viernes, 26 de agosto de 2011

Deuda y déficit


El déficit de las cuentas públicas se va a limitar por ley. En la Constitución se establecerán los principios y una ley orgánica recogerá los detalles, entre ellos la cuantía del límite.

Será así: el déficit estructural no puede superar el 0,4% del PIB. Eso del déficit estructural lo que hace es decir que no es el déficit de cada año, sino el de un ciclo económico (que incluye unos años de boom y otros de recesión, por ejemplo). Aquí se discuten más detalles con muy buen juicio.

No está mal un poco de disciplina en los presupuestos. Fijémonos en que la regla permite tener déficits en épocas de crisis mientras se compensen con superávits en épocas de bonanza (también permite lo contrario, pero esto no parece estar en la cabeza de nadie). ¿Cómo de bueno es esto? ¿Qué habría pasado en la crisis actual de haber seguido esta regla?

Recordemos que, ante la crisis actual, ha habido quien abogaba por aumentar el gasto público, en plan keynesiano, para activar la economía y que había también quien proponía ser austeros para no estar pillados con la deuda. En España, la razón parece haber caído del lado de estos últimos. España no puede gastar más sin emitir deuda, pero los intereses se dispararían todavía más, asfixiando los presupuestos. Buena parte de la razón es que el nivel de deuda anda ya por el 70% del PIB. En sí mismo esto no es mucho en comparación con otros países, pero la política de expansión del gasto, junto con la incertidumbre acerca de si el estado acabará inyectando grandes cantidades de dinero a la banca y las bajas previsiones de crecimiento, pondrán nerviosos a los compradores de deuda.

En EEUU esto no pasa. Incluso con niveles de deuda altos, el país sigue ofreciendo confianza a los prestamistas y sigue pagando intereses bajísimos por la deuda que coloca, así que no debe extrañar que haya voces que digan que allí bien se puede seguir gastando dinero por parte de la cosa pública para, por ejemplo, arreglar carreteras y educación.

¿Por qué tenemos un 70% de deuda en España? Por la misma razón que tienen deuda los demás países, porque, a pesar de los años de bonanza que hemos tenido, los distintos gobiernos no la han conseguido eliminar (a decir verdad, en España se bajó del 80% en 1998 al 40% justo antes de la crisis, algo que no ocurría en otros países). Si hubiéramos reducido a cero esa deuda (aprovechando el crecimiento económico y con la norma de presentar superávits en años de crecimiento) y si nos comprometiéramos ahora a no rescatar un solo banco podríamos pedir prestado a intereses bajos grandes cantidades de dinero para mover recursos que ahora están ociosos en la economía.

Con altos niveles de deuda las políticas de expansión del gasto tienen muy poco recorrido, sobre todo si uno no es EEUU o Alemania, como bien ha aprendido ZP a su pesar.

martes, 23 de agosto de 2011

El extraño viaje del líder a Madrid


Hace unos años Madrid recibió la visita de un jefe de estado extranjero, pero no de uno cualquiera; se trataba de un líder ideológico y hasta espiritual para muchos madrileños y españoles.

Es cierto que había y hay más agrupaciones marxistas, socialistas y comunistas, pero este líder lo era de una de sus facciones más ortodoxas y contaba con muchos seguidores y simpatizantes. Dueño absoluto de su pequeña isla caribeña, su influencia llegaba mucho más allá y se extendía por el mundo.

La visita no tenía ningún carácter oficial, en el sentido de discutir las relaciones bilaterales entre los dos países. Sin ningún intercambio comercial, ninguna declaración conjunta sobre la situación política internacional, ninguna resolución de estrategias coordinadas en el seno de la diplomacia mundial, la visita era única y exclusivamente para que el mandatario extranjero pudiera ejercer de líder ideológico.

El gobierno de la nación, la presidencia de la comunidad y el alcalde dieron toda clase de facilidades. Además, algunos de estos mandatarios son marxistas o fueron educados en esta ideología de gran tradición en España, y estaban contentos con la visita. Se otorgaron visas con gran facilidad para que pudieran llegar decenas de miles de jóvenes pioneros de las distintas células y partidos socialistas y comunistas de todo el mundo que acudieron a las jornadas de adoctrinamiento marxista, se habilitaron escuelas para acogerlos, se les dio transporte y tickets de comida a precios subvencionados, se paralizó la ciudad, se montaron unas casetas en el parque de El Retiro para que pudieran hacer sus autocríticas e, incluso, se colocaron consignas revolucionarias en algunos edificios públicos.

