá que hacer una estimación del grado de satisfacción o insatisfacción de la chica ya mayor de edad. Para no cargar las palabras de demasiado significado, llamemos utilidad a este concepto. Sea U(A,A) la utilidad que la mayor de edad deriva del hecho de haber abortado cuando esa es su preferencia ahora. Sea U(A,NA) la utilidad de haber abortado cuando ahora se arrepiente. Sean, finalmente U(NA,A) y U(NA,NA) las utilidades de no haber abortado cuando se arrepiente y cuando se ratifica, respectivamente.

Con este planteamiento la utilidad esperada de la mayor de edad al dejar que la menor tome la decisión será:

U(decide la menor) = P1xU(A,A) + P2xU(A,NA) + P3xU(NA,A) + P4xU(NA,NA)

Si ahora hacemos lo mismo para el caso en que decidan los padres, tendremos nuevamente cuatro posibilidades:

  1. Los padres deciden el aborto y, al cumplir la mayoría de edad, la joven se muestra de acuerdo con lo decidido. 
  2. Los padres deciden el aborto, pero a los 18 años la chica muestra su disconformidad.
  3. Los padres deciden que no aborte y, a los 18, la chica está conforme.
  4. Los padres deciden que no aborte y, a los 18, la chica se muestra disconforme.

Ahora tendremos nuevas probabilidades de ocurrencia de cada uno de estos casos, sean Q1, Q2, Q3 y Q4, respectivamente. Como antes, la utilidad esperada de la chica mayor de edad en este caso será:

U(deciden los padres) = Q1xU(A,A) + Q2xU(A,NA) + Q3xU(NA,A) + Q4xU(NA,NA)

De qué manera la ley provocará el menor daño (o la mayor utilidad de la joven mayor de edad) depende de los valores relativos de las probabilidades P’s y Q’s y de la valoración de la joven mayor de edad de cada uno de los casos posibles. No hay apriorismos en este tratamiento. Hay un deseo de que se respeten las preferencias de la mayor de edad, que es la persona que, según la ley, tiene la capacidad de decisión. Como la ley no sabe las preferencias futuras de cada menor deberá buscar la manera de causar el menor daño.

Así, si:

P1=0,4, P2=0,1, P3=0,1 y P4=0,4

Q1=0,3, Q2=0,2, Q3=0,1 y Q4=0,4

U(A,A) = U(NA,NA) = 1

U(A, NA) = U(NA, A) = 0,

Tendremos que

U(decide la menor) = 0,4x1 + 0,1x0 + 0,1x0 + 0,4x1 = 0,8

U(deciden los padres) = 0,3x1 + 0,2x0 + 0,1x0 + 0,4x1 = 0,7.

Por el contrario, si las probabilidades Q cambian a

Q1=0,4, Q2=0,2, Q3=0 y Q4=0,4

y las utilidades son como antes, excepto que ahora U(A, NA) =0,5, tendremos:

U(decide la menor) = 0,4x1 + 0,1x0,5 + 0,1x0 + 0,4x1 = 0,8

U(deciden los padres) = 0,4x1 + 0,2x0,5 + 0,1x0 + 0,4x1 = 0,9.

Si, es un ejemplo, los estudios estadísticos, psicológicos, etc. muestran que la realidad se asemeja al primer caso, convendría que la ley dejara la opción a la menor. Si los estudios muestran que se asemeja al segundo caso, es otro suponer, debería dejar la opción en manos de los padres.

domingo, 18 de octubre de 2009

Concierto para vascos. Segundo movimiento.

El Concierto Económico Vasco tiene su origen en 1876, con la abolición de los fueros tras la tercera guerra carlista. Recordemos que España, como muchos países europeos, se formó con la unión de distintos territorios más o menos independientes legados tras la larga historia medieval. España se unió antes que la mayoría de los países europeos, lo que no quiere decir que superara las tensiones territoriales antes.

