lunes, 20 de octubre de 2014

Tú no eres simio.


Este verano fui con la familia a ver El amanecer del planeta de los simios (Dawn of the planet of the apes). No voy a hacer ninguna crítica ni recomendación, solo destacar una escena que, advierto, puede ser spoiler.

La acción transcurre con una población humana muy reducida tras una enfermedad apocalíptica procedente de los simios, que los humanos tenían como animales de compañía y de faena. Los simios quedaron libres, genéticamente desarrollados, con inteligencia y formando una sociedad ajenos a los humanos, que creen extintos. La sociedad de los simios es primitiva, pero ya tienen escuelas en las que enseñan a los pequeños una de las ideas que los unen: Ape not kill ape, así escrito, con la gramática y escritura que alcanzan a manejar. Cuando llega el encuentro entre humanos y simios se producen conflictos y división de pareceres. Lo que me importa destacar es cómo un grupo de simios, dirigidos por Koba, pretende acabar con los humanos. Razones no les faltan, desde el trato recibido en la etapa anterior hasta el comportamiento de algunos humanos tras el reencuentro. En ambos bandos hay quien quiere construir una convivencia pacífica, pero las circunstancias se lo ponen muy difícil. Koba lleva la situación al límite y acaba matando a algún simio. Aunque ya es tarde para un arreglo con los humanos, César, el líder pacifista, logra vencer a Koba que, tras la pelea, está a punto de caer al vacío. Solo le sujeta la mano de César. Koba le recuerda la máxima de la sociedad simia para que no lo deje caer. Tras un breve momento de duda, César le contesta: tú no eres simio, y lo suelta. Todos en el cine aplauden.

¿Todos? No todos. Yo no aplaudo. No porque me compadezca de Koba y hubiera preferido un juicio justo y cosas así, sino porque César acaba de generar un mal precedente con una mentira (algo que no es deseable, pero sí realista y permite que la película sea precuela de la serie original). Koba sí es un simio, mal que les pese a quienes creen en las utopías. Negar la condición de simio a un individuo para poder saltarse las reglas morales es un recurso que hemos visto, mutatis mutandi, en demasiadas ocasiones. El bárbaro o el salvaje frente al civilizado, el infiel frente al creyente, el negro frente al blanco, el contrarrevolucionario frente al pueblo, y así en mil ejemplos más. La historia se repite, desde genocidios hasta casos más mundanos de pertenencia a grupos. "No es de los nuestros" puede justificar cualquier cosa.

Afortunadamente, vivimos en tiempos más civilizados y las consecuencias son menos graves, aunque las sigue habiendo. Algunas gentes de izquierda niegan a otras el ser de izquierdas porque no concuerdan con su visión de la izquierda (por ejemplo, hay quien todavía cree nadie que sea nacionalista puede ser de izquierdas a pesar de toda la abrumadora evidencia en contra). Todos los grupos tendrán sus moderados y sus exaltados, sus racionales y sus irracionales. Son de izquierda tanto los que quieren una revolución de la que nadie sabe cómo saldremos parados como los moderados socialdemócratas o liberales de izquierda. Como también son liberales estos últimos y también los anarcocapitalistas. Como son vascos tanto los de Bildu como los del PP vasco.

Es de destacar cómo en la derecha actual esta negación no se da. No veo a nadie repartiendo credenciales de derechismo. Todos parecen ser bienvenidos, y así está bien unida en España y con buena salud a pesar de su pésima gestión de la crisis y para incredulidad de la izquierda.

Yo mismo he estado tentado de decir que los austriacos no son liberales, o que los escépticos que creen en utopías económicas no son escépticos. Siempre me he contenido y he aceptado las contradicciones e imperfecciones de los grupos humanos. O eso intento.

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Hace tres años en el blog: Los sesgos cognitivos (1).
Hace cinco años en el blog: ¿Por qué el aborto?
Y también: Concierto para vascos. Segundo movimiento.
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martes, 14 de octubre de 2014

Los mitos de la razón. La Habitación China.


