domingo, 16 de septiembre de 2018

¿Está causando desigualdad la globalización? (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de junio en Mapping Ignorance.


Ravallion (2018) [1] cuestiona la tesis de que la globalización ha sido una fuerza principal en la desigualdad. A pesar de que esa es la conclusión de dos libros de reciente publicación (Bourguignon, 2016 [2] y Milanovic, 2016 [3]), Ravallion argumenta que su interpretación de los datos no está bien deducida y que está en contradicción con la investigación económica. Este es un resumen del artículo.

Estos son los patrones históricos que se identifican en ambos libros: 
  • La desigualdad global (la desigualdad de ingresos relativa entre la población mundial) aumentó desde 1820 hasta 1990. 
  • Este incremento se debió a diferentes procesos de crecimiento entre los países. 
  • La desigualdad entre países se mantuvo o disminuyó durante la mayor parte de este periodo, con más intensidad en la segunda mitad del siglo 20.
  • Este patrón cambió hacia el final del siglo 20. La tendencia reciente muestra, por una parte, un decrecimiento de la desigualdad entre países que causa un descenso en la desigualdad global, y por la otra, un aumento en la desigualdad dentro de los países.
El cambio en el ingreso real en las últimas décadas tiene unas características peculiares. La gente más pobre ha visto unos incrementos muy pequeños en sus rentas. A medida que nos movemos desde la población más pobre hasta la gente en el percentil 60 observamos cada vez mayores ganancias de ingresos. A partir de este nivel hay un descenso drástico hasta casi cero ganancias en el percentil 80. Las cosas son mucho mejores para los últimos percentiles, los más ricos del mundo, aunque no ganan tanto como los del percentil 60. Todos estos cambios indican que la reducción de la desigualdad se debe al alto crecimiento del las rentas de la población alrededor de la mediana (pero no de los más pobres) y a una falta de crecimiento en la clase media alta (pero no en la clase más alta). Esta patrón en el cambio de la distribución de la renta tiene consecuencias a la hora de medir la desigualdad. Mientras que los índices más usados (Gini y Theil) muestran un descenso de la desigualdad, otros índices que son sensibles a la aversión hacia la desigualdad pueden mostrar un aumento de la desigualdad global cuando esta aversión es muy alta.


Si nos fijamos en la pobreza en lugar de en la desigualdad, los datos muestran un descenso muy grande en la reducción de la pobreza absoluta (del 36% al 19% en la población mundial), pero un progreso mucho menor en la reducción de la pobreza relativa y en la mejora de las condiciones de la población más pobre.

Una vez establecidos los datos, el reto es encontrar una explicación correcta. De acuerdo con Bourguignon y Milanovic uno debe apuntar a la globalización para encontrar la causa. La explicación sería la siguiente: gracias a la globalización los países en desarrollo incurren en menores costes de comercio y tienen mejor acceso a los mercados financieros. Al tener más oportunidades pueden acortar la distancia con los países más ricos, al menos en términos relativos. Al mismo tiempo, las clases trabajadoras en los países ricos sufren las consecuencias de la competencia que les llega del extranjero, mientras que las clases medias de los países en desarrollo ha sido las grandes beneficiadas de este proceso. Todo esto causa un incremento en la desigualdad dentro de cada país. ¿Es correcta esta interpretación? ¿Son la reasignación de los puestos de trabajo y de la actividad económica debida a la globalización la principal causa que explica los hechos observados?

References:

1. Ravallion, M. 2018. Inequality and Globalization: A Review Essay. Journal of Economic Literature, 56(2) 620–642. 

2. Bourguignon, F. 2016. The Globalization of Inequality. Princeton and Oxford: Princeton University Press.

3. Milanovic, B. 2016. Global Inequality: A New Approach for the Age of Globalization. Cambridge: Harvard University Press.
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viernes, 20 de julio de 2018

Odiosa comparación (12)

Esta es la catedral de Santa María de Burgos. Basada en los modelos franceses de la época, gótica, se comenzó a construir en 1221 y fue completada (es un decir, las catedrales nunca están completas) en el siglo 18.






