viernes, 10 de abril de 2009

Al monte se va con botas: El ser y la casa


No sé si acabaré abriendo jarras de Pandora tras mi compromiso hace unas cinco de entradas de mostrar gente que va al monte sin botas. El caso es que en el Otto Neurath podéis leer una serie de comentarios sobre cuándo está acabada una casa y cuándo lo está un ser humano. Por alguna razón que se me escapa, la siguiente argumentación metafísica de un contertulio demuestra que una casa está acabada cuando se van los constructores, pero el ser humano lo está cuando únicamente tenemos son los planos contenidos en el ADN del cigoto:

“Al contrario de lo que ocurre con los movimientos transitivos, los movimientos vitales se caracterizan porque tienen fin: télos. Por eso el acto del ser humano es muy distinto del acto de una cosa hecha por el hombre como la casa. Hay dos sentidos principales de acto en Aristóteles (enérgeia y entelequia). El acto del ser humano es enérgeia. Es un acto — enérgeia — perfecto: en cuanto se ejerce, ya está en su fin. Cuando pienso, tengo lo pensado. No voy por lo pensado, sino que lo tengo. Si fabricara con mi conocimiento lo que conozco, ejercería mi conocer antes de conocer algo, lo cual es manifiestamente inadmisible. Por eso en el ser humano podemos hablar de intimidad (inmanencia), algo que no podemos afirmar de las cosas. Una casa no tiene “intimidad”.”

Me gusta especialmente eso de que “Cuando pienso, tengo lo pensado”. Cómo me gustaría poderle dar la razón, pero no os digo lo que aprovecharía para pensar. Hay trampas por todas partes en este discurso. Se define, sin ninguna evidencia, que el ser humano es perfecto, que tiene un fin, que su acto es enérgeia y que tiene intimidad. Vale, esto último puede tener algo de cierto (es decir, si no hay un gran hermano o un dios vigilante que le quite esa intimidad –mirad, si no, esta otra entrada también en el Otto Neurath-). No sé cómo se deduce que si el ser humano es perfecto, entonces un cigoto también lo es. Pero es que ni siquiera somos perfectos. Esta es otra cosa que me gustaría que fuera verdad. Así, el número de estultos dejaría de ser infinito.

El caso es que mi contertulio me acusa de que el problema es mío, que no me sé la metafísica. En su defensa he de decir que tampoco yo me expresé muy bien al contestar que “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”. ¿Alguien me la explica?

P.D.: Como reza en la cabecera de mi blog, a mi contertulio lo respeto, a pesar de que él llama nazis en su blog a los que no piensan como él (cosas de la metafísica bien entendida). A sus ideas, no.

jueves, 9 de abril de 2009

La Teoría de la Evolución: La Historia Más Asombrosa Jamás Contada. Y parte 11.


Las pruebas de la evolución

(Puedes leer la parte décima aquí).



Voy a terminar la exposición de la Teoría de la Evolución con varios ejemplos de las pruebas que tenemos de la Evolución. Habrá más entradas que tengan que ver con la Evolución, pero serán ya acerca de las cosas que se deducen y no se deducen de ella y para hacer alguna aclaración metodológica. Lo que termina aquí es la exposición de la Teoría, en su versión inteligible para los no iniciados. He simplificado unas cuantas cosas aquí y allá para hacer entender el meollo del asunto, que es lo que me parece importante que tenga claro el público en general. Allá van las pruebas:

-El registro fósil. La Geología nos muestra cómo se puede calcular la edad de las distintas capas de los estratos sedimentarios que se observan en la Tierra. Un buen lugar para hacer estas observaciones son los cañones, donde la erosión ha dejado al descubierto muchas de estas capas, que llegan hasta cientos de millones de años en el pasado. En estas capas han quedado fósiles de animales y plantas que vivieron en esa época. Se observa en este registro fósil una continuidad de las formas y unos patrones compatibles con la Teoría de la Evolución. Por ejemplo, nunca se han observado animales complejos anteriores a los más simples. Un ejemplo de algo complejo como una lagartija en algún estrato anterior al origen de los vertebrados bastaría para invalidar la Teoría de la Evolución. Jamás ha ocurrido nada semejante.