La mitología científica es abundante en personajes y en objetos, no así tanto en lugares, que aparecen, sobre todo, en las sagas filosóficas. La Habitación China se nos presenta como un lugar cerrado al que solo hay acceso por una ventanilla. Dentro se encuentra un mortal que no sabe la lengua china y un gran número de pliegos con instrucciones para responder a preguntas realizadas en chino con una selección de ideogramas de esa lengua. Por la ventanilla se entregan preguntas escritas, a las que el mortal responderá siguiendo las instrucciones de los pergaminos y sin poder saber el significado de los ideogramas de las preguntas o respuestas.

A primera vista la Habitación China es una simbiosis de habitación y mortal, por lo que la relevancia de ser uno de los pocos mitos referidos a un lugar queda matizada. Sin embargo, los dos elementos de la simbiosis no están a la par. El mortal puede ser sustituido por cualquier otro, pero la habitación, con sus incontables hojas de instrucciones, no. El pobre mortal, según el mito, no sabrá chino, pero gracias a las instrucciones podrá aparentarlo. Este mito pretende ser una alegoría de la imposibilidad de la inteligencia o consciencia de las máquinas artificiales, que podrán aparentar sin ser, y se une a otros mitos que tratan de colocar la consciencia por encima del mecanicismo del mundo.

La mitología científica se deshizo de seres sobrenaturales y de lugares fuera del universo. Aceptando esto (por lo menos, en apariencia), algunas mitologías filosóficas todavía guardan añoranza por la trascendencia, aunque ahora dentro del propio universo y dentro del propio ser humano. Se diría que, tras dejar la ciencia al mundo sin dioses, quisieran mitigar la soledad de los mortales otorgándoles una mente que no fuera de este mundo. Ocurre en este mito de la Habitación China, pero también en otros, como el de los Zombis de Chalmers o en el mito de los Qualia.

El mito es reciente, y está referido por primera vez en la obra de John Searle. Su difusión no muy amplia, y de hecho, la que ha tenido es debida más a las diferentes interpretaciones que señalan la debilidad del mito, ya que primero supone que se puede conversar en chino sin saber chino, pero siguiendo instrucciones que no implican saberlo, para luego concluir que entonces no se sabe chino.

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Hace tres años en el blog: El método clínico.
Hace cinco años en el blog: Concierto para vascos. Primer movimiento.
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sábado, 11 de octubre de 2014

Escépticos en el pub con Javier Armentia.


Hoy comienza la temporada escéptica en el pub con un ponente de lujo: Javier Armentia, uno de los más conocidos representantes del escepticismo en España. Javier nos propondrá mirar desde la perspectiva escéptica… al propio movimiento escéptico: ¿vamos por el buen camino?, ¿hacemos lo suficiente? ¿hay que cambiar el enfoque? y nos planteará la necesidad de abordar el activismo escéptico con ideas renovadas. El título de la charla es: “Escépticos, ¿criticones o dóciles? El pensamiento crítico como punto de partida”. Como siempre, en el Irish Corner, en Arturo Soria 6, Madrid a las 19:30.

Javier Armentia (@javierarmentia) es astrofísico, y dirige el Planetario de Pamplona(@pamplonetario). La divulgación científica es una de sus pasiones, como demuestran su participación en numerosos foros divulgativos, su tarea docente, su trabajo en la Asociación Española de Comunicación Científica (@aecomcientifica), a cuya Junta Directiva pertenece, y su presencia constante en los medios de comunicación.

Es uno de los más conocidos representantes del escepticismo en España. Miembro de los más veteranos de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (@escepticos), organización que presidió y de cuya Junta Directiva ha formado parte. Dirige la colección ¡Vaya Timo! de la Editorial Laetoli (@ed_laetoli), dedicada a combatir mitos y pseudociencias. Su blog Por la Boca Muere el Pez es uno de los puntos de referencia de la divulgación científica y del escepticismo desde hace más de doce años.