El jefe de estado, que, en privado, se dice, profesa esta ideología e incluso adoctrina a sus hijos en ella desde pequeños, rindió pleitesía al líder. El alcalde, viejo profesor marxista, estaba encantado. Otros eran más pragmáticos y se dejaban llevar, no era cosa de molestar al líder. Incluso se conculcó la libertad de expresión y de manifestación para minimizar las protestas que pudiera haber.

Los mensajes del líder fueron los ya consabidos (no hacía falta tanto viaje para unas alforjas tan vacías): que si no hay salvación fuera de la revolución, que si no se puede ser buen marxista fuera del partido y otras afirmaciones acerca de la bondad del monopolio ideológico.

El líder se fue finalmente. Por fortuna, cada año los adeptos a tanta ideologización fueron disminuyendo en número y en influencia y hoy en día daría vergüenza y no se toleraría tanto desatino por parte de la cosa pública hacia una ideología particular.

domingo, 14 de agosto de 2011

Hablar es gratis (2)



En la entrada anterior con este mismo título exponía qué tipo de información sirve para distinguir a una persona de su impostor y cuál no sirve.

Vayamos un poco más allá y apliquemos el mismo análisis a las proposiciones acerca de la realidad.

Uno de los argumentos que me parecen más persuasivos cuando se trata con creyentes en, por ejemplo, cualquier práctica médica sin evidencia empírica es proponer lo siguiente.

1. Existen muchas prácticas médicas alternativas: la homeopatía, la iridiología, la acupuntura, la de los chamanes, la de los hueseros, la ayurvédica, la quiropráctica, la osteopatía, la magnetoterapia, la aromaterapia, la de los vendedores de aceite de serpiente, la de los curanderos, el psicoanálisis, …

2. ¿Crees en todas ellas o hay alguna sobre la que tienes algún reparo total o parcial? Por ejemplo, acaso creas que la iridiología es una patraña o que algunos curanderos son impostores.

3. ¿Por qué no crees en alguna de ellas y en otras sí?

4. Una respuesta adecuada a la pregunta anterior debería incluir algún tipo de evidencia que exista en el caso de la práctica en la que crees y que no exista en la práctica en la que no crees.

5. Evidencia del tipo “hay mucha gente que cree”, “es una práctica consolidada en el tiempo”, “la gente que acude a ella se siente mejor”, “si no funcionara, no tendría tantos seguidores”,  “por qué no va a funcionar”, “la ciencia muchas veces a aceptado cosas que antes no hacía” o “la gente que se dedica a ello ha acumulado mucha experiencia sobre esa práctica y saben que funciona” no es un buen argumento. Cualquier curandero tendrá una fila de gente dispuesta a atestiguar que sus prácticas funcionan.

6. La evidencia debe ser del tipo que permita distinguir las prácticas en que crees de aquellas en que no crees. ¿Qué tal alguna investigación que tenga en cuenta la posibilidad de que estemos ante algún tipo de autoengaño, placebo, sugestión, sesgo cognitivo,…?

7. Habría que aceptar las consecuencias de no encontrar que la práctica en la que creemos no tiene argumentos en su defensa que no tenga aquella en la que sí creemos.

He dicho que es un argumento que me parece especialmente convincente. En realidad no pienso que haga demasiada mella en alguien ya convencido, pero esa no suele ser la cuestión, sino la de exponer unas dudas a quien no esté plenamente convencido o la de presentar un argumento sencillo en una charla o en una clase sobre el método científico.

martes, 9 de agosto de 2011

Exactamente, ¿qué dice la prima de riesgo?


Llevamos meses con el alma en vilo a cuenta de la prima de riesgo española. Nos explican que el interés que se paga por la deuda española es mayor que el que se paga por la alemana debido a que quienes compran deuda piensan que la española tiene más riesgo. Es decir, que podría ser que España no pagara toda o parte de su deuda.

Muy bien, pero ¿cómo de probable es eso?

Pongamos unos números para entendernos. Por ejemplo, sea que la base de comparación es la deuda alemana y que esta no presenta ningún riesgo de impago y paga un interés del 2% (es más bien el 2,5%, pero dejemos los detalles finos). Pongamos ahora que el interés de la deuda de España es el 6% (cuatro puntos por encima o 400 puntos básicos, como es del gusto decir ahora). ¿Qué estarían diciendo los mercados?

Veamos: comprar deuda española al 6% es como comprar deuda alemana al 2%. Como la deuda alemana da 102 en un año por cada 100 invertidos y lo hace con total seguridad, la deuda española dará también un 102 en promedio. ¿Promedio de qué? De las estimaciones de pago y de impago. Pongamos dos casos:

(i) España pagará su deuda solo con probabilidad p.