Aquí y allá algunos pueblos se sentían, con o sin razón, más o menos favorecidos en el proceso. Algunos territorios se unieron por conquista, otros lo hicieron de buena gana, otros se unieron en el entendimiento de que se respetaba cierta autonomía. La historia es larga. Lo que hoy es la Comunidad Autónoma Vasca perteneció la mayor parte del tiempo a la Corona de Castilla, como territorios cuyas leyes debía jurar el rey castellano. Esta situación era cómoda para ambas partes. Los vascos estaban a gusto en ella. Su entendimiento era que pertenecerían a la Corona de Castilla mientras se respetaran sus fueros. Navarra, por el contrario, fue conquistada (y no toda) en 1512. Con todo, a pesar de perder esa guerra, se le permitió conservar también algunas de sus leyes.

El siglo 19 fue el siglo en que se intentaron llevar a la práctica política las ideas de la Ilustración, de la razón y el siglo que vio el nacimiento del liberalismo político y económico. La convivencia en un territorio de distintas leyes y de aduanas internas suponía una rémora al desarrollo. Las teorías modernas del Estado requerían una unificación territorial y de derechos. Estos procesos pueden hacerse por las buenas o por las bravas. En Francia se hizo por las bravas, con una Revolución. Salió bien, porque tras ella se impuso un ideal republicano que consiguió el apoyo mayoritario de la población. Los respetos a los derechos individuales y la educación universal prevalecieron sobre los derechos asociados a los territorios o a los estamentos sociales.

En comparación, el caso del Reino Unido se hizo algo más por las buenas, con las distintas Acts of Union, aunque en el caso de Irlanda se empezó con mal pie, al no dejar que los católicos pudieran estar en el parlamento. Aunque la cosa fue mejorando, el daño ya estaba hecho.

En España hubo líos desde el comienzo. Primero con la invasión francesa y luego con las guerras carlistas. Perdieron los carlistas tres veces, se derogaron los fueros y se volvieron a recuperar para derogarse definitivamente tras la última de las guerras, pero el temor a nuevas confrontaciones hizo que se mantuviera algo de autogobierno, en forma de Concierto Económico.

No es que los carlistas fueran nacionalistas, sino que eran tradicionalistas y encontraron apoyo entre quienes pensaban que la pérdida de sus fueros suponía una merma de sus libertades. Algo de razón no les faltaba, en el campo del País Vasco y Navarra, y en general en el norte y el levante, la pérdida de la libertad de testar, por poner un ejemplo, ponía en peligro el sistema de explotación tradicional, al tener que dividir la poca tierra entre todos los hijos. En las ciudades no se percibían este tipo de problemas y nunca fueron carlistas.

En contra de lo que pasaba en Francia, no hubo un ideal republicano al que agarrarse. En contra de lo que pasaba en el Reino Unido, no hubo un acuerdo de unión, sino uniones por matrimonio real, invasiones napoleónicas, guerras y conquistas (por no hablar de la independencia de las colonias americanas). En suma, tuvimos un siglo 19 demasiado inestable y una ausencia de ideal común como en Francia o en el Reino Unido. Aprovechando algo del espíritu unificador tras la experiencia de la guerra de independencia y con algo de tiempo las cosas podían haber empezado a funcionar, y en la mayor parte del país así fue, aunque con bastante frustración tras la derogación de la constitución liberal. En el País Vasco y Cataluña la centralización se percibía de otra manera por parte de la población. Tampoco es el único país donde las cosas no se hicieron bien por esas épocas. La independencia de Bélgica con los flamencos un tanto ninguneados es otro ejemplo. Tenemos ejemplos más recientes en los países formados tras la disolución de los imperios Austro-Húngaro y Otomano.

El cambio de siglo, sumando ciertas tendencias románticas a incomodidades históricas, llevó el nacionalismo al País Vasco, Cataluña y a Galicia. Los excesos verbales de Sabino Arana cuajaron bastante en el País Vasco (afortunadamente se fue apartando el tinte racista de aquella nulidad intelectual de hombre). La frágil figura y sentida prosa de Castelao impregnaron mucho el pensamiento galleguista, pero sin canalizarlo en una formación política mayoritaria.