Esta es la catedral de Notre Dame de París. Gótica, comenzada en 1163 y terminada a mediados del siglo 14.


La fachada de la Catedral de Notre Dame es más ancha, pero no así la planta, ya que el interior de la de Burgos se extiende a los lados de la fachada y contiene más y mayores elementos, como su gran claustro. Vista la de Burgos, la de Notre Dame parece incompleta, con las torres laterales mochas en comparación con las agujas añadidas a las de Burgos. Como compensación, el cimborrio de la de Notre Dame está rematado por una gran aguja, frente a las ocho pequeñas del de la de Burgos. Los arbotantes de Notre Dame son más y más vistosos que los de la de Burgos, entre otras cosas, porque los de esta última quedan dentro del complejo de la edificación.

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Hace cinco años en el blog: Sobre las becas universitarias.
Y también: Sobre Economía e ideología.
Y también: Cómo se sale de una crisis.
Hace tres años en el blog: La banca islámica y la alternativa al pago de intereses (1).
Y también: La banca islámica y la alternativa al pago de intereses (2).
Y también: Comparando mis predicciones de Grecia con la realidad.
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jueves, 5 de julio de 2018

El consumo ostentoso: mercados competitivos vs monopolio (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de mayo en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.



Podemos resumir el equilibrio de la entrada anterior en otras palabras: gastar X es demasiado caro para el individuo normal y ser tratado como rico no le compensa. Para el rico, la cantidad X no significa tanto y sí se lo puede permitir. En este modelo, el gasto X no es una dilapidación de recursos, o por lo menos no en su totalidad, puesto que los individuos con la etiqueta “rico” obtienen algo a cambio. Puede suceder que una cantidad menor que X también satisfaga esas tres condiciones, pero el gasto debe ser necesariamente alto para que no atraiga a los individuos normales.

En el modelo anterior, Mandler (2018) [2] investiga las consecuencias teóricas de permitir la piratería frente al caso de monopolio de marca en el mercado de estos bienes. Para entender el alcance del modelo de Mandler, considérese primero la situación en la que el nivel X de consumo ostentoso se consigue mediante la compra de unos pocos bienes, pero muy caros, perteneciente a marcas exclusivas. El productor de la marca disfruta de un monopolio sobre el uso de la marca, lo que significa que puede extraer un alto margen de beneficio, la diferencia entre el coste de producción y el precio. En estas circunstancias, una parte elevada del gasto en X es simplemente una transferencia de renta de los individuos etiquetados como “rico” hacia las empresas que ofrecen los bienes de lujo, y una parte pequeña irá a retribuir los costes de producción.

Si ahora consideramos que una empresa que posee una marca no puede evitar que otros la copien, y si múltiples competidores pueden proveer en el mercado un bien indistinguible del original, entonces el precio de los bienes de esa marca particular bajarán, dejando solo un pequeño margen de beneficios a las empresas, tanto a la original como a las que copian el producto. En un primer momento, antes de que la mayoría de la gente conozca la existencia de las copias, muchos individuos normales pueden comprar la etiqueta “rico” a un coste muy inferior a X, puesto que la gente todavía creerá que el gasto en las copias es tanto como era el gasto en el original antes de aparecer los competidores. Esta situación, sin embargo, no puede prevalecer. Al final todo el mundo entenderá qué está pasando y se darán cuenta que para alcanzar el nivel de gasto X los individuos tienen que comprar una cantidad mucho mayor de los bienes de esa marca o pasar a comprar los de otra marca que todavía no ha sido copiada. Como vemos, en este primer caso los consumidores con la etiqueta “rico” estarán comprando mucho de empresas con poco margen de beneficios, lo que implica que la proporción de X que es una transferencia de rentas es baja, y que la proporción que se pierde en los costes de producción es muy alta. En este caso, la conclusión es que el coste total de conseguir la etiqueta “rico” es más alta en competencia perfecta (cuando hay competidores que producen copias perfectas) que en el caso de monopolio. En el caso de que los consumidores con la etiqueta “rico” opten por comprar otros bienes, observaremos un equilibrio al alza en el que las empresas produzcan bienes que no se puedan copiar fácilmente. Esto implica que las empresas competirán en producir bienes cada vez de calidad más alta y que sea difícil de copiar, pero esto también implicará altos costes de producción y un bajo margen de beneficios, con las mismas consecuencias que antes y un coste más alto que cuando se toleran las copias.

