domingo, 28 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. El Demonio de Maxwell. (Reposición)

Al Demonio de Maxwell siempre se le representa pegado a su puerta
y jugando a dejar pasar partículas de un lado a otro.

A semejanza de otros demonios o demiurgos, como el Demonio de Laplace, el Relojero Ciego o el Subastador Walrasiano, es un ser de grandes poderes que, a pesar de su materialismo, se antojan sobrenaturales. El Demonio de Maxwell vive pegado a una puerta microscópica y posee unas dotes de observación con las que detectar moléculas que se mueven rápidamente, con mucha energía. Cuando una de esas moléculas se acerca a la puerta, Maxwell la abre para que pueda pasar, siempre en la misma dirección, de izquierda a derecha, por ejemplo. De esta manera, del lado izquierdo hay cada vez menos moléculas energéticas y más en el lado derecho.

No parece un gran portento hasta que nos damos cuenta que la cantidad de moléculas energéticas es lo que produce la temperatura de un ambiente. El Demonio de Maxwell consigue que el calor (la energía de las moléculas) pase del ambiente con menos temperatura al que tiene más. Esta derrota mítica que el Demonio inflige a la Termodinámica, acostumbrada a que nadie desobedezca sus leyes, es su gran poder.

Relatos posteriores reflexionan sobre el poder del demonio que, al encontrar una trampa en las leyes de la Termodinámica, cambia su carácter universal para hacerlas estadísticas, haciendo que sus principios sean más bien sugerencias. Los abogados y contables de la Termodinámica, por su parte, rechazan ninguna violación, pues el propio Demonio de Maxwell debe someterse a las reglas: ¿de dónde saca la energía para detectar las moléculas y abrir la puerta, más cuando sobre esta puerta están empujando en la otra dirección cada vez más moléculas? Lejos de burlar la ley, el demonio sucumbe a ella.

Como pasa con muchos otros mitos, aparece en leyendas ajenas a sus altares, y con un significado normalmente tan alterado que solo conserva algunas analogías del original. Así, lo podemos ver deambulando por los escritos de Henry B. Adams, encarnado en forma de ejércitos que impiden a la diosa Historia llegar a su equilibrio, o por la Sociología en los textos de Pierre Bordieu, impidiendo que las aulas se llenen de escolares de clases menos pudientes.

El mito tiene también su parte lúdica, y aparece como personaje en forma de máquina en la saga Ciberíada del trovador Stanislav Lem. En este relato el Demonio de Maxwell usa su poder de detectar partículas para extraer la información del Universo al deducir el pasado. Todavía interviene en una leyenda más, "La subasta del lote 49", que conocemos gracias a Thomas Pynchon. En ella el Demonio es usado para intentar fabricar una máquina de movimiento perpetuo.

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Hace cinco años en el blog: ¿Quién entiende a Vargas Llosa?
Hace tres años en el blog: Into Darkness.
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viernes, 26 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. La Mano Invisible. (Reposición)

Una referencia cultural moderna al mito de la Mano Invisible

En ese gran relato que es “La riqueza de las naciones” de Adam Smith se encuentra la referencia a este mito en la forma que nos ha llegado hasta ahora. Hubo otras alusiones en las obras anteriores, pero en contextos muy distinto. Emparentada con el Subastador Walrasiano, de aparición posterior, la Mano Invisible tiene poderes fantásticos, en la línea de demiurgos o demonios típicos de la mitología científica (pensemos en los casos del Relojero Ciego, el Demonio de Laplace, el Votante Mediano o el propio Subastador Walrasiano), aunque no llega a ser un personaje, sino solo una parte del cuerpo, como en el caso de la Mano Derecha y sus Reglas.

Los poderes legendarios de la Mano Invisible consisten en disciplinar el egoísmo de los mortales y transformarlo en una fuerza de progreso económico y social. La Mano guía las interacciones a través de la competencia y produce el efecto deseado. No es el único mito que interviene en el egoísmo, sin embargo, puesto que a este mito se le opone el de los Prisioneros del Dilema, que ilustra una fuerza contraria, donde el egoísmo no se logra disciplinar y los mortales acaban siendo Hombres-Lobo para el Hombre, según continúan algunas leyendas.

El mito de la Mano Invisible ha sido frecuentemente malinterpretado de dos maneras. La primera olvida su mito antagonista de los Prisioneros del Dilema e interpreta la Mano Invisible como la única representación del egoísmo en las sagas económicas. La segunda se refiere a los lugares donde legendariamente habita. La única lectura posible del mito es que se encuentra en la interpretación de los modelos científicos, como es el caso de los ya mencionados Relojero Ciego o Demonio de Laplace. Sin embargo, lecturas descuidadas lo colocan en la construcción del propio modelo, como ocurre en los casos del Subastador Walrasiano o del Votante Mediano.