Y así llegamos a la Guerra Civil. A un grupo de militares se les ocurrió que la manera de evitar los excesos, a veces criminales, de algunos grupos políticos en la Segunda República no era ganando las elecciones a un gobierno acaso débil y tolerante con esos grupos, sino encabezar una rebelión, hacer una guerra que causó cientos de miles de muertos y exiliados y tener al país atenazado durante cuarenta años de dictadura (¡y hay políticos en activo que dicen que mereció la pena!). Tras la guerra, Franco declaró a Bizkaia y Gipuzkoa provincias traidoras y derogó sus conciertos, que se mantuvieron en Araba y en Navarra. Tras cuarenta años de dictadura, con la democracia se devolvió el Concierto a esas provincias.

viernes, 16 de octubre de 2009

¿Por qué el aborto?


La Iglesia Católica española ha hecho del aborto su punta de lanza para mostrar su superioridad moral. Otros grupos religiosos en otros países han optado por otras estrategias, algunas realmente espeluznantes (la guerra contra occidente, el creacionismo, …), algunas más sensatas (fomentar la educación, el pacifismo,…).

En España es el aborto. La Iglesia Católica se ocupa de obtener más atención mediática por su postura en contra del derecho al aborto que por su postura en contra de ninguna guerra, más que por instar a curar enfermedades que causan millones de muertos en el mundo, más que por publicitar su postura contraria a la investigación genética.

Contra la guerra de Irak estaba esta iglesia, pero también muchas otras organizaciones, y no religiosas precisamente. Para más inri, ni siquiera ha estado en contra de todas las guerras recientes (estuvo muy a favor de la Guerra Civil española). Así que la guerra no da buena publicidad.

Contra la investigación genética no tiene mucho que hacer. Es un tema que no arrastra pasiones. Poca gente se va a convencer que hay un alma en un cigoto. Gran parte de los cigotos se van, de manera natural, por el retrete, haciendo de la naturaleza y de su dios el más grande abortista. No es un tema para defender sin tener que dar demasiadas explicaciones metafísicas, y la publicidad no se hace con explicaciones metafísicas.

Creyó que oponerse al matrimonio homosexualidad le daría réditos, pero vaticino que no insistirá con tanto ahínco en este tema, en el que las cosas se han aceptado con la mayor naturalidad por la mayoría, y en donde no tendrá nada que rascar.

El aborto le importó nada o muy poco a la religión cristiana hasta tiempos muy recientes. Ni en el Antiguo Testamento, ni en el pensamiento atribuido a Jesucristo, ni en los textos de Pablo de Tarso, ni en los Padres Apologetas se encuentra ninguna alusión a que el aborto sea pecado (y hay alusión detallada a lo pecaminoso de muchas cosas más nimias). No hubo postura oficial hasta 1869, con Pío IX. Sin embargo, hoy se castiga con la excomunión. En honor a la verdad, hay textos de cristianos tempranos que reprueban el aborto, pero lo hacen porque suele ser la manera de ocultar un adulterio, o porque rompía el vínculo entre sexo y procreación (Agustín de Hipona, más conocido por su nominanción cristiana de San Agustín), y no porque fuera homicidio.

Por una parte, la Iglesia Católica actual lo asimila al asesinato (aunque no ha declarado infaliblemente que eso sea así), incurriendo en la contradicción de equiparar un feto sin un sistema nervioso que le permita tener un “yo” a una persona que sí lo tiene. Por otra parte, a pesar de que apenas haya habido ningún caso de condena por aborto fuera de los casos que recoge la ley, nunca ha pedido que haya que equipararlo con las penas que sí se aplican al asesinato (el aborto debería tener la agravante de premeditación). Incurre, de esta manera, en la contradicción de tolerar penas muy distintas por delitos que considera iguales.

