lunes, 22 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. La Manzana de Newton (y también sus gigantes). (Reposición)

No siempre se trata el mito de la Manzana de Newton con seriedad

Se cuenta que la Gravedad dejó caer una manzana en el momento de la siesta de los mortales. Newton, que no dormía, sino que apacentaba un rebaño de gigantes mientras estaba sentado en el jardín a la sombra de un árbol, alcanzó a verla. Se acercó y encontró una nota en la manzana que decía “Para el más sabio”.

“Ese soy yo”, pensó Newton, y sin nadie alrededor que le disputara el título comenzó a pensar sobre la caída de la manzana y la nota. “Es natural que los cuerpos caigan, ¿por qué se destina a un sabio una manzana caída?, ¿qué reflexión requiere este hecho?”. Conocía bien los movimientos de los cuerpos, pero estas preguntas le hicieron subirse a los hombros del gigante Galileo para platicar con él.
-Galileo, ¿por qué caen los cuerpos terrestres?
-Nadie lo sabe. Podemos medir su caída según la ley de los cuadrados que, humildemente, he descubierto, pero no podemos ir mucho más allá.
-Pero tú mismo fuiste más allá.
-Es cierto, pude medir también cómo se componía el movimiento de la caída con un impulso horizontal. Una bala de cañón así disparada seguiría una parábola. ¿Qué? ¿es o no es gigantesca mi humildad?
-Sin duda, pero eso es así en una Tierra plana, una simplificación para las distancias cortas. ¿Cuál sería la trayectoria precisa si tuviéramos en cuenta la curvatura de la Tierra?
-Es una buena pregunta para la que no tengo respuesta.
Tras el diálogo, Newton reflexionó. “Es natural querer saber por qué caen los objetos estudiando los que caen, el más sabio debe ir más allá y estudiar los que no caen. En la diferencia debe encontrarse la clave”. Animado por sus pensamientos saltó con aparente facilidad hasta posarse sobre los hombros de Kepler.
-Johannes, ¿por qué no se caen los planetas?
-Nadie lo sabe. Podemos medir sus órbitas elípticas según las leyes que humildemente y en mi gigantez he podido descubrir, pero no sabemos mucho más.
-Así es, pero tus leyes son complicadas y abstrusas. Áreas iguales barridas en tiempos iguales, cuadrados de años relacionados con cubos de distancias medias,... ¿Qué les hace moverse de esa manera?
-Es una buena pregunta para la que no tengo respuesta.
De gigante en gigante anduvieron las tribulaciones del joven Newton hasta que por fin desarrolló su famoso cálculo diferencial que más tarde le obligaría a batallar con Leibniz en combate singular y con el que pudo responder ambas preguntas: “¡Todo concuerda! ¡La curva de la pregunta a Galileo es la elipse de Kepler y la respuesta a la pregunta a Kepler es la composición de los movimientos de Galileo!”.

Al contrario de lo que sucede en las mitologías religiosas, donde abundan el desorden mental y la discordia, (sin salir de las figuras manzaniles, piénsese en la de Adán y Eva o en la que causó la guerra de Troya) las narraciones y principia de Newton son un buen ejemplo de cómo la mitología científica busca poner orden, en este caso unificando los cielos y la Tierra en una única cosmología con esta leyenda que se puede llamar Manzana de la Concordia.

Varios comentarios, aquí.

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Hace cinco años en el blog: El extraño viaje del líder a Madrid.
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