La invisibilidad de la Mano ha dado lugar a una serie de secuelas jocosas del mito, en las que se la hace protagonista de toda suerte de desventuras, desde su no existencia hasta ser el fantasma que está detrás de cualquier robo o abuso de poder en los mercados.

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Hace cinco años en el blog: Deuda y déficit.
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miércoles, 24 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. La Habitación China. (Reposición)


La mitología científica es abundante en personajes y en objetos, no así tanto en lugares, que aparecen, sobre todo, en las sagas filosóficas. La Habitación China se nos presenta como un lugar cerrado al que solo hay acceso por una ventanilla. Dentro se encuentra un mortal que no sabe la lengua china y un gran número de pliegos con instrucciones para responder a preguntas realizadas en chino con una selección de ideogramas de esa lengua. Por la ventanilla se entregan preguntas escritas, a las que el mortal responderá siguiendo las instrucciones de los pergaminos y sin poder saber el significado de los ideogramas de las preguntas o respuestas.

A primera vista la Habitación China es una simbiosis de habitación y mortal, por lo que la relevancia de ser uno de los pocos mitos referidos a un lugar queda matizada. Sin embargo, los dos elementos de la simbiosis no están a la par. El mortal puede ser sustituido por cualquier otro, pero la habitación, con sus incontables hojas de instrucciones, no. El pobre mortal, según el mito, no sabrá chino, pero gracias a las instrucciones podrá aparentarlo. Este mito pretende ser una alegoría de la imposibilidad de la inteligencia o consciencia de las máquinas artificiales, que podrán aparentar sin ser, y se une a otros mitos que tratan de colocar la consciencia por encima del mecanicismo del mundo.

La mitología científica se deshizo de seres sobrenaturales y de lugares fuera del universo. Aceptando esto (por lo menos, en apariencia), algunas mitologías filosóficas todavía guardan añoranza por la trascendencia, aunque ahora dentro del propio universo y dentro del propio ser humano. Se diría que, tras dejar la ciencia al mundo sin dioses, quisieran mitigar la soledad de los mortales otorgándoles una mente que no fuera de este mundo. Ocurre en este mito de la Habitación China, pero también en otros, como el de los Zombis de Chalmers o en el mito de los Qualia.

El mito es reciente, y está referido por primera vez en la obra de John Searle. Su difusión no muy amplia, y de hecho, la que ha tenido es debida más a las diferentes interpretaciones que señalan la debilidad del mito, ya que primero supone que se puede conversar en chino sin saber chino, pero siguiendo instrucciones que no implican saberlo, para luego concluir que entonces no se sabe chino.

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lunes, 22 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. La Manzana de Newton (y también sus gigantes). (Reposición)

No siempre se trata el mito de la Manzana de Newton con seriedad

Se cuenta que la Gravedad dejó caer una manzana en el momento de la siesta de los mortales. Newton, que no dormía, sino que apacentaba un rebaño de gigantes mientras estaba sentado en el jardín a la sombra de un árbol, alcanzó a verla. Se acercó y encontró una nota en la manzana que decía “Para el más sabio”.

“Ese soy yo”, pensó Newton, y sin nadie alrededor que le disputara el título comenzó a pensar sobre la caída de la manzana y la nota. “Es natural que los cuerpos caigan, ¿por qué se destina a un sabio una manzana caída?, ¿qué reflexión requiere este hecho?”. Conocía bien los movimientos de los cuerpos, pero estas preguntas le hicieron subirse a los hombros del gigante Galileo para platicar con él.
-Galileo, ¿por qué caen los cuerpos terrestres?
-Nadie lo sabe. Podemos medir su caída según la ley de los cuadrados que, humildemente, he descubierto, pero no podemos ir mucho más allá.
-Pero tú mismo fuiste más allá.
-Es cierto, pude medir también cómo se componía el movimiento de la caída con un impulso horizontal. Una bala de cañón así disparada seguiría una parábola. ¿Qué? ¿es o no es gigantesca mi humildad?
-Sin duda, pero eso es así en una Tierra plana, una simplificación para las distancias cortas. ¿Cuál sería la trayectoria precisa si tuviéramos en cuenta la curvatura de la Tierra?
-Es una buena pregunta para la que no tengo respuesta.
Tras el diálogo, Newton reflexionó. “Es natural querer saber por qué caen los objetos estudiando los que caen, el más sabio debe ir más allá y estudiar los que no caen. En la diferencia debe encontrarse la clave”. Animado por sus pensamientos saltó con aparente facilidad hasta posarse sobre los hombros de Kepler.
-Johannes, ¿por qué no se caen los planetas?
-Nadie lo sabe. Podemos medir sus órbitas elípticas según las leyes que humildemente y en mi gigantez he podido descubrir, pero no sabemos mucho más.
-Así es, pero tus leyes son complicadas y abstrusas. Áreas iguales barridas en tiempos iguales, cuadrados de años relacionados con cubos de distancias medias,... ¿Qué les hace moverse de esa manera?
-Es una buena pregunta para la que no tengo respuesta.
De gigante en gigante anduvieron las tribulaciones del joven Newton hasta que por fin desarrolló su famoso cálculo diferencial que más tarde le obligaría a batallar con Leibniz en combate singular y con el que pudo responder ambas preguntas: “¡Todo concuerda! ¡La curva de la pregunta a Galileo es la elipse de Kepler y la respuesta a la pregunta a Kepler es la composición de los movimientos de Galileo!”.

