jueves, 10 de marzo de 2016

Por un mundo sin racistas

Mi hija Marina, de 14 años, escuchó una conversación en el autobús. Su indignación le llevó a escribir este texto que me pide lo haga público en el blog. Está transcrito tal cual le salió, sin ningún trabajo de edición por mi parte.

"Estoy muy en contra del racismo, ¿por qué? Simplemente creo que un color no hace a la persona distinta, en cambio esto para muchas personas es muy importante. Por ejemplo, un día estaba en el autobús sentada en un asiento y tenía a dos hombres sentados justo detrás de mi y estaban hablando de que estaban a favor del racismo. Algunas de las frases que decían eran las siguientes: 
  • “La humanidad estaría mejor sin los negritos" 
  • “Esos negritos no deberían de existir, deberíamos de vivir sólo los blancos”. 
  • “¡Que les maten a todos!” 
No entiendo cómo pueden algunas personas pensar así… 
Bueno con esas yo creo que nos podemos hacer una idea. Yo quiero luchar por un mundo sin racistas. Sé que no está bien meter la oreja en otras conversaciones pero no lo pude evitar. (En resumen) estoy en contra de los racistas porque que no tienen corazón, están ciegos y la mayoría no saben de lo que hablan. 
Lo primero de todo es que ¡NO HAY RAZAS! Sólo está la raza humana, ni raza negra ni raza blanca. El color es una parte de la genética y la razón por la que los negros son negros era para adaptarse mejor al clima de África. Igual que los blancos han nacido así para adaptarse al frío de Europa. Creo que los racistas deberían de tener un poco de corazón y ponerse en el lugar de los demás. ¿Y si hubiese sido al revés? En vez de criticarles, insultarles, agredirles… deberían de tratarles igual porque somos todos humanos. No somos superiores unos de otros, somos iguales.  
Cuando pasa un negro por mi lado me sale una pequeña sonrisa de alegría, tengo muchos amigos negros y estoy muy agradecida de ello. Aunque también hayan negros racistas, pero es una gran diferencia comparado con los blancos. Me encantaría que las personas abriesen los ojos. 
Y sinceramente no me puedo poner en el lugar de los racistas, lo siento… es que no puedo es injusto y cruel. 
Esta es mi opinión personal y espero que todo el mundo la respete porque tengo derecho a expresar lo que siento, gracias. 
¡NO AL RACISMO!"

martes, 8 de marzo de 2016

La transición a fuentes de energía limpias (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de febrero en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.



Hay dos consecuencias importantes en el modelo de Acemoglu et al. (2016) [1]. Primero, se pueden estimar sus parámetros para la economía de EEUU. Segundo, la inercia tecnológica está presente en el modelo y es una causa de ineficiencia solo si las emisiones de carbono son una externalidad negativa. Esto significa que el modelo, si está sesgado, lo está en contra de encontrar razones para subsidiar la investigación en tecnologías limpias, puesto que hay una razón menos para hacerlo. El resultado es un modelo tratable, pero suficientemente rico, en el que estudiar la competencia entre tecnologías sucias y limpias, que desarrolla la literatura sobre competencia paso-a-paso tal y como se recoge en Harris y Vickers (1995) [2], Aghion et al. (2001) [3], y Acemoglu y Akcigit (2013) [4], y que desarrolla también la microeconomía de la innovación, empleo y dinámicas de producción en Klette and Kortum (2004) [5].

El modelo económico se combina con un modelo flexible del ciclo del carbono ( como en Golosov et al., 2014) [6], siguiendo la literatura creciente sobre modelos de equilibrio general con cambio climático, como Nordhaus (1994, 2008) [7], [8], Nordhaus y Boyer (2000) [9], Stern (2007) [10], y Hassler y Krusell (2012) [11].

La estimación de los parámetros usa datos micro de gastos en I+D, patentes, ventas, empleo, y entrada y salida de empresas tomados de una muestra de empresas estadounidenses en el sector de la energía durante el periodo 1975-2004. De especial importancia son los parámetros que definen la brecha entre las tecnologías sucia y limpia. El modelo se ajusta bien no solo a los datos que han servido para estimar los parámetros, sino también para un conjunto diverso de datos no usados en la estimación, lo que da cuenta de su robustez.

