miércoles, 27 de febrero de 2013

Experimentos con mercados (2)

Esta es la segunda parte de la traducción del artículo publicado en Mapping Ignorance La primera parte está publicada en la entrada anterior y debe leerse para entender esta.



El primer intento de obtener datos experimentales sobre el equilibrio competitivo fue realizado por Chamberlin (1948) [1]. En su trabajo pionero, varios participantes en un experimento de mercado podían moverse libremente por el aula y negociar en grupos dispersos. Estos participantes eran individuos como Ana, Abel, Zoe y Zenón en nuestro ejemplo de la entrada anterior, pero con una mayor variedad de costes y valoraciones. No obstante, el experimento encontró una dispersión en los precios, en lugar de una convergencia al punto de equilibrio. Fue Vernon Smith (1962) [2] quien descubrió una sorprendente y rápida convergencia al punto de equilibrio simplemente añadiendo la novedad de que los precios negociados pudieran ser conocidos públicamente. El experimento se conoce técnicamente como "mercado de subasta doble con ofertas públicas" (doble subasta, en breve).

Más tarde, Smith (1982) [3] mostró experimentalmente que la información necesaria para que lo mercados funcionen según muestra la teoría es mínima. Los agentes deben conocer únicamente sus valoraciones privadas y los precios públicos. Este trabajo constituye la prueba experimental de una version de la conjetura de Hayek, que fue demostrada teóricamente por Hurwicz (1960) [4] en un teorema que dice lo siguiente: cualquier mecanismo económico eficiente necesita intercambiar un mínimo de n-1 mensajes, donde n ese el número de bienes. Dado que los participantes en un mercado solamente necesitan conocer n-1 precios relativos (el precio del bien numerario, el dinero, se fija en 1), se alcanza el mínimo. Un mecanismo de planificación central, por su parte, necesita de un número mucho mayor de mensajes.

Aún así, los agentes deben ser racionales, tal vez uno de los supuestos del modelo más criticados y menos entendidos. En el modelo, racionalidad significa dos cosas; primero, que los agentes tienen preferencias definidas y transitivas y, segundo, que tomarán acciones para satisfacer esas preferencias. De nuevo, esta es una condición suficiente que ha sido relajada. Por ejemplo, Becker (1962) [5] mostró cómo algunas de las características del modelo, como la función de demanda decreciente en el precio, se puede derivar como una consecuencia en el nivel del mercado de elecciones aleatorias sujetas a una restricción presupuestaria. El siguiente hito en los mecanismos de doble subasta sucedió cuando Gode y Sunder (1993) [6] mostraron que el mismo resultado se obtiene para la convergencia al equilibrio: si los sujetos experimentales se reemplazan por programas de ordenador que realizan ofertas aleatorias sujetos únicamente a la restricción presupuestaria, el resultado es muy cercano al equilibrio competitivo.

Este último trabajo ayuda a explicar el hecho sorprendente de que los mercados de doble subasta funcionan como dicta la teoría con todo tipo de agentes: educados e iletrados, economistas y filósofos, amos de casa y gerentes de alto nivel.

Sin embargo, todavía quedaban dos problemas por resolver. Primero, el nivel de eficiencia de los programas aleatorios no llegaba al 100% (los autores informaban de un 90%), y los trabajos se referían a situaciones con un único mercado. Segundo, incluso con agentes racionales, el proceso de tâtonnement postulado para la convergencia al equilibrio teórico no funcionaba siempre. Se habían sugerido algunas dinámicas alternativas, pero la elección parecía ser entre procesos simples que no funcionan siempre y procesos complicados que sí lo hacen.

Crockett, Spear y Sunder (2008) [7] se enfrentan a este problema y encuentran una regla de aprendizaje sencilla que converge al equilibrio competitivo. El el nuevo proceso tâtonnement, en lugar de cambiar el precio de acuerdo con los excesos de oferta o demanda, los agentes lo cambian dependiendo de si están o no subsidiando a otros agentes a esos precios.