Al contrario de lo que sucede en las mitologías religiosas, donde abundan el desorden mental y la discordia, (sin salir de las figuras manzaniles, piénsese en la de Adán y Eva o en la que causó la guerra de Troya) las narraciones y principia de Newton son un buen ejemplo de cómo la mitología científica busca poner orden, en este caso unificando los cielos y la Tierra en una única cosmología con esta leyenda que se puede llamar Manzana de la Concordia.

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Hace cinco años en el blog: El extraño viaje del líder a Madrid.
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sábado, 20 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. El Eslabón Perdido. (Reposición)

El Eslabón Perdido aparece con frecuencia en la cultura popular moderna

Al contrario de lo que el nombre parece indicar, no se trata de un objeto, sino de un ser, medio humano medio mono, que debía estar presente para completar los ciclos darwinianos. Recuerda a la leyenda del judío errante de la mitología cristiana, otro ser que también debe existir en algún lugar del mundo, pero al que nunca se encuentra.

Al contrario también que otros personajes de la mitología científica, este ser no tiene ningún poder sobrenatural, antes bien su originalidad reside justamente en hacer desaparecer las intervenciones sobrenaturales de la cosmogonía científica. En un comienzo el Eslabón Perdido es conjeturado por los mortales, quienes lo buscan en las entrañas de la tierra, donde debería estar escondido en un laberinto de estratos y fósiles. La búsqueda dura décadas e incluye varios fracasos, como el hallazgo del llamado Hombre de Piltdown, personaje destinado a engañar a los humanos haciéndose pasar por el Eslabón Perdido. La burla dura varios años, pero tras ser descubierta la búsqueda continua. Finalmente se produce el encuentro con la sorpresa de no uno sino de muchos eslabones perdidos, algunos de los cuales no lo son entre los monos y los humanos actuales, sino que muestran la existencia pasada de otras especies de humanos. Esta manera de completar y aumentar la cosmogonía se muestra como un gran triunfo de la humanidad.

Como suele suceder con las mitologías científicas de carácter cosmológico, existe también una corrupción de su relato y de su sentido en las mitologías religiosas, en particular en aquellas basadas en la literalidad. En esta ramificación de la historia el Eslabón Perdido nunca es encontrado, a pesar de que las leyendas literalistas narran los mismos hallazgos que las científicas. La manera de integrarlos en su propia cosmología es, sin embargo, muy distinta, y es consiste en repetir un rezo tras cada aparición: “Hallazgo B que nos quieres hacer creer que eres el eslabón entre A y C, si así lo fueras tu presencia nos hablaría de otros dos eslabones, uno entre A y B y otro entre B y C. Renegamos de ti y confiamos en nuestro señor el Diseñador Inteligente para que nos libre de tal contradicción así como de la tentación de creerte hallado. Así sea por los siglos de los siglos”.

jueves, 18 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. El Velo de la Ignorancia. (Reposición)

Imagen del Velo de la Ignorancia

Este mito filosófico guarda ciertas resonancias con el de los comedores de la flor del olvido de la mitología griega, pero debe descartarse toda influencia, pues no se conocen leyendas de transición entre ambas. Sabemos de este objeto fantástico por los escritos de Rawls, quien le dedicó tanto espacio que el mito tiende a identificarse con el autor. En resumidas cuentas, el Velo de la Ignorancia hace olvidar a cada mortal cuál es su papel en el gran teatro del mundo, tapándoles los ojos para que no lo vean. Reunidos todos los mortales en este estado de ignorancia primordial se les hace sujetos de un debate en el que deben elegir qué obra representar. El trasunto del mito es mostrar cómo la sociedad que los humanos decidieran en estas circunstancias sería justa y sin desigualdades o, por lo menos, con muy pocas de ellas. Cada actor temería tener el papel de pobre, así que votaría por una obra sin ellos.

