viernes, 26 de septiembre de 2014

¿Qué derechos existen?

Esta que sigue es mi primera contribución en el blog "Filosofía en la Red". Allí escribiré entradas originales, como esta, y también alguna adaptación de temas ya tocados en este blog. Algunas de ellas las reproduciré aquí, pero siempre unos días más tarde.


Hay quien cree que hay algo así como un mundo platónico de derechos que solo tenemos que aprender a ver para reconocerlos. Otros creen que los derechos están otorgados por un ente superior y que, en escritos a él atribuidos, ha dejado dicho cuáles son. Otros, aún, creen que la sola existencia de ese ser implica también la existencia de derechos, que uno va desgranando con buena Teología. Finalmente está quien cree que los derechos podrán deducirse usando la razón, estando escondidos en ella y de donde razonando adecuadamente podremos sacarlos, esta vez con buena Metafísica. No es muy distinta esta última de la postura platónica inicial, ni es distinta la manera en que cada cual cree haber atisbado lo deducido por la razón. El que ninguna de estas posturas haya conseguido avanzar en su agenda sino más bien haya corroborado las propias intuiciones y prejuicios las hace igualmente inútiles.

Frente a lo anterior propongo la simple consideración de que no existen más derechos que los que nos concedemos unos a otros o a los demás. Ciertamente podremos usar tanto la historia como las preferencias morales y la razón para decidir qué derechos queremos otorgarnos a nosotros y a los demás. La historia nos viene dada, aunque la interpretemos a nuestra manera; las preferencias morales se moldean por múltiples interacciones genéticas o ambientales y la razón, bueno, la razón no siempre vence a los prejuicios y deducimos cosas sin darnos cuenta de las falacias y sesgos que traemos.

Todo esto quiere decir que nuestras cartas de derechos serán provisionales, chapuceras y que reflejarán las preferencias de los más poderosos. ¿Tienen las mujeres los mismos derechos que los hombres? En algunas sociedades, sí (o casi) y en otras claramente no. Llegados a este punto suele reinar la confusión y a veces se quiere sacar una conclusión errónea de esta postura, como que entonces hay que aceptar como bueno el estado de derechos que prevalece en una sociedad. No es así, la postura que planteo solo recoge lo que es el caso, sin establecer juicios morales. Cada uno, o cada grupo de personas afines, tendrá su valoración sobre la distribución de derechos y podrá aceptarla o no, y podrá querer hacer algo para cambiarla o no.

La cuestión que sigue es de qué manera cambia la asignación de derechos. La respuesta es variada, y en ella influyen presiones varias. Por ejemplo, la razón puede abrirse paso: en un primer momento reconocemos que todos los seres humanos deben ser iguales en derechos y en un segundo momento nos damos cuenta de que los homosexuales también son seres humanos y, venciendo inercias históricas y prejuicios, aplicamos la deducción lógica de que deben tener también los mismos derechos que los heterosexuales. También pueden abrirse paso teorías normativas sobre cierta manera en que la asignación de derechos debe ser coherente. Por ejemplo, no se puede otorgar un derecho sin una obligación o responsabilidad como contrapartida. A veces se hace caso a una arbitrariedad histórica, como cuando se reconoce el derecho de secesión a los habitantes de un territorio y no a los de otro, o se llega a un compromiso entre sensibilidades distintas como cuando se permite el aborto hasta cierta semana de embarazo, pero no unos días después. Estas últimas arbitrariedades no tienen por qué ser consideradas irracionales, a no ser que uno piense que los compromisos entre humanos son irracionales solo por el hecho de ser compromisos. De hecho pueden ser perfectamente racionales si con ellos, como con la razón y las teorías normativas, conseguimos cada vez mejores modos de convivencia.

Y esto último es la clave, resolver disputas entre gentes que opinan de manera distinta. Aunque la resolución no signifique estar de acuerdo sino aceptar compromisos, esto no impide que sí podamos convencernos de que ciertas instituciones y ciertas maneras de debatir nos permiten mejores resultados que otras para llegar a esos compromisos y mejorar la convivencia. Libertad de expresión, reconocimiento de derechos humanos básicos, democracia, educación, respeto al otro (y a los otros), distinción entre lo privado y lo público, centrar la atención en las consecuencias,… son algunas de las pautas que ayudan.

