domingo, 14 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. El Homúnculo y el Fantasma en la Máquina. (Reposición)

Una imagen del Homúnculo sensorial

Más propiamente debería hablarse de los homúnculos, ya que se trata de una serie de leyendas en las que la naturaleza de estos seres, especie de demonios hechos a semejanza humana, se adapta a distintas interpretaciones de tal manera que podrían considerarse mitos diferentes.

Lo que une todas las leyendas sobre homúnculos es la idea de un ser que es un modelo del ser humano real. A veces es un ser creado artificialmente, a modo de Golem o de monstruo de Frankenstein, otras veces son plantas que crecen en forma de ser humano allá donde se derramó una gota de semen. Pero estas son las versiones folclóricas que acaso sirvieran de precursoras para los verdaderos mitos de la razón.

Unas sagas filosóficas que hoy se antojan bastante arcanas, conocidas como preformacionismo, hablaban de diminutos seres humanos contenidos en el esperma y que crecían dentro del cuerpo materno. Homúnculos que, de ser machos, debían contener también sus propios homúnculos y así indefinidamente o, por lo menos, debían contener suficientes generaciones como para llegar hasta el fin del mundo.

La Psicología ha desarrollado sus propias leyendas de homúnculos, que aparecen como duendecillos de miembros y rasgos deformados para hacerlos proporcionales a las zonas del cerebro humano encargadas de los aspectos sensoriales o motores de las distintas partes del cuerpo.

Los homúnculos, revoltosos e inquietos, se acaban colando en corrientes filosóficas más modernas como parte de sus ritos didácticos en sus intentos de cambiar los mitos antiguos por otros nuevos. Se trataría de caricaturizar las viejas historias de la dualidad cuerpo-mente, haciendo habitar en ellas un homúnculo que suele ser conocido con el nombre de Fantasma en la Máquina. A pesar del distinto nombre, las semejanzas entre los mitos son evidentes. Debía ser un ser humano diminuto dentro del cerebro, pero en espíritu, no en materia, y que contuviera todas las capacidades del ser humano incluida, claro está, la de contener su propio fantasma.

Imagen de El Fantasma en la Máquina

Increíblemente, este mito perdura hoy en día no solo en algunas filosofías, sino también en ámbitos ajenos a los mitos de la razón como son los religiosos. Estos, en su afán de hacerse pasar por razonables, siguen los pasos de las leyendas más antiguas para meter un homúnculo, no ya en el esperma, sino en el cigoto y sacarlo del cuerpo en el momento de la muerte.

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Hace cinco años en el blog: Hablar es gratis (2).
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viernes, 12 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. La Banda de Moebius. (Reposición)

Ilustración musical de la Banda de Moebius

Se trata de una banda o cinta aparentemente inocua, pero de propiedades e interpretaciones fantásticas. Sabemos de ella por los escritos de August Ferdinand Möbius, relator de algunas sagas matemáticas.

Para entenderla, piénsese en una cinta normal, pintada de blanco por el lado exterior y negra por el interior. Si se le da un corte transversal y se vuelve a pegar, pero habiendo dado una vuelta a un lado, la banda resultante tendrá una cara: una hormiga que camine siempre hacia adelante volverá al punto de partida. Por ejemplo, si comienza desde el lugar en que el suelo empieza a estar pintado de blanco, llegará primero al final de color blanco y comienzo del negro y en ese instante estará aparentemente al “otro lado” de donde estaba al inicio de su andadura, después de haber dado también aparentemente una vuelta a la banda. Si sigue andando volverá al lugar de partida, habiendo caminado siempre por el mismo lado y habiendo tenido que dar dos vueltas aparentes, y no una, para regresar al mismo sitio.