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Hace tres años en el blog: Las expectativas racionales de Sargent.
Hace cinco años en el blog: La historia más lúdica jamás contada (9). Adam Smith frente a Hobbes.
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jueves, 9 de octubre de 2014

Ttakun ttakun, una música para siempre.


Hace treinta y cinco años la nueva música vasca estaba vibrante. La originalidad de los músicos no parecía tener límite. El sello Guimbarda recopilaba el folk mundial y español, pero no abarcó al vasco, que creó el suyo propio, Xoxoa. Recientes estaban los emblemáticos discos de Mikel Laboa (Bat-Hiru) con su mezcla de tradición y modernidad tanto en la música como en los temas y de Benito Lertxundi (Zuberoa-Askatasunaren semeei), flirteando con la música celta y llevando el preciosismo de la canción vasca hasta niveles nunca alcanzados, entre otros muchos que pululaban en el ambiente difícil de aquella época de transición en todos los sentidos.

Txomin Artola estaba en este grupo. Ya nos había sumergido en el mundo marinero y de arrantzales con su primer disco Olaxta. En un disco posterior, con el grupo Haizea quería darle a la música vasca unos aires a lo último de Pentangle, o eso les parecía a mis oídos. Su siguiente disco, Belar hostoak (Hojas de hierba) fue uno de los más celebrados por los críticos: acompañado por músicos del grupo de rock Errobi nos brindó unas canciones que musicaban poemas de Walt Whitman y en donde se mezclaban folk, rock y jazz con su voz cálida y envolvente y nos dejaba sumergidos en un mundo vasco-americano-universal. ¿Qué podía venir después? Sus adeptos hacíamos cábalas con las cotas a las que llegaría en su siguiente disco. Cuando salió fuimos a comprarlo sin más información que su autoría. La sorpresa fue mayúscula: en Ttakun Ttakun no había una búsqueda de nuevas músicas, estilos, temas o instrumentos. No había una explosión que abriera la canción vasca a nuevos lenguajes. El disco era todo lo contrario: una introspección y una intimidad absolutas. Meses antes había muerto prematuramente el poeta Gotzon Aleman y este disco era su homenaje hecho por su amigo.

Las letras son poemas autobiográficos de Gotzon y hablan de la infancia, adolescencia y juventud del poeta; apenas llega a un punto de madurez, pero ya están presentes el aprendizaje, el amor, la búsqueda y la pérdida. Musicalmente es de lo mejor que ha producido la canción vasca. La voz de Txomin Artola, un contrabajo omnipresente que hace intemporales todas las canciones y, alternando aquí y allá, una guitarra, una percusión, una flauta, una armónica y poco más. Se completa con la voz del propio poeta recitando un par de poesías suyas con un fondo de txalaparta (la voz ttakun ttakun es usada en un poema onomatopéyico dedicado a este instrumento). Poco después de grabarlo, Txomin Artola estuvo cinco años sin dejarse ver por la escena musical vasca. Tal es el sentimiento que se dejó en esta joya de disco.
bilatze infinitoa haiz
itxasorik gabeko ibaia
lurrik gabeko euria
egunik gabeko argia
heriotzarik gabeko heriotza eternua 
(eres búsqueda infinita
río sin mar
lluvia sin tierra
luz sin día
eterna agonía sin muerte)
Podéis escucharlo aquí o aquí, pero con cuidado, estad seguros de que vuestro estado de ánimo acepta tanto recogimiento.

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Hace tres años en el blog: Farewell, Bert Jansch.
Hace cinco años en el blog: In memoriam.
Y también: La ciencia española no necesita tijeras.
Y también: La historia más lúdica jamás contada (8). Una noche en la ópera.
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viernes, 3 de octubre de 2014

La Economía y el éxito de la subasta del espectro electromagnético (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de de mi artículo de septiembre en Mapping Ignorance. Se trata de una sección de un artículo mío que se publicará en breve en la revista Economía Industrial. Debe leerse antes la primera parte para poder entenderlo.