Pongamos un ejemplo para finalizar. Hay quien opina que los animales tienen ciertos derechos y quien opina lo contrario. Partir de que tienen o no esos derechos no lleva a ningún lado, puesto que todo el argumento de ambas partes caerá en la falacia de “petición de principio” en la que se asume lo que se quiere demostrar. Fácilmente la falacia se viste con algún tipo de argumento que le da apariencia racional, como cuando se dice que los animales no pueden tener derechos porque no tienen obligaciones ni responsabilidad, apelando al principio normativo señalado más arriba, o como cuando se dice que sí deben tener los mismos derechos que los humanos porque no hay en la naturaleza ninguna predilección por una u otra especie, intentando con esto un silogismo. Ambos argumentos siguen siendo falaces, el principio normativo aceptado y al que se apela en el primer caso solo implica que alguien, no necesariamente el animal, tiene que asumir cierta responsabilidad u obligación que garantice el derecho reconocido. Lo mismo hacemos al otorgar derechos a los niños o a personas mayores a las que se ha incapacitado por su deterioro mental. La falacia del argumento que denuncia el especismo es más patente, al colocar a la naturaleza como dadora de derechos, cuando en el planeta Tierra y en este siglo somos los humanos quienes los otorgamos y quienes actuamos en consecuencia con ese otorgamiento.

Si aceptamos que solo existen los derechos que reconocemos la discusión evitará las anteriores falacias y se planteará en términos de qué derechos queremos reconocer a los animales y con ello podremos llegar más fácilmente a una situación de compromiso entre las distintas preferencias morales sobre el tema (y si alguien no quiere llamar a esto derechos sino protección u otra cosa me parece bien, no cambia el razonamiento aquí hecho, aunque las palabras empleadas sí tengan distinta fuerza de convencimiento para la otra parte).

Como ejemplo final he usado este de los derechos de los animales porque creo que levantará menos pasiones, de manera que asomarán menos prejuicios en su consideración por parte del lector, por lo menos, comparándolo con otros ejemplos, y en él se entenderá mejor mi postura. En un futuro podremos hablar de temas más candentes, como la independencia de territorios de Europa, el aborto o los sistemas económicos.

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Hace cinco años en el blog: La historia más lúdica jamás contada (4). Servicio de Nadal, resta Federer.
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lunes, 22 de septiembre de 2014

El efecto “gallina de los huevos de oro” en los casos de corrupción (2)


Esta es la segunda parte de la traducción de mi artículo de agosto en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entenderlo.

En el modelo que recoge las características de los NREGS se pueden deducir dos predicciones especialmente útiles para su contraste empírico con los datos observados: un incremento de la paga en los proyectos por jornada debería (i) reducir el robo en los proyectos con paga por obra y (ii) reducir la corrupción en las localidades con más proyectos por día asignados para su realización futura en comparación con el resto de localidades. La explicación de (i) es que los oficiales que gestionan un proyecto con paga por obra no ven alteradas sus oportunidades presentes, pero sí ven que las oportunidades de robar en el futuro aumentan. La predicción (ii) comparte una razón similar, por cuanto los oficiales en las localidades que esperan tener más proyectos con paga por día trabajado también ven más oportunidades para el engaño que los demás.

Hay dos fuentes de datos para realizar el análisis empírico. Primero, los informes que escriben los oficiales, que se introducen en una página de internet y que incluyen la identidad de los trabajadores. Segundo, la paga real recibida por los trabajadores, extraída en entrevistas de una muestra aleatoria y que incluye 1.938 familias. La diferencia entre ambas fuentes revelan el tamaño de la corrupción. Se puso especial cuidado en asegurarse de que las entrevistas reflejaran los datos reales (evitando incentivos a declarar con falsedad, haciendo las entrevistas anónimas y estableciendo medios de control, entre otras cosas).