Pero el tema toca fibras sensibles. Se pueden mostrar fetos de ocho meses como prueba del horror del aborto antes de los tres meses. También se pueden mostrar imágenes de fetos más tempranos, pero, por impactantes que puedan parecer, son casi indistinguibles de un feto de chimpancé o de delfín, con lo que la argumentación vía impacto emocional puede perder su sentido.

Así, el aborto es prácticamente el único tema en que la Iglesia Católica puede (i) mostrar una postura distinta de la mayoría de los grupos sociales no religiosos, (ii) decir que tiene, en ese tema, una postura de defensa de los derechos humanos mayor que esos grupos y (iii) esperar convencer a alguien de que eso es así y que, por tanto, tiene superioridad moral.

No les deseo suerte.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Concierto para vascos. Primer movimiento.


Tras las elecciones vascas y antes de la votación para la elección de Lehendakari, vaticiné unas cuantas cosas aquí y aquí, la mayoría de las cuales se ha cumplido:

“El PP le dará sus votos sin pedir nada a cambio”: Ni siquiera le ha podido sacar la diputación alavesa.

“No habría grandes cambios en la política educativa y lingüística, solo una suavización de su requerimiento para algunas plazas”: Está sucediendo exactamente eso.

“Habría, sí, algún cambio más sustantivo en la actuación de la Ertzantza”: Esto es lo que hemos observado este verano.

“PSE y PP vasco defenderían el Concierto Económico y las instituciones vascas”: Lo vemos estos días con el apoyo al Concierto.

“Ibarretxe saldría de la escena”: Yo entendía que lo más sensato era que lo hiciera enseguida. No me hizo caso y prefirió esperar hasta la investidura. Una pequeña desviación respecto a mi vaticinio si los agentes seguían lo que yo consideraba la estrategia óptima de cada uno.

En retrospectiva, parecía fácil de decir, pero en su día no se decían estas cosas. Se hablaba de un posible pacto a última hora entre PSE y PNV o de un PP poniendo demasiadas exigencias para su apoyo al PSE. Me alegro de haber acertado por dos razones. La primera, porque a uno le gusta pensar que conoce a su país y que aplica un buen modelo para entenderlo. Lo segundo, porque este curso de acciones es el que me parece más sensato dados los resultados de las elecciones y dado lo que creo que es bueno para el País Vasco a más medio plazo y que, como dije en su día, es la vuelta el entendimiento entre el PNV y el PSE.

Cuando señalaba lo anterior, señalaba también dos acciones suicidas por parte del PNV y del PP. El PNV podía dedicarse a hacer una oposición del tipo PP durante la primera legislatura de Zapatero, eso de que me han robado las elecciones y de no parar de dar caña. El tiempo entre las elecciones y la investidura parecía que podía ocurrir esto. Las aguas, sin embargo están bastante calmadas, discursos del día del partido y algún mitin que otro aparte. Ahora hasta votará los presupuestos en Madrid.

Por su parte, el PP podía haberse puesto exigente y haber colocado a Patxi López en una posición delicada. En el peor de los casos esto hubiera supuesto un acercamiento al PNV o nuevas elecciones. Afortunadamente para el país, el PP vasco está también bastante sensato.

Del PSE indicaba que debía ganarse la abstención del PNV en la votación a Lehendakari. No estaba teniendo en cuanta la particularidad del reglamento de la cámara vasca, que permite que se presenten dos candidatos, así que no hubo manera.

Escribo esta entrada después de meses sin hablar de mi País Vasco. Antes de dejar el tema por otra temporada dedicaré en breve alguna entrada al Concierto Económico Vasco y este blindaje que es noticia estos días, que creo merece claridad y sensatez.

lunes, 12 de octubre de 2009

La Teoría de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 9.

