lunes, 8 de junio de 2015

Un testimonio sobre la transición y el apoyo al terrorismo

Aprovechando el discurso de Urkullu realizando autocrítica en relación a las víctimas del terrorismo traigo al blog un testimonio anónimo que puede ayudar a entender cómo pudo pasar y cómo hay todavía mucho por hacer.

"Nací y crecí en una ciudad obrera en la que casi todos éramos inmigrantes o hijos de inmigrantes. Cuando murió Franco yo era muy joven. En ese momento casi lo único que sabía era que habíamos vivido en una dictadura en la que se negaban la libertad y la democracia, haciendo de España un país atrasado dentro de Europa.
"Poco después de la muerte de Franco, antes de cualquier cambio político y como por arte de magia, comenzaron a ocupar la vida y los espacios públicos ideas que hacía unos pocos meses era impensables. Antes que las ideologías llegaron las ideas de la conciencia de ser una ciudad obrera y vasca. La novedad de lo que esto significaba y la manera en que llegaron unidas después de haber sido reprimidas no pudo hacer sino que se vieran ambas con simpatía por gran parte de la juventud. Todo comenzó a estar politizado. Rencillas de cuadrillas y rivalidades entre grupos de distintas ciudades comenzaron a diluirse al abrazar las causas políticas. Daba la sensación de que íbamos a vivir grandes cambios. Uno de ellos parecía ser la ruptura total con el régimen que quedaba después de Franco. Solo años más tarde comprendimos que la ruptura nunca fue el pacto político en España, sino la Transición. Creo que solo este hecho explica gran parte de las diferencias en cómo fue vivida esa época en el País Vasco y el resto de España. 
"Éramos hijos de obreros y, de pronto, muchos que éramos hijos de inmigrantes, también empezamos a ser vascos. Era imposible simpatizar con el PNV, pues enseguida supimos del racismo de su fundador, Sabino Arana, y de su ideología interclasista y no obrera. El atractivo de la izquierda abertzale era inevitable. Los jóvenes nos dividíamos entre unos pocos del PNV y luego todos los demás de izquierdas. Dentro de ellos estaban los más o menos radicales y los que simpatizaban con la izquierda abertzale o los que lo hacían con la izquierda “normal”. No había conciencia de que elegir una u otra postura fuera demasiado determinante. Todos luchaban contra la represión que todavía se mantenía. 
"Con el tiempo hubo un referéndum por la reforma política y unas primeras elecciones. Estos hechos causaron la primera gran división. Varios partidos aceptaron la Transición mientras otros todavía pensaban en la ruptura y no acababan de creerse que España llegaría a ser un país democrático como los del resto de Europa. Esto, unido a que los más radicales tenían otros objetivos, como los de lograr la independencia del País Vasco o protagonizar una revolución socialista, hizo que mucha gente se negara a aceptar la Transición y diera por buena la continuación de la lucha en la calle y en la armas. 
"Es este el contexto en que muchos jóvenes de mi ciudad y del resto de ciudades del País Vasco podían ser reclutados por ETA. En los pueblos pequeños la cosa estaba todavía más clara, con la parte nacionalista más exacerbada, pero mi experiencia es la urbana. Hubo una amnistía que debió dejar claras las intenciones de los políticos que protagonizaron la Transición en lo que tocaba a integrar a toda la sociedad en el proceso democrático, pero no fue entendido así en el todo el País Vasco. La lucha política siguió, con ellas las manifestaciones callejeras y a su lado, la lucha armada de ETA. La policía no ayudaba. La espiral de acción-represión-acción parecía funcionar. ETA mataba, pero dejaba claro sus objetivos: policías, traficantes de drogas, colaboradores del franquismo, militares,… Estas muertes podían importar poco en el País Vasco, incluso a gentes no afines a ETA. A veces, demasiadas veces, ETA se equivocaba y asesinaba a “inocentes”, lo que iba minando su apoyo popular, sobre todo de los no afines, que acababan distanciándose y condenando su actividad terrorista. 
"Pero continuó el apoyo de los fieles y a eso contribuyó la mucha torpeza de las Fuerzas de Seguridad. No eran infrecuentes los muertos en manifestaciones reprimidas, ni los accidentes, también mortales, que sufrían algunos detenidos. Cada vez que se buscaba a un miembro de ETA que se había identificado la policía detenía a muchos de sus amigos esperando encontrar desde información hasta otros miembros. Por cada miembro de ETA o cada preso había una familia, una cuadrilla de amigos, un barrio, un pueblo, que sabía de las arbitrariedades de la policía y de los malos tratos y torturas a que eran sometidos. A mi entender esto explica el apoyo casi incondicional que tuvo ETA hasta tiempos recientes en una parte minoritaria, pero importante, de la población vasca y es lo que puede ayudar a comprender el apoyo a un terrorismo que de otra manera sería incomprensible.
"Con el terrorismo llegan los asesinatos y también la división social. Con generosidad, lo primero se puede perdonar e, incluso, olvidar. La división social es más difícil. Una parte de la sociedad ha justificado el terror y eso implica que ha tenido que generar un discurso, una mentalidad que se ciega frente al sufrimiento del enemigo y que fácilmente puede llegar a calificar de tal a quienes se le enfrenten. Esta cerrazón mental, este fanatismo, esta incapacidad para el pensamiento es también el legado del terrorismo y, como todas las ideas, tienen vida propia y necesitarán generaciones que vayan librándose poco a poco de ellas."
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Hace tres años en el blog: Conspiraciones económicas.
Hace cinco años en el blog: El dilema del tranvía.
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