Una hormiga recorriendo la Banda de Moebius
(o una banda de hormigas quietas)

La hormiga de la historia según el canon de los dibujos de Escher es tridimensional y camina sobre la banda. Esta imagen, sin embargo, no es correcta. La verdadera banda es una superficie, con solo dos dimensiones, y no podría ser pintada de dos colores. Un ser de también dos dimensiones se desplazaría dentro de la banda, no caminaría sobre ella. Piénsese que la cinta original se compone de dos láminas y que el espacio entre las dos, sin grosor, por ser bidimensional, es la banda de Moebius. Un monigote bidimensional con un corazón dibujado en su parte izquierda que desplazáramos por ese espacio primero llegaría al final de lo que en la hormiga era la primera vuelta aparente, pero que para él será real, puesto que no estará del “otro lado”, sino en el mismo lugar de salida, pero con el corazón a la derecha. Tendría que dar otra vuelta para recuperar su orientación original. Si el universo fuera el equivalente a una banda de Moebius en tres dimensiones, un humano que le diera la vuelta volvería invertido, como reflejado en un espejo.

La verdadera banda de Moebius es 
el espacio bidimensional sin grosor 
entre las dos láminas aparentes cuando están pegadas

Las referencias a este mito abundan en los relatos científico-fantásticos. Podemos destacar entre ellas las siguientes:
  • Martin Gadner, en su relato No-sided professor, nos refiere una Banda de Moebius a la que se da una vuelta más de tuerca con el resultado de crear una banda sin ninguna cara.
  • En The wall of darkness, Arthur C. Clark nos habla de un planeta dividido por un muro impenetrable y de dos habitantes que quieren conocer lo que hay al otro lado, pero el muro es una banda de Moebius y tanto el otro lado como este son el mismo lado.
  • J. Deutsch cuenta la historia de un tren subterráneo, llamado Moebius, cuyo recorrido es tan intrincado que acaba desapareciendo en otra dimensión.
  • Roger Zelazny, en Doorways in the sand, nos describe la máquina Rhennius, que contiene una banda de Moebius y que invierte los objetos que pasan a través de ella. Uno de los personajes de la obra pasa por el proceso de inversión y acaba, cómo no, con el corazón a la derecha, hecho que le permite sobrevivir a un disparo que apuntaba al lado del corazón.
Hay más referencias, y podemos seguirlas pacientemente, recorriendo paso a paso el mito de la Banda de Moebius, pero el lector sabrá perdonar que no las enumere todas, porque al final volveremos irremediablemente al punto de partida tras un número par de vueltas.

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miércoles, 10 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. El Barco de Teseo. (Reposición)

El Barco de Teseo, con piezas cada vez más modernas

En la mitología griega, después de matar al Minotauro, Teseo regresa al hogar en su barco. Al hacerlo, no solamente se aleja de Creta, sino que se desplaza de mitología y acaba en las sagas filosóficas de los mitos de la ciencia. No él, empero, sino su nave.

Se trata de un barco que, en los años de su vida, ha visto reemplazar cada una de sus partes, hasta el punto que no queda en él ni una tabla original. La obsesión por encontrar esencias y verdades inmutables, creó este mito relacionado con el problema de la identidad. ¿Es el barco el mismo o es otro tras haber cambiado todas sus piezas? Si bien en los comienzos de la Filosofía esta actitud era razonable, resulta asombrosa su pervivencia hasta épocas recientes. Las dos tradiciones, una que sostenía que el barco era el mismo y otra que decía lo contrario, se mantienen vivas tras cambiar de nombre, de lenguaje y de imágenes.

Del Barco de Teseo se pasa al río de Heráclito, al calcetín de Locke (¿cuántos remiendos hasta que deje de ser el mismo?) y a la navaja del abuelo (¿se puede cambiar la hoja y luego el mango sin dejar de ser la misma hacha?). Solo con en el enunciado de las distintas imágenes en que ha derivado el Barco de Teseo se pueden observar dos cosas: primero, que a medida que avanza el tiempo el mito deja de ser tomado en serio cada vez por más gente, y, segundo, que para quien se lo siga tomando en serio se abre el nuevo problema de dilucidar si el mito del calcetín de Locke sigue siendo el mismo mito que el Barco de Teseo.

Tras liberarse de este mito, la Filosofía compuso otro más racional, el Barco de Neurath, que también cambia las partes constantemente, pero esta vez con el añadido de que las obras se hacen en alta mar, sin un puerto, sin una tierra firme que tomar por certidumbre. De la búsqueda de la identidad el mito pasa a la descripción de la posibilidad de navegar sin necesidad de establecer identidades sagradas.

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lunes, 8 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. Los Prisioneros del Dilema. (Reposición)

Imagen de los Prisioneros del Dilema,
castigados a decidir.