-El ADN. Antes del descubrimiento del ADN se clasificaron los seres vivos según sus características físicas visibles. Esta clasificación, bien explicada por la Teoría vino a ser confirmada (los principios generales, no todos los detalles, que se alteraron con esta mejor evidencia) con el análisis del ADN. Además, el ADN proporciona el mecanismo predicho por la Teoría, como vimos en su momento.

-Las formas transicionales. Se encuentran formas transicionales perfectamente operativas para todos los órganos. Los ejemplos de ojos y alas incompletas son especialmente ilustrativos. También se encuentran órganos que pasan de tener una función para ser aprovechados en otra posterior. Por ejemplo, los huesos del oído en los mamíferos vienen de varios huesos de la mandíbula de especies anteriores. Los casos de patas delanteras que se hacen alas (aves voladoras), alas que se hacen aletas (pingüinos), patas que se hacen aletas (focas) o aletas que se hacen cuasi-alas (peces voladores) son más llamativos.

-Los órganos atrofiados. El apéndice que, en su día servía, según parece, para digerir con ayuda bacteriana un tipo de vegetales, hoy en día no tiene ningún uso.

-Las chapuzas en los organismos vivos. En una entrada pasada señalamos varias de estas chapuzas sólo en el ser humano.

-La evolución pillada in fraganti. Hemos pillado a la evolución haciendo de las suyas delante de nuestras narices. En el poco tiempo que ha durado la agricultura y la domesticación de animales, se han conseguido alterar de forma sustancial miles de especies. Algunas son ya incompatibles con sus variedades salvajes no domesticadas.

-La resistencia frente a las enfermedades. El propio ser humano tiene distinta adaptación según el ambiente en el que ha evolucionado. Los subsaharianos tienen más defensas frente a la malaria, los euroasiáticos más frente a la gripe y la peste.

-La mutación de los virus y bacterias. Los virus o bacterias demasiado virulentas acaban matando el organismo del que se aprovechan. Las versiones menos letales de la bacteria que la causa la sífilis son las que han sobrevivido hasta el presente.

-Los elefantes. Debido a la caza furtiva, los elefantes mutantes que carecen de colmillos tienen más posibilidades de sobrevivir. En los últimos años este tipo de elefantes representa ya el 10-15% de los nuevos nacimientos entre los elefantes asiáticos y llega hasta el 30% en algunas zonas para el elefante africano.

-Los embriones. Los embriones de los animales muestran rasgos de antepasados comunes. El embrión del delfín es sorprendentemente parecido al humano. Desarrolla, incluso, pequeñas patas traseras que luego pierde.

-La evolución convergente. Organismos que provienen de distintos antepasados y que comparten un nicho ecológico, acaban compartiendo características comunes presionados por el medio ambiente idéntico en el que se encuentran. Salamandras (anfibios) y salamanquesas (reptiles), delfines (mamíferos) y tiburones (peces) son sólo un par de ejemplos.

(Otra entrada sobre la Teoría de la Evolución que te puede interesar: Halcones y palomas).

martes, 7 de abril de 2009

La metafísica al poder


Acabo de enterarme de la remodelación del gobierno. ¡Un especialista en metafísica y hermenéutica como Ministro de Educación! Voy a tener que medir mis palabras, no sea que me despidan.

lunes, 6 de abril de 2009

La enfermedad de los homosexuales

Leemos en El País que recientemente se ha llamado, desde la libertad de cátedra, enfermos y pervertidos a los homosexuales. A pesar de que ontológicamente sean dignos, según la profesora, también son pervertidos, por lo que habrá que concluir que están dignamente pervertidos. Cada día me gusta más la metafísica.