En este modelo, a los individuos que realizan un consumo ostentoso no les importa si el mercado está servido por empresas que compiten copiándose los bienes o no, puesto que gastan X en cualquier caso. Son las empresas monopolísticas las que se ven beneficiadas por los altos márgenes cuando no se permiten las copias. Hay otra manera de llegar al mismo nivel de eficiencia social sin otorgar poder de monopolio a ninguna empresa: basta con permitir la copia y poner un impuesto tal que el impuesto más el pequeño margen en competencia se iguale al margen de beneficio en el caso de monopolio.

Referencias:

2. Mandler, M. 2018. Piracy versus monopoly in the market for conspicuous consumptionThe Economic Journal, 128 1257–1275.

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Hace cinco años en el blog: Odiosa comparación (5).
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domingo, 1 de julio de 2018

El consumo ostentoso: mercados competitivos vs monopolio (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de mayo en Mapping Ignorance.


El consumo ostentoso puede definirse de manera extensa como un tipo de consumo que no satisface directamente una necesidad o algo que se quiere por sí mismo, sino un deseo de ser reconocido como alguien que ocupa una posición más alta en una jerarquía. Por ejemplo, yo puedo comprar un Picasso no porque me guste particularmente el cuadro, sino porque, colgado un una pared destacada de mi casa, envía inmediatamente un mensaje a mis visitas y amigos acerca de cuán rico soy. Este status es lo que persigo, no el cuadro.

El análisis económico de este tipo de consumo no es fácil. Un error típico es pensar que la ley de la demanda no se satisface, puesto que el precio alto del bien es lo que lo hace atractivo. El error se advierte en cuanto uno se da cuenta de que si el mismo bien se pudiera comprar a un precio inferior (sin que los demás sepan que fue comprado de esa manera) el consumidor lo preferiría.

Si la razón principal del consumo ostentoso es comprar un lugar en un ranking, el resultado es el de un equilibrio al alza en el que aquellos que puedan permitirse bienes de lujo los terminarán comprando en demasiada cantidad. Pongamos que después de que los individuos toman sus decisiones se establece un ranking. Inmediatamente notamos que ese mismo ranking se puede establecer sin tanto gasto (el escalar posiciones en un ranking es un jugo de suma cero). Las empresas y los individuos que proveen los bienes de consumo obtienen un beneficio, pero este no es más que una transferencia de rentas de los consumidores a los productores. Sin embargo, el coste de producir estos bienes es un gasto perdido en la medida en que no contribuyen directamente a un incremento en la utilidad que compense el gasto de acuerdo con el consumidor que lo compra. Este fallo de mercado abre la cuestión acerca de las consecuencias de diferentes tipos de regulación para estos bienes, como el impuesto de lujo sugerido por Stuart Mill en el siglo 19 [1].

Hay otras maneras de modelizar el consumo ostentoso. En lugar de comprar un lugar en un ránking, este consumo compra la pertenencia a un grupo. Como antes, lo que importa es la pertenencia al grupo, no el bien en sí. Sin embargo, contrariamente al modelo anterior, este no es de suma cero, puesto que varios miembros pueden pertenecer al mismo club. Esto es, si un individuo gasta una cantidad suficiente de dinero en consumo ostentoso será clasificado como “rico”, y pertenecerá al grupo de personas con esa etiqueta, lo cual es algo que disfruta. En este caso, el gasto en consumo ostentoso puede analizarse dentro de los modelos de la Economía de la Información. Básicamente, dice lo siguiente: sea que hay gente normal y gente rica (si hablamos de gente rica y gente más rica, nada cambia), pero que no pueden ser distinguidas. En estas circunstancias podemos tener el siguiente equilibrio. Hay un nivel X de consumo ostentoso tal que:

  • Todo el mundo en la sociedad cree que los individuos con un nivel de consumo ostentoso igual o superior a X son ricos, que los individuos con un nivel inferior a X son normales.
  • Los individuos ricos están mejor gastando la cantidad X en consumo ostentoso y disfrutando la etiqueta de “rico” que no gastando esa cantidad y no tener la etiqueta.
  • Los individuos normales están mejor gastando menos de X en bienes ostentosos y no disfrutando de la etiqueta de “rico” que lo contrario.
(Continúa aquí)

Referencias:


2. Mandler, M. 2018. Piracy versus monopoly in the market for conspicuous consumption. The Economic Journal, 128 1257–1275.