El análisis sugiere que las rentas futura ilícitas sí importan y lo hacen de la manera anticipada por la teoría. Cuando el salario por día subió de 55 rupias a 70 en mayo de 2007 en el estado de Orissa, el robo en el programa descendió tanto en término absolutos como en términos relativos al estado de Andhra Pradesh, que servía de control. Además, el descenso fue menor en las localidades que esperaban más proyectos de paga diaria en el futuro, algo que sucedió en todas las localidades, independientemente de la clase de proyecto en que estuvieran trabajando en ese momento. Aunque los datos no permiten realizar cálculos muy precisos, es puede estimar de manera aproximada que el efecto “gallina de los huevos de oro” implica que el robo creció un 64% menos que lo que hubiera ocurrido si el incremento del salario hubiera sido temporal.

Los autores encuentran cuatro implicaciones para la política anti-corrupción:
  1. Las rentas futuras importan, hipótesis que está en el centro del concepto de salarios de eficiencia.
  2. Los contratos óptimos deben tener en cuenta tanto las rentas lícitas como las ilícitas.
  3. La preocupación por la posibilidad de que cortar un tipo de corrupción lleve a el crecimiento de otros tipos debe tomarse en serio. Esta hipótesis fue primero sugerida en Yang (2008) [3], y los datos del trabajo presente la mantienen: “cualquier uso del ‘palo’ que reduzca las expectativas de rentas futuras también hacen que la ‘zanahoria’ de la seguridad del puesto de trabajo sea menos importante”.
  4. Los programas piloto deben interpretarse con mucha cautela en aquellos casos en que estén poco institucionalizados. Por ponerlo de manera simple, un programa piloto genera diferentes incentivos que un programa permanente.
Referencias

1. Becker, G.S., y Stigler, G.J. 1974. Law Enforcement, Malfeasance, and Compensation of Enforcers. Journal of Legal Studies 3, 1–18.

2. Niehaus P. 2013. Corruption Dynamics: The Golden Goose Effect. American Economic Journal: Economic Policy 5, 230-269.

3. Yang, D. 2008. Can Enforcement Backfire? Crime Displacement in the Context of Customs Reform in the Philippines. Review of Economics and Statistics 90, 1–14.

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Hace cinco años en el blog: La aventura equinoccial.
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jueves, 18 de septiembre de 2014

El efecto “gallina de los huevos de oro” en los casos de corrupción (1)


Esta ese la primera parte de la traducción de mi artículo de agosto en Mapping Ignorance.

En Economía se define el salario de eficiencia como el salario por encima del de equilibrio que se paga para obtener un trabajo más eficiente por parte del empleado. Para que pueda darse debe haber algún tipo de fallo de mercado que impida que el equilibrio sea eficiente. Un escenario así se produce cuando están presentes algunas formas de corrupción, como estudiaron en un primer trabajo Becker y Stigler (1974) [1]. Ahí los autores presentan una situación en la que un principal (p.e., el Gobierno) quiere que se haga una tarea y para ello contrata a un agente (p.e., un empleado público), pero en la que un control imperfecto abre la posibilidad de que el agente use su puesto para actividades de corrupción. Becker y Stigler muestran que, al pagar un salario de eficiencia, se puede mitigar la corrupción: si el agente se enfrenta a la oportunidad de engañar hoy y ganar un dinero extra, deberá sopesar esta ganancia de hoy con la pérdida de su puesto de trabajo y su salario si es sorprendido. La pérdida de renta es mayor, y la corrupción menos atractiva, si se le paga más por su trabajo (el salario de eficiencia). La mayor parte de la literatura posterior se concentra en este tipo de balances: una renta ilícita hoy frente a un flujo de rentas lícitas en el futuro.