Una breve descripción de la subasta dará una idea del nivel de detalle necesario. Las empresas deben mostrar el grupo de licencias por las que tiene preferencias y a continuación se produce una subasta en tres etapas. Durante la primera se permite que una empresa sea activa solo en un tercio de sus licencias preferidas, mientras que en la segunda la permisividad baja y debe ser activa por lo menos en dos tercios. En la etapa final debe ser activa en el 100% de sus licencias preferidas. Otras reglas marcan el incremento mínimo en las pujas, el tiempo de las rondas de pujas, penalizaciones por retirarse, etc. Es fácil entender cómo la teoría solo no puede prever los resultados de la subasta cuando intervienen todos estos detalles, de ahí que la experimentación y la simulación se hagan necesarias.

Uno de los objetivos más importantes de la subasta es conseguir una asignación eficiente: las licencias (o grupos de ellas) deben terminar en las empresas que más las valoren. Debido a las complementariedades de las licencias, un mecanismo eficiente debe adjudicar por licencias o por paquetes según sea el caso. Puede ocurrir que la valoración que hace una empresa respecto a un paquete de licencias sea mayor que la suma de las valoraciones de tener por separado cada una de las licencias. También puede ocurrir lo mismo para un subconjunto de licencias que se ofrecen juntas en subasta. Incluso puede ocurrir que la suma de las valoraciones individuales sea mayor que la del conjunto. La eficiencia de la subasta requiere que las adjudicaciones coincidan con las valoraciones. Cuando se deriva más utilidad del paquete, las reglas de la subasta deben permitir que afloren las pujas por paquetes y que sean estos los que se adjudiquen. Plott (1997) [5] explica cómo se diseñaron experimentos para dilucidar cuál de los tipos de subasta a los que se había reducido la discusión según las consideraciones teóricas (secuencial o simultánea) daba lugar a asignaciones más eficientes. La simultánea se mostró superior.

Los experimentos encontraron también aspectos insospechados en las subastas. Por ejemplo, los participantes tendían a continuar en ella, en lugar de abandonarla, con el fin de empujar el precio hacia arriba y hacer pagar más a los competidores. Este comportamiento acarrea el riesgo de quedarse con la licencia a un precio más alto que la valoración propia si se ha sobreestimado la valoración de los competidores. Es más, dado que son varios los participantes, el saber que los demás siguen participando hace que esta estrategia compense poco, ya que los demás harán subir el precio sin necesidad de participar. Paradójicamente, se observó que la tendencia a no abandonar la subasta en los casos en los que se debía hacer era mayor cuando se sabía que los competidores continuaban que cuando esa información no se hacía pública. No parece haber explicación teórica para esas burbujas que empujan los precios al alza.

Otros experimentos sirvieron para probar el programa informático con el que se conduciría la subasta. Primero, los sujetos experimentales (estudiantes de Caltech) simulaban ser empresas, con sus propias valoraciones imputadas en el experimento. Después, los mismos estudiantes volvían a participar, esta vez con el único fin de encontrar maneras de manipular la subasta. Finalmente, los datos experimentales se usaron en un programa paralelo para realizar todos los cálculos que haría la FCC y comprobar su precisión.

En los experimentos se controlan todos los parámetros, como las valoraciones de cada licencia por separado y por paquetes, de manera que es posible saber si la subasta logra un alto grado de eficiencia, comparando la asignación final de licencias con las valoraciones de quienes las han adquirido. En el mercado real las valoraciones son privadas. Así todo se pudieron hacer algunas estimaciones. Antes de cada subasta real, se realizaban varias subastas en el laboratorio aproximando todo lo posible los valores reales. De esta manera se podían comparar los comportamientos observados en el laboratorio con los de la subasta real. La similitud entre ambos permitió concluir que si los datos del laboratorio implicaban una asignación eficiente de las licencias, los de la subasta real también serían eficientes.

Referencias:

1. Ferreira, J.L. 2014. Investigación experimental en Economía Industrial (Experimental research in Industrial Economics). Revista de Economía Industrial 393, forthcoming.