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Hace cinco años en el blog: Los efectos de la inmigración en el mercado de trabajo (1).
Y también: Los efectos de la inmigración en el mercado de trabajo (2).
Hace tres años en el blog: La jugada del referéndum griego.
Y también: Once fallos en la negociación de Syriza.
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lunes, 25 de junio de 2018

El riesgo moral en la inmigración

Los últimos acontecimientos han reavivado el debate sobre inmigración, refugiados y mafias que trafican con personas. Iñako escribió una reflexión excelente aquí. En ella me parece de especial relevancia cómo adscribe a cada uno de nosotros una ambivalencia sobre la cuestión, fruto de la complejidad del problema y de una ausencia de soluciones claras que se puedan proponer. En esta entrada intentaré decir algo sobre ello.


Pongamos que nuestro interés es un mundo sin fronteras, en el que cualquiera que quiera desplazarse de un país a otro pueda hacerlo. En ese mundo no habría los problemas que hemos vivido. No hay inmigración ilegal ni mafias ni miles de muertos ahogados en el Mediterráneo. Es difícil calcular los flujos migratorios que habría si en el mundo actual si se abren todas las fronteras y sus efectos sobre los países de acogida y de salida. Por lo que sabemos hasta el momento, solo una minoría de cada país querría emigrar y los efectos económicos en los países de acogida serían positivos. Aquí se juega con esta posibilidad. Sin embargo, los posibles problemas se agudizan si solo un país abre sus fronteras al resto del mundo. Este país puede acabar siendo un gran campo de refugiados. Un atisbo de esto lo tenemos en los países en desarrollo que más refugiados han acogido. Incluso si todos los países estuvieran de acuerdo en abrir las fronteras, ¿quién lo hace primero? Haría falta un gran acuerdo internacional para que lo hicieran todos a la vez. En ausencia de este acuerdo y con muchos países donde no se entendieran los beneficios de la entrada incondicional de inmigrantes, este mundo sin fronteras es utópico y proponerlo como solución a los problemas inmediatos de las tragedias causadas por la inmigración ilegal podrá sugestionar a quien la propone de tener una superioridad moral, pero no tendrá ninguna consecuencia tangible a corto o medio plazo. A largo plazo, tal vez sí, en la medida que convenza a más habitantes de todos los países para apoyar la medida.


Dado que tenemos fronteras, ¿qué tal si permitimos que se crucen de una manera ordenada? Esto es lo que venden todos los gobiernos y la idea es tan loable como inevitable. En la medida que los permisos para cruzar no son suficientes para satisfacer la demanda de todos los que quieren cruzar la frontera (si lo fuera, estaríamos en el caso equivalente al mundo sin fronteras) habrá un exceso de demanda y, con ella, un incentivo para cruzar sin el permiso preceptivo. Este mercado negro implica costes, riesgos y mafias en torno a él de manera inevitable. Los estados receptores tienen varios medios a su disposición para limitar las entradas ilegales. Algunas de las medidas son acerca del trato a los ilegales una vez que han entrado al país, mientras que otras son sobre la vigilancia en la frontera. Si un país tiene una política efectiva de tolerancia cero frente a la entrada ilegal, por ejemplo, deportando a todo ilegal que encuentra, blindando las fronteras y negándose a acoger a nadie por razones humanitarias, conseguirá que, ante la imposibilidad de entrar ilegalmente, nadie lo intente. Si todos los países siguieran esa política se acabaría con la inmigración ilegal. El problema es que la tolerancia cero es imposible por varias razones. La primera es que es materialmente imposible de poner en práctica. La segunda es que es moralmente imposible hacerlo. Y no me refiero solamente a que no queramos hacerlo, sino también a que no nos podemos comprometer a ciertas cosas necesarias para la tolerancia cero. Por ejemplo, es muy difícil actuar ante hechos consumados, como cuando la vida o salud de la persona está en peligro o cuando ya están dentro del país. ¿Vamos a impedir la llegada de refugiados de zonas de guerra? ¿Impediremos a las pateras que se acerquen al país y que naufraguen en su navegación a otras costas? ¿Echar a todos los ilegales que están trabajando y cuya salida provocaría pérdidas económicas? Imposible. Y quien quiera atribuirse razones morales para establecer controles estrictos en las fronteras porque acabarán con los efectos llamada deberá saber que su moralidad es también sugestionada.