Pero no voy a hablar de la perversión, sino de la enfermedad. Aquí tendremos otros metafísicos que nos dirán que está claro lo que es y lo que no es una enfermedad, y que la enfermedad, además, hay que curarlas por imperativo categórico, deduciendo un una proposición normativa de una positiva (como debe ser, pensarán). No sé si la homosexualidad es una enfermedad o no para algún sentido de la palabra. Consideremos lo siguiente. Si un Homo sapiens tiene una mutación y sale con la piel más clara que sus antecesores, ¿es eso una enfermedad?

-No vale, el color de la piel puede ser una buena adaptación.

-Es que no he dicho todavía que este Homo sapiens está en África. Ahora ¿qué?

Seguro que querríamos hablar de daños para la salud, errores genéticos y cosas así. Los genes no cometen errores porque no quieren hacer nada. El ADN se replica de una manera fiel al original o no. Podemos llamar a eso error, pero de algunos de esos errores hemos nacido nosotros. ¿Es una enfermedad ser zurdo? ¿Y si los zurdos tienen un año menos de esperanza de vida? Pongamos que hay una cura para los zurdos, ¿qué pasa si uno no quiere curarse? No es contagioso, así que no hay defensa propia por parte de los diestros.

Es posible que la genialidad de Eisntein y otros sabios estuviera ligada a unas carencias para el trato social. ¿Es eso una enfermedad? ¿Curamos a Einstein? ¿Quiere él curarse? ¿Queremos nosotros?

Tal vez haya una componente genética en la homosexualidad, tal vez haya una componente ambiental en el desarrollo del feto o tal vez una social en la escuela o la familia (dada la invarianza del hecho homosexual, más parece que sea alguna de las primeras causas y me inclino por la segunda). Antes de escandalizarnos, pensemos que la causa de la heterosexualidad será de la misma naturaleza que la de la homosexualidad. Sólo quien pide una finalidad a la naturaleza, y le pide que sean los que él piensa que son, podrá hablar de no seguir sus fines. Desde el punto de vista de los derechos, es elección de la persona seguir una conducta u otra, y eso es lo que se debe respetar y proteger. Pero lo cierto es que yo no he elegido ser heterosexual, como otros no eligen ser homosexuales.

Es posible que ser homosexual no sea una buena manera de transmitir genes. Desde nuestro punto de vista (seres vivos, no genes) puede importarnos poco, como hay gente a la que no le importa la abstinencia. Desde el punto de vista de los genes …

-¿Qué? ¡Los genes no tienen punto de vista!

-De acuerdo, es metáfora.

Desde el punto de vista de los genes tal vez sea un error …

-¡Que no hay errores!

-Lo sé, lo sé. Dame un chance.

Tal vez sea, digo, un error producir homosexuales. Pero es que tal vez el proceso de diferenciación sexual tenga por inevitable que se produzcan tanto homosexuales como heterosexuales, como tal vez sea inevitable que se produzcan zurdos o genios. Si la probabilidad de reproducción en caso de ser heterosexual compensa la falta de ésta al ser homosexual, el proceso es perfectamente darwiniano a falta de otro proceso mejor.

El proceso de diferenciación sexual produce lo que produce, y eso servirá, en probabilidad, para reproducirse mejor o no. Todos somos producto de este proceso. Ser un macho humano es tener una enfermedad que nos quita unos cuantos años de esperanza de vida con respecto a las hembras ¿quién se quiere curar? Ser hembra implica tener menos fuerza física y exponerse a ser maltratada ¿alguna quiere pasar por el quirófano? Que yo sepa, ser homosexual no implica demasiadas complicaciones. No quita esperanza de vida y no duele. O, por lo menos, no son complicaciones que hagan que todos quisieran curarse si pudieran (la mayoría no quiere). La única complicación que pueden tener es la que les impongamos los demás, como los maltratadores a las mujeres. Eso sí debe tratarse, que la intolerancia es contagiosa.


P.D.: La imagen que encabeza la entrada es del monumento a Alan Turing, uno de mis homosexuales favoritos. Algún día escribiré sobre él.

domingo, 5 de abril de 2009

La Teoría de la Evolución: La Historia Más Asombrosa Jamás Contada. Parte 10.