2. Coase, R.H. 1959. The Federal Communications Commission. Journal of Law and Economics 2,1–40.

3. Alexandrova, A. and Northcott, R. 2009. Progress in Economics: Lessons from the spectrum auctions. In Kindcaid, H. and Ross, D. (eds.), The Oxford Handbook of Philosophy and Economics, Chap. 11, 306-336. Oxford University Press.

4. McAfee, R.P. and McMillan J. 1996. Analyzing the airwaves auction. Journal of Economic Perspectives 10, 159-1.

5. Plott, C.R. 1997. Laboratory experimental testbeds: Application to the PCS Auction. Journal of Economics and Management Strategy 6, 605-638.

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Hace tres años en el blog: Por qué el sexo y por qué en parejas (2).
Hace cinco años en el blog: Izquierda-derecha. Los objetivos y las restricciones.
Y también: La historia más lúdica jamás contada (6). La batalla de los sexos.
Y también: La historia más lúdica jamás contada (7). Rebelde sin causa.
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martes, 30 de septiembre de 2014

La Economía y el éxito de la subasta del espectro electromagnético (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de septiembre en Mapping Ignorance. Se trata de una sección de un artículo mío que se publicará en breve en la revista Economía Industrial [1].


En 1994, la FCC (Federal Communications Commission) subastó el uso del espectro electromagnético entre las empresas del sector. Anteriormente se habían usado licencias y loterías para fines similares, a pesar de que la Teoría Económica advertía que las subastas serían superiores, como pudo comprobar al recaudar 20.000 millones de dólares cuando finalmente se hicieron (Coase, 1959 [2], constituye tal vez la advertencia más temprana en este sentido). Los análisis posteriores de las subastas realizadas corroboraron estas ideas y disiparon algunos temores: las pujas alcanzadas por licencias similares fueron también similares entre sí, y las compañías mantuvieron sus licencias, sin venderlas posteriormente, señalando que seguían valorando la licencia adquirida.

A menudo se presenta este caso y el de subastas similares como un éxito de la Teoría Económica. Desde luego lo es, pero de la misma manera que la Física se muestra exitosa en el desarrollo de los coches de Fórmula 1. Con las leyes de la Física en la mano sería imposible diseñar un vehículo competitivo, para eso es necesaria mucha experimentación, mucha prueba y error y realizar numerosas visitas al túnel de viento y al circuito. Lo mismo ocurrió con el diseño de la subasta del FCC.

Otros países han intentado también adjudicar el espectro mediante este mecanismo. A comienzos de los años 90, Nueva Zelanda adoptó una subasta al segundo precio y sin precio de reserva con muy pobres resultados. En Australia se adjudicaron licencias para televisión por satélite en una subasta al primer precio en sobre cerrado, también con problemas, ya que hubo alguna empresa que tras ganar la licencia se declaró insolvente sin sufrir ninguna consecuencia porque la subasta no requería el pago de ningún depósito. El gobierno suizo, en 2000, usó una subasta ascendente cuyas reglas permitieron que las cuatro grandes empresas expulsaran del juego a las demás y se repartieran las licencias. Para cuando el gobierno se dio cuenta y quiso posponer la subasta, las empresas pudieron acudir a los tribunales para impedir el cambio de reglas en el contrato de subastas. (Se pueden encontrar más detalles sobre la historia de estas subastas en Alexandrova y Northcott, 2009 [3]).

¿Qué permite que unas subastas funcionen y otras no? Como en el caso de la Fórmula 1, la respuesta está en que el diseño necesita fuertes dosis de experimentación previa. El relato de los economistas académicos involucrados como asesores de la FCC es clarificador en este sentido. Por una parte, McAffe y McMillan (1996) nos ofrecen la perspectiva teórica y, por otra, Plott (1997) [4] aporta la visión del experimentalista. McAffe y McMillan nos relatan cómo la teoría de subastas sirvió de punto de partida para el diseño final. En particular, la subasta ascendente simultánea sobre un grupo de licencias usada en el diseño final se muestra como el mecanismo que mejor se adaptaba a las características del mercado en cuestión. En esta subasta, cada empresa realiza su puja por las licencias que desea al mismo tiempo que las demás, después las pujas se hacen públicas y se vuelve a permitir una puja nueva en las mismas condiciones. La subasta termina cuando no hay más pujas. Se eligió subastar las licencias en grupos por razones de complementariedad, principalmente geográfica, lo que permitía a las empresas saber si podrían optar al paquete que deseaban y no terminar con una licencia con poco valor por no tener también la complementaria. La razón de elegir la subasta ascendente se debió a que las complementariedades son idiosincrásicas a cada empresa, de manera que el proceso ascendente debería permitir que el mercado estableciera las agregaciones de licencias.