Así que estamos entre dos aguas. No podemos abrir las fronteras totalmente y tampoco podemos controlarlas totalmente. En esta tesitura, la inmigración ilegal será inevitable. Lo más que podemos hacer es buscar, tanto en nuestras propuestas personales como en los compromisos políticos que adquiramos, una especie de equilibrio entre lo que podemos tolerar de entradas de inmigrantes, refugiados y aprovechados (que los habrá) y las tragedias que podemos tolerar entre los que quieren acceder a una vida más próspera (a veces, a una vida sin más). Este equilibrio irá moviéndose con el tiempo, según las circunstancias. A veces abogaremos por abrir más las fronteras, a veces por cerrarlas o controlarlas más. Distintas personas estarán en distintas partes de este tira y afloja, ninguna de las cuales tendrá toda la razón moral, puesto que ninguna de ellas sabe cómo resolver el problema. No estoy diciendo que eso sea lo que queramos, ni lo que yo quiera, sino que es lo que inevitablemente pasará. Y tampoco digo que estoy justificando moralmente ninguna postura. Lo que sí podemos hacer es basar nuestra opinión en lo que sabemos acerca de cosas como las razones por las que emigra la mayoría de la gente, el alcance real del efecto llamada o los verdaderos costes y beneficios de recibir a los inmigrantes o refugiados.

Por mi parte, yo sería partidario de la apertura de fronteras, pero como soy incapaz de convencer a todo el mundo para que me sigan en esta querencia, tendré que apoyar un compromiso con el que no estaré de acuerdo, y que supondrá no terminar con el sufrimiento de mucha gente. No me siento moralmente cómodo ni superior a nadie que piense distinto mientras tenga en cuenta los datos reales y no tenga preferencias xenófobas.

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Hace cinco años en el blog: Cuestionando la sabiduría con la ignorancia (2).
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lunes, 18 de junio de 2018

Las primeras medidas de Sánchez


En los días pasados tuití algunas opiniones sobre algunas de las medidas anunciadas por Sánchez. Las recopilo aquí.

Vamos mojarnos un poco:
1/5
Recogida de refugiados:
Siempre bien. Incluso con efecto llamada. Toda la literatura sobre entrada de inmigrantes, refugiados, repatriados,... a un país con una sociedad y economía abiertas muestra efectos positivos.

2/5
Bajada del IVA cultural:
Mal. No es cultural, ya que afecta en gran parte a entretenimiento y productos no especialmente culturales (en todo: películas, espectáculos y libros). El apoyo a la producción cultural se realiza mejor con subvenciones, premios o reconocimiento.

3/5
Sanidad universal:
Muy bien. El coste directo es bajo y el indirecto en efecto llamada es mínimo. El beneficio de evitar bolsas de exclusión social es alto como el valor de vivir en una sociedad solidaria.

4/5
Cierre de nucleares:
Mal. Mientras haya carbón y gas, cerrar nucleares aumenta a las emisiones de CO2 y encarece el recibo de la luz.

5/5
Subida de pensiones con el IPC:
Mal. Hay pensiones ricas y pobres. Se han mantenido en la crisis mientras los sueldos disminuían. Automatismo absurdo en un sistema de reparto. Si hay más proporción de pensionistas y la economía no crece aumentará los costes salariales.