Al estilo de algunas mitologías clásicas, como la de la esfinge, la mitología científica tiene sus propios dilemas. Este de los prisioneros es, junto con el del tranvía, el más famoso. La versión más antigua y que da nombre al mito tiene por protagonistas a dos humanos sospechosos de haber cometido un crimen y que son encerrados en celdas separadas. A cada uno se le da dos opciones: confesar o no confesar.

La historia de crímenes y castigos no es importante en el mito –ni siquiera se dice si son inocentes o culpables– sino el dilema: si ninguno confiesa la pena será leve, si ambos lo hacen, la pena será grave. Parece que es mejor no confesar, pero hay una trampa. Si uno confiesa y el otro no, el que lo hace saldrá libre y la pena del otro será aún mayor que la pena grave. Confesar siempre es mejor, no importa lo que haga el otro. Los prisioneros en la celda pasan a ser prisioneros de la lógica, y es esta segunda prisión la que se encuentra en todos los relatos posteriores.

Es el dilema de Tosca y Scarpia en los cantos operísticos, el de los oligopolios en los ciclos económicos, el de la contaminación y las emisiones en las leyendas ambientadas en el medio, el de las fábulas biológicas de los intercambios recíprocos, el de los relatos psicológicos modernos sobre la adicción o el de las epopeyas de las ciencias políticas sobre las carreras de armamentos.

Además de haber cambiado el relato para influir en tantas y diversas leyendas, también el propio dilema ha cambiado al hacerse repetitivo. Cuando esto ocurre, la resolución del dilema es otra. En estas narraciones los humanos pueden elegir cooperar y mantener su humanidad racional, mientras que se condicione a haber cooperado en el pasado. También pueden fracasar y ser lobos para el humano. El destino no está escrito y lo que parece entenderse de este mito es esta paradoja: la maldición de la humanidad es el dilema del prisionero, su bendición es que se repita.

Para saber más de este mito, véase aquí y aquí.

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Hace cinco años en el blog: Exactamente, ¿qué dice la prima de riesgo?
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sábado, 6 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. La Batalla entre la Gravedad y la Termodinámica. (Reposición)

En esta imagen se aprecian los Agujeros Negros,
reinos que surgen de las victorias parciales de la Gravedad

Al modo de las batallas en otras mitologías, como la habida entre Lápitas y Centauros en la griega, que simboliza el triunfo de la razón frente a la barbarie, esta entre dos personajes colosales de la cosmología científica simboliza la forma del universo. Con ejércitos de líneas de fuerza, partículas elementales y un arsenal aparentemente inacabable, la Termodinámica y la Gravedad llevan luchando desde el principio de los tiempos, el Big Bang.

En un primer momento, en la época conocida como etapa inflacionaria, la Entropía, la gran generala de la Termodinámica, cosechó victoria tras victoria. El mundo forjado según sus designios era cada vez mayor, expandiéndose a velocidades tan grandes, que las tropas perdían contacto con unidades que hace un momento se localizaban a simple vista. Estas grandes pérdidas de comunicación no solo no fueron óbice para el triunfo de la Entropía, sino que era parte de sus planes. No importa cómo fuera el futuro de la guerra, de esta manera se garantizaba que la Gravedad no pudiera recuperar el terreno durante los próximos miles de millones de años.

Con qué fuerzas se alió la Entropía para conseguir esta gran victoria inicial es algo que las sagas no cuentan. Tras la batalla inflacionaria, sin embargo, la fuerza de la Gravedad siguió intacta, mientras que la expansión de la Entropía continuaba, aunque mucho más débil. El ciclo de leyendas sobre esta gran lucha está inconcluso. En los últimos textos se recogen tanto la posibilidad de una expansión continua como la de otra en que, terminada la expansión y exhausta la Entropía, agotada por la estrategia de continua retirada a terrenos cada vez más fríos, la Gravedad, a modo de general ruso, reconquiste todo el espacio perdido y cambie las tornas de la partida hacia una gran contracción. De momento la Gravedad ya está ganando sus primeras victorias reconquistando espacio y organizando reinos locales, los Agujeros Negros. 