Sin embargo, ni la decisión del tipo de subasta ni los múltiples detalles que la gobernaban (más de 130 páginas de reglas) pueden ser atribuidos a teoremas de la literatura de subastas. Por ejemplo, la elección de una subasta abierta en lugar de una a sobre cerrado se debió a la apreciación del experto sobre cuál de los escenarios teóricos era más relevante. Por una parte, la subasta abierta permite reducir el miedo a caer en la “maldición del ganador” (si los rivales no han pujado tanto como yo, tal vez el objeto no valga tanto como yo pensaba), mientras que la subasta a sobre cerrado limita las posibilidades de colusión entre los pujantes, al no poder monitorizar lo que hace cada uno.

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Hace tres años en el blog: Lo confieso: cada día tengo manías.
Hace cinco años en el blog: La historia más lúdica jamás contada (5). Nash al rescate.
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viernes, 26 de septiembre de 2014

¿Qué derechos existen?

Esta que sigue es mi primera contribución en el blog "Filosofía en la Red". Allí escribiré entradas originales, como esta, y también alguna adaptación de temas ya tocados en este blog. Algunas de ellas las reproduciré aquí, pero siempre unos días más tarde.


Hay quien cree que hay algo así como un mundo platónico de derechos que solo tenemos que aprender a ver para reconocerlos. Otros creen que los derechos están otorgados por un ente superior y que, en escritos a él atribuidos, ha dejado dicho cuáles son. Otros, aún, creen que la sola existencia de ese ser implica también la existencia de derechos, que uno va desgranando con buena Teología. Finalmente está quien cree que los derechos podrán deducirse usando la razón, estando escondidos en ella y de donde razonando adecuadamente podremos sacarlos, esta vez con buena Metafísica. No es muy distinta esta última de la postura platónica inicial, ni es distinta la manera en que cada cual cree haber atisbado lo deducido por la razón. El que ninguna de estas posturas haya conseguido avanzar en su agenda sino más bien haya corroborado las propias intuiciones y prejuicios las hace igualmente inútiles.

Frente a lo anterior propongo la simple consideración de que no existen más derechos que los que nos concedemos unos a otros o a los demás. Ciertamente podremos usar tanto la historia como las preferencias morales y la razón para decidir qué derechos queremos otorgarnos a nosotros y a los demás. La historia nos viene dada, aunque la interpretemos a nuestra manera; las preferencias morales se moldean por múltiples interacciones genéticas o ambientales y la razón, bueno, la razón no siempre vence a los prejuicios y deducimos cosas sin darnos cuenta de las falacias y sesgos que traemos.

Todo esto quiere decir que nuestras cartas de derechos serán provisionales, chapuceras y que reflejarán las preferencias de los más poderosos. ¿Tienen las mujeres los mismos derechos que los hombres? En algunas sociedades, sí (o casi) y en otras claramente no. Llegados a este punto suele reinar la confusión y a veces se quiere sacar una conclusión errónea de esta postura, como que entonces hay que aceptar como bueno el estado de derechos que prevalece en una sociedad. No es así, la postura que planteo solo recoge lo que es el caso, sin establecer juicios morales. Cada uno, o cada grupo de personas afines, tendrá su valoración sobre la distribución de derechos y podrá aceptarla o no, y podrá querer hacer algo para cambiarla o no.