Siguieron estos otros:

Sigamos mojándonos:
1/5
Eliminar peajes: mal. Habría que generalizar el pago por uso en autopistas y autovías y de acceso a zonas congestionadas.

2/5
Sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos: bien. Vamos con cuatro décadas de retraso.

3/5
Eliminar concertinas: no tengo datos de cómo son de disuasorias. Me inclino por quitarlas.

4/5
Eliminar los aspectos denunciados de la Ley mordaza: bien. Dan demasiado lugar a la arbitrariedad y no incrementan la seguridad.

5/5
Impuesto al sol, reforma laboral,...: habrá que esperar a ver en qué se concretan estas medidas.


Para mi sorpresa, la que más debate generó es la de sacar los restos de Franco. Uno de los argumentos recurrentes era que eso no es más que para darse publicidad. Eso se puede decir de varias de las otras medidas y, sin embargo, es a esta a la que más se le achaca. Empiezo a pensar que hay preferencias inconfesables entre mis paisanos.

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Hace cinco años en el blog: Cuestionando la sabiduría con la ignorancia.
Y también: Fórmulas y pensiones.
Y también: Planes de pensiones: Bruselas no se entera, pero acierta por casualidad.
Hace tres años en el blog:
Y también: El poder municipal tras las elecciones de alcalde.
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sábado, 9 de junio de 2018

Escépticos en el pub: Los virus que nos comen el coco

Terminamos esta temporada asomándonos al órgano más complejo que conocemos: nuestro cerebro. Son muchos los equipos de científicos de todo el mundo que lo estudian. El sábado 9 de junio vamos a hablar de sus vulnerabilidades y, concretamente, de una de las amenazas que lo ponen en riesgo: los virus. Para ello contaremos con un experto en microbiología: José Antonio López Guerrero (@JALGUERRERO), a quien muchos conoceréis por su faceta de divulgador científico. JAL ha titulado su charla “Los virus que te comen el coco” y nos la resume así:
“Según el biólogo Juan Carlos Izpisúa, la especie humana es consciente de ser consciente. Es más, somos conscientes de que la gente alrededor nuestro es consciente de ser consciente. Con este juego lingüístico se pretende llamar la atención sobre la complejidad que subyace tras esa frontera evolutiva que llevó a nuestro cerebro a convertirse en nuestra mente. Sin embargo, muchos son los peligros que amenazan a toda su estructura física y que, por lo tanto, afectaría a nuestra capacidad de captar el mundo y su realidad tal y como la percibimos a través de nuestros sentidos.
Entre todas las posibles amenazas, nos centraremos en los virus; agentes infecciosos que, tras atravesar la barrera hematoencefálica podrían afectar a uno o varios tipos celulares específicos con consecuencias, en muchos casos, imprevisibles. A lo largo de la última década están surgiendo nuevas teorías sobre la implicación de agentes víricos, como factores de riesgo, en algunas de las principales enfermedades neurodegenerativas o desmielinizantes, tales como la de Alzheimer o Parkinson. Analizaremos algunas familias virales con riesgo potencial para nuestro sistema nervioso central y, finalmente, nos centraremos en la familia Herpesviridae, un grupo de virus muy presente en nuestras vidas con importancia renovada en neurología.”


José Antonio López Guerrero es profesor titular de microbiología en la Universidad Autónoma de Madrid. También dirige el grupo de NeuroVirología del Departamento de Biología Molecular de la UAM. Es, además, director del Departamento de Cultura Científica del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. Constan en su currículum 12 libros y más de 130 artículos. En cuanto a su faceta divulgadora, colabora en diversos programas de radio, televisión y prensa escrita, una labor que le ha valido numerosos premios.

Como siempre, la entrada es libre y gratuita. Durante la realización de esta actividad cultural está permitida la presencia de menores de 18 años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años si están acompañados por uno de sus padres o tutores. Os esperamos el próximo 9 de Junio a las 19 horas en el Moe Club, en Alberto Alcocer 32.

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Hace tres años en el blog: Un testimonio sobre la Transición y el apoyo al terrorismo.
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