Hay textos que aprovechan estas leyendas para introducir el mito del “fino ajuste”, por el que esta batalla estaría diseñada para la creación de un universo propicio a la humanidad, pero son espurios y de una mitología distinta, no de la científica, para la que prevalece el mito de la vida como un acomodo, un subproducto de esta lucha de titanes.

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jueves, 4 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. Los Gemelos de Einstein. (Reposición)

En este grabado antiguo se aprecia una versión 
de la leyenda de los Gemelos de Einstein

Son así llamados porque su origen se atribuye al famoso físico del segundo milenio. Se trata de los protagonistas de una leyenda de fines didácticos, con la que allá por los comienzos el siglo 20 se intentaban hacer comprensibles las nuevas influencias del relativismo, que se introducía lentamente y que finalmente suplantaría a los ya viejos mitos newtonianos.

Según la versión más extendida, dos gemelos idénticos se separan cuando uno de ellos comienza un viaje con retorno, que será largo o corto, según a quién preguntemos. El gemelonauta va a bordo de una nave mágica que lo acelerará hasta velocidades cercanas a la de la luz para luego traerlo de regreso a la Tierra. Cuando se reencuentran, el gemelo que se quedó en casa ha envejecido 20 años, mientras que para el viajero solo ha pasado uno. La leyenda no elabora ninguna enseñanza sobre la vida de los gemelos a partir de entonces, sino que se centra en las extrañas vicisitudes que aguarda a la humanidad cuando se adentra en los nuevos misterios de la relatividad.

La leyenda puede leerse como parábola. La naturaleza entrega a ambos gemelos una misma velocidad en el espacio-tiempo para que hagan uso de ella. El gemelo sedentario la ahorra y solo se mueve en el tiempo, mientras que su hermano usa una parte para moverse en el espacio y descubrir maravillas. De esta manera le queda menos velocidad para moverse en el tiempo. Cuando se vuelven a ver y la naturaleza les pide cuentas de sus acciones, el viajero parece haber sido premiado con una vida más longeva por haber hecho una buena inversión con su velocidad. Pero la enseñanza de la parábola es, en realidad, mostrar la falsedad de esta apariencia. El viajero no ha ganado juventud respecto del sedentario, simplemente ha vivido menos. Ambos gemelos envejecen con igual rapidez, solo ocurre que sus referencias temporales se separan.

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martes, 2 de agosto de 2016

Los mitos de la razón. El Tranvía del Dilema. (Reposición)

Imagen del Tranvía del Dilema con algunos rezos a él dedicados

Vehículo fantástico de las sagas filosófico-morales, cuya importancia nada tiene que ver con la capacidad de transportar mortales o dioses, sino con la de servir como instrumento de innumerables versiones de un mismo rito.

Al estilo de las variaciones inducidas en el Cuento de la Buena Pipa, del Rey que tenía tres hijas y las metió en tres botijas y las tapó con pez o de la frustrante tarea de Sísifo, los trabajos y los días del Tranvía del Dilema son interminables. En los primeros viajes el Tranvía del Dilema debe ir por una vía o por otra y arrollar a una o a diez personas, según por cuál se decida. A veces las personas son paseantes, a veces trabajadores de la compañía de tranvías. En los siguientes dilemas se recurre a toda suerte de elementos que parecen surgir en el relato al albur del sacerdote que se encarga de repetir los rezos. Tan pronto aparecen interruptores que están en posiciones caprichosas como caen sobre las vías obesos personajes desde puentes que antes no estaban ahí. El Tranvía del Dilema se ve forzado a volver a comenzar una y otra vez una carrera a ninguna parte, pero llena de obstáculos morales.

Al igual que en el Cuento de la Buena Pipa, a medida que avanza la repetición, las nuevas versiones se alejan cada vez más del relato principal sin evitar giros absurdos o directamente cómicos. Así, el escenario del tranvía termina, por ejemplo, transformándose en un quirófano con mortales necesitados de órganos y ciudadanos que se podrían sacrificar como donantes de esos órganos. El límite de hasta dónde se puede llegar con estas letanías lo pone la imaginación del filósofo oficiante a quien le corresponda mantener viva la tradición del Tranvía del Dilema.

Ver más en El dilema del tranvía.

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Hace cinco años en el blog: El economista astrólogo.
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