miércoles, 12 de marzo de 2014

Los mitos de la razón. Los Prisioneros del Dilema.

Imagen de los Prisioneros del Dilema,
castigados a decidir.


Al estilo de algunas mitologías clásicas, como la de la esfinge, la mitología científica tiene sus propios dilemas. Este de los prisioneros es, junto con el del tranvía, el más famoso. La versión más antigua y que da nombre al mito tiene por protagonistas a dos humanos sospechosos de haber cometido un crimen y que son encerrados en celdas separadas. A cada uno se le da dos opciones: confesar o no confesar.

La historia de crímenes y castigos no es importante en el mito –ni siquiera se dice si son inocentes o culpables– sino el dilema: si ninguno confiesa la pena será leve, si ambos lo hacen, la pena será grave. Parece que es mejor no confesar, pero hay una trampa. Si uno confiesa y el otro no, el que lo hace saldrá libre y la pena del otro será aún mayor que la pena grave. Confesar siempre es mejor, no importa lo que haga el otro. Los prisioneros en la celda pasan a ser prisioneros de la lógica, y es esta segunda prisión la que se encuentra en todos los relatos posteriores.

Es el dilema de Tosca y Scarpia en los cantos operísticos, el de los oligopolios en los ciclos económicos, el de la contaminación y las emisiones en las leyendas ambientadas en el medio, el de las fábulas biológicas de los intercambios recíprocos, el de los relatos psicológicos modernos sobre la adicción o el de las epopeyas de las ciencias políticas sobre las carreras de armamentos.

Además de haber cambiado el relato para influir en tantas y diversas leyendas, también el propio dilema ha cambiado al hacerse repetitivo. Cuando esto ocurre, la resolución del dilema es otra. En estas narraciones los humanos pueden elegir cooperar y mantener su humanidad racional, mientras que se condicione a haber cooperado en el pasado. También pueden fracasar y ser lobos para el humano. El destino no está escrito y lo que parece entenderse de este mito es esta paradoja: la maldición de la humanidad es el dilema del prisionero, su bendición es que se repita.

Para saber más de este mito, véase aquí y aquí.

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Hace tres años en el blog: ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?
Hace cinco años en el blog: La historia más asombrosa jamás contada (1).
Y también: La historia más asombrosa jamás contada (2). Linneo, Buffon... y ¡Borges!
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