El modelo se usa para el análisis de los impuestos óptimos sobre las emisiones de carbono y de los subsidios a la tecnología limpia, además de otras posibles políticas. A pesar de que, intuitivamente, parece esperarse que los impuestos sobre las emisiones deberían tener el papel predominante en la asignación óptima, puesto que reduce las emisiones actuales e incentiva el dirigir la I+D hacia tecnología, los autores encuentran que los subsidios a la investigación también deben desempeñar un papel importante. En el modelo, la política óptima implica un subsidio a la investigación alto al principio, para después ir disminuyendo con el tiempo. Además, Los impuestos a las emisiones pueden tener un contra-efecto. Los subsidios a la investigación tienen un gran efecto para dirigir el cambio tecnológico, por lo que, en su presencia, no conviene distorsionar demasiado la producción inicial introduciendo un impuesto sobre las emisiones muy alto. La razón por la que el planificador social debería usar ampliamente los subsidios a la investigación es que son una manera muy efectiva de reducir la emisiones futuras.

Entre los escenarios alternativos posibles, los autores investigan los costes de bienestar si se usan solo los impuestos sobre las emisiones y si se retrasa la intervención de la política óptima. El retraso de la política óptima por 50 años tendría un coste en el bienestar equivalente a una disminución permanente del 1,7% en el consumo. El coste de usar solo los impuestos sobre las emisiones, sin añadir subsidios a la investigación, es similar (una disminución del 1,9%). Otra comparación de interés es frente a la política actual que realiza EEUU, con las ayudas a la investigación que realiza este país según los datos tomados de la muestra. Usando estas estimaciones y jugando con diferentes valores para el impuesto sobre las emisiones presentes y futuros, concluyen que la dinámica actual está lejos de la óptima, de manera que con las políticas actuales de EEUU, la dinámica del cambio climático será significativamente peor de lo que podría ser con la política óptima.

Referencias:

1. Acemoglu, D.; Akcigit, U.; Hanley, D., y Kerr, W. 2016. Transition to Clean Technology. Journal of Political Economy 124(1), 52-104.

2. Harris, C., y Vickers, J.. 1995. Innovation and Natural Resources: A Dynamic Game with Uncertainty. RAND Journal of Economics 26, 418–30.

3. Aghion, P.; Harris, C., Howitt, H, y Vickers, J. 2001. Competition, Imitation and Growth with Step-by-Step Innovation. Review of Economics Studies 68, 467–92.

4. Acemoglu, D.; Akcigit, U.; Bloom, N, y Kerr, W. 2013. Innovation, Reallocation, and Growth. Working Paper no. 18993, NBER, Cambridge, MA.

5. Klette, T.J., y Kortum S. 2004. Innovating Firms and Aggregate Innovation. Journal of Political Economy 112, 986–1018.

6. Golosov, M.; Hassler. J.; Krusell, P., y Tsyvinski, A. 2014. Optimal Taxes on Fossil Fuel in General Equilibrium. Econometrica 82 41–88.

7. Nordhaus, W. 1994. Managing the Global Commons: The Economics of Climate Change. Cambridge, MA: MIT Press.

8. ———. 2008. A Question of Balance: Weighing the Options on Global Warming Policies. New Haven, CT: Yale Univ. Press.

9. Nordhaus, W., y Boyer, J. 2000. Warming the World: Economic Modeling of Global Warming. Cambridge, MA: MIT Press.

10. Stern, N. 2007. The Economics of Climate Change: The Stern Review. Cambridge: Cambridge Univ. Press.

11. Hassler, J., y Krusell, P. 2012. Economics and Climate Change: Integrated Assessment in a Multi-region World. Journal of the European Economic Association 10(5), 974–1000.

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Hace cinco años en el blog: Qué no dice el teorema de Gödel.
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domingo, 6 de marzo de 2016

La transición a fuentes de energía limpias (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de febrero en Mapping Ignorance.

Clean-Energy

Las fuentes de energía en el mundo moderno están basadas principalmente en combustibles fósiles, como el petróleo, el gas natural y el carbón. Todas ellas comparten dos características principales que son de la mayor importancia para el análisis económico. Primero, son recursos no renovables. La cantidad de las reservas de estos recursos puede ser grande o pequeña, pero desde luego no son suficientemente grandes para sostener por más siglos la actividad económica a no ser que la demanda de energía decrezca a niveles ridículamente bajos. Segundo, su uso libera a la atmósfera grandes cantidades de CO2 que causan un cambio climático a un alto coste económico. Hay otras características, como el hecho de que alguna de estas fuentes se comercie en un mercado oligopolístico, o la contaminación causada por su uso, pero nos centraremos en las dos primeras características señaladas.

