domingo, 11 de agosto de 2013

16: Problemas existenciales.

Entradas más vistas del blog. La número 16 es esta publicada originalmente el 6/11/11.


Uno de los enredos que más perduran en Filosofía ocurre cuando se toca el tema de la existencia. No me refiero al sentido de la vida, de nuestra existencia, que sería también una buena discusión, sino a preguntas como estas:
  • ¿Existe el número dos?
  • ¿Existen las ideas?
  • ¿De qué manera?
  • ¿Hay distintos significados de existencia?
He aquí como yo lo veo. Existe la realidad y existen modelos para referirse a ella. Esos modelos pueden ser muy precisos, como los modelos formales, o imprecisos y contradictorios, como lo son todos los instintos que traemos de fábrica. Nuestro mejor modelo de la realidad dice que lo que existen son las partículas elementales, con sus propiedades e interacciones. Según eso, los seres pensantes somos una colección de partículas con un ordenamiento dado por la evolución biológica y que incluye modelos mentales para sobrevivir mejor. La evolución nos ha imbuido de procesos mentales que llamamos ideas. En este sentido, las ideas son procesos mentales y no existen si no hay seres que las piensen.

Hay otro sentido en el que algunas ideas parecen ser especialmente permanentes y existir independientemente de los seres pensantes. Por ejemplo, nos es fácil imaginar que cualquier ser pensante dará con la idea del número dos (incluso es fácil imaginarse que la tengan seres no tan pensantes). También nos es fácil imaginar que dará con la idea de que es posible dar mate en un final de rey y torre contra rey en el juego del ajedrez.

Este último ejemplo es de particular interés porque deja claro cuál es el sentido de la existencia de esa jugada de mate: si partimos de las reglas del ajedrez y de una posición de rey y torre contra rey entonces existe una manera de jugar que lleva a mate. El condicional es la clave.

Lo mismo tenemos con otras ideas, como la de los números, que se pueden elaborar a partir de axiomas en un modelo tan formal como el ajedrez. Lo que pasa, claro está, es que se puede tener la idea del número dos sin necesidad de tener el modelo formal de la aritmética. Por ejemplo, puede estar en un modelo más informal como el que tenemos algunos seres vivos para relacionarnos con el entorno. El que el modelo sea más o menos riguroso es irrelevante. Lo relevante es que la idea es condicional al modelo de la realidad. En ese sentido existen los números, el color rojo, la hipótesis del continuo, el círculo cuadrado o el ratoncito Pérez.

Algunas ideas son casi inevitables, otras son imprecisas, otras arbitrarias, otras contradictorias, otras absurdas y sin sentido. Todas tienen el mismo estatus de existencia: condicional a que aparezcan en un modelo sobre la realidad. El que en cada modelo se hable de existencia de la misma manera no hace que todas las existencias tengan el mismo estatus. Depende del modelo.

Si a las ideas casi inevitables se les quiere otorgar un lugar preeminente en el mundo de las ideas, no me parece mal, siempre que se sepa de qué hablamos.

¿Qué importancia tiene todo esto? No mucha si no fuera porque hay gente que, otorgando un estatus especial a algunas ideas casi inevitables (según nuestro entendimiento) pretenden hacer ver que hay algo así como ideas preexistentes y que descubrimos (véase este ejemplo). Si solo se refieren a las matemáticas, podemos hablarlo, pero es que a menudo se refieren a muchas otras ideas (¿a todas? ¿a las contradictorias? ¿a las imprecisas?) y acaban, por ejemplo refiriéndose a la idea preexistente de ser humano, de lo bueno o de dios. Y se refieren a ellas como si fueran ideas que significan algo preciso y que nos obligan a sus consecuencias, que no son más que prejuicios, en lo que se refiere a la planificación familiar o investigación genética, a la aceptación de un código moral o ideas religiosas.

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