Adam Smith frente a Hobbes

Sin duda, el Leviathan de Hobbes (1651) constituye la obra que culmina una visión negativa sobre la naturaleza del ser humano. La expresión homo homini lupus resume bien esta perspectiva, que alcanza su máxima expresividad en la célebre cita:
“Por tanto, todas las consecuencias que se derivan de los tiempos de guerra, en los que cada hombre es enemigo de cada hombre, se derivan también de un tiempo en el que los hombres viven sin otra seguridad que no sea la que les procura su propia fuerza y su habilidad para conseguirla. En una condición así, no hay lugar para el trabajo, ya que el fruto del mismo se presenta como incierto; y, consecuentemente, no hay cultivo de la tierra; no hay navegación, y no hay uso de productos que podrían importarse por mar; no hay construcción de viviendas, ni de instrumentos para mover y transportar objetos que requieren la ayuda de una fuerza grande; no hay conocimiento en toda la faz de la tierra, no hay cómputo del tiempo; no hay artes; no hay letras; no hay sociedad. Y, lo peor de todo, hay un constante miedo y un constante peligro de perecer con muerte violenta. Y la vida del hombre es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta.”
Después de Hobbes, Locke y, sobre todo, Rousseau (1762) defendieron una visión contraria, más cercana al mito del buen salvaje. Con todo, la alternativa a Hobbes no tiene su obra culminante hasta Adam Smith (1776) y su mano invisible, que explica cómo puede ocurrir que el egoísmo personal no implique una sociedad en la que prevalezca la visión de Hobbes. La cita de Adam Smith no es menos famosa que la anterior de Hobbes:
¨No esperamos nuestro sustento de la generosidad del carnicero, del cervecero o del panadero; lo esperamos del cuidado que ellos tienen en su propio interés. No nos dirigimos a su sentimiento humanitario, sino a su egoísmo, y jamás les hablamos de nuestras necesidades, sino de las ventajas que ellos lograrán. Si exceptuamos a los mendigos, nadie quiere depender fundamentalmente de la generosidad de sus conciudadanos.¨
La Teoría del Equilibrio General es el cuerpo teórico inspirado en las ideas de Adam Smith. El Primer Teorema del Bienestar, que afirma que si se dan una serie de supuestos los mercados competitivos son eficientes, constituye una de las piezas claves de esta teoría. Por supuesto, ni Adam Smith ni los economistas neoclásicos creían que los mercados fueran siempre eficientes.

La Teoría de los Juegos presenta el marco teórico que generaliza el concepto de equilibrio a muchas de las situaciones en las que no se cumplen los supuestos del Primer Teorema del Bienestar. El problema del equilibrio del oligopolio, la negociación sobre las externalidades, el diseño de mecanismos para la provisión de bienes públicos y el tratamiento de la información asimétrica son problemas económicos que encuentran su acomodo natural en la Teoría de los Juegos.

Si hay un modelo de juego que se pueda elegir como arquetipo enfrentado a la mano invisible de Adam Smith, ése es sin duda el dilema del prisionero. Recuérdese que en este juego, la cooperación ofrece un buen resultado para los jugadores, pero que no cooperar (si los demás cooperan) ofrece un resultado todavía mejor a cada individuo. El resultado es que, con este razonamiento, cada uno deja de cooperar y el resultado es malo para todos. Esto es lo que hace que entre todos contaminemos más de lo que querríamos, que seamos menos cuidadosos con el medio ambiente, que no paguemos impuestos si no nos obligan,…

Pasa algo parecido a lo que se señaló en el juego de los conductores:
-Si los demás cooperan, yo mejor dejo de hacerlo. De hecho, si los demás no cooperan, también es mejor que yo deje de cooperar.
-Claro, pero si todos cooperamos estamos mejor que si todos dejamos de cooperar. Si todos pensaran como tú, estaríamos todos peor.
-Pero es que si todos piensan como yo, no voy a ser yo el único tonto que no piense como yo.
Obsérvese que el dilema del prisionero es un juego realmente sencillo. Literalmente son cuatro números. Sin embargo permite reflejar situaciones reales de relevancia y ofrecer un análisis nada trivial. De hecho, el dilema del prisionero subyace a situaciones tan dispares como la formación de cárteles, el exceso de contaminación y la falta de investigación básica en el sector privado.