Si solamente estuviera presente el primer problema, el precio de mercado de un combustible fósil aumentaría a medida que se hace más escaso. De esta manera su uso se hace más caro y las alternativas de energías limpias más atractivas. La tasa de sustitución dependerá de cómo de rápido se está agotando el combustible fósil y de cómo las nuevas tecnologías de energía renovable se desarrollan y se hacen más baratas. Hay varias razones por las que este proceso puede no ser eficiente, al margen de las obvias que se refieren al mal cálculo de las reservas o de las posibilidades de las tecnologías futuras (incluso en este caso se podría argumentar que son eficientes dadas las expectativas). Una de las ineficiencias potencialmente más importantes se debe a la inercia en el uso de una cierta tecnología, que hace que el cambio a una nueva incurra en problemas de coordinación: el coste de la vieja y nueva tecnologías importa, pero también importa el número de gente que usa la vieja tecnología y de toda la actividad económica que hay alrededor de ella. Es una posibilidad teórica, y si resulta ser importante o no en la transición a una tecnología limpia se una cuestión de empírica.

Si, además, tenemos el segundo problema de las emisiones de carbono podemos decir con seguridad que el ritmo de la transición no será eficiente en la medida que el coste de estas emisiones no se internaliza por los usuarios en forma de impuesto sobre las emisiones de carbono o de un mercado de emisiones. En ese caso la transición no sería eficiente porque el uso de combustibles fósiles no lo es en el momento actual. En ausencia de inercia o de problemas de tecnologías con trayectorias dependientes, la internalización de los costes de emisión (vía impuestos o mercados de emisiones) debería ser suficiente para mover la economía a una senda de transición óptima.

Acemoglu et al. (2016) [1] combinan estos dos aspectos para diseñar un modelo en el que estimar la política óptima para la transición a una tecnología limpia. La primera tarea es especificar un modelo en el que ambas tecnologías, la sucia y la limpia, compitan en diferentes sectores. Dados unos impuestos a las emisiones de carbono, los productores de bienes finales elegirán la tecnología que quieran usar y también cuántos recursos dedicar a mejorar una u otra tecnología. La manera en la que la investigación se traduce en mejoras es gradual, pero con una pequeña probabilidad de dar con un resultado importante que supone un salto cualitativo y que hace superar a la tecnología de la competencia (típicamente será la limpia la que empiece en peor situación). La innovación tiene así la siguiente característica: cuando la tecnología limpia está muy por detrás, la mayor parte de la investigación dedicada a ella generará innovaciones graduales que no podrán ser aprovechadas con beneficios a no ser que haya unos altos niveles de impuestos sobre las emisiones. Sin embargo, si la investigación en energías limpias se mantiene en el tiempo, poco a poco se hace auto-sostenible a medida que el conjunto de tecnologías limpias que compiten con las sucias se expande como resultado de una serie de variaciones graduales.

Continúa aquí.

Referencias:

1. Acemoglu, D.; Akcigit, U.; Hanley, D., and Kerr, W. 2016. Transition to Clean Technology. Journal of Political Economy 124(1), 52-104.

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lunes, 22 de febrero de 2016

Un mundo de fronteras abiertas (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de enero en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


Resultado de imagen de world open borders

Para escribir un modelo más realista y confiable deben hacerse unos cuantos cambios. Por ejemplo, uno puede querer tener en cuenta los costes de emigrar. Un trabajador emigrará cuando el valor presente de todos los futuros incrementos en salario que encontrará en el país rico sea mayor que el coste de emigrar. Es fácil calcular el coste monetario de emigrar, pero el cálculo de otros costes (como el coste de dejar la cultura propia, amigos y familia) es más complicado. Aún así, se pueden usar casos reales de apertura de fronteras para obtener una estimación. Por ejemplo, los puertorriqueños pueden emigrar libremente a los Estados Unidos, donde pueden esperar ganar el doble, incluso tras tener en cuenta los precios más altos en EEUU. Como sabemos cuántos puertorriqueños deciden emigrar y cuánto ganan en ambos lugares, podemos estimar el coste de emigrar. Este caso y otros más a lo largo del mundo dan una estimación aproximada del coste de emigrar equivalente a unos diez años del salario anual. Cuando se introducen estos números en el modelo, las ganancias de las fronteras abiertas y el número de trabajadores que se desplazan disminuyen, pero no por mucho.