(ii) España pagará solamente la mitad de la deuda (y sin intereses) con probabilidad q.

En el caso (i) tenemos que 102=106p, por lo que p=0,9623. Así que los mercados estarían opinando que España pagará su deuda solo con un 96,22% de probabilidad.

En el caso (ii) tenemos que 102=106q+50(1-q), por lo que q=0,9285. Así que los mercados opinarían que España pagará toda su deuda con probabilidad 92,85% o bien solo la mitad con probabilidad 7,15%.

Por supuesto, la realidad será que opinen no exactamente una de esos dos casos, sino una combinación de ellos y otros parecidos, pero nos hacemos una idea.

La cuestión es: ¿Es realista pensar que, efectivamente, hay esas probabilidades de impago? Si la respuesta es no, hay un comportamiento anomalo en los mercados.

sábado, 6 de agosto de 2011

Hablar es gratis



Según la leyenda, dos mujeres acudieron al rey Salomón reclamando ser la madre de un niño. Salomón decidió partir en dos a la criatura y entregar una mitad a cada madre. Una de ellas aceptó, pero la otra renunció a su reclamación. Salomón le dio a esta última el niño, al notar que solo una madre podría sacrificarse de esa manera para salvar al niño.

Una bonita historia, si no fuera porque quien la escribió hizo comportarse de manera poco inteligente a la falsa madre. Habría bastado que también hubiera retirado su reclamación para colocarse en la misma situación que la verdadera madre.

Para que un individuo no pueda hacerse pasar por otro debe concurrir alguna circunstancia que el impostor no pueda o no quiera hacer y que el verdadero sí. Por ejemplo, si sabemos que el verdadero tiene cierta información que solo conoce él, podríamos pedírsela a quien pretende serlo y sospechar que es un impostor si se niega a facilitarla.

Otro ejemplo lo constituye una situación en la que el verdadero puede realizar fácilmente una acción que sería demasiado costosa, si no imposible, a un posible impostor. Esta acción debe ser lo suficientemente costosa para el impostor como para que no le merezca la pena hacerse pasar por el original, porque los beneficios de hacerlo no compensaran esos costes.

La prueba que pone Salomón a las dos mujeres que aseguran ser la verdadera madre no es una prueba que permita discriminar, como hemos visto, entre la verdadera y la impostora. Ambas pueden hacer y decir las mismas cosas.

En la Biblia misma (como en el Corán o en cualquier otro libro supuestamente revelado) tenemos otro ejemplo de mala prueba. Algunos aseguran que es palabra de dios (por lo menos, inspirada por dios). Sin embargo, no hay en ese conjunto de libros absolutamente nada que nos haga pensar tal cosa. No hay una sola información que no pudiera haber dado un mortal de la época, ni una sola línea que no pudiera haber sido escrita simple y llanamente por un ser humano, y, desde luego, el hecho de haber escrito cualquiera de esos libros no es un acto excesivamente costoso para un apologeta de la religión judía o cristiana, según el caso.

martes, 2 de agosto de 2011

El economista astrólogo


Hace un año y varios meses, en el primer punto de esta entrada, hacía referencia al economista-astrólogo Niño Becerra que, sin revelarnos sus argumentos ni su método de análisis, se dedica a hacer profecías sin ton ni son sobre la economía. Veamos qué ha pasado desde su apocalíptico artículo ¡en la cuarta de El País! sobre el año del crash:

1. Para empezar, en 2010 no ha habido ningún crash en la economía española. Muchas dificultades, lentitud extrema en las mejoras y en la salida de la crisis, pero ningún crash.

2. Niño Becerra profetizaba una tasa de crecimiento negativa para 2010 de entre el 4,2 y el 4,4%. La realidad se quedó en un crecimiento negativo del 0,1%.

3. Niño Becerra profetizaba una tasa de desempleo del 22 o del 23% (3 o 4 puntos más sobre que el 18% del año anterior). La realidad lo dejó en el 20,1%, 2,1 puntos más que en 2009.

4. En cuanto a los tipos de interés, es más difícil saber cómo se ha equivocado Niño Becerra. Al comienzo del artículo decía que subirían, pero al final se contradecía para decir que iban a bajar. Apuntándose a ambas posibilidades, parecía que las tenía todas para ganar. Pues ni por esas, que durante el 2010 el Banco Central Europeo ni subió ni bajó el tipo de interés.

Es lo que pasa cuando se hace economía astrológica. Increíblemente, sigue siendo contertulio asiduo de la cadena SER.