La cuestión que sigue es de qué manera cambia la asignación de derechos. La respuesta es variada, y en ella influyen presiones varias. Por ejemplo, la razón puede abrirse paso: en un primer momento reconocemos que todos los seres humanos deben ser iguales en derechos y en un segundo momento nos damos cuenta de que los homosexuales también son seres humanos y, venciendo inercias históricas y prejuicios, aplicamos la deducción lógica de que deben tener también los mismos derechos que los heterosexuales. También pueden abrirse paso teorías normativas sobre cierta manera en que la asignación de derechos debe ser coherente. Por ejemplo, no se puede otorgar un derecho sin una obligación o responsabilidad como contrapartida. A veces se hace caso a una arbitrariedad histórica, como cuando se reconoce el derecho de secesión a los habitantes de un territorio y no a los de otro, o se llega a un compromiso entre sensibilidades distintas como cuando se permite el aborto hasta cierta semana de embarazo, pero no unos días después. Estas últimas arbitrariedades no tienen por qué ser consideradas irracionales, a no ser que uno piense que los compromisos entre humanos son irracionales solo por el hecho de ser compromisos. De hecho pueden ser perfectamente racionales si con ellos, como con la razón y las teorías normativas, conseguimos cada vez mejores modos de convivencia.

Y esto último es la clave, resolver disputas entre gentes que opinan de manera distinta. Aunque la resolución no signifique estar de acuerdo sino aceptar compromisos, esto no impide que sí podamos convencernos de que ciertas instituciones y ciertas maneras de debatir nos permiten mejores resultados que otras para llegar a esos compromisos y mejorar la convivencia. Libertad de expresión, reconocimiento de derechos humanos básicos, democracia, educación, respeto al otro (y a los otros), distinción entre lo privado y lo público, centrar la atención en las consecuencias,… son algunas de las pautas que ayudan.

Pongamos un ejemplo para finalizar. Hay quien opina que los animales tienen ciertos derechos y quien opina lo contrario. Partir de que tienen o no esos derechos no lleva a ningún lado, puesto que todo el argumento de ambas partes caerá en la falacia de “petición de principio” en la que se asume lo que se quiere demostrar. Fácilmente la falacia se viste con algún tipo de argumento que le da apariencia racional, como cuando se dice que los animales no pueden tener derechos porque no tienen obligaciones ni responsabilidad, apelando al principio normativo señalado más arriba, o como cuando se dice que sí deben tener los mismos derechos que los humanos porque no hay en la naturaleza ninguna predilección por una u otra especie, intentando con esto un silogismo. Ambos argumentos siguen siendo falaces, el principio normativo aceptado y al que se apela en el primer caso solo implica que alguien, no necesariamente el animal, tiene que asumir cierta responsabilidad u obligación que garantice el derecho reconocido. Lo mismo hacemos al otorgar derechos a los niños o a personas mayores a las que se ha incapacitado por su deterioro mental. La falacia del argumento que denuncia el especismo es más patente, al colocar a la naturaleza como dadora de derechos, cuando en el planeta Tierra y en este siglo somos los humanos quienes los otorgamos y quienes actuamos en consecuencia con ese otorgamiento.

Si aceptamos que solo existen los derechos que reconocemos la discusión evitará las anteriores falacias y se planteará en términos de qué derechos queremos reconocer a los animales y con ello podremos llegar más fácilmente a una situación de compromiso entre las distintas preferencias morales sobre el tema (y si alguien no quiere llamar a esto derechos sino protección u otra cosa me parece bien, no cambia el razonamiento aquí hecho, aunque las palabras empleadas sí tengan distinta fuerza de convencimiento para la otra parte).

Como ejemplo final he usado este de los derechos de los animales porque creo que levantará menos pasiones, de manera que asomarán menos prejuicios en su consideración por parte del lector, por lo menos, comparándolo con otros ejemplos, y en él se entenderá mejor mi postura. En un futuro podremos hablar de temas más candentes, como la independencia de territorios de Europa, el aborto o los sistemas económicos.

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Hace cinco años en el blog: La historia más lúdica jamás contada (4). Servicio de Nadal, resta Federer.
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