Llegados a este punto destacan dos cuestiones. La primera: si hay tantas ganancias potenciales por permitir la libre inmigración, ¿cómo es que ningún país ha elegido recoger todos esos beneficios? Y segunda: ¿hay alguna razón para pensar que tal vez esos billones de dólares no estén ahí después de todo? Borjas (2015) [1] usa una versión más completa del modelo para argumentar que la respuesta a la segunda pregunta puede ser positiva y para proponer a la vez una explicación a la primera. Es importante recordar que Borjas no piensa que este modelo más completo sea un buen modelo para estimar las ganancias potenciales de abrir las fronteras, sino que lo usa para hacer notar cómo la inclusión de más variables puede hacer cambiar drásticamente las conclusiones. Si el modelo es una buena simulación de esta realidad o hay uno mejor es algo que todavía no sabemos bien. El modelo solo sirve para ilustrar la falta de apoyo para la hipótesis de la ganancia de los billones de dólares. La variable que Borjas añade está en línea con las teorías de la importancia de las instituciones en Acemoglu y Robinson (2012) [4], e intenta acercarse a cuestiones no mencionadas en la literatura anterior: ¿cuántas personas emigrarán? ¿Cómo serán las condiciones económicas en el nuevo mundo sin fronteras? ¿Qué les pasará a las instituciones y normas sociales que gobiernan los intercambios económicos en cada país tras la salida o entrada de tal vez cientos de millones de personas? ¿Las instituciones que presumiblemente llevaron a intercambios eficientes en los países más ricos seguirán siendo dominantes y se extenderán por todo el mundo, o serán reemplazadas por las ineficiencias económicas y políticas que han impedido el crecimiento de los países más pobres?

La idea es la siguiente. Si un millón de inmigrantes entran en un país de 10 millones, estos inmigrantes pueden adaptarse a las instituciones económicas de su nuevo país, pero si son 20 millones los que entran, bien pudieran imponer sus propias instituciones, las mismas que los mantuvieron pobres en su país de origen. Borjas añade una variable que refleja la combinación de instituciones nacionales e importadas según cambia el número de inmigrantes, y muestra cómo de esta manera cambian drásticamente los resultados, hasta el punto de hacer que las ganancias potenciales sean insignificantes. La analogía matemática sería que el primer modelo era demasiado simplista y usaba una derivada parcial en el punto x para estimar el valor de la función en el punto y cuando este punto y no solo está lejos del x, sino que ni siquiera está en la dirección señalada por la derivada parcial.

Referencias

1. Borjas, G.J. 2015. Immigration and Globalization: A Review Essay. Journal of Economic Literature 53(4), 961–974.

4. Acemoglu, D., y Robinson J.A.. 2012. Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty. New York: Random House, Crown Publishing.

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Hace cinco años en el blog: ¿Democracia en el mundo árabe?
Hace tres años en el blog: Extrañas afirmaciones de A. Garzón sobre el comercio internacional.
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sábado, 20 de febrero de 2016

Un mundo de fronteras abiertas (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de enero en Mapping Ignorance.

open borders

Pedimos trabajadores, pero vinieron personas.
Max Frisch

En un artículo anterior (aquí y aquí) revisé la literatura reciente sobre los efectos de la inmigración en el mercado de trabajo. En resumen, encuentra que no hay efectos significativos negativos en el empleo o en el salario de los trabajadores nativos, a la vez que estimula la economía local. A partir de aquí uno puede estar tentado a concluir que la desaparición de las restricciones de inmigración en todo el mundo induciría un gran crecimiento en el Producto Interior Bruto (PIB) mundial. Sin embargo, una cosa es decir que, dado el nivel actual de restricciones a los movimientos entre los distintos países, un flujo adicional de emigrantes es beneficioso y otra muy distinta es decir que, si las restricciones se eliminan, los beneficios se multiplican. Económicamente, esto es equivalente a tomar el efecto marginal por el efecto total. Un matemático puede entender esto como el error que uno comete al aproximar el valor de una curva usando la tangente, un error que puede ser pequeño para cambios pequeños, pero que puede hacerse muy grande cuando se extrapolan valores lejos en el dominio de la función.