Recientemente, Niehaus y Sukhtandar (2013) [2] exploran otro tipo de compensaciones y, en especial, las consecuencias de un engaño hoy frente a un flujo de rentas lícitas e ilícitas en el futuro. Si en el futuro existe también la posibilidad de obtener rentas por corrupción, entonces el agente puede decidir no defraudar tanto en el presente por temor a perder las rentas futuras ilegales en caso de ser pillado comparado con lo que defraudaría en caso de que no hubiera esa posibilidades de engaño futuro. Los autores llaman a esta posibilidad el efecto “gallina de los huevos de oro”. Si no se tienen en cuenta también los efectos de las rentas futuras ilícitas se pueden estar haciendo parecer los salarios de eficiencia más atractivos de lo que son como manera de luchar contra la corrupción.

Para medir el efecto “gallina de los huevos de oro”, los autores usan datos del National Rural Employment Guarantee Scheme (NREGS) en India, donde en 2007 se produjo un experimento natural cuando en el estado de Orissa se aumentó la paga en los proyectos que se pagaban según un jornal diario, pero no se hizo lo mismo en los proyectos en que se pagaba por obra. En el estado vecino de Andhra Pradesh no se hizo ningún cambio, de modo que sirve como control para los análisis estadísticos. Lo primero que se hizo fue definir un modelo en el que estudiar los efectos teóricos según el análisis económico para poder confrontarlos con los datos reales. Para ello se detectaron las siguientes características relevantes del NREGS:
  • Cada familia rural en India tiene derecho a 100 días de trabajo remunerado por cada año del programa, con la sola condición de solicitarlo. Dentro de los 15 días posteriores a la solicitud el trabajador debe ser asignado a un proyecto o le será dada una compensación por desempleo.
  • Los proyectos pueden pagarse por día trabajado o por obra. Ambos tipos ofrecen pagas similares.
  • En cada localidad los oficiales a cargo del programa guardan todos los datos referidos a asistencia, trabajo realizado y pagos en formato digital.
  • El Gobierno reembolsa a los gobiernos locales basándose en esos datos.
  • A pesar de los controles, hay dos oportunidades principales para la corrupción. Primero, los oficiales pueden reportar un número de días trabajados mayor que el real y, segundo, pueden pagar a los trabajadores menos de lo acordado legalmente. Hay otras fuentes de corrupción, como defraudar en los materiales de construcción, pero el estudio se centra en las primeras, que se pueden medir más fácilmente.
  • Los trabajadores no tienen control sobre el proyecto al que se les asigna y los oficiales no tienen control sobre el proyecto que se ha aprobado para su localidad.
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Hace tres años en el blog: El impuesto sobre el patrimonio.
Hace cinco años en el blog: La historia más lúdica jamás contada (2). El nacimiento de la Teoría de Juegos.
Y también: La historia más lúdica jamás contada (3). Un interludio de mucha utilidad.
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domingo, 14 de septiembre de 2014

Los mitos de la razón. La Manzana de Newton (y también sus gigantes).

No siempre se trata el mito de la Manzana de Newton con seriedad

Se cuenta que la Gravedad dejó caer una manzana en el momento de la siesta de los mortales. Newton, que no dormía, sino que apacentaba un rebaño de gigantes mientras estaba sentado en el jardín a la sombra de un árbol, alcanzó a verla. Se acercó y encontró una nota en la manzana que decía “Para el más sabio”.