Este trabajo no debe entenderse como que los autores afirmen que los agentes se comportan de acuerdo con esa regla. Más bien muestra que un poco de aprendizaje es suficiente para llegar al equilibrio competitivo y abre las puertas para encontrar otras condiciones suficientes y sencillas. También abre las puertas a la realización de nuevos experimentos sobre a estas reglas de aprendizaje. Finalmente, su modelo se aplica a una economía de intercambio y todavía debe extenderse a una economía con producción. La investigación continúa en torno a estas líneas.

Referencias

[1] Chamberlin, Edward 1948. An experimental imperfect market. Journal of Political Economy 56, 95-108.

[2] Smith, Vernon 1962. An experimental study of competitive market behavior. Journal of Political Economy 70, 111-137.


[4] Hurwicz, Leonid 1960. Optimality and informational efficiency in resource allocation processes in Mathematical Methods in the Social Sciences, edited by Kenneth J. Arrow, Samuel Karlin, and Patrick Suppes. Stanford: Stanford University Press. Also in Readings in Welfare Economics, edited by K. J. Arrow and T. Scitovsky. New York: Irwin, 1969.

[5] Becker, Gary 1962. Irrational behavior and economic theory. Journal of Political Economy 70, 1-13.

[6] Gode, Dhananjay; Sunder, Shyam 1993. Allocative efficiency of markets with zero-intelligence traders: Market as a partial substitute for individual rationality. Journal of Political Economy 101, 119-37.

[7] Sean Crockett; Spear, Stephen; Sunder, Shyam 2008. Learning competitive equilibrium. Journal of Mathematical Economics 44, 651–671.

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Hace tres años en el blog: 100 economistas 100.
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lunes, 25 de febrero de 2013

Experimentos con mercados (1)

Esta es la traducción del artículo publicado en mapping ignorance. Si todavía no conocéis esta página, ya estáis tardando. Los mejores divulgadores de ciencia te explicarán un tema científico llevándote de la mano hasta la frontera de la investigación. Mapping Ignorance es una iniciativa de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco bajo los auspicios del Proyecto de Campus Internacional de Excelencia – Euskampus. Agradezco a César Tomé, editor, su confianza en mí y a Juan Ignacio Pérez, Iñako, por su sugerencia.
Hay dos razones principales por las que el mercado es el mecanismo económico más estudiado. La primera, porque existen en casi todas las sociedades humanas. La segunda, porque, al menos desde Adam Smith, hemos ido aprendiendo algunas de sus interesantes propiedades.

En particular, la Teoría del Equilibrio General moderna, en su versión estándar, asevera que si un grupo de agentes racionales interactúan en un mercado competitivo sin externalidades (como la contaminación) sin bienes públicos (como los parques) y sin problemas de información, los intercambios ocurrirán según indica el equilibrio competitivo y se producirá una asignación eficiente de bienes y recursos. Una de las objeciones a este modelo es que las condiciones raramente se encuentran en la realidad.

Es importante entender que las citadas condiciones son suficientes y de ninguna manera necesarias. Es más, incluso si alguna de ellas no se cumple y el mercado no alcanza a ser eficiente, todavía queda considerar si existe algún otro mecanismo económico que funcione mejor que el mercado en este sentido. En esta entrada discutiré únicamente sobre el poder predictivo de la teoría del equilibrio competitivo (de la que se deduce la propiedad de eficiencia). Con este fin mostraré alguna de la evidencia teórica y experimental a favor de la hipótesis que dice que en los mercados competitivos prevalece el equilibrio competitivo. Otras consideraciones, como las consecuencias sobre la igualdad o como el estudio de otras evidencias empíricas o históricas, no las abordaré aquí. También conviene advertir que estos mercados no incluyen los mercados de derivados financieros (como los de futuros o las opciones de compra).

Antes de seguir adelante, ilustremos el significado del equilibrio competitivo y de la propiedad de eficiencia. Lo haré en un ejemplo que, además, permitirá entender el tipo de experimentos que se han realizado sobre el mecanismo de mercado.