El sexo aburrido de las bacterias y otros ingenios

(Puedes leer la parte novena aquí).


Todavía no hemos acabado con el primero de los principios de la Teoría de la Evolución, el que se refiere a la variabilidad. Hasta ahora hemos considerado que se debía a mutaciones en el ADN producidas al copiarse éste de manera no fiel al original. Hay otros momentos en que puede haber variación en el ADN, como cuando éste es alterado por la radiación ultravioleta y reparado por la célula con alguna diferencia con respecto al original. Si esto ocurre en el espermatozoide o en el óvulo, nacerá un ser que acumulará una mutación con respecto a los progenitores. Todavía puede haber más maneras de generar variación en la carga genética. Las bacterias, por ejemplo, pueden intercambiar material genético por contacto, a través de un virus o incorporando el material de bacterias muertas. Todo esto, incluso, con bacterias de distinta especie. No llega a ser como el sexo, pero es un comienzo.

Un campo de estudio genético en boga es la epigenética. Ocurre que, sin alterar la estructura del ADN, es posible que se desactiven o activen algunos genes dependiendo de circunstancias externas. Esto es importante para el tratamiento de algunas enfermedades con componente genética. Pues bien, parece que también es posible que alguno de los genes que estaban activados en el progenitor y que se desactivaron por razones ambientales, pueden pasar desactivados a la descendencia. Para más detalles ved este artículo en Apuntes científicos desde el MIT. Esto agradaría, sin duda, a Lamarck, aunque no parece que los investigadores estén por destronar a Darwin para ponerlo en su lugar. Más bien interpretan este hecho en términos darwinianos ya que requieren del ADN, el mecanismo darwiniano de variación y herencia.

Todavía hay más. Puede haber cambios en el ADN por manipulación genética. La única causa de esta manera de variar el ADN encontrada hasta ahora es la humana. Desde hace unos pocos años que se comienza a hacer este tipo de alteraciones. Los alimentos transgénicos son unos ejemplos de ingeniería genética. Otro es el tratamiento de algunas enfermedades. Por ejemplo, para el grupo de enfermedades relacionadas con la presencia de hemoglobina distinta de la normal, se propone el tratamiento que consiste en retirar células de la médula ósea del enfermo, introducir en ellas el gen correcto mediante un virus y devolverlas al torrente circulatorio. Otro tipo de tratamiento consiste, no en alterar el genoma del paciente, sino el de una bacteria para que produzca la sustancia (insulina, por ejemplo) que el paciente no puede producir. La ingeniería genética actual es lo más parecido a un diseñador inteligente que hemos podido observar.

Mis estrambotes:

1. Espero que quienes estén en contra de los transgénicos por razones de principio (¿cuál?) no estén en contra de las personas transgénicas a las que les han añadido el gen de la hemoglobina o de las bacterias transgénicas con el de la insulina.

2. No he incluido en la lista la selección genética debida a la domesticación. En esa parte, el ser humano incide en el segundo principio de la Teoría, creando él el ambiente en el que tienen más éxito unas u otras características genéticas. Dicho de otra manera, en la ingeniería genética, el ser humano busca un gen y lo mete en otro sitio. En la domesticación, el gen se produce por mutación y lo que hace el ser humano es seleccionarlo al seleccionar el ser vivo que lo contiene.

Puedes leer la parte undécima y última aquí.

viernes, 3 de abril de 2009

Al monte se va con botas o ¡si tuviera un martillo...!

Para ir al monte hay que equiparse. Si uno lleva el calzado inadecuado podrá perder interés en la subida por ganarlo en el descanso o en objetivos secundarios, como recoger bayas.

Hay una máxima en psicología que dice que si únicamente tenemos un martillo por herramienta,  todo se nos vuelve clavos.