“Ese soy yo”, pensó Newton, y sin nadie alrededor que le disputara el título comenzó a pensar sobre la caída de la manzana y la nota. “Es natural que los cuerpos caigan, ¿por qué se destina a un sabio una manzana caída?, ¿qué reflexión requiere este hecho?”. Conocía bien los movimientos de los cuerpos, pero estas preguntas le hicieron subirse a los hombros del gigante Galileo para platicar con él.
-Galileo, ¿por qué caen los cuerpos terrestres?
-Nadie lo sabe. Podemos medir su caída según la ley de los cuadrados que, humildemente, he descubierto, pero no podemos ir mucho más allá.
-Pero tú mismo fuiste más allá.
-Es cierto, pude medir también cómo se componía el movimiento de la caída con un impulso horizontal. Una bala de cañón así disparada seguiría una parábola. ¿Qué? ¿es o no es gigantesca mi humildad?
-Sin duda, pero eso es así en una Tierra plana, una simplificación para las distancias cortas. ¿Cuál sería la trayectoria precisa si tuviéramos en cuenta la curvatura de la Tierra?
-Es una buena pregunta para la que no tengo respuesta.
Tras el diálogo, Newton reflexionó. “Es natural querer saber por qué caen los objetos estudiando los que caen, el más sabio debe ir más allá y estudiar los que no caen. En la diferencia debe encontrarse la clave”. Animado por sus pensamientos saltó con aparente facilidad hasta posarse sobre los hombros de Kepler.
-Johannes, ¿por qué no se caen los planetas?
-Nadie lo sabe. Podemos medir sus órbitas elípticas según las leyes que humildemente y en mi gigantez he podido descubrir, pero no sabemos mucho más.
-Así es, pero tus leyes son complicadas y abstrusas. Áreas iguales barridas en tiempos iguales, cuadrados de años relacionados con cubos de distancias medias,... ¿Qué les hace moverse de esa manera?
-Es una buena pregunta para la que no tengo respuesta.
De gigante en gigante anduvieron las tribulaciones del joven Newton hasta que por fin desarrolló su famoso cálculo diferencial que más tarde le obligaría a batallar con Leibniz en combate singular y con el que pudo responder ambas preguntas: “¡Todo concuerda! ¡La curva de la pregunta a Galileo es la elipse de Kepler y la respuesta a la pregunta a Kepler es la composición de los movimientos de Galileo!”.

Al contrario de lo que sucede en las mitologías religiosas, donde abundan el desorden mental y la discordia, (sin salir de las figuras manzaniles, piénsese en la de Adán y Eva o en la que causó la guerra de Troya) las narraciones y principia de Newton son un buen ejemplo de cómo la mitología científica busca poner orden, en este caso unificando los cielos y la Tierra en una única cosmología con esta leyenda que se puede llamar Manzana de la Concordia.

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Hace tres años en el blog: Nina Simone.
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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Beneficios y privatizaciones


Hay mucha incomprensión sobre el papel de los beneficios cuando se debate sobre la conveniencia o no de privatizar o nacionalizar una actividad económica. Son muchos los casos de argumentos falsos, así que me centraré en uno, el que dice que al privatizar, por ejemplo un servicio de limpieza, se introduce la figura de un empresario al que hay que dar beneficios y que por tanto será siempre más costoso. Impecable, ¿no? así le parece al autor de uno de los blogs que suelo leer y que recomiendo sin reservas.

Lo que voy a decir es que ese argumento está mal hecho, no que la conclusión no pueda ser verdad en alguna ocasión. Me explico, que a veces no me entienden: si digo "mañana lloverá porque Júpiter escupirá sobre nosotros" estaré diciendo una falsedad aunque mañana, efectivamente, llueva. Si no sabemos las causas de la lluvia muy mal podremos hablar del tiempo.

La actividad empresarial que consiste en organizar la actividad de limpieza, por seguir con el ejemplo, debe hacerse tanto si la limpieza se realiza por una empresa privada como si se hace dentro de una empresa pública. En el primer caso habrá que remunerar a un empresario, que bien podrían ser los propios trabajadores en régimen de cooperativa, mientras que en el segundo habrá que remunerar a un empleado público (un concejal, un funcionario,...). Lo que hay que considerar es de cómo se realiza la actividad de manera más eficiente. No es distinta a la situación en que yo decido externalizar o privatizar la actividad de fabricar zapatos en lugar de hacerlos yo mismo. Con mucho gusto le pago un beneficio al zapatero para que me los haga, ya que a mí me costaría mucho más.

Hay todavía otra sutileza que pueden esconder los costes de producir cualquier cosa. En muchas actividades el coste de producir unidades adicionales del bien o servicio de que se trate, aumenta con cada unidad. Ocurre, por ejemplo, cuando hay que emplear recursos cada vez menos especializados en esa producción, porque los más especializados se están agotando. Al vender ese producto a un determinado precio, las empresas sacarán al mercado unidades mientras el precio esté por encima del coste. Con las últimas unidades apenas ganarán, pero con las primeras estarán obteniendo un beneficio. Si es mucho, será un incentivo para que entren más.