Pongamos que Ana puede producir un bien al coste de 1 euro y que Abel valora ese bien en 2 euros. Un precio entre esas dos valoraciones (uno y dos euros) parece plausible poder intercambiar el bien. Consideremos ahora que Zoe puede producir el mismo bien al coste de 3 euros y que Zenón lo valora en 4 euros. Ahora ambos podrán pactar un precio entre 3 y 4 para realizar la venta. Sin embargo, si los cuatro se juntan en una plaza púbica, la teoría del mercado predice que Ana le venderá el bien a Zenón a un precio entre 2 y 3 euros y que tanto Abel como Zoe no encontrarán con quien comerciar. De esta manera se genera un excedente social de 3 euros (por ejemplo, si el precio es 3 euros Ana gana 3-1=2 euros y Zenón 4-3=1). De haber vendido Ana su bien a Abel y Zeo el suyo a Zenón, el excedente total habría sido únicamente de 2 euros. Decimos que el primer intercambio es eficiente (de hecho, 3 es el máximo excedente posible en este ejemplo), mientras que el segundo no lo es.

En el modelo competitivo, los mercados tienen un punto de equilibrio que marca el precio al que se compran y venden los bienes: el lugar donde se cortan la oferta y la demanda (véase la figura). Esta definición estática fue primero defendida como el resultado de una dinámica simple: si la demanda es mayor que la oferta, los oferentes subirán el precio, y si es menor lo bajarán. Esta dinámica se conoce como el proceso de tâtonnement.

En la próxima entrada veremos ya las evidencias prometidas.

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Hace tres años en el blog: Pseudoperiodismo.
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viernes, 22 de febrero de 2013

Extrañas afirmaciones de A. Garzón sobre el comercio internacional

Dice A. Garzón en un tuit suyo muy celebrado:
"Alemania vive fundamentalmente de sus exportaciones. Alemania empobrece al resto del mundo. Alemania está dirigida por verdaderos genios." 
¿De dónde saca A. Garzón tamaña aseveración? Leyendo los siguientes tuits parece que la razón es que si Alemania tiene un superávit en la balanza por cuenta corriente el resto del mundo tendrá un déficit. Eso, al parecer, es malo. Alemania, la locomotora, tiene que tener déficits para no estar empobreciéndonos. El que un país pueda tener un déficit por cuenta corriente y estar progresando es algo que parece se le escapa a A. Garzón.

Por ejemplo, si un país pobre comienza una etapa de desarrollo y atrae capital extranjero para invertir en él (eso es bueno ¿no?) entonces tendrá un superávit en la cuenta financiera, lo que forzosamente implica un déficit por cuenta corriente (contablemente ambas balanzas deben sumar cero -bueno, deben sumar el aumento o decremento de acumulación de divisas, pero dejemos eso). Resumen: si entra más capital del que sale se puede importar más de lo que se exporta.

No hay razón para pedir que ambas balanzas estén a cero. A menudo se oye, cuando un país presenta una balanza negativa por cuenta de capital, que las empresas extranjeras están repatriando beneficios, que están descapitalizando el país,... y bien puede ser cierto. Pero si nos parece bien lo contrario, porque es un país que vemos necesitado de inversiones para modernizarse, no podemos quejarnos de que tenga un déficit por cuenta corriente. En fin, que a ver si nos aclaramos con lo que queremos. Que de tanto quererlo todo acabamos diciendo estas cosas de A. Garzón.

Nota: Esto de las balanzas es un pelín más sutil, lo he contado en términos simplificados por cuestiones didácticas.
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martes, 19 de febrero de 2013

La curva de Laffer y el ministro Montoro



La idea según la cual disminuyendo los impuestos se puede aumentar la recaudación se debe a la famosa curva de Laffer. La idea es sencilla, si la tasa impositiva es del 0% se recaudarán cero impuestos. Pero la recaudación también será nula si la tasa es del 100% (¿quién va a trabajar si se le confisca todo el salario?). En algún punto intermedio estará el máximo de recaudación posible. Antes de llegar a este punto sucede que a un incremento del tipo impositivo le acompaña un incremento de la recaudación. Sin embargo, después de pasado ese punto comienzan a prevalecer los incentivos a no trabajar debido al carácter confiscatorio del impuesto. Si se suben los impuestos, se recaudará menos y, por tanto, si se baja, se recaudará más. Laffer se hizo famoso al explicarles a Dick Cheney y Donald Rumsfel estos argumentos en una servilleta.