Esto que parece un chiste encierra grandes verdades y explica grandes sesgos en nuestro razonamiento. Pondré unos pocos ejemplos que espero desarrollar en futuras entradas (pero no me comprometo en cuán futuras serán):

-Hay políticos que no pasaron del estudio de los mercados competitivos y creen que todo en la economía funciona como en ellos.

-Hay filósofos que quieren resolver problemas de elección en situaciones de incertidumbre usando la lógica proposicional.

-Hay lógicos que extrapolan las conclusiones de la racionalidad individual a los grupos de individuos.

-Hay metafísicos que quieren llegar a conclusiones sobre el origen de la consciencia usando sólo el lenguaje.

-Hay juristas que pretenden deducir qué leyes son las justas a partir de principios metafísicos.

Hace falta equiparse con la Economía, la Teoría de la Probabilidad, la Teoría de Juegos, la Biología y las Ciencias Sociales, respectivamente, (y no únicamente con ellas) para poder estudiar con mínima coherencia cada uno de esos temas.

Voy a poner sólo un ejemplo para empezar. Hegel criticó la física de Newton (aquí la comentamos en su día) con citas como estas que aparecen en su Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas:

. «[...] hay que cobrar conciencia de la inundación que sufre la mecánica física por parte de una metafísica indescriptible que contra experiencia y concepto tiene como fuente única aquellas determinaciones matemáticas»

«La ilusión fundamental en el empirismo científico es siempre la misma: utiliza las categorías metafísicas de materia y fuerza, además de las de uno, múltiple, universalidad, infinito, etc., y siempre sin advertir su contenido metafísico, utilizando estas categorías y sus relaciones de manera acrítica e inconsciente»

Supongo que entendéis tanto como yo lo que significa lo anterior (nada). Hegel comenzó cuestionando el concepto de fuerza en Newton, que no se sabía bien lo que era. A continuación intentó alguna manera de poder resolver el problema reivindicando la Física de Aristóteles y acabó deduciendo por una extraña combinación de metafísica y numerología que no podían existir más cuerpos en órbita alrededor del Sol de los ya conocidos. Justo un año después se descubrió el asteroide Ceres entre Marte y Júpiter, donde Hegel decía que no podía haber nada. Más tarde se clasificó como asteroide y no como planeta, pero esto es otra historia.

Una coda:

Newton, en cambio, era consciente de que el elemento "fuerza" de su mecánica no estaba explicado. Sin embargo también era consciente que al relacionarla con la masa y la aceleración en su segunda ley permitía una comprensión del mundo muy superior a la que había en ese momento. El no entretenerse en cuestiones metafísicas le permitió avanzar. No estaba el propio Newton libre de pecado, pues, aunque sin relación con su Física, sí se enredó en otras metafísicas teológicas. Pero claro, por ellas no pasó a la posteridad.

miércoles, 1 de abril de 2009

La Teoría de la Evolución: La Historia Más Asombrosa Jamás Contada. Parte 9.

El cerebro y la mente

(Puedes leer la parte octava aquí).



Una de las cosas que implica la Teoría de la Evolución y que puede ser empíricamente demostrada es el gradualismo. Significa este término que no hay saltos, por así decirlo, en la evolución. Cada órgano, cada habilidad, se ha ido construyendo poco a poco y de tal manera que cada paso debe constituir una mejora en sí misma. Vimos en su momento el caso del ojo, pero sin duda que es la consciencia la habilidad o característica más asombrosa de las que se observan en el mundo de la biología.

Los seres humanos somos conscientes de nosotros mismos, tenemos un yo, una identidad, somos capaces de pensamientos y de ideas abstractas. De entre de ellas, la idea de nosotros mismos es una de las más poderosas y, sin duda, es la más real. No sabemos bien cómo definirlo, pero todos nos entendemos cuando lo decimos.