¿Qué pasaría si una empresa pública se hace cargo de esa industria y produce renunciando a los beneficios? Pues que produciría más unidades que las que vendían las empresas privadas, para que las pérdidas de las últimas unidades compensen los beneficios de las primeras. Esto es un derroche de recursos.

Por supuesto, hay alternativas, como hacer que la empresa pública no produzca esas unidades con pérdidas y obtenga beneficios que revierta a la sociedad. Ahora se tratará de calcular cuántos son esos beneficios y compararlos con lo que se obtiene al privatizar la empresa si de privatizar se trata. O bien de compararlos con lo que cuesta nacionalizar la empresa, si de nacionalizar se trata.

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Hace tres años en el blog: La entrevista de Fuentes a Navarro.
Hace cinco años en el blog: ¿Cuánto peor, mejor?
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domingo, 7 de septiembre de 2014

Los mitos de la razón. El Eslabón Perdido.

El Eslabón Perdido aparece con frecuencia en la cultura popular moderna

Al contrario de lo que el nombre parece indicar, no se trata de un objeto, sino de un ser, medio humano medio mono, que debía estar presente para completar los ciclos darwinianos. Recuerda a la leyenda del judío errante de la mitología cristiana, otro ser que también debe existir en algún lugar del mundo, pero al que nunca se encuentra.

Al contrario también que otros personajes de la mitología científica, este ser no tiene ningún poder sobrenatural, antes bien su originalidad reside justamente en hacer desaparecer las intervenciones sobrenaturales de la cosmogonía científica. En un comienzo el Eslabón Perdido es conjeturado por los mortales, quienes lo buscan en las entrañas de la tierra, donde debería estar escondido en un laberinto de estratos y fósiles. La búsqueda dura décadas e incluye varios fracasos, como el hallazgo del llamado Hombre de Piltdown, personaje destinado a engañar a los humanos haciéndose pasar por el Eslabón Perdido. La burla dura varios años, pero tras ser descubierta la búsqueda continua. Finalmente se produce el encuentro con la sorpresa de no uno sino de muchos eslabones perdidos, algunos de los cuales no lo son entre los monos y los humanos actuales, sino que muestran la existencia pasada de otras especies de humanos. Esta manera de completar y aumentar la cosmogonía se muestra como un gran triunfo de la humanidad.

Como suele suceder con las mitologías científicas de carácter cosmológico, existe también una corrupción de su relato y de su sentido en las mitologías religiosas, en particular en aquellas basadas en la literalidad. En esta ramificación de la historia el Eslabón Perdido nunca es encontrado, a pesar de que las leyendas literalistas narran los mismos hallazgos que las científicas. La manera de integrarlos en su propia cosmología es, sin embargo, muy distinta, y es consiste en repetir un rezo tras cada aparición: “Hallazgo A que nos quieres hacer creer que eres el eslabón entre B y C, si así lo fueras tu presencia nos hablaría de otros dos eslabones, uno entre A y B y otro entre A y C. Renegamos de ti y confiamos en nuestro señor el Diseñador Inteligente para que nos libre de tal contradicción así como de la tentación de creerte hallado. Así sea por los siglos de los siglos”.

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Hace cinco años en el blog: Una buena noticia, un mal enfoque.
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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Cómo no medir el esfuerzo fiscal


España lleva años arrojando déficits importantes en las cuentas del Estado. El gasto público ha estado recientemente entre el 40% y el 45% del PIB mientras que la recaudación ha estado entre el 31% y el 34%. ¿Gastamos mucho o recaudamos poco (o ambas cosas)? La respuesta depende de con qué lo comparemos. La comparación con los países de nuestro entorno es siempre una de las más socorridas y dice que, sobre todo, recaudamos poco. Mientras el nivel de gasto no está muy alejado de la media de los países europeos, la recaudación sí lo está. Gusto eso o no guste, todo el mundo está de acuerdo en que es así.

