miércoles, 24 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. La Habitación China. (Reposición)


La mitología científica es abundante en personajes y en objetos, no así tanto en lugares, que aparecen, sobre todo, en las sagas filosóficas. La Habitación China se nos presenta como un lugar cerrado al que solo hay acceso por una ventanilla. Dentro se encuentra un mortal que no sabe la lengua china y un gran número de pliegos con instrucciones para responder a preguntas realizadas en chino con una selección de ideogramas de esa lengua. Por la ventanilla se entregan preguntas escritas, a las que el mortal responderá siguiendo las instrucciones de los pergaminos y sin poder saber el significado de los ideogramas de las preguntas o respuestas.

A primera vista la Habitación China es una simbiosis de habitación y mortal, por lo que la relevancia de ser uno de los pocos mitos referidos a un lugar queda matizada. Sin embargo, los dos elementos de la simbiosis no están a la par. El mortal puede ser sustituido por cualquier otro, pero la habitación, con sus incontables hojas de instrucciones, no. El pobre mortal, según el mito, no sabrá chino, pero gracias a las instrucciones podrá aparentarlo. Este mito pretende ser una alegoría de la imposibilidad de la inteligencia o consciencia de las máquinas artificiales, que podrán aparentar sin ser, y se une a otros mitos que tratan de colocar la consciencia por encima del mecanicismo del mundo.

La mitología científica se deshizo de seres sobrenaturales y de lugares fuera del universo. Aceptando esto (por lo menos, en apariencia), algunas mitologías filosóficas todavía guardan añoranza por la trascendencia, aunque ahora dentro del propio universo y dentro del propio ser humano. Se diría que, tras dejar la ciencia al mundo sin dioses, quisieran mitigar la soledad de los mortales otorgándoles una mente que no fuera de este mundo. Ocurre en este mito de la Habitación China, pero también en otros, como el de los Zombis de Chalmers o en el mito de los Qualia.

El mito es reciente, y está referido por primera vez en la obra de John Searle. Su difusión no muy amplia, y de hecho, la que ha tenido es debida más a las diferentes interpretaciones que señalan la debilidad del mito, ya que primero supone que se puede conversar en chino sin saber chino, pero siguiendo instrucciones que no implican saberlo, para luego concluir que entonces no se sabe chino.

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