Borjas (2015) [1] repasa los modelos que predicen, como dice la metáfora popular, que hay billetes de “billones de dólares” en las aceras, esperando que alguien los coja, si los países receptores de inmigrantes removieran las barreras a la inmigración (véase, por ejemplo, Clemens, 2011 [2]). El modelo más sencillo puede describirse de la siguiente manera. En los países ricos la demanda de trabajo es alta, lo que significa que los salarios son más altos que en los países pobres. Si no hubiera restricciones a la inmigración los trabajadores se moverían de los países pobres a los ricos. A medida que se muevan, los salarios en los países ricos decrecerían y los de los países pobres crecerían. La inmigración pararía cuando los salarios se igualaran en todos los países. Con unos pocos supuestos sobre las funciones de producción de los países se pueden especifica las funciones de demanda de trabajo y estimar sus parámetros. A partir de ahí se puede calibrar el modelo para simular las distintas economías y realizar ejercicios contra factuales. Con datos del Banco Mundial para el año 2011, la estimación es que el PIB mundial crecería de 70 a 110 billones de dólares, un crecimiento de casi un 60%. Este incremento en la producción se debe a que 2.600 millones de trabajadores emigran de los países menos productivos a los más productivos, lo que supone en 95% de la fuerza de trabajo total de los países pobres. Otra consecuencia es que los trabajadores nativos en los países ricos perderían el 40% de sus salarios, que los trabajadores en los países pobres y los emigrantes ganarían un 143% más, y que los capitalistas verían incrementado sus ingresos un 57%.

Por supuesto que el modelo es muy simplista, pero consigue señalar un par de problemas que encontraremos incluso con modelos más refinados: para conseguir incrementos del PIB del orden de billones, es necesario mover a miles de millones de personas (más aún si los trabajadores se mueven con sus familias). El trabajo seminal en esta área, Hamilton y Whalley (1984) [3], por ejemplo, dedica mucho espacio a detallar las ganancias en dólares, pero nunca llega a indicar el número de trabajadores que deben emigrar para conseguir esas ganancias en ninguna parte de su estudio. El otro problema es que el modelo muestra que habrá perdedores en los países ricos que se opondrían a la apertura de las fronteras.

Referencias:

1. Borjas, G.J. 2015. Immigration and Globalization: A Review Essay. Journal of Economic Literature 53(4), 961–974.

2. Clemens, Michael A. 2011. Economics and Emigration: Trillion-Dollar Bills on the Sidewalk? Journal of Economic Perspectives 25 (3), 83–106.


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Hace cinco años en el blog: Paternalismo y adoctrinamiento (2).
Hace tres años en el blog: Ignorancia supina sobre el desempleo.
Y también: La curva de Laffer y el ministro Montoro.
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sábado, 13 de febrero de 2016

Escépticos en el Pub. Sectas 2.0: El origen emocional de la enfermedad

Hoy sábado 13 de febrero la ponencia en Escépticos en el Pub Madrid vendrá de la mano de Emilio Molina (@ej_molina_c), Ingeniero Informático y licenciado en Comunicación Audiovisual, coordinador de la sección sobre "El origen emocional de la enfermedad" de la asociación de prevención sectaria RedUNE.

Entusiasta de la ciencia y la divulgación, a sus 34 años lleva los últimos tres dedicando gran parte de su tiempo a recopilar información y alertar del auge alarmante de varias pseudoterapias con riesgo de deriva sectaria basadas en "el origen emocional de la enfermedad", a raíz de un caso cercano que le motivó a adentrarse en todo un aberrante mundo que "se esconde justo ante nuestros ojos".

La charla se titula Sectas 2.0: El origen emocional de la enfermedad y será un repaso histórico del inicio de una de las pseudoterapias sectarias más destructivas que ha pasado por España, la "Nueva Medicina Germánica" y su evolución y diseminación en nuestro país junto con movimientos derivados del mismo, como la "Biodescodificación" y la "Bioneuroemoción". Además de explicar los sesgos que llevan a creer en ellas y los riesgos que suponen, se abordará también qué herramientas de ingeniería social utilizan para su infiltración en campos de prestigio presupuesto, como Universidades o Colegios de Salud.

