lunes, 26 de noviembre de 2018

Las malas críticas de la economía ecológica

Lleva el blog un par de meses aletargado. Volvamos a la carga poco a poco. Hace unos días tuití estas cosas, que se leyeron bastante. Aquí las recojo.


Voy a explicar un ejemplo de cómo la Economía moderna se aleja de la Economía Neoclásica, de cómo algunas críticas andan despistadas sobre lo que critican y de cómo pueden aportar constructivamente sin ejercer de adanistas.

Se trata de cómo organizar la economía para tratar temas medioambientales, donde se critica la manera de medir las magnitudes. Mi ejemplo será la creación de un mercado de emisiones de gases de efecto invernadero.

Funciona así: el Estado decide cuántas emisiones se permiten anualmente, y quien quiera emitir una unidad de CO2 a la atmósfera deberá comprar al Estado una unidad de permisos.

De esta forma se garantiza que no se emite más de lo decido. Quienes tienen permisos pueden emitir o pueden venderlos. De esta manera se garantiza que acaban en manos de quien más partido le sacan y que el límite de las emisiones se produce al menor coste para la economía.

Falta un detalle: ¿cómo se decide la cantidad de emisiones? En un análisis neoclásico habría que calcular el coste de emitir una unidad, el de emitir dos unidades, tres,..., un millón, 2 millones,... mil millones,...

Estos costes deben ser la suma de todo lo que le cuesta a cada individuo esas emisiones, tanto en impacto económico directo como en su valoración del resto de impactos medioambientales y en las generaciones futuras.

Esos costes formarían una curva de oferta de derechos de emisiones que, cruzada con la demanda, nos daría la cantidad de derechos y el precio al que se intercambiarán estos.

El problema es doble: por una parte los individuos no tienen por qué tener una idea clara de cuáles son estos costes y, por otra, aunque los supieran, no hay manera de que se puedan conocer por quien vaya a simular ese análisis oferta/demanda.

Incluso es concebible que los individuos prefieran que no se usaran sus estimaciones, por muy bien informadas que estuvieran, sino que se usaran otras que tuvieran en cuenta a las generaciones futuras de una manera distinta a cómo las tenemos en cuenta los individuos.

Por estas razones nadie usa el análisis neoclásico para hacer esta estimación. La crítica a la economía neoclásica por no incluir todos los costes o calcularlos mal es infundada. Los análisis de mercados de emisiones parten de un nivel de emisiones decidido políticamente.

Una buena decisión política deberá considerar estudios medioambientales, ingenieriles, económicos,... pertinentes. Si las llamadas Ecological Economics, Physical Economics,... o alguna otra son capaces de aportar al cálculo del número óptimo de emisiones, adelante.

No habrá ningún conflicto entre ese cálculo y la economía mainstream. Es más, si son correctos, esas nuevas metodologías para realizar los cálculos serán fácilmente adoptadas por el mainstream.

FIN DEL EJEMPLO

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Hace cinco años en el blog: Qué dice el teorema de Coase.
Y también: Qué no dice el teorema de Coase.
Y también: Qué no dice el teorema de Coase (2).
Hace tres años en el blog: Catalunya tras las elecciones: ¿más o menos apoyos futuros a la independencia?
Y también: Boicot al Senado en 14 tesis.
Y también: Concierto para vascos (encore).
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2 comentarios:

  1. Imaginemos que se quiere regular la cantidad de coches en una ciudad para disminuir la contaminación. Una buena parte de economistas recomendaría un impuesto pigouviano para la circulación. En muchas ocasiones suele aparecer el siguiente argumento: 'Es injusto porque sólo podrán circular los más ricos'. ¿Qué responderías ante está protesta?

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    1. 1. Podrá circular todo el que pague, igual que ahora puede comprar pan todo el que pague.
      2. Querrá pagar todo aquel a quien le merezca la pena. Es decir, como siempre que se paga algo.
      3. Si quieres que no haya ricos, haz una revolución. Si no puedes, y quieres hacer más igual la sociedad, hay formas mejores que hacer las cosas "gratis para todos". Eso nunca ha funcionado y se ha cargado la asignación eficiente de los recursos, dando lugar a derroches que acaban arruinando a todo el mundo.

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