A riesgo de simplificar demasiado, puede decirse que la Teoría de los Juegos permite, junto con la Teoría del Equilibrio General, aclarar en qué circunstancias funciona la mano invisible de Adam Smith y en cuáles, siguiendo a Hobbes, el humano es un lobo para el humano.

viernes, 9 de octubre de 2009

La Teoría de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 8.

Una noche en la ópera


En otra entrada he hablado del dilema del prisionero, sin duda el juego más famoso de todos los tiempos. Lo vimos en el contexto de la provisión de bienes públicos, de competencia oligopolística, de la tragedia de los comunes, de la contaminación, … , incluso de unos presos sometidos a esta tortura psicológica. Para no repetirme y para no dejar a este juego sin su entrada en la serie de la Historia Más Lúdica Jamás Contada, voy a ilustrarlo con uno de mis ejemplos favoritos: la ópera Tosca, de Puccini.
No, no voy a cantar. Voy solo a recordar el argumento, simplificando mucho. Estamos en los tiempos de las luchas entre realistas y republicanos tras las invasiones del norte de Italia por Napoleón. En el momento de la acción, Roma está en poder de los realistas, pero llegan noticias contradictorias de lo que pasa en el norte. Tosca, de buen ver, es la amada de Cavaradossi, el pintor de iglesias. Hasta ahí todo bien, si no fuera porque casi toda ópera trata, como he leído hace poco en un blog que ahora no recuerdo, de dos que quieren estar juntos pero que no puede ser. En el caso de Tosca, su amado es apresado por ayudar a escapar a un republicano. El jefe de la policía, malo malísimo, es el malvado Scarpia (vaya nombre) que, además de malo (¿ya he dicho lo malo que es?) es lascivo y lujurioso. Sabe de la debilidad de Tosca por su amado (el de Tosca) y sabe que Tosca estaba de buen mirar, así que la llama a sus aposentos y le propone lo siguiente.
-Mira Tosca, al amanecer fusilarán a tu amado. He urdido un plan para que las balas sean de fogueo y entregártelo vivo. Sólo me falta dar la orden.
-¿Por qué tan generoso?
-Porque tú también me entregarás algo a mí.
-No tengo dinero.
-No seas tontita…
Tosca acepta. Scarpia sale para dar las órdenes oportunas. Mientras vuelve, Tosca se fija en un cuchillo de cocina que andaba por ahí y enseguida su mente empieza a pensar:
-Si Scarpia ha dado ya la orden, puedo matarlo para que no dé la contraorden y también para librarme de una experiencia desagradable. Si no ha dado la orden, me libro en cualquier caso de estar con el baboso y me vengo de él. Por otra parte, ¡convertirme en asesina!
Ya habrá adivinado el lector la clase de pensamientos que pasan por la cabeza de Scarpia:
-Si Tosca cede a mis deseos, no tiene sentido que dé la orden. Ella no lo sabrá hasta que todo se haya consumado. Si se arrepiente y I get no satisfaction, con más razón, así me vengo de ella y no me meto en líos.
La situación del acuerdo era relativamente buena para ambos. Tosca se quedaba con su amado vivo al precio de una mala noche y Scarpia pasaba una noche buena a cambio de salvar al pintor. Claro que Tosca prefiere no pasar la noche con él (y para eso tiene que matarlo) y que Scarpia prefiere no meterse en líos (y para eso tiene que matar al amado de Tosca). Pero si ambos sucumben a su racionalidad, terminarán sin amado la una y sin vida el otro.
No quiero arruinar al lector el final de la ópera. Sólo diré que el equilibrio manda sobre el óptimo, como bien dice la teoría. No sé si es “como debe ser”, pero sí que es “como es”.