La idea de que la economía (por lo menos la de EEU con Reagan y la del Reino Unido con Thatcher) estaba en este punto era parte del ideario de los políticos favorables a las políticas de oferta y era también una creencia sin ningún sustento. No había la más mínima evidencia empírica de que ese fuera el caso. Tanto es así que, ya en su día, algunos economistas que ejercían de consejeros a los políticos republicanos tachaban esta idea como propia de charlatanes. El caso más conocido es el de Gregor Mankiw, que llegó a describir a los asesores de Reagan como de charlatanes y crédulos en la primera edición de su famoso libro de texto.

Más recientemente, con la administración de George W. Bush, uno de sus asesores económicos y director de la Oficina del Presupuesto del Congreso, Douglas J. Holtz-Eakin, realizó con su equipo un extenso estudio en el que no se encontraba ningún soporte a la idea de que menos impuestos impliquen más recaudación en la economía americana.

En la España reciente, el ministro Montoro (al parecer, el ideólogo económico del gobierno) defendió antes de las últimas elecciones la conveniencia de bajar impuestos para incentivar el crecimiento (programa electoral del PP dixit, ver páginas 43 y 44) y, vía curva de Laffer, aumentar la recaudación y disminuir el déficit. Bonitas palabras, sino fuera porque la realidad le puso en su sitio (hechos y más hechos en el gobierno del PP dixerunt). Realidad, por otra parte, de la que se había advertido por activa y por pasiva desde la Economía académica.

Debe hacerse hincapié en que la idea de disminuir los impuestos puede tener su aceptación en términos de aumentar la parte de la economía en manos privadas sin tener que aceptar que se aumentará la recaudación. Querer un sistema económico más anglosajón, más tigre asiático o más nórdico es una opción política, no económica.
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Hace tres años en el blog: ... y de los pocos errores.
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viernes, 15 de febrero de 2013

Ignorancia supina sobre el desempleo


Hace unos días escribí sobre la ignorancia supina que muestran algunos en el tema de las pensiones. Hoy toca otra ignorancia.

El presidente de la CEOE, Juan Rosell, nos soltó hace pocos días esa guinda de que los parados en España no son seis millones, como dice la EPA, sino cinco, como dice el registro en el INEM.

La EPA (Encuesta de Población Activa) es eso, una encuesta. Se pregunta a decenas de miles de personas sobre su situación laboral y de sus respuestas se sacan conclusiones generales. Las preguntas están perfectamente tipificadas y responden a las definiciones usadas en todos los países con datos homologados.

El paro registrado es también eso, el registrado. Y la decisión de registrarse o no depende no solamente del hecho de estar desempleado, sino también de las ventajas que se encuentren en registrarse. Por ejemplo, si un año se ofrecen más cursos de formación con el requisito de estar registrado para acceder a él, podrá estar aumentando el registro sin que esté aumentando el desempleo.

Es cierto que, con un 23% de economía sumergida, es posible que haya gente que afirme estar desempleada cuando no lo está, pero lo que importa para conocer la evolución del desempleo, su comparación con otros países y sus cambios ante distintas políticas es tener unos datos que dependan únicamente del nivel de desempleo, y esto lo cumple mucho mejor la EPA que el paro registrado. Cualquier sesgo o corrección que se deba hacer, se debe hacer sobre los datos de la EPA.

Y, a cuenta de todo esto ¿por qué hay gente que echa en cara que J. Rosell minimice el problema del paro mientras que aplaude que V. Navarro niegue el de las pensiones? (Y al revés, que también habrá). Nunca deja de asombrarme la incapacidad para discernir que tiene la gente cegada por prejuicios ideológicos.

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Hace tres años en el blog: De las muchas afirmaciones.
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jueves, 14 de febrero de 2013

Cuatro añitos


¿Pues no que se me estaba pasando mi cuarto aniversario de bloguero? Pues nada, ¡a festejar!
¿Qué mejor que apuntarte de seguidor/a?

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Hace tres años en el blog: Un año de "Quacumque sunt vera".
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