En la versión de Rawls los mortales son extremadamente aversos al riesgo, lo que le permite enlazar este mito con su concepción particular de la justicia, donde la sociedad A es más justa que la B si el individuo peor tratado en A está mejor que el peor tratado en B. El temor pánico de ser ese peor tratado ciega a los humanos del mito para no ver qué tal son tratados el resto de los individuos de ambas sociedades. Esta ceguera podría haber desarrollado otros velos de la ignorancia, haciendo más prolijo el relato. No es el caso en las versiones rawlsianas, y cuando sí son desarrollados, lo son en la transferencia de este mito desde las sagas de la Filosofía de la Justicia de Rawls y sus seguidores a las de la Economía y de la Filosofía Empírica. En estas nuevas derivaciones, los humanos siguen bajo los efectos del Velo de la Ignorancia original, pero ven más allá de lo que le ocurre al individuo peor tratado, mostrando que es posible que la sociedad A sea preferible a la B aunque el más pobre de A sea más pobre que el más pobre de B si los demás individuos en A están mejor que los de B. Los humanos, entonces, pueden asumir el riesgo de vivir en A.

La distinción entre estas dos ignorancias como contraposición a la miopía de la versión original hace decir a Joshua Greene que Rawls abusó del principio moralizador del Velo de la Ignorancia para hacerle decir lo que el mito no mostraba, sino lo que decía su propia idea de la justicia.

Los mitos económicos asimilables al Velo de la Ignorancia son sumamente abundantes al incluir distintos grados de ignorancia con los que adaptar el mito a sus necesidades. El criterio de eficiencia ex-ante se corresponde con el Velo de la Ignorancia, pero a él se añaden los criterios de eficiencia ínterin y ex-post. En el primero se revela parte de la información sobre su papel a los humanos y en el segundo se revela toda ella. A pesar de su fecundidad, no son bien conocidos fuera de los ciclos económicos, tal vez por el hecho de que, haciendo honor a su título de ciencia lúgubre, la Economía ha rechazado en este caso el uso de narraciones en tono de epopeya, con su lenguaje poético y atractivo, para en su lugar hablar meramente de “tipos” al referirse a los individuos con distinto grado de información. El desarrollo del mito de las Tribus Morales, relatado por Joshua Greene y que apela a sentimientos primitivos y universales, pudiera tener más éxito en su difusión.

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martes, 16 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. La Mano Derecha y sus Reglas. (Reposición)


Todas las mitologías, además de hacer referencia a seres portentosos, a lugares utópicos y a objetos con propiedades mágicas, dedican historias y alegorías a distintas partes del cuerpo de algún personaje, o incluso a partes de cuerpo sin personaje (una sonrisa sin gato no es tan extraña como decía Alicia). Así, en la mitología griega tenemos como ejemplo el Talón de Aquiles; en la cristiana, el Santo Prepucio; en la judía, la Melena de Sansón; en la periodística, la Garganta Profunda; el Ojo de Sauron en la tolkiana, y así sucesivamente. Entre las partes del cuerpo más mitificadas está la mano, como bien evidencian las leyendas de la Mano de Dios, la Mano Negra, la Mano de la Familia Addams o la Manu Militari.

Los relatos de la ciencia no son ajenos a esta tendencia. Además de la famosa Mano Invisible están las Reglas de la Mano Derecha, mito que comienza con los escritos de John Ambrose Fleming, un ingeniero que recopiló o inventó la primera narración conocida sobre esta interesante leyenda. Se cuenta cómo la mano derecha, recogidos los dedos meñique y anular y extendidos los demás, consigue simular una pequeña realidad, un mundo en sus manos (no confundir con el mito homónimo de las sagas hollywoodienses, con el que no guarda relación). Se trata de la generación de electricidad. Si el pulgar señala la dirección en la que se mueve un conductor en un campo magnético cuya dirección marca el índice, entonces la corriente eléctrica inducida se mueve en la dirección del dedo corazón.

Desconocida en los ciclos newtonianos anteriores, la electricidad se añade a la mitología científica y el mito de su creación recrea el origen del mundo: el campo magnético en movimiento induce una corriente eléctrica y una corriente eléctrica produce a su vez un campo magnético. Cada uno es la causa de la existencia del otro y ambos existen porque sí, como el mundo, solo por dar gusto a las simetrías de la Física.

Esta Regla de la Mano Derecha referida a los generadores finalmente viene a ser una versión particular de un mito más general y extendido: la Regla de la Mano Derecha para el producto vectorial: si el vector x está representado por el índice y el vector y por el corazón, su producto vectorial seguirá la dirección del pulgar. Véase cómo esta dirección existe en una tercera dimensión distinta a las de los vectores originales, y que debe existir porque sí, por exigencias de las Matemáticas.

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Hace cinco años en el blog: Había un hombre que tenía una doctrina.
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