Hay varios momentos de la evolución que son especialmente complicados y todavía no bien conocidos. Aunque ya dijimos que no competía a la Biología, sino a la Química, el origen de la primera estructura autorreplicante es uno de ellos. Otro momento es el origen de la célula y otro más el de la primera célula con núcleo. El origen y naturaleza de la consciencia añade uno más a estos momentos importantes. Llegados a este punto habrá quien esté tentado de dejar de investigar y de poner a un diseñador o un dios de por medio. Corre el peligro de quedarse con un dios menguante a medida que se vayan comprendiendo estos temas.

Una cosa es cierta; a pesar de que no sabemos cómo comenzó la vida, sabemos que algunas moléculas orgánicas básicas se pueden formar fácilmente en la naturaleza, que en las formas vivas éstas moléculas están presentes y que no hay elemento constitutivo de la materia de los seres vivos que no esté en la naturaleza. La diferencia entre materia viva y materia inerte es de organización. Algo parecido podemos decir con el origen de las células. El caso de la consciencia parece distinto. No vemos de qué está constituida. Bien pudiera ser algo distinto a todo lo que hay en el mundo físico que nos rodea. ¿Es así?

Echemos un vistazo a ver qué datos encontramos alrededor:

-Las plantas no parecen seres conscientes, tampoco los organismos unicelulares o los insectos, que nos recuerdan más a autómatas que a los animales superiores. Recordemos que hablamos de consciencia, no sólo de algún tipo de procesamiento de la información del entorno y de reacción frente a ello.

-Hay animales que muestran más consciencia de sí mismos que otros. Pocos animales se reconocen a sí mismos en un espejo. Los grandes simios y, si acaso, el elefante y el delfín. Es poca cosa, sí, pero es que otros animales ni siquiera llegan a ese nivel. Algo hay en la mente de los chimpancés que no hay en la de un ratón o un cocodrilo. Algo que está más cerca de una consciencia como la nuestra.

-Hay animales que muestran más signos de inteligencia que otros, como la capacidad para resolver problemas, usar un lenguaje, jugar o relacionarse socialmente.

-En el Homo sapiens, cuanto más atrás vamos en el tiempo, más nos acercamos al antepasado común con el chimpancé. ¿En qué momento se hicieron conscientes nuestros antepasados? En realidad no puede haber un momento. Cualquiera que sea el punto en que hagamos el corte y digamos “de ahí para adelante todos somos Homo sapiens, pero para atrás no” ocurrirá el hecho curioso que esa generación será más parecida a sus padres que a nosotros mismos.

-Ha habido otras especies de homínidos, cada una con su grado de inteligencia y de consciencia. El Homo habilis, por ejemplo, fue capaz de tallar piedras, pero parece que esto es lo único que supo hacer durante un millón de años.

-El desarrollo de cada individuo parte de la formación de un cigoto que se transforma en embrión, que se implanta y llega a ser feto y, a partir de ahí un bebé, un niño, un adolescente y un adulto. Ni en el cigoto ni en el feto hay consciencia, pero en el adulto sí. No hay un momento mágico en que pasamos de la no consciencia a la consciencia. Hay un proceso gradual.

-Hay enfermedades y malformaciones genéticas que impiden que el cigoto desarrolle una consciencia plena. Hay enfermedades terribles que hacen desaparecer poco a poco esta consciencia de un adulto.

-Todos los desarrollos anteriores están relacionados con el tamaño del cerebro, su organización y la complejidad de las redes neuronales que se producen por las sinapsis (conexiones químicas entre neuronas). Los escáneres muestran cómo distintas zonas del cerebro están ligadas a distintos tipos de pensamiento.

No sabemos cómo se desarrolla la noción de ser un ente que se piensa a sí mismo y que desarrolla sentimientos y raciocinio, pero sí sabemos que este desarrollo es gradual, y que no tiene por qué haber ningún constituyente distinto de los que ya encontramos en el mundo biológico. Todo es cuestión de alcanzar un nivel de complejidad en el cerebro tal que éste vaya, poco a poco, recabando información y estímulos, no sólo del mundo exterior, sino de sí mismo. La mente es un producto de un cerebro asombrosamente organizado. No por eso es menos maravillosa.

Puedes leer la parte décima aquí.