Como siempre, la entrada es libre y gratuita para mayores de 18 años y mayores de 16 años acompañados de padres o tutores. Una vez más, recordad que esta temporada hemos cambiado de local y de hora. Os esperamos en el Moe Club, en Alberto Alcocer 32, a las 19:00.

El cartel, obra de Emilio Molina (@ej_molina_c).

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Hace cinco años en el blog: Paternalismo y adoctrinamiento.
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miércoles, 10 de febrero de 2016

La lucha de clases


Izquierda frente a derecha, proletarios frente a capitalistas, pobres frente a ricos, los de abajo frente a los de arriba, desposeídos frente a propietarios. ¿Cómo no reconocer estas diferencias en la población? Las diferencias de intereses, de ideología y de necesidades son evidentes. Pero esto no es la lucha de clases. O, mejor dicho, reconocer estas diferencias no es lo que define lo que se conoce como lucha de clases desde la perspectiva marxista.

La lucha de clases como explicación de la historia

En principio, la lucha de clases se refiere a que estas diferencias entre clases son el motor de la historia. La lucha de la burguesía frente a la aristocracia nos saca del sistema feudal y nos encamina al capitalismo. La del proletario frente al capitalista nos lleva al comunismo. Esta lucha de clases está en el centro del materialismo histórico. El problema es que los hechos no encajan con la teoría. Para empezar, no todos los grandes acontecimientos históricos se explican como lucha de clases. Segundo, la evolución seguida por los países europeos, que sirvió de referencia a los marxistas, por comenzar ahí la revolución industrial, no es la seguida por el resto del mundo. Tercero, y para desconcierto de los marxistas de la época, las revoluciones comunistas surgieron donde ellos decían que no deberían haber ocurrido, en países sin industrializar o poco industrializados. Por supuesto, para todas las excepciones hubo explicaciones ad hoc y hubo reinterpretaciones de la historia y de la teoría para conseguir encajar las cosas. Y si hubo problemas para entender que el comunismo surgiera en esos países, todavía era peor observar a los países industrializados pasar a ser sociedades con economía de servicios donde toda la teoría se diluía.

Y todo esto sin contar con la propia definición de clase, que no podía ser objetiva, porque tampoco cuadraban los hechos, sino subjetiva: un obrero es de clase obrera y participará en la lucha de clases cuando sea consciente de la explotación a que está sometido. Con esta manera de dar la definición evitamos problemas a costa de no ser falsables. Las clases existen y tú perteneces a esta clase. ¿Dices que no? Es que estás alienado.

La lucha de clases como estrategia política

Vale, la historia realmente existente no encaja con el materialismo histórico, pero podemos proponer la lucha de clases como acción política. Existen los que tienen los medios de producción y los que no. Concienciemos a estos últimos para formar un frente común y cambiar el sistema económico hacia el ¿comunismo? de manera que haremos que se cumpla la profecía de la lucha de clases como motor de la historia. Ahí ya está la opinión de cada cual y sus esperanzas, pero la historia política del último siglo no parece que dé mucha razón a esta política como estrategia, que con sus altibajos cada vez ha tenido menos adeptos. Habrá quien extrapole los casos de Syriza en Grecia y Podemos en España en el último par de años como una tendencia que les da la razón. Se olvidan del resto del mundo y de lo que significa una tendencia.

Entonces, ¿no hay clases? Las hay, pero no en el sentido marxista ni con las consecuencias referidas por sus adeptos. Hay ricos y pobres, propietarios y desposeídos, desde luego. Pero en medio hay demasiadas cosas que no sabemos de qué lado están, y en los extremos también hay diferencias de intereses. Difícilmente habrá un choque revolucionario en las sociedades modernas como el requerido por el marxismo. Más fácilmente se continuará la evolución hasta sociedades más igualitarias con las adecuadas políticas económicas. Para el estudio de esa evolución otros conceptos como grupos de intereses o de presión serán más útiles.

Entradas relacionadas:

Marxismo y economía moderna (1)
Marxismo y economía moderna (2)

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Hace cinco años en el blog: ¿Dónde están las llaves?
Hace tres años en el blog: ¿Son necesarias las leyes?
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