No sé si acabaré abriendo jarras de Pandora tras mi compromiso hace unas cinco de entradas de mostrar gente que va al monte sin botas. El caso es que en el Otto Neurath podéis leer una serie de comentarios sobre cuándo está acabada una casa y cuándo lo está un ser humano. Por alguna razón que se me escapa, la siguiente argumentación metafísica de un contertulio demuestra que una casa está acabada cuando se van los constructores, pero el ser humano lo está cuando únicamente tenemos son los planos contenidos en el ADN del cigoto:
“Al contrario de lo que ocurre con los movimientos transitivos, los movimientos vitales se caracterizan porque tienen fin: télos. Por eso el acto del ser humano es muy distinto del acto de una cosa hecha por el hombre como la casa. Hay dos sentidos principales de acto en Aristóteles (enérgeia y entelequia). El acto del ser humano es enérgeia. Es un acto — enérgeia — perfecto: en cuanto se ejerce, ya está en su fin. Cuando pienso, tengo lo pensado. No voy por lo pensado, sino que lo tengo. Si fabricara con mi conocimiento lo que conozco, ejercería mi conocer antes de conocer algo, lo cual es manifiestamente inadmisible. Por eso en el ser humano podemos hablar de intimidad (inmanencia), algo que no podemos afirmar de las cosas. Una casa no tiene “intimidad”.”
Me gusta especialmente eso de que “Cuando pienso, tengo lo pensado”. Cómo me gustaría poderle dar la razón, pero no os digo lo que aprovecharía para pensar. Hay trampas por todas partes en este discurso. Se define, sin ninguna evidencia, que el ser humano es perfecto, que tiene un fin, que su acto es enérgeia y que tiene intimidad. Vale, esto último puede tener algo de cierto (es decir, si no hay un gran hermano o un dios vigilante que le quite esa intimidad –mirad, si no, esta otra entrada también en el Otto Neurath-). No sé cómo se deduce que si el ser humano es perfecto, entonces un cigoto también lo es. Pero es que ni siquiera somos perfectos. Esta es otra cosa que me gustaría que fuera verdad. Así, el número de estultos dejaría de ser infinito.
El caso es que mi contertulio me acusa de que el problema es mío, que no me sé la metafísica. En su defensa he de decir que tampoco yo me expresé muy bien al contestar que “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”. ¿Alguien me la explica?
P.D.: Como reza en la cabecera de mi blog, a mi contertulio lo respeto, a pesar de que él llama nazis en su blog a los que no piensan como él (cosas de la metafísica bien entendida). A sus ideas, no.





