sábado, 7 de marzo de 2015

La Economía y la ética de las emisiones de carbono (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de febrero en Mapping Ignorance


En su libro Climate Matters, John Broome (2012) [1] examina el cambio climático desde el punto de vista de la filosofía moral. Al contrario que muchos otros ensayos que considera la ética de la elección social en este tema, el libro de Broome contiene algunos capítulos que se centran en las implicaciones para la ética individual:
“¿Deberías dejar de volar a destinos lejanos en vacaciones? ¿Deberías instalar un aerogenerador en el jardín? Si no, ¿deberías, al menos, comprar la electricidad a un proveedor ecologista? Si esperas encontrar respuestas a estas preguntas en este libro tienes suerte.” (pág. 73)
Para ofrecer una respuesta al lector, Broome enfatiza dos principios éticos centrales: bondad y justicia. La bondad requiere que uno intente y logre mejorar el mundo, como cuando se da dinero a una persona más pobre. La justicia es más exigente: si uno realiza una acción injusta hacia una persona o grupo de personas, entonces les debe una compensación. Broome considera siete condiciones suficientes para que se desencadene el requerimiento moral de la compensación: causas un daño a la persona, eres responsable del hecho, el daño es serio, no es accidental, la acción te beneficia, no hay beneficio recíproco y las acciones para la compensación no son costosas.

De acuerdo con Broome, las emisiones de carbono cumplen las siete condiciones y, por tanto, demandan algún tipo de compensación. Afortunadamente se puede alcanzar fácilmente a nivel individual: “Tu deber privado es reducir tu huella de carbono a cero” (pág. 100).

Nordhaus (2014) [2] analiza las recomendaciones de Broome y ofrece su propio modelo para estudiar estos aspectos éticos. Lo hace con la perspectiva obtenida desde el análisis económico, que comienza con la posición ética de los individuos en un mercado bien regulado. Consideremos un mercado que cumple todas las condiciones del primer teorema del bienestar: no hay poder de mercado (no monopolios u oligopolios) ni externalidades (como la contaminación) ni bienes públicos (como el alumbrado de las calles), entre otras. En estas condiciones el teorema establece que los mercados son eficientes. En este caso las acciones individuales son éticamente neutrales o positivas, puesto que no afectan o afectan positivamente al bienestar de los demás. Por ponerlo en los mismos términos que Broome, nuestras acciones en estos mercados no requieren compensación: si uno compra pan en un mercado donde no hay abuso infantil, una mafia que controle el mercado u otra característica negativa que impida el cumplimiento del primer teorema del bienestar, entonces no hay daño alguno, solo un beneficio para mí y para el panadero. Tras esta idea general, Nordhaus hace varias afirmaciones.

1. Sociedades bien gestionadas. Norhaus extiende la idea anterior a una sociedad bien gestionada. En sus propias palabras, se trata de una sociedad “que está diseñada para procurar el bienestar de sus miembros, contiene leyes y costumbres efectivas para promover la eficiencia económica y la justicia, y se ocupa de manera efectiva de los fallos de mercado y de las desigualdades sociales”. Por ejemplo, una sociedad bien gestionada resuelve los problemas de las externalidades de conducir (mi decisión privada de conducir puede causar un daño a una tercera persona en caso de que tener un accidente) al requerir un carnet de conducir y también al decidir las muchas regulaciones que nos son familiares (límites de velocidad, obligatoriedad del seguro, y disposiciones de ese estilo). Los ingenieros deciden dónde poner señales de “stop” o dónde prohibir adelantar. Una vez que la sociedad bien gestionada pone estas normas, los individuos que cumplen la ley no deben compensación cuando se produce un daño.

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Hace tres años en el blog: Pregunta #5. Los criterios mínimos.
Hace cinco años en el blog: El agente y el principal.
Y también: La reforma de las pensiones.
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