¿Todos? No, un grupo de economistas de la escuela austriaca dice que nuestra recaudación es alta comparada con esos países. ¿Cómo puede ser, si los datos dicen a gritos lo contrario? Fácil, basta con buscar un índice a medida. Los austriacos dicen que no hay que comparar la presión fiscal, que es la recaudación como porcentaje del PIB, sino el índice de Frank, que llaman esfuerzo fiscal, y que es igual a la presión fiscal dividida entre el PIB per cápita. La idea es que a alguien que gana 100 pagar la mitad de sus ingresos como impuestos le supone más esfuerzo que a alguien que gana 200. Si hacemos este cálculo, España, que es menos rica que los otros países, realiza un mayor esfuerzo. ¿Se convence usted?

No debería. El argumento anterior contiene unos cuantos errores. Veámoslos.
  1. Aceptando que a los más ricos les cuesta menos pagar el mismo porcentaje de impuestos, ¿cómo sabemos que dividir entre el PIB es la mejor manera de tener en cuenta este hecho? Podría ser mejor dividir entre el logaritmo del PIB, que está más correlacionado con la felicidad, satisfacción o utilidad que se deriva de tener rentas más altas.
  2. El índice debe medir algo que podamos interpretar, si no directamente, sí por lo menos en su manera de relacionarse con otras magnitudes. El índice de Frank se relaciona muy mal con cualquier idea de lo que debe ser “esfuerzo fiscal”. Por ejemplo, alguien que gane 100 y pague el 60% de impuestos presentará un índice mayor que quien gane 200 y pague el 100% (60/100 = 0,6, mientras que 100/200 = 0,5). Es decir, si aceptamos el índice diríamos que quedarse con cero es mejor que quedarse con 40.
  3. Si miramos cómo evoluciona el índice en los países europeos veremos que, al tener una presión fiscal relativamente estable y un crecimiento positivo, el índice decrece. Si vemos un país con un índice de Frank alto, lo más que podemos interpretar es que lo normal es que decrezca en el futuro al ritmo que lo han hecho los demás países.
  4. Un país europeo con menos renta tendrá típicamente un índice de Frank mayor. Incluso si nos empeñamos en decir que esto significa que está realizando un esfuerzo fiscal mayor, esto no significa que tenga demasiados impuestos comparándolo con los demás. Significa que llega más tarde a los niveles de renta que tienen los demás. Una comparación más sensata sería ver si su esfuerzo fiscal ahora es mayor o menor que el esfuerzo fiscal de esos otros países cuando tenían la renta del país que estamos mirando.
Me he molestado en mirar cómo son las cosas para España. En los últimos años (de 2009 a 2012) su PIB per cápita ha estado en torno a 30.000 dólares. La mayoría de los países más desarrollados de Europa alcanzaron ese nivel de renta hacia el 2003 (Austria, Bélgica, Finlandia, Francia, Alemania y Reino Unido), alguno algo más tarde (Italia, entre 2004 y 2005, Grecia estuvo cerca en 2008 para luego alejarse) y los más ricos, antes (Dinamarca entre 1994 y 1997, Suecia en 1999 y Suiza en 1989) - datos del Banco Mundial-. Pues bien, todos menos Suiza tenían una presión fiscal y un esfuerzo fiscal mayor que el que tiene España. La recaudación en España estaba entre el 31% y el 33%, con una renta de 30 mil euros -datos de la OCDE-. Haciendo la división nos queda un índice de Frank entre 1 y 1,1. Los países listados, con una media de recaudación del 40%, arrojan índices en torno al 1,33.

Podemos usar los datos del PIB corregido por la capacidad de compra, o usar el logaritmo del PIB o cualquier otra cosa sensata, que siempre dará lo que todos sabemos (menos los austriacos), que en España se recauda poco en comparación con los países del entorno. También podemos usar un índice insensato, hacer una mala comparación y decir cosas absurdas. Usted mismo.

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Hace cinco años en el blog